Fotografía de Asif Merchant proporcionada por el Departamento de Justicia de EE UU.AP
El artífice de un chapucero plan para asesinar supuestamente a Donald Trump en 2024, un paquistaní llamado Asif Merchant, ha revelado en un tribunal de Nueva York que un familiar suyo trabaja para la Guardia Revolucionaria de Irán, que Washington considera una organización terrorista extranjera. Eso ha bastado para que la oscura y casi olvidada trama, archivada desde que se descubrió hace casi dos años, cobre más actualidad ahora que cuando fue neutralizada. Merchant, que se confió a otro paquistaní que era informante del FBI creyéndolo su cómplice, está siendo juzgado estos días en el tribunal federal de distrito de Brooklyn por terrorismo por intentar asesinar a cargos públicos estadounidenses, incluido, según la acusación, el mismo Trump.
El caso no habría merecido ningún titular por la probada inconsistencia de los planes, más propios de un amateur que de un terrorista, pero la guerra en curso en Oriente Próximo, y los supuestos vínculos de Merchant con la inteligencia iraní, lo han dotado de especial relieve. El complot urdido por Merchant, a quien los testimonios y las pruebas presentan como un agente entusiasta pero torpe, fue desarticulado en 2024 durante la campaña electoral, aún bajo la presidencia de Joe Biden.
“Este juicio se celebra en unos momentos interesantes”, ha corroborado el juez encargado del caso, Eric Komitee. Merchant, de 47 años, buscó en Internet los lugares donde se celebraban los mítines de Trump, según los fiscales, que han presentado el martes el contenido de su ordenador portátil, con fotos tanto de Trump como del entonces presidente Biden en actos de la campaña electoral.
El acusado, que se ha declarado inocente de todos los cargos que se le imputan, se enfrenta a una posible cadena perpetua si es declarado culpable de terrorismo. Aunque el contexto geopolítico reviste ahora especial gravedad, y la obsesión de Washington con Irán no ha conocido tregua desde el triunfo de la Revolución Islámica en 1979, todo parece indicar que el paquistaní nunca estuvo cerca de llevar a cabo sus propósitos.
Sin embargo, cuando fue arrestado, el entonces director del FBI, Christopher Wray, afirmó que el complot estaba “calcado directamente del manual iraní”. El entonces fiscal general, Merrick Garland, lo describió asimismo como un ejemplo de “la letal conspiración de Irán contra los estadounidenses”, pero lo bizarro de las pruebas rebajó la importancia del caso a poco más que una anécdota atizada por la habitual retórica antiiraní de Washington y su persistente sospecha de ver complots iraníes bajo las piedras: en noviembre de ese año el Departamento de Justicia presentó cargos contra tres individuos supuestamente captados por la Guardia Revolucionaria para hacer un seguimiento del republicano.
Según los testimonios recogidos, en especial los del informante del FBI, Merchant le dibujó en una servilleta de papel de un hotel barato de la ciudad el esquema del plan, con un cigarrillo electrónico que supuestamente identificaba al que habría debido ser el principal objetivo, el entonces candidato presidencial Trump. Según un memorándum de noviembre de 2024 redactado por Lisa Monaco, fiscal general adjunta de Biden, Merchant declaró a los investigadores tras su detención que había recibido entrenamiento como espía por parte del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, una relación que generó muchas dudas en las autoridades.
Pero entre las últimas pruebas incorporadas al sumario figura la relativa a un primo de Merchant, un agente iraní que supuestamente le habría dado el dinero para contratar a los sicarios encargados de apretar el gatillo. Merchant tiene hijos en Irán y ha viajado en numerosas ocasiones a ese país, en lo que sus abogados califican de peregrinaciones religiosas —de lengua urdu, en la que está declarando, es chií— y visitas familiares.
En el tribunal, una agente del FBI ha abierto una ventana, aun limitada, sobre los motivos del Gobierno para señalar a Teherán, basándose en lo que Merchant supuestamente dijo a los agentes en una entrevista en julio de 2024. La sesión no se grabó, un recurso que ahora juega a favor de la defensa, y el informe de los agentes al respecto está sellado. Según la agente Jacqueline Smith, Merchant aseguró que uno de sus primos le presentó a un agente de la Guardia Revolucionaria en Irán, el cuerpo de élite bajo el mando del líder supremo del país, el ayatolá Ali Jameneí, muerto el sábado a consecuencia de la ofensiva estadounidense-israelí.
Persistente sospecha de complots
Smith explicó al jurado que Merchant dijo que esperaba que su contacto le reembolsara los 5.000 dólares que le había dado su primo y que él había entregado a los supuestos sicarios, en realidad agentes encubiertos del FBI, a los que recomendó “actuar con normalidad” si notaban que les estaban vigilando.
La entrevista no grabada fue lo que se conoce como una sesión de oferta, en la que habitualmente los acusados o sospechosos y sus abogados exploran la posibilidad de cooperar con las autoridades. La defensa de Merchant ha intentado aprovechar la irregularidad para sembrar la duda en el juez, “pues algunas cosas pueden ser ciertas, pero otras no”. Los miembros del jurado han visto y escuchado grabaciones de Merchant interactuando con los agentes encubiertos del FBI y con un conocido, que fue quien le denunció a la agencia federal.
Merchant fue detenido en Texas el 12 de julio de 2024, cuando estaba haciendo las maletas para volver a Pakistán. Un día después, Trump sufrió un atentado durante un acto de campaña en Butler (Pensilvania). Las autoridades afirmaron entonces que el agresor actuó solo, pero que habían estado siguiendo una pista procedente de Irán, afirmación que la República Islámica calificó de “infundada y maliciosa”. El republicano aludió de nuevo a supuestos complots iraníes este domingo, al hablar de la muerte de Jameneí.
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La guerra en Oriente Próximo no se libra solo con misiles, radares y drones. Modelos de inteligencia artificial creados por empresas privadas ayudan a simular escenarios y a priorizar objetivos. Es un terreno con pocas reglas claras y que recibe mucha presión política: el gobierno de Trump quiere ir más lejos que algunas compañías a la hora de usar la IA en operaciones militares.
El debate que abrió el pasado viernes el CEO de Anthropic al romper su acuerdo con el Pentágono tiene muchas aristas tanto éticas como geopolíticas. Ana Fuentes las aborda junto con el periodista de EL PAÍS, Manuel G. Pascual, redactor de la sección de Tecnología.
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A failure at Cuba’s main thermoelectric plant has caused a massive blackout affecting two-thirds of the island, the Cuban government confirmed Wednesday. The partial collapse of the island’s National Electric System (SEN) — the second in a month — has left nearly 7 million of the island’s almost 10 million inhabitants without power. The outage is also affecting the capital, Havana.
The government has not yet specified the reasons for the blackout, which is affecting 10 of the country’s 15 provinces, from Camagüey in the east to Pinar del Río in the west. According to state television, an “unforeseen shutdown” of the Antonio Guiteras power plant, the island’s largest generator, caused yet another power outage.
This Wednesday’s outage is the fifth partial blackout — different from a nationwide collapse of the entire electrical system — in less than six months, and the largest so far this year. The incident also reflects the fragile state of the power grid amid U.S. pressure, which has abruptly cut off the supply of Venezuelan crude to Havana and threatened to impose tariffs on any country that provides Cuba with oil, a resource vital for keeping its electrical network running.
But the U.S. oil siege has only worsened a chronic problem on the island. Cuba is suffering a full‑blown energy crisis that has deteriorated significantly over the past year and a half, largely due to the progressive decline in Venezuela’s oil shipments. In fact, over the last 18 months the SEN has suffered five total collapses — meaning the entire country plunged into darkness at the same time because of the inability to generate electricity.
Blackouts are now part of daily life for Cubans, who in recent months have grown accustomed to outages that in some regions can exceed 20 hours a day. These outages, however, are different from SEN collapses. In the first case, they are daily service interruptions caused by the inability of the obsolete Soviet‑era thermoelectric plants to meet demand.
SEN shutdowns, on the other hand, force authorities to carry out a kind of system reboot that, in the worst cases, can take days to fully restore. Before Wednesday’s collapse was confirmed, the state‑owned Unión Eléctrica (UNE) had warned that up to 63% of the country would be left without power at peak demand — late in the afternoon.
That time of day is critical for Cuba’s fragile grid because it coincides with people returning home and turning on air conditioners and fans. Unlike much of the world, in Cuba the highest electricity demand comes from households rather than industry, which has been in terminal decline for decades.
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