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“Héroes” O “terroristas”: Los Muertos En La Lancha Interceptada Por Cuba Ensanchan La Grieta Con Estados Unidos

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Hace 16 días, un cubano de 48 años tomó su teléfono desde lo que parece ser su casa en Miami y contó que se sentía agradecido de que Estados Unidos lo acogiera, un lugar que le dio techo y donde nacieron sus dos hijos. “Mi vida me la devolvieron en este país”, dijo, “pero quiero morir como mueren los hombres reales”. Después lanzó un mensaje explícito: “Todos los hombres que estén disponibles para morir, quiero saber qué van a hacer si hombres con cojones se deciden a hacer lo que hay que hacer”. Quien hablaba era Amijail Sánchez González, uno de los 10 cubanos que salieron desde el sur de Florida en la lancha civil abatida por las autoridades de la Guardafrontera de Cuba el 25 de febrero, dejando a cuatro tripulantes muertos.

Sobre el mediodía del miércoles, aún resultaba una incógnita la información que llegaba desde La Habana, a través de un comunicado emitido por el Ministerio del Interior (MININT). Habían detectado “una lancha infractora” dentro de las aguas territoriales cubanas con matrícula de Florida, que se aproximó a una milla náutica al noroeste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, en la provincia de Villa Clara, al centro de la isla. Según la versión cubana, cuando los guardafronteras se aproximaron, les abrieron fuego desde la lancha, lo que desató una respuesta por parte de sus tropas. El saldo resultaba devastador: cuatro muertos y seis heridos por la parte de Florida, un herido por el lado cubano.

La escena se volvía doblemente trágica en medio de la contienda que mantiene a Cuba en la mira de Washington, desde que los estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en Venezuela y comenzaran a replantearse una desestabilización del Gobierno de Miguel Díaz-Canel. ¿Quiénes eran los tripulantes de la lancha? ¿Gente, una vez más, tratando de salvar a sus familiares de la falta de comida y de los apagones en la isla? ¿Eran residentes o ciudadanos estadounidenses? ¿Habían sido enviados por parte de Estados Unidos? ¿Cómo iba a responder el Gobierno de Donald Trump ante esto?

Primero los medios especularon con que se trataba de cubanos yendo a sacar a sus familiares del país, una versión que luego fue desmentida. Eran exiliados cubanos que, según se ha conocido, entrenaban desde hace algún tiempo para llegar a liberar a Cuba. Según las autoridades de la isla, arribaron con “fusiles de asalto, armas cortas, artefactos explosivos de construcción artesanal (cocteles molotov), chalecos antibalas, mirillas telescópicas y uniformes de camuflaje”. La historia, en algún sentido, se repetía: los exiliados cubanos, después de años sin intentarlo, volvían a entrar armados al país, como hicieron hace casi siete décadas cuando desembarcaron por Bahía de Cochinos. Por si fuera poco, la lancha había sido abatida un día después del 30 aniversario del derribo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, en el que fallecieron también cuatro personas que presuntamente habían violado el espacio aéreo cubano.

Repitiendo una vez más la retórica divorciada entre las dos orillas, la oficialidad cubana los ha tildado de “terroristas”, mientras que el exilio les ha llamado “héroes”. Tras casi 24 horas de silencio, Díaz-Canel dijo este jueves que “Cuba se defenderá con determinación y firmeza frente a cualquier agresión terrorista y mercenaria que pretenda afectar su soberanía y estabilidad nacional”. Estados Unidos se ha mostrado desligado de cualquier plan que tuvieran en manos los exiliados, pero el secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, quien aseguró que hasta el momento solo tenían la información que facilitaba la parte cubana, adelantó que Washington llevará adelante su propia investigación, en la que ya están involucrados el Departamento de Seguridad Nacional y la Guardia Costera. “No voy a opinar sobre lo que aún no sé”, dijo a la prensa. “Pero averiguaremos exactamente qué sucedió aquí y responderemos en consecuencia”.

El rostro de las víctimas

Según la información obtenida hasta el momento, los cubanos eran todos residentes de Estados Unidos, que llegaron en una lancha rápida con matrícula de Florida FL7726SH y quienes “tenían intenciones de realizar una infiltración con fines terroristas”. La familia dueña de la embarcación insistió en que la lancha de pesca tipo Carolina Skiff fue robada por un empleado de su compañía de construcción, y solo lo supieron cuando el Gobierno cubano divulgó la noticia.

Los seis heridos fueron identificados como Cristian Ernesto Acosta Guevara, Conrado Galindo Serrior, José Manuel Rodríguez Castelló, Leordán Cruz Gomez, Amijail Sanchez Gonzalez yRoberto Alvarez Avila.

La versión oficial cubana insiste en que la mayoría tenía “un historial conocido de actividad delictiva y violenta”. Sánchez González y Cruz Gómez aparecen en la Lista Nacional de personas y entidades que han sido sometidas a investigaciones penales y se encuentran buscadas por las autoridades cubanas. También confirmaron el arresto de Duniel Hernández Santos, quien, según dicen, confesó él mismo que había sido enviado desde Estados Unidos “para garantizar la recepción de la infiltración armada”.

Entre los cuatro fallecidos, el Gobierno cubano en un primer momento solamente identificó a Michel Ortega Casanova, un mecánico que llegó de Cuba en los años ochenta y era miembro del Partido Republicano de Cuba (PRC). Tras el incidente, la organización emitió un comunicado donde aseguran que se “desconocía totalmente sus intenciones, planes o participación en dicho suceso”. “El PRC no orienta acciones armadas, ni ejerce control sobre las decisiones o acciones individuales que puedan asumir sus miembros o seguidores a título personal”, comunicó su presidente, Ibrahim Bosch.

Otro de los fallecidos fue identificado por personas cercanas como Ledian Padrón Guevara, de 25 años. “En verdad no puedo creerlo. Nos criamos juntos y estudiamos juntos; descansa en paz, mi niño”, escribió una amiga en Facebook.

Una actualización de la información difundida identificaba como los otros dos fallecidos a Héctor Duani Cruz Correa, y al ciudadano estadounidense Pavel Alling Peña.

La respuesta de Estados Unidos

Como hasta el momento la única versión de los hechos es la divulgada por la parte cubana, muchos desconfían de la información o mantienen recelo sobre lo que pudo o no ocurrir en el incidente del 25 de febrero. Algunos han comenzado a exigir evidencias, ante las ya reconocidas incongruencias. Roberto Azcorra Consuegra, quien según el Gobierno cubano comparece entre los exiliados heridos, en realidad se encuentra en Florida. “Dicen que me tienen detenido y estoy aquí en Estados Unidos”, declaró a la cadena local de NBC en el sur del Estado. Luego el MINREX reconoció el error públicamente.

También han aparecido dudas sobre si el Gobierno cubano estaba enterado de antemano de la llegada de los exiliados cubanos desde Florida, tras las declaraciones que a inicios de mes realizó Díaz-Canel en la primera conferencia de prensa en que admitía que estaban abiertos a un diálogo con Washington. Según dijo entonces, tenían conocimiento de que “planes para hechos terroristas que están siendo apoyados, financiados y se están preparando en Estados Unidos para agredir a Cuba en un momento como este. En su momento, haremos la denuncia”, insistió.

Por ahora llueven los reclamos por parte de los políticos del sur de Florida y los congresistas cubanoamericanos para que se investiguen con rigurosidad los hechos. El fiscal general de Florida, James Uthmeier, ordenó a la fiscalía estatal que colabore en una investigación de lo que algunos han catalogado como “una masacre”. “No se puede confiar en el gobierno cubano, y haremos todo lo posible para que estos comunistas rindan cuentas”, sostuvo.

Aun así, algunos han notado la poca atención y respuesta que el Gobierno estadounidense ha mostrado sobre el suceso. La congresista demócrata por Florida, Debbie Wasserman Schultz, dijo en X estar preocupada por “el silencio de la Administración Trump sobre este incidente mortal”.

America

Estados Unidos Y Ecuador Lanzan Operaciones Militares Conjuntas Contra El Narcotráfico

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Estados Unidos y Ecuador han lanzado operaciones militares conjuntas contra “organizaciones terroristas designadas” en el país sudamericano, según ha informado este martes el Comando Sur (SouthCom), responsable de las operaciones de las fuerzas armadas estadounidenses en América Latina. Las nuevas misiones parecen anunciar una expansión drástica de las operaciones militares estadounidenses de lucha contra los carteles de la droga y de destrucción de supuestas narcolanchas en el Caribe y al Pacífico oriental.

En Ecuador, el Ministerio de Defensa ha confirmado la existencia de operaciones conjuntas pero ha sostenido que lo relacionado con ellas es información clasificada.

On March 3, Ecuadorian and U.S. military forces launched operations against Designated Terrorist Organizations in Ecuador. The operations are a powerful example of the commitment of partners in Latin America and the Caribbean to combat the scourge of narco-terrorism.

Together,… pic.twitter.com/MrkKZcrDbs

— U.S. Southern Command (@Southcom) March 4, 2026

“Las operaciones son un ejemplo poderoso del compromiso de los socios en América Latina y el Caribe para combatir la lacra del narcoterrorismo”, indica el Comando Sur en un comunicado difundido por redes sociales. “Juntos, acometemos acciones decisivas para enfrentarnos a los narcoterroristas que desde hace largo tiempo llevan infligiendo terror, violencia y corrupción contra los ciudadanos en todo el hemisferio” occidental, la descripción que prefiere Estados Unidos para referirse al continente americano.

El comunicado viene acompañado de un vídeo en el que se muestra el despegue de un helicóptero, en color, y otras imágenes en blanco y negro tomadas desde el aire, en las que se distingue cómo el helicóptero se carga con lo que parecen ser soldados.

El comandante del SouthCom, el general Francis Donovan, ha elogiado a los soldados de las fuerzas armadas ecuatorianas “por su compromiso inquebrantable con esta lucha, su demostración de compromiso y su determinación durante las acciones continuadas contra los narcoterroristas en su país”.

El anuncio del Comando Sur no aporta más detalles sobre la naturaleza de las operaciones conjuntas, sus fechas o sus resultados. Desde septiembre, las fuerzas del Comando Sur han bombardeado docenas de supuestas narcolanchas en el Caribe y en el Pacífico Oriental, en ataques en los que han muerto más de 150 personas y que legisladores de la oposición demócrata y expertos consideran ilegales.

La declaración de las fuerzas estadounidenses se produce cuatro días antes de que el presidente de su país, Donald Trump, celebre en Miami una cumbre con líderes latinoamericanos.

La violencia en Ecuador se ha disparado en los últimos años, impulsada por el auge del narcotráfico. Si anteriormente los puertos de Guayaquil y Esmeraldas eran los principales puntos de salida para la droga del país, la fragmentación de las bandas en los últimos cinco años y la presión estatal han llevado a los carteles a otras provincias del interior del país.

Las zonas de Los Ríos y El Oro, con su interconexión a través de la Sierra y la Amazonía, se perfilan como una de las nuevas vías del narcotráfico, territorios disputados por bandas que no solo trafican con drogas, sino que también se expanden mediante secuestros y extorsiones.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, es un firme aliado de Trump en América Latina. El año pasado recibió al secretario de Estado, Marco Rubio, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, e intentó permitir que Estados Unidos pudiera establecer bases militares en su territorio. Esta medida quedó derrotada con contundencia en un referéndum el pasado noviembre.

En un mensaje en redes sociales el pasado lunes, tras una reunión con el general Donovan, Noboa anunciaba que en marzo “iniciamos una nueva fase contra el narcoterrorismo y la minería ilegal”.

“En el mes de marzo haremos operaciones conjuntas con nuestros aliados de la región, incluidos los Estados Unidos. La seguridad de los ecuatorianos es nuestra prioridad y lucharemos por obtener la paz en cada rincón del país”, escribía el presidente ecuatoriano. “Para obtener esa paz, debemos actuar con fuerza contra los criminales, estén donde estén. La búsqueda de la justicia y dignidad nacional jamás será persecución, sino una promesa que cumpliremos a los ecuatorianos”.

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