Todo comenzó por un sticker, una imagen creada a partir de una foto y compartida con el móvil. El sargento en cuestión “gozaba de cierta simpatía entre la tropa por la cercanía que mostraba con ellos a costa de las bromas que gastaba”. Él se dejaba llamar “calvo” o “gordo” y a cambio bautizaba con motes a sus subordinados, por ejemplo, tildando a uno de “hobbit”, como una de las razas de El señor de los anillos, por su baja estatura. Algunos “le reían las gracias”, pero una soldado, que fue objeto de sus burlas, no lo hizo. Le dio el primer aviso cuando descubrió que le había hecho un sticker que circulaba ya entre toda la unidad y el problema escaló cuando, amonestado por un capitán, el sargento la convirtió en protagonista de comentarios sexuales. “Tus compañeros te van a hacer un bukake”, llegó a decirle en referencia a la práctica de eyaculación colectiva sobre una persona. El Supremo ha confirmado la condena que un tribunal militar le impuso por estos hechos.
La Sala de lo Militar avala la pena de un año de prisión que acordó el Tribunal Militar Territorial Tercero contra el sargento por injurias. La sentencia, a la que ha tenido acceso EL PAÍS, describe una situación de “familiaridad” que derivó en “abuso de autoridad”. El uniformado pedía a sus subordinados que, “si les molestaba” la forma en la que solía referirse a ellos, “se lo dijeran”, pero “a ellos no parecía molestarles”. La soldado, recién llegada a la unidad, “no tenía ninguna familiaridad” con él. El primer episodio ocurrió durante un descanso de los trabajos diarios. Ella se dio cuenta de que el sargento les estaba haciendo fotos con el móvil y después descubrió que entre sus compañeros circulaba un sticker suyo masticando el almuerzo. “No le hizo ninguna gracia” y se quejó directamente al sargento, al que dejó claro que “no venía para tonterías”, sino a “trabajar”.
Este incidente tuvo “cierta trascendencia”, hasta el punto de que un capitán ordenó al sargento que “no lo hiciera más” y obligó a que todo el que tuviera la fotografía la borrara. Meses después, al finalizar un ejercicio de tiro, y cuando solo faltaba ella por subir al camión, el sargento le instó a hacerlo de una forma particular: “Que tus compañeros te van a hacer un bukake” (práctica sexual por la que varios hombres eyaculan en la cara de una mujer). En un último episodio, después de que ella se cortara el pelo, le preguntó delante de otros militares “si se había vuelto lesbiana y si ahora utilizaba los penes de goma”.
El fallo refleja que este comportamiento provocó en la sargento un “sentimiento de menosprecio y humillación”. “Cada vez estaba más deprimida y estaba muy quemada” y acabó de baja por ansiedad, detalla el alto tribunal.
La dignidad de la mujer queda “irremediablemente dañada”
Sin embargo, el sargento recurrió la condena alegando que su actuación obedecía a su “carácter bromista” y que, en todo caso, debía considerarse una falta disciplinaria, no un delito. El Supremo lo rechaza tajantemente.
En primer lugar, la Sala Quinta descarta que la soldado tuviera “animadversión” hacia su superior y confeccionara por ello un relato “fabulado”. Muy al contrario, subraya que su testimonio ha sido corroborado por varios compañeros.
Y, en segundo lugar, el alto tribunal tiene “claro” que los comentarios del sargento “son objetivamente ofensivos y vejatorios”. En este sentido, enfatiza que “provocan inevitablemente en los oyentes de los mismos la representación mental de las escenas que describe”, “causando la humillación y vergüenza pública de la soldado, cuya dignidad, fama y estima quedan irremediablemente dañadas”.