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Biden Se Reunirá Con Sánchez Y Con El Rey En Su Viaje A Madrid A La Cumbre De La OTAN

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantendrá reuniones bilaterales con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con el Rey Felipe VI en su viaje a Madrid para la cumbre de la OTAN, según un alto cargo del Gobierno de Estados Unidos. Hasta ahora, el Gobierno español no había confirmado que esa reunión fuera a producirse, ni siquiera después de la llamada telefónica que mantuvieron ambos este martes.

Biden viaja primero a la reunión del G7 en Alemania, donde se entrevistará con el canciller alemán, Olaf Scholz. A dicha cumbre asistirá como invitado el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. También los dirigentes de algunas organizaciones internacionales, el presidente de Argentina, Alberto Fernández.

Posteriormente, Biden, junto con algunos de los participantes en la cumbre del G7, se dirigirán a Madrid, donde se celebra la cumbre de la OTAN los próximos 29 y 30 de junio. “Tan pronto como el presidente llegue a Madrid, mantendrá reuniones bilaterales con el presidente Sánchez, así como con el rey de España, que por supuesto es el país anfitrión de la cumbre. Así que será una buena oportunidad para que el presidente hable con él antes de la cumbre. El presidente Biden tuvo la oportunidad de hablar con el presidente Sánchez por teléfono ayer, antes de la cumbre. También tendrá la oportunidad de estar con el Rey, ambos afirmarán la fuerte relación bilateral que Estados Unidos tiene con España”, ha dicho el alto cargo del Gobierno de Estados Unidos.

Este mismo miércoles, se había planteado la pregunta a los ministros de Exteriores, José Manuel Albares, y de Defensa, Margarita Robles, que han comparecido en La Moncloa para explicar algunos detalles de la cumbre, pero han rehusado confirmar que se iba a producir esa cita.

Sánchez y Biden hablaron por teléfono este martes. En su comunicación sobre la llamada, la Casa Blanca indicó que Biden había “mostrado su aprecio por la cercana cooperación de España en respuesta a la guerra de Rusia en Ucrania, incluyendo su provisión de asistencia humanitaria y de seguridad a Ucrania y su apoyo a las duras sanciones contra Rusia”.

Por su parte, Sánchez señaló en un tuit: “Acabo de conversar con el presidente Biden sobre la próxima Cumbre de la OTAN de Madrid, una cita histórica en la que la Alianza reforzará su unidad y cohesión, en defensa de la democracia y la libertad”.

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Más presión sobre Rusia

La cumbre de la OTAN tratará la incorporación de Suecia y Finlanda a la Alianza Atlántica. Pero ya en la cumbre del G7 se empezará a hablar de la guerra de Ucrania. “Presentaremos un conjunto de propuestas concretas para aumentar la presión sobre Rusia. Y demostraremos nuestro apoyo colectivo a Ucrania”, ha dicho el alto funcionario del Gobierno de Estados Unidos en referencia a posibles nuevas sanciones, aunque ha rehusado dar detalles al respecto.

La cumbre del G7 también tratará del impacto de la guerra de Ucrania sobre los precios y los problemas de seguridad energética y seguridad alimentaria, según la misma fuente. Los líderes también abordarán la situación económica global y lanzarán una alianza sobre infraestructuras.

En cuanto a la cumbre de la OTAN, Washington considera que Biden ha contribuido a revitalizar la Alianza y hacer que esté más unida y sea más fuerte que nunca. Según ha explicado el alto cargo, uno de los grandes resultados que Washington espera obtener es la aprobación por parte de los líderes de un nuevo concepto estratégico, que impulsará la transformación de la OTAN en los próximos años, como respuesta a una amplia gama de amenazas y desafíos. El último concepto estratégico de la OTAN data de 2010. Y en Washington consideran que desde entonces ha habido cambios significativos en el entorno geopolítico. “Obviamente, Rusia sigue siendo la amenaza más grave e inmediata para la Alianza”, ha dicho al alto cargo.

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Auge Y Caída De Gamesa: Un Puntal De La Industria Vasca Pasa A Manos Alemanas

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Pala de una turbina eólica en la fábrica de Siemens Gamesa en Inglaterra.
Pala de una turbina eólica en la fábrica de Siemens Gamesa en Inglaterra.PAUL ELLIS (AFP)

Lo primero que hizo el presidente y consejero delegado del gigante alemán Siemens, Christian Bruch, tras hacerse pública la decisión de absorber Siemens Gamesa hace poco más de un mes fue viajar a Bilbao para reunirse con el Gobierno vasco. En el Gabinete que preside Iñigo Urkullu había un alto grado de preocupación: por los efectos que puede tener esta operación y por el futuro del millar de empleados que la compañía tiene repartidos en la sede corporativa de Zamudio (Bizkaia) y en las fábricas de Asteasu (Gipuzkoa) y Mungia (Bizkaia). De aquel encuentro con la consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia, solo trascendió que “los trabajadores no son el problema de la empresa”. Pero dado que todas las gestiones que se han producido desde entonces se mantienen bajo un tupido velo de secretismo, las dudas están lejos de disiparse.

La zozobra es más que comprensible: está en juego la joya de la corona del sector secundario vasco y una de las pocas piezas de gran valor de la industria española en la era de la ingeniería, el conocimiento y las energías renovables. Gamesa, una empresa rentable en la mayor parte de sus más de 40 años de historia —”era una máquina de generar beneficios”, recuerda Ángel Pérez, analista de Renta 4—, acumula pérdidas de 2.300 millones de euros en los dos últimos. Solo en el último semestre del ejercicio pasado, los números rojos ascendieron a —atención— 780 millones.

Este súbito empeoramiento en la salud financiera de la empresa, ha llevado al coloso alemán, que en 2017 fusionó su división eólica con la empresa vasca, a tomar una de las pocas alternativas que tenía disponibles: lanzar una OPA por el 33% del capital que aún no controla para sacarla de Bolsa e integrarla como una empresa más de su conglomerado. “Es un rescate”, sintetiza Daniel Rodríguez, que sigue el día a día de Siemens Gamesa desde Bestinver Securities.

Sin la oferta alemana, dice Rodríguez, “Gamesa tendría que acometer una ampliación de capital; así que, llegados a este punto es la mejor opción posible: los resultados no creemos que vayan a mejorar en los próximos trimestres, pero a largo plazo es un negocio buenísimo en el que la empresa alemana no puede renunciar a estar”, añade. “Si el control de Alemania hasta ahora era importante, a partir de ahora será total. Es una situación bastante delicada”, completa Pérez, de Renta 4.

Aunque particularmente grave, la situación de Gamesa no es ajena a la del resto de fabricantes de aerogeneradores, como la danesa Vestas, su competidor más claro, que acumula varios avisos consecutivos al mercado de que no cumplirá los resultados previstos. Por paradójico que pueda parecer, el apetito global por las energías renovables no se está traduciendo en una mejora en las cuentas de resultados de las empresas del sector, que acusan la multiplicación de la competencia, la rivalidad de la solar fotovoltaica —con unos costes de generación menores—, el aumento en el precio de las materias primas y el encarecimiento del transporte. “Todos estos factores han erosionado los márgenes. A eso se suma que su negocio está entre dos grandes poderes, Estados y eléctricas, que les presionan mucho, y que muchos proyectos estaban firmados a precios de hace años, sin ajustes posteriores”, resume el analista de Renta 4.

Los mensajes de tranquilidad que Bruch trasladó a las autoridades vascas no han conseguido evitar una pérdida de confianza en los planes que maneja Siemens Energy. En una reciente intervención en el Parlamento vasco, Urkullu alertó de “nuevos riesgos”: aunque fuentes de la compañía aseguran que tanto el empleo y la actividad [actual] como las compras a proveedores nacionales (1.300 millones en 2020, de las que el 26% corresponden a 700 suministradores vascos) están garantizados, al mandatario le inquieta que la Gamesa enraizada en Euskadi acabe como una sucursal alemana sin apenas capacidad para tomar decisiones relevantes.

“Desde un punto de vista de país, la oferta de Siemens es algo que los Gobiernos [español y vasco] tienen que prestar muchísima atención: es clave que haya un diálogo fluido con Siemens para asegurar que no se descapitaliza la empresa y que su actividad no se deslocaliza”, esboza por teléfono Javier Suárez, corresponsable de análisis europeo del banco de inversión italiano Mediobanca y especialista en empresas del sector energético. Es, dice, lo mismo que haría Alemania si la situación fuese la inversa. “Tener acceso a la tecnología que está detrás del desarrollo de las renovables, que son cruciales en el nuevo modelo económico, es fundamental. Más aún en un momento en el que la energía tiende a ser cada vez más local. Y, como se ha visto muchas veces a lo largo de la historia, sin un sector industrial fuerte el desarrollo económico es mucho más volátil e incierto”.

Dudas

La incertidumbre sobre el futuro de Gamesa es especialmente palpable en la plantilla, que no esconde su preocupación. El temor que tienen los sindicatos es que la “optimización estructural” anunciada por la multinacional alemana para tratar de enderezar el rumbo de la española se traduzca en un desplazamiento de los órganos de decisión a Munich, recortes de la actividad industrial radicada en España y se prescinda de la cadena proveedores. “Desde que en 2017 Siemens Energy se hizo con el control”, critica un representante de UGT FICA, “la compañía ha ido deteriorándose por una mala gestión”.

En los últimos años, los trabajadores han visto cómo se iban vendiendo las plantas de Miranda de Ebro (Burgos), Aoiz (Navarra), Cuenca y As Somozas (A Coruña). También cómo se trasladaba parte de la fabricación a Portugal tras la compra de la alemana Senvion, y cómo se desprendía la división de parques eólicos, comprada por la eléctrica escocesa SSER por 580 millones. “Si también se venden la unidad de multiplicadoras y Gamesa Electric, podría desaparecer todo el tejido industrial que cuenta Gamesa: en España solo quedaría en España la fábrica de Ágreda (Soria)”, advierten desde UGT FICA.

Desde que Siemens tomó el control sobre Gamesa en 2017, apunta la presidenta del comité de empresa, Clara Fernández (CC OO), se han destruido 1.500 empleos en suelo español y se han cerrado cuatro plantas: “La OPA viene a certificar que el riesgo de nuevos despidos está ahí, aunque el consejero delegado Jochen Eickholt nos aseguró en una reunión reciente que esto no se va a producir”. En la práctica, coinciden los representantes de los trabajadores, “la decisión de sacar a Siemens Gamesa de la bolsa para que empiece a cotizar en Alemania significa que los centros de decisión se trasladarán allí”, afirma un delegado de UGT.

Catalizador de inversión

En este escenario, el profesor Massimo Cermelli, profesor de Economía de la Universidad de Deusto, añade otro elemento fundamental: “Siendo relevante el impacto que los ajustes pueden tener sobre el empleo y la fiscalidad, la operación llega en un momento crucial en el que está en juego la captación de fondos europeos destinados a proyectos empresariales que apuestan por la revolución digital y verde”. Gamesa, añade, es una pieza esencial “para atraer inversiones de Bruselas con destino a España”.

Cermelli también destaca el “conocimiento y la tecnología que ha desarrollado Gamesa durante varias décadas” y su influencia en el impulso de las energías renovables en el país. “La estrategia empresarial irá dirigida a recuperar la senda de la rentabilidad tras las pérdidas millonarias acumuladas, pero el riesgo de una deslocalización tendría consecuencias negativas: es una compañía clave para obtener financiación europea por el ámbito económico en el que se desenvuelve”. La opa de exclusión sobre Siemens Gamesa, zanja el profesor universitario, “trasciende la operación financiera porque puede tener un alto coste en términos de empleo, fiscales y de pérdida de peso de la industria”, que en Euskadi supone el 22% del PIB. “Sería”, zanja “una pérdida irreparable con consecuencias que es muy difícil de medir en términos económicos”

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El G-7 Explora Limitar El Precio Del Petróleo Ruso Y Pacta Dar Más Armas A Ucrania

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La inquietante evolución de la guerra en Ucrania y sus brutales repercusiones en el mundo están promoviendo una reconsideración de la estrategia de las grandes potencias occidentales en ese conflicto. La segunda jornada de la cumbre del G-7, celebrada este año en Elmau (Alemania), ha evidenciado dos importantes vías de ajuste que van cobrando impulso. Por un lado, señales de consenso alrededor de la idea de cambiar el modo para golpear las exportaciones de combustibles fósiles rusos —con un tope de precios más que con veto de compra—; por el otro, la decisión de entregar a Kiev armamento de cada vez mayor alcance, con el anuncio de Estados Unidos de que suministrará avanzados sistemas de defensa aérea de medio-largo alcance.

Tras la exitosa defensa ucrania de las primeras semanas, Rusia ahora gana constantemente terreno en el este. Mientras, Occidente comprueba cómo la guerra y las sanciones disparan los precios de la energía, lo que a la vez golpea a los consumidores y ayuda a Moscú a sobreponerse con grandes ingresos a los daños infligidos por la reducción de las compras.

Los siete se reunieron por videoconferencia con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Fuentes de las delegaciones occidentales apuntaron que Zelenski pidió ayuda para acabar el conflicto bélico antes de que termine el año, especialmente concernido por el enquistamiento de una guerra de desgaste que se prolongue a lo largo del invierno. El mandatario ucranio pidió sistemas avanzados de defensa antiaérea, que son los que Washington tiene previsto suministrar, según confirmó el asesor de seguridad de la Casa Blanca, Jake Sullivan, sin precisar el modelo.

Es este un nuevo e importante paso en la dirección de dar armamento más potente a Ucrania, adelantado a principios de junio por el presidente estadounidense, Joe Biden, después de meses de contención y entregas copiosas, pero de limitado alcance ―sustancialmente cohetes antitanque o antiaéreos de rango corto―. Alemania también ha anunciado hace semanas el envío de sistemas de defensa antiaérea, los IRIS-T, en su caso de medio alcance.

Tope al precio del petróleo ruso

En materia de sanciones energéticas, la constatación de la escasa eficacia de los vetos al crudo ruso puestos en marcha hasta ahora es, probablemente, el elemento más central de la cumbre. Los siete coinciden en la idea de intentar diseñar un mecanismo que ponga un tope a los precios. En los primeros 100 días desde la invasión, Rusia ha cobrado 93.000 millones de euros por ventas energéticas, según datos del instituto CREA. En el mes de mayo, solo las exportaciones de crudo sumaron unos 19.000 millones, unos 1.600 millones más que en el anterior. Mientras, los precios de la energía disparan la inflación en gran parte del mundo.

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Pero la cuestión es muy compleja, y las características y el perímetro de aplicación del mecanismo siguen siendo objeto de debate. Dada la complejidad, es una tarea que necesitará tiempo, pero fuentes de distintas delegaciones manifiestan la voluntad de seguir ese camino.

La idea base es un tope para el crudo ruso, intentando generalizar su aplicación bien por adhesión voluntaria de otros países o por presión, obligando a quienes quieran recurrir a servicios financieros, de transporte o de aseguradoras occidentales a respetar el límite máximo de precio. Pero la delegación francesa empuja para estudiar un límite global, que no solo afecte a Rusia. París también quiso hacer un llamamiento a recuperar para el mercado petrolero a Venezuela e Irán, ahora limitados por las sanciones. El Gobierno italiano, por su parte, presiona para crear un mecanismo similar en el mercado del gas.

Los líderes del G-7 quisieron dejar clara su determinación en el apoyo a Ucrania con un comunicado que plasmó la voluntad de sostener a Kiev “durante el tiempo que sea necesario” y de incrementar la presión sobre Rusia reduciendo sus ingresos por varias vías —por ejemplo, procedentes de la venta de oro―, y con nuevas restricciones que golpeen sectores industriales estratégicos.

Significativamente, el comunicado precisa que corresponde a Ucrania decidir acerca de unas negociaciones de paz, cuando en Occidente —a la vista del malestar económico provocado por la guerra— crecen las voces que piden una salida negociada. Fuentes francesas sostienen que Zelenski transmitió a los líderes del G-7 que todavía no es momento para eso. El G-7 también señala su compromiso para un gran plan de reconstrucción diseñado e implementado por Ucrania.

Entre las ideas sobre la mesa también figura la intención de elevar aranceles sobre productos rusos para después usar esas tasas en apoyo a Ucrania, y de profundizar en sanciones que afecten la capacidad productiva rusa en sectores estratégicos.

Precisamente, Irán es otro de los asuntos que sobrevuelan la cumbre, tras la reciente visita del alto representante de Exteriores de la UE, Josep Borrell, a Teherán, que pareció reabrir la perspectiva del diálogo en torno al pacto nuclear.

Por la tarde, los dirigentes del G-7 se reunieron con representantes de varios países externos al grupo, entre ellos India, Indonesia y Argentina, en un símbolo de un tablero mundial agitado en el que las grandes potencias tratan de afianzar relaciones con otros actores. Al terminar emitieron un comunicado conjunto en materia de clima que no adelanta compromisos concretos —se limita a hablar de una neutralidad climática “limpia y justa”— y que evidencia la dificultad de cerrar acuerdos. El canciller alemán, Olaf Scholz, que busca crear un “club del clima” con países de todo el mundo, calificó el diálogo de “muy constructivo”.

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Biden Y Johnson Proponen Al G-7 Prohibir Las Importaciones Del Oro Ruso

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Estados Unidos y el Reino Unido quieren avanzar en las sanciones contra Moscú por la invasión de Ucrania prohibiendo las importaciones del oro ruso. Ambas delegaciones han anunciado que han hecho esta propuesta a los líderes del G-7 que están reunidos en el castillo de Elmau, al sur de Alemania. Joe Biden, que llegó anoche a este lujoso paraje de los Alpes bávaros, adelantó en su cuenta de Twitter que esta medida pretende socavar una de las mayores fuentes de ingresos del Kremlin. “Junto con el G-7 anunciaremos que prohibimos la importación de oro ruso, una importante exportación que genera decenas de miles de millones de dólares para Rusia”, escribió el presidente estadounidense.

El primer ministro británico, Boris Johnson, comparte esa visión. “Las medidas que hemos anunciado hoy afectarán directamente a los oligarcas rusos y atacarán el corazón de la maquinaria de guerra de Putin”, dijo el premier. “Necesitamos privar al régimen de Putin de su financiación. El Reino Unido y nuestros aliados estamos haciendo precisamente eso”. Londres juega un papel destacado en el comercio internacional del oro, por lo que el Reino Unido cree que la acción paralela con Estados Unidos, a la que de momento se suman también Japón y Canadá, tendrá un alcance global que permitirá excluir esta materia prima de los mercados internacionales formales. Rusia es el tercer mayor productor mundial de oro, que supone aproximadamente el 5% de sus exportaciones.

Exhibir unidad

Es poco probable que el castillo de Elmau vuelva a mostrar las idílicas imágenes de dos líderes mundiales —entonces Angela Merkel y Barack Obama— charlando despreocupados entre jarras de cerveza y salchichas blancas en un ambiente pastoril. Muchas cosas han cambiado desde aquel 2015 en el que la canciller alemana recibió al estadounidense y a los otros miembros del G-7 en los Alpes bávaros. Para empezar, una guerra en Europa. Las imágenes de esta cumbre son mucho más austeras; no hay ganas de folclore. Ya entonces se había caído del grupo la Rusia de Vladímir Putin, al que se empezaba a aislar a nivel internacional tras la anexión de Crimea. Ahora, a punto de entrar en el quinto mes de la invasión rusa de Ucrania, los líderes de las siete mayores economías de las democracias industrializadas se disponen a mostrar, a Putin y al resto del mundo, unidad y coordinación en la ayuda a Kiev.

La guerra en Ucrania dominará las discusiones. Los jefes del G-7 (Estados Unidos, Alemania, Japón, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) más la Unión Europea debatirán si las sanciones están funcionando y qué más pueden hacer para aumentar la presión sobre Rusia. Tras una exitosa fase inicial en la que, a través de una consistente acción coordinada, las democracias occidentales lograron aplicar una fuerte presión económica sobre Rusia y respaldar una positiva reacción militar de Ucrania, ahora el panorama se antoja más complejo.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron (a la izquierda), y el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, antes de encuentro en el castillo de Elmau, este domingo.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron (a la izquierda), y el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, antes de encuentro en el castillo de Elmau, este domingo.POOL (REUTERS)

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Rusia parece haber encajado el golpe económico y sigue obteniendo grandes ingresos de la venta de combustibles fósiles gracias a los altos precios y al afianzamiento de las ventas a China y la India. Sobre el terreno de combate, el Kremlin se ha reorganizado, y tras las debacles iniciales ahora avanza de forma lenta pero constante en el este de Ucrania. Mientras, las repercusiones del conflicto están sacudiendo con fuerza otros países, con graves problemas en el sector energético, una generalizada subida de precios y escasez de alimentos.

Precisamente estas crisis globales desencadenadas por el conflicto bélico figuran muy arriba en la agenda de Elmau. La energética está provocando precios nunca vistos que agitan el fantasma de la crisis petrolífera de los años setenta. Europa podría estar al borde del temido racionamiento energético después de que Putin haya recortado los suministros de gas a países todavía muy dependientes, como Alemania, la anfitriona de la cita, o Italia.

La mayoría de jefes de Estado y de Gobierno han llegado a Elmau a lo largo de la mañana del domingo aunque el presidente estadounidense, Joe Biden, lo hizo el sábado por la noche, justo después del presidente francés, Emmanuel Macron. El encuentro de Biden con Scholz ha sido la primera reunión bilateral de la cita. Ambos líderes han paseado por los alrededores del castillo de Elmau mientras preparaban sus intervenciones en las distintas sesiones que se celebrarán hasta el martes. Está previsto que el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, intervenga de forma virtual el lunes.

Los líderes del G-7, en una de las reuniones, este domingo.
Los líderes del G-7, en una de las reuniones, este domingo.Markus Schreiber (AP)

Como preludio de este G-7, Berlín celebró el viernes una conferencia internacional sobre la crisis alimentaria mundial. Representantes de 50 países pidieron a Moscú que abra los puertos y permita la exportación de los cereales retenidos por Rusia en Ucrania. El conflicto ha provocado una escalada de los precios de los alimentos que amenaza con sumar decenas de millones de personas a las filas de los hambrientos. Se calcula que hay más de 25 millones de toneladas de cereales disponibles en Ucrania, uno de los graneros del mundo, pero que no se pueden exportar por el bloqueo ruso del mar Negro. Los líderes del G-7 discutirán posibles salidas a esos cereales y maneras de paliar la crisis del hambre.

El efecto de la guerra en la economía mundial es otra de las preocupaciones en Elmau. “La brutal guerra de Rusia contra Ucrania también tiene repercusiones para nosotros”, introducía este sábado el canciller alemán, Olaf Scholz, en un videomensaje con el que ha empezado a comunicarse más informalmente en redes sociales. “Muchas de las cosas que compramos se han vuelto más caras. Los alimentos, pero sobre todo los precios de la energía. Lo notamos en la gasolinera, cuando tenemos que pagar la factura de calefacción. […] todo es mucho más caro que hace un año”. La inflación que se ceba con los países del G-7 (salvo Japón) es un desafío que Scholz quiere tratar con sus socios internacionales. “Solo podremos hacer frente a esto juntos”, dice en la grabación.

El castillo de Elmau, un exclusivo hotel de cinco estrellas blindado desde hace días por las fuerzas de seguridad, acogerá también a los líderes de cinco países invitados por Alemania, que ejerce la presidencia de turno del G-7 este 2022. Scholz quiere atraer a la India, Indonesia, Senegal, Sudáfrica y Argentina a su proyecto de “club del clima”, una iniciativa destinada a combatir la crisis climática a la que espera que se adhieran voluntariamente naciones de todo el mundo. El club del clima era la principal prioridad del canciller cuando empezó la presidencia alemana del G-7. Berlín no quiere que la guerra deje en segundo plano el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad, subrayaron fuentes gubernamentales esta semana en Berlín. Los miembros del club se comprometerán a avanzar en la descarbonización de sus economías.

Protestas contra el G-7 este sábado en Múnich.
Protestas contra el G-7 este sábado en Múnich. Matthias Schrader (AP)

Ante la imposibilidad de acercarse a muchos kilómetros del castillo, las protestas contra el G-7 se concentraron este sábado en la capital bávara, Múnich. Miles de manifestantes —4.000, según la Policía; 6.000, según los organizadores— marcharon por la ciudad para exigir a los líderes mundiales más acción contra la emergencia climática. Las organizaciones ecologistas convocantes contaban con mayor presencia en la calle; habían calculado que unas 20.000 se sumarían al lema de la protesta: “Crisis climática, extinción de las especies, desigualdades: ¡la equidad es otra cosa!”.

La Policía alemana ha desplegado a miles de agentes tanto en Múnich como en los alrededores del castillo de Elmau, a algo más de un centenar de kilómetros de la capital bávara, una región turística en la frontera con Austria. Las autoridades alemanas quieren evitar por todos los medios que suceda algo lejanamente parecido a los disturbios del G-20 en Hamburgo en 2017. Las protestas desembocaron entonces en vandalismo y episodios de violencia por toda la ciudad y obligaron al alcalde a disculparse por no haber podido garantizar la seguridad. Aquel edil es el hoy canciller alemán, Olaf Scholz.

La seguridad es tan estricta que el grueso de las delegaciones y de los periodistas acreditados seguirán buena parte de la cita desde la localidad de Garmisch-Partenkirchen, situada a 17 kilómetros. El acceso al castillo, que acoge varios restaurantes de lujo, está prohibido para los vehículos particulares.

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