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El Baskonia Gana La Copa Del Rey Al Real Madrid Y Vuelve A Sentirse Un Grande

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La Copa del Rey de baloncesto es hermosa por historias como esta. Un equipo que caminaba por el desierto, huérfano de la identidad que le había convertido en campeón, vuelve a disputar el torneo después de dos años fuera de los ocho mejores de la Liga. Llega con 10 jugadores que no saben lo que significa esta competición, pero con un entrenador hinchado de optimismo, y así pisan las semifinales y derrotan al Barcelona, y regresa el equipo a una final copera 17 temporadas después, y entonces acaban de escribir el cuento de hadas y rinden al Real Madrid. Es el Baskonia, campeón de la Copa por séptima ocasión en su historia, protagonista de un conmovedor regreso a la cima. Es el Baskonia entrenado por el italiano Paolo Galbiati, un recién llegado que ha contagiado su sonrisa y su carácter a todo el club, es el Baskonia de Trent Forrest, MVP tras una exhibición de 22 puntos, nueve rebotes y 11 asistencias en la final, el Baskonia de Luwawu-Cabarrot (28 puntos), de Omoruyi (23), y el Baskonia, sobre todo, de una afición que no ha dejado de acudir a la Copa ni cuando su equipo no estaba clasificado.

La historia se escribió en el imponente Roig Arena ante 15.314 espectadores, nuevo récord de un recinto que es el otro campeón de la mejor cita del baloncesto. Fue, curiosamente, en una final inédita en 90 años de vida del torneo pese a reunir a dos clásicos del baloncesto español. Se hizo esperar el cara a cara, pero no defraudó desde el primer segundo.

Hezonja había retomado la faena donde la había dejado horas antes en la inolvidable semifinal contra el Valencia Basket que dinamitó con dos triples en los últimos 16 segundos. Cinco puntos y una asistencia del croata a Tavares y otros dos triples de Llull y Campazzo obligaron a Galbiati a encargar la primera pausa antes de los tres minutos (13-2). Corría el Madrid a partir de su cerrojo defensivo y del dominio del rebote frente a un Baskonia que pronto echó mano de Luwawu-Cabarrot. El francés aportó a su equipo amenaza exterior y valentía para enfilar el aro, pero los blancos dominaban la escena. Difícil responder cuando Campazzo marea el balón a ras de suelo y lo eleva a los aires para que Tavares lo atrape como si fuera una pelota de tenis. Surgió entonces ese carácter Baskonia que ha rescatado Galbiati y entre la muñeca de Luwawu, los pulmones de Omoruyi y Forrest y el tajo atrás los azulgranas volvieron a la vida (26-26 al final del primer cuarto). El Roig Arena, aún dolido por la caída de los suyos, tenía claro con quién iba.

El guineano Diakité, autor del taponazo a Shengelia que despachó al Barça, demostró que también sabe moverse por fuera. Y muy bien. Contestó Andrés Feliz con dos triples en un pestañeo para dejar ver que es más que el hombre que permite el descanso de Campazzo. Hezonja regresó a la cancha después de que Scariolo le mandara bastantes minutos a la silla de pensar y Len cumplió cuando Tavares y Garuba habían sumado un par de faltas por barba. El Madrid dobló la posición de base (Facu-Feliz juntos) para darle otro mordisco al partido. Le costaba al equipo de Galbiati encontrar una rendija en el muro blanco que atrás levantaban Hezonja, Deck y Tavares. Aunque este Baskonia de Galbiati ha perdido el miedo y Forrest encaró al gigante de Cabo Verde para mandar un mensaje: no iban a rendirse, no cuando pisaban una final de Copa 17 años después y cuando su fiel afición empujaba en la grada. Dos canastas cocinadas por un fabuloso Luwawu (17 puntos en la primera mitad y solo un lanzamiento fallado) permitieron al grupo vitoriano alcanzar el descanso con los puños en alto: 52-47.

Campazzo vale oro. El base argentino tiene el encuentro en la cabeza y siempre elige la mejor opción. En medio de la selva es capaz de encontrar al hombre libre y luce colmillo para mirar la canasta cuando toca. La clarividencia del Facu compitió en la vuelta de los vestuarios con el estado de felicidad de Luwawu-Cabarrot, que encadenó otros tres aciertos en una secuencia inmaculada. Omoruyi volvió a ser su mejor socio para buscarle las cosquillas a Tavares.

Había final porque el Madrid no lograba distanciarse con el acelerón definitivo y el Baskonia volvía y volvía, digno heredero del equipo que siempre ha competido en situaciones de máxima exigencia. Los muchachos de Galbiati apretaban las clavijas en defensa y volaban a la mínima oportunidad de estirar las piernas, propulsados por Howard y Forrest. La cuarta falta de Kurucs y un menor carrusel de rotaciones aumentaron su desgaste frente a un Madrid que físicamente es un rodillo. Como muestra, Garuba, restregado por el parquet para pelear un balón suelto y ganarse el aplauso del jefe. Un ejercicio muy serio, sin nadie que se saliera del guión y cada pieza en su sitio, permitió al grupo de Scariolo plantarse a las puertas del último tramo con el volante en las manos pese a la resistencia de Luwawu (72-67). “¡Sí se puede!”, gritaba la hinchada azulgrana.

Si la puerta estaba abierta, el Baskonia se lanzaría de cabeza en busca de la gloria perdida. Y el Madrid había golpeado pero no apuntillado. La victoria debía sudarse y de ahí que Abalde celebrara una recuperación como si se tratara de un pedazo de título. Y cómo apretaron los puños Diakité y Omoruyi cuando calcaron dos triples para empatar a 79 (seis de los siete aciertos lejanos de los vitorianos fueron de hombres interiores). Cuando el ala-pívot nigeriano burló a Tavares y puso delante a su equipo, el Roig Arena se puso en pie como si el Baskonia vistiera de naranja.

En medio del volcán, la sangre fría del Madrid, tan curtido en estos escenarios. Era la guerra de los elementos. Luwawu dejó el ring con la quinta falta y Diakité logró el más difícil todavía, taponar a Tavares. También Forrest se plantó ante la torre para sacarle canasta y falta. El conjunto blanco volvía a estar contra las cuerdas, igual que en la semifinal contra el Valencia (86-92 a falta de 1m 11s). Y de nuevo, de manera increíble, Hezonja al rescate con un triple. Súper Mario atacó el aro con la capa de superhéroe, pero emergió Diakité para mandar al suelo el balón y al cielo a su equipo. El Baskonia había vuelto. Campeón de Copa 17 años después. Otra vez grande.

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España Barre A Nueva Zelanda En El Inicio Del PreMundial: 99-50

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España despejó de un plumazo la incógnita que suponía enfrentarse a una selección poco conocida como Nueva Zelanda en el inicio del PreMundial de Puerto Rico, el torneo que da acceso a la cita mundialista del próximo verano. El conjunto que dirige Miguel Méndez desmontó a un rival joven desde el momento en el que fue consciente de su gran superioridad. Gustafson (20 puntos y 6 rebotes) y Conde (12 puntos, 3 rebotes y 3 asistencias) lideraron la tarea de demolición.

El Premundial es un labertinto a mitad de temporada y sin apenas entrenamiento. España salió de la primera trampa pese a las dudas de un inicio tierno en el que apenas anotó dos puntos en más de cinco minutos, lastrada por los fallos de media distancia y desde el perímetro. La segunda unidad comandada por Gustafson dio un aire nuevo y desde la defensa la selección empezó a construir su dominio. Del 2-6 se pasó al 22-9. España comenzó a correr y a multiplicar sus recursos ofensivos: Conde, Carrera, Awa Fam, Iyana…

Necesitaba el equipo español descifrar al rival, sacudirse la incertidumbre y comprobar que Nueva Zelanda carecía de excesivas variantes para morder. Se abrió el mundo que separa a las dos selecciones. España lució sus mejores dotes técnicas, su juego rápido para las penetraciones y la versatilidad de sus jugadoras interiores lejos del tablero.

Después de una fácil piedra de toque, este jueves espera la física Senegal (19.00, Tdp). Italia, Puerto Rico y Estados Unidos completan un grupo de seis selecciones de las que cuatro (EEUU ya está clasificada) irán al Mundial.

ESPAÑA, 99; NUEVA ZELANDA, 50

España: Cazorla (9), Ortiz (2), Pueyo (6), Fam (7) y Carrera (8) -cinco inicial-; Araújo (8), Ayuso (5), Martín (11), Ginzo (7), Buenavida (4), Gustafson (20) y Conde (12).

Nueva Zelanda: Dalton (1), Graham (9), Robati (12), Shearer (3) y Pizzey (5) – cinco inicial-; Hokianga (2), E. Rogers (2), B. Rogers (0), Kirisome (0), Strawbridge (0), Tofaeono (14) y Whittaker (2).

Parciales: 22-9, 25-13, 30-14 y 22-14.

Árbitros: Krejic, García, Davidson. Eliminaron a Pizzey.

Coliseum José Miguel Agrelot.

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Álvaro Cárdenas

La España De Chus Mateo Avanza Con Paso Firme En Oviedo

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Las apreturas del calendario y la globalización del juego han dibujado unas ventanas de selecciones que dan vuelo a la clase media del baloncesto. Sin jugadores de la Euroliga ni quienes compiten en Estados Unidos, es el turno de muchos jornaleros. Es difícil encontrar a una selección que exprima tanto esta circunstancia como España por el alto nivel de la ACB. Un grupo que mezcla la calidad con la lucha y el sentimiento de equipo lo ha convertido Chus Mateo en un conjunto ganador: cuatro de cuatro en la clasificación para el Mundial de 2027, la última victoria este lunes ante Ucrania en Oviedo, y el pase a la siguiente fase conseguido a la espera de las dos últimas citas, en julio contra Dinamarca y Georgia.

Un minuto, dos ataques, le sirvió a Fran Guerra, uno de esos soldados de las ventanas, para lucir versatilidad con una canasta interior a tablero y un acierto lejano que entonaron pronto a la selección. Frente a un rival forrado de músculo y centímetros, el conjunto de Chus Mateo amaneció con un ejercicio de piernas rápidas y mucho balón compartido. Dos triples de Santi Yusta coronaron el gran arranque de la selección. Una defensa española de anticipaciones dejó al equipo amarillo en solo seis puntos en casi nueve minutos. La renta a favor de la selección no fue mayor para terminar el primer cuarto por la falta de acierto en el tiro (16-9).

El equipo de Chus Mateo se enredaba en algunos ataques para encontrar los espacios libres ante una zaga muy cerrada en la pintura. Sin posiciones cómodas para el lanzamiento, el encuentro era más pastoso y menos ágil. El renacido Pierre Oriola vistió galones. Ucrania no variaba el guion, mucha bola a sus hombres altos y la manija de Kovliar. Esa fórmula y el atasco español ante el aro redujeron las distancias. El marcador era escuálido llegado el descanso (28-21) a pesar del triple en la última décima de Jaime Fernández.

En una noche sin confetis, cada robo valía oro. España exprimió su entrega en las recuperaciones y pegó el estirón cuando afinó la muñeca, aunque volvió a encogerse víctima de las pérdidas. No terminaba el conjunto español de romper el partido como el pasado viernes en Riga. Esta vez la cosecha debía recogerse grano a grano, con ese protagonismo gremial que tanto define a esta selección de las ventanas: un rebote de Almansa, una penetración de Paulí… y 52-43 antes del último asalto.

Las prisas viajaban ya en el camión visitante y esa mentalidad colectiva que ha inyectado Chus Mateo al grupo permitió a España gestionar la ventaja sin necesidad de depender solo de un par de manos. En la acera contraria transitaba Ucrania, entregada excesivamente a la inspiración de Kovliar, mejor esposado que en sus actuaciones anteriores. Cárdenas celebró una buena defensa como un gol. Y España, despacio y con buena letra, con la fiabilidad de Fran Guerra, un buen puñado de asistencias y un mejor porcentaje de acierto exterior, ató su cuarta victoria seguida en la clasificación mundialista. El grupo avanza con paso firme.

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El Madrid Firma Un Recital Contra El Campeón Unicaja: 100-70

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Real Madrid RMA

100

Unicaja MAL

70

1 2 3 4 T
RMA 28 22 23 27 100
MAL 12 16 16 26 70

FINALIZADO

El conjunto de Scariolo ofrece una demostración de poder y se cita en semifinales con el anfitrión Valencia en el Roig Arena

Tavares, rodeado por jugadores del Unicaja. Kai Försterling (EFE)
Juan Morenilla

El Real Madrid tumbó al campeón de la Copa para citarse en semifinales con el anfitrión. El conjunto blanco despachó en cuartos al Unicaja Málaga con una solvencia inesperada en cualquier pronóstico y se ha citado este sábado con el Valencia en su caldera del Roig Arena para discutir un puesto en la final. No hubo partido en la reedición del encuentro decisivo del año pasado porque los blancos mandaron de principio a fin y los malagueños apenas dijeron ni mu, muy rebajados por las bajas (Tyson Pérez, Tillie, Kravish) e incapaces de mirar a la cara a un rival muy serio. Ese Madrid-Valencia promete emociones más fuertes en un escenario a la altura.

El boquerón Perry encendió la luz, un espejismo, y pronto encontró la réplica de Hezonja. Scariolo había apostado por Llull para contener de entrada al explosivo Duarte y por Deck como pareja de baile de Tavares. Balcerowski tenía tajo en la pintura después del cruce de declaraciones con el entrenador madridista por el baremo arbitral. El pívot polaco sufrió como tantos otros la ley del gigante de Cabo Verde a la sombra de los dos tableros. El Madrid esprintaba a partir de una grandísima defensa y de la ventaja de mantener altas las revoluciones con la ruleta de cambios: dos piezas titulares como Maledon y Lyles fueron los primeros en saltar del banquillo. También Ibon Navarro agitó el árbol, un ajetreo que es una seña de identidad del equipo verde y morado, aunque la reconstrucción de la plantilla y las lesiones han afeitado el potencial de una unidad B indispensable en los éxitos recientes. A lomos del músculo de Tavares y del gatillo de Lyles, el conjunto blanco rebajó la producción ofensiva de su rival, apenas sostenido por Webb, y puso tierra de por medio en el primer cuarto: 28-12.

Contra el muro, los triples de Webb y Kalinoski concedieron algo de oxígeno al Unicaja en su intento de no perder de vista a un Madrid que seguía ascendiendo el puerto de montaña con una pedalada superior. Más físico, más rápido. Duarte solo cantó su primera canasta pasados los 15 minutos, ahora sujetado por Abalde. La superioridad blanca era tan evidente que Scariolo concedió descanso a Campazzo, Hezonja y Tavares hasta el último tramo del segundo cuarto mientras Ibon Navarro echaba mano del tocado Alberto Díaz buscando una dosis mayor de fortaleza física y mental. No hubo caso porque el Madrid jugaba a otra velocidad sin necesidad de pisar a fondo el acelerador. Ni siquiera asomaba un atisbo de rebeldía en el campeón, demasiado sometido y falto de armas con las que herir a su oponente ni por dentro ni por fuera. Su cosecha de puntos llegado el descanso era un retrato demoledor (50-28).

Cualquier intento de reacción del Unicaja se estrelló contra la realidad igual que el aro escupía sus lanzamientos desde el perímetro. Una, dos, tres veces fallaron los hombres de Ibon Navarro en el sueño de recortar distancias con los bocados más grandes. No podía descontar metros de distancia ni por las bravas y el Madrid ampliaba su renta casi por inercia, bien pertrechado en la pintura con Deck y Tavares y afilado en el remate con las dianas de Lyles y Hezonja. El Unicaja era un juguete en manos del Madrid (73-44).

El objetivo del grupo malagueño al entrar en el último cuarto no era ya permitirse una oportunidad sino maquillar el repaso que estaba sufriendo. Ese acto de amor propio tampoco encontró piedad en los blancos, crecidos en su demostración de poder y con pista libre para que se lucieran los actores secundarios. Es de suponer que otro cuento diferente será chocar en las semifinales con el Valencia en el imponente Roig Arena.

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