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Ataques militares

El Kremlin Se Prepara Para La Escalada En Ucrania Con Referendos En Territorios Ocupados Y Movilizaciones Para Ir Al Frente

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Las primeras réplicas políticas del terremoto provocado por el avance de las tropas ucranias han llegado ya al Parlamento ruso, y el país se prepara para una escalada. La Duma Estatal ha aprobado a toda velocidad una serie de enmiendas que contemplan por primera vez escenarios como la movilización general de la población y el estado de guerra. Estos cambios legales, dirigidos a forzar a sus soldados —y, llegado el caso, a otros sectores de la población— a ir al frente, llegan en pleno clamor de una parte de los círculos del Kremlin para que tome medidas más severas ante la contraofensiva de Kiev. Al mismo tiempo, los territorios que aún controla en Ucrania se aprestan a celebrar referendos en los próximos días con la esperanza de intimidar a Kiev ante las hipotéticas consecuencias de tomar lo que Moscú considera suelo ruso en Ucrania. Entre ellas, la amenaza nuclear.

Zelenski comparece para advertir a los soldados rusos.Foto: Europa Press | Vídeo: EPV

Mientras todos estos hechos se encadenaban en una huida hacia adelante, el presidente Vladímir Putin mantenía un encuentro con los representantes de la industria militar rusa para abordar el suministro de armas y munición a sus tropas en Ucrania. “Necesitamos aumentar la capacidad de producción de varias empresas y, cuando sea necesario, modernizarlas”, apuntó el mandatario durante el encuentro. Pese a que el Kremlin anunció que Putin dirigiría este martes un mensaje a la nación, el presidente no compareció. Algunas fuentes apuntaban a que la cita se posponía al miércoles.

La última semana ha sido dura en el Kremlin. La retirada de sus tropas sin prestar apenas resistencia en Járkov, la reanudación de conflictos donde ha perdido influencia en el Cáucaso y Asia Central y los desplantes de sus socios asiáticos en la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái —principalmente, India y China— han dañado la imagen de Putin estos últimos días. El primer ministro indio, Narendra Modi, le dijo ante las cámaras que “no es época de guerras” y el propio presidente ruso se avino a dar explicaciones ante “las preocupaciones” del líder chino, Xi Jinping. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, le ha pedido este martes en una entrevista que devuelva todos los territorios ocupados en Ucrania.

Golpe de timón

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Frente a este panorama, el Kremlin ha dado un golpe de timón. Las administraciones militares impuestas por Rusia en cuatro regiones ocupadas han anunciado que celebrarán en los próximos días plebiscitos para su anexión a Rusia. Las autodenominadas repúblicas de Lugansk y Donetsk han proclamado que sus referendos tendrán lugar del 23 al 27 de septiembre. También las autoridades militares de Zaporiyia y Jersón han anunciado sendas consultas en las mismas fechas —en las zonas que controlan— y sin ninguna supervisión internacional.

Estas votaciones son solo un trámite, pues es imposible garantizar un referendo en plena guerra y con gran parte de la población exiliada o movilizada en el frente. Sin embargo, guardan un objetivo militar detrás: si Kiev avanza en territorio considerado ruso por Moscú, como sucede ya con Crimea, podría intentar escalar el conflicto.

“Todo lo que está sucediendo es un ultimátum totalmente inequívoco de Rusia a Ucrania y Occidente. O Ucrania se retira o [amenazará con] una guerra nuclear”, afirma en su canal de Telegram la politóloga Tatiana Stanovaya. “Putin quiere obligar a Kiev a rendirse sin luchar”, añade antes de explicar que el curso de los acontecimientos apunta a que primero tendrá lugar la adhesión, luego una intensificación de los combates, y finalmente “la movilización y la amenaza de utilizar armas nucleares si Ucrania se niega a retirarse”. “Putin ha confiado en la escalada, y ahora todo esto se está implementando de manera práctica”, advierte Stanovaya, quien cree que ahora es el turno de los expertos militares.

La politóloga Ekaterina Shulman considera que la anexión del territorio que Moscú aún controla podría ser un intento de acuerdo entre Putin y sus socios asiáticos para terminar la guerra lo antes posible. La experta advierte de que para esa paz “solo es necesaria una condición: que nadie del otro lado interfiera”. Es decir, que Ucrania renuncie a recuperar el territorio y la población que le arrebató Rusia. En su opinión, si Kiev continúa en su lucha, “nada habrá cambiado sobre el terreno” y cada bando mantendrá “las mismas armas y capacidades”.

Más pasos hacia la movilización

Putin se ha negado hasta ahora a decretar la impopular movilización general para ir al frente. Su fórmula para su ofensiva sobre Ucrania, la llamada operación militar especial, presenta vacíos legales que han permitido que muchos militares rusos se permitieran rechazar ir a combatir. Estos otkázniki (algo así como “objetores”, en ruso) alegan razones como que al no ser una guerra no están obligados por contrato a ir al frente o que no tienen autorización para cruzar la frontera.

Ahora, el Parlamento ruso cierra algunos de estos vacíos en caso de que sea decretada una movilización o un estado marcial. La Duma Estatal aprobó este martes las enmiendas por unanimidad y a toda velocidad: en una mañana se liquidó la segunda y la tercera lectura obligatorias del proyecto de ley.

Esta reforma prevé nuevas penas de prisión para los militares que se rindan, de hasta 10 años de cárcel, o que abandonen sus posiciones. Según destaca el abogado de derechos humanos Pavel Chikov, no aparecer dos días en el puesto, por ejemplo, implicará hasta cinco años de cárcel y no uno, como contemplaba la ley actual.

Asimismo, se refuerza el castigo a quienes incumplan órdenes de sus superiores “durante un periodo de ley marcial, en tiempo de guerra o en condiciones de conflicto armado u operaciones de combate”, así como la negativa a participar en actividades militares. En estos casos, el militar podrá ser condenado a entre dos y tres años de prisión.

La preparación para una economía de guerra también está prevista en las nuevas enmiendas. Se introduce una pena de cárcel de cuatro a ocho años para los empresarios que rechacen dos veces firmar un contrato con las Fuerzas Armadas, y si este es incumplido, la estancia en prisión puede alcanzar los 10 años.

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Las Irregularidades Marcan El Inicio De Los Pseudo Referendos De Putin Para Anexionarse Territorios Ocupados De Ucrania

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Desde este viernes, víspera del día en que se cumplen siete meses de invasión, hasta el próximo martes, las autoridades de ocupación prorrusas celebran consultas de anexión a Rusia en cuatro regiones de Ucrania. Ninguna de ellas se halla totalmente bajo su control y en todas se suceden los combates. La primera jornada ha transcurrido entre denuncias de las autoridades de Kiev de imposición del voto a la población, incluso con la presencia de hombres armados junto a las personas que portaban las urnas y que iban por las casas, por los lugares de trabajo o por los hospitales reclamando los sufragios.

El Gobierno del presidente Volodímir Zelenski ha hecho público un vídeo en el que una mujer megáfono en mano va por la calle acercándose a distintas viviendas para pedir a los habitantes que participen. El gobernador ucranio de la región de Lugansk, Serguéi Gaidai, uno de los territorios donde se celebran las consultas, ha denunciado que se amenaza a los que no abren la puerta de su casa o pretenden emitir un no a la unión con Rusia.

No hay observadores que velen por la correcta celebración de un proceso que la comunidad internacional considera ilegal y al que ningún organismo otorga reconocimiento oficial. La intención del Kremlin es asentar sus posiciones en esos territorios, como ya hizo en 2014 en la península de Crimea. Pocos dudan de que los plebiscitos en Donetsk, Lugansk —dos provincias ocupadas casi en su integridad—, Zaporiyia y Jersón —controladas parcialmente— arrojarán un resultado favorable a los intereses de los organizadores. El objetivo de Moscú al buscar la anexión de estos territorios es contar con la posibilidad de elevar la respuesta militar de su Ejército en caso de agresión: en el momento en que Rusia considere que estas regiones son parte de su territorio se consideraría legitimada a responder con toda la dureza ante posibles ataques de las fuerzas leales a Kiev.

Estos referendos llegan en un momento delicado para el presidente ruso, Vladímir Putin, que ha tenido que mover ficha ante las derrotas que acumula en el campo de batalla en las últimas dos semanas. El mandatario ha anunciado una polémica movilización de la población para hacer frente al conflicto, lo que ha llevado a miles de jóvenes a escapar del país para evitar ir a la guerra. El avance de las tropas ucranias ha obligado a un rápido repliegue de decenas de miles de soldados rusos desplegados desde hace meses en el noreste de Ucrania. El intercambio de presos ucranios y rusos llevado a cabo el jueves tampoco fue bien recibido en Moscú.

Menores votando

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Para aumentar la participación en los pseudo referendos de las regiones ucranias, los organizadores están autorizando a votar a ciudadanos menores de edad, de entre 13 y 17 años, que vayan acompañados por sus padres o tutores, según revelaron el jueves las autoridades de Kiev a través de información de los servicios secretos. También, añade la misma fuente, se ha previsto traer a familias de la región de Donetsk que se hallen viviendo en Rusia.

¿”Apoya usted la incorporación de la república en la Federación de Rusia con los derechos de una entidad de la Federación de Rusia?”, aparece escrito en ruso en la papeleta de los centros de voto habilitado en Donetsk y Lugansk, según informa la agencia Efe. En Zaporiyia y Jersón se puede leer tanto en ucranio como en ruso: “¿Está usted a favor de que la región abandone Ucrania, cree un Estado soberano y se incorpore a la Federación de Rusia?”.

Marina, una exprofesora de 56 años de la región de Jersón, cuenta que no tiene intención de votar en lo que denomina “una pésima función de teatro”. “Supongo que terminarán por obligarnos a posicionarnos, esto es, básicamente, para eso; está claro que el resultado está amañado”, comenta a través de una aplicación de mensajería la mujer, que decidió quedarse pese a la ocupación rusa para cuidar de sus padres muy mayores. En Melitopol, una mujer que por temor a ser identificada pidió no dar su nombre, explica que personal afín a las autoridades impuestas por el Kremlin están acudiendo a las casas con las papeletas para que la ciudadanía vote allí mismo, en su presencia. “Dicen que es por seguridad”, comenta la mujer, informa María Sahuquillo. De hecho, los colegios solo van a abrir el último día de consultas, el martes 27 de septiembre, añade Efe. Desde este viernes, las autoridades irán recogiendo las papeletas por los domicilios debido a la guerra que se libra en el país.

El gobernador de Lugansk ha denunciado que se está obligando a votar a muchos ciudadanos, según ha publicado en su perfil de la red social Telegram. Gaidai, la autoridad legítima de esa región ucrania casi por completo controlada por Moscú, añade además que los rusos prepararon equipos de vídeo para “filmar historias propagandísticas” sobre la votación.

“En una empresa en Bilovodsk, el jefe anunció a todos los empleados que la asistencia era obligatoria. Quienes no participen en la votación serán automáticamente despedidos y las listas de los que no comparezcan serán entregadas a los servicios de seguridad de la República Popular de Lugansk [como se autodenomina la autoridad prorrusa]”, alerta Gaidai. En un segundo caso, en Starobilsk, continúa este gobernador ucranio, “las autoridades de ocupación prohibieron a la población local abandonar la ciudad entre el 23 y el 27 de septiembre [las fechas entre las cuales se extiende la consulta]. Según la información disponible, los ocupantes están formando grupos armados para rondar las casas y obligar a la gente a participar en el llamado referéndum”, explica Gaidai.

Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia.
Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia. AP

Gaidai asegura que las comisiones electorales van acompañadas de hombres armados que recogen los votos casa por casa y aprovechan también para comprobar si en el domicilio hay hombres en edad de combatir para movilizarlos para la guerra. “Van buscando carne de cañón”, afirma el gobernador dependiente del Gobierno de Kiev.

Antes de que se haya introducido una sola papeleta en las urnas, la comunidad internacional ya ha anunciado que no se va a reconocer el resultado de esos referendos considerados ilegales. Así lo han afirmado Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea o Estados Unidos. Es más, las autoridades de Kiev aseguran que no piensan alterar su objetivo de mantener la contraofensiva desplegada en el noreste del país que les ha permitido recuperar la región de Járkov y que ha mejorado sus posiciones en el campo de batalla para desocupar posiciones rusas en Donetsk y Lugansk.

Las consultas se celebran en un territorio que supone aproximadamente el 15% de los 600.000 kilómetros cuadrados de Ucrania. Es ahí, en esas cuatro regiones del este y del sur del país vecino, donde Rusia concentra ahora sus esfuerzos.

El pasado 21 de febrero, Putin firmó un decreto para, según él, dar marchamo de oficialidad a las dos autoproclamadas repúblicas populares independientes de Donetsk y Lugansk. Al mismo tiempo, anunció el envío de tropas de “mantenimiento de paz” a esos territorios. Ese fue el prólogo de la invasión que ordenó justo después y que comenzó en la madrugada del día 24.

Antes de la agresión que comenzó ese día, la zona industrial de Donbás, que ocupan las dos provincias de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, ya era escenario desde 2014 de una guerra entre milicianos prorrusos apoyados por Moscú y el Ejército de Ucrania. Que las tropas leales a Kiev hayan ganado desde principios de septiembre más de 8.000 kilómetros cuadrados en Járkov les permite situarse a las puertas del codiciado Donbás. Es allí donde los militares ucranios esperan seguir abriendo brecha estos días; y donde Putin espera reformar su presencia militar con las últimas medidas anunciadas.

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Armas nucleares

La Amenaza Nuclear: ¿la última Advertencia De Putin?

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Desde que Vladímir Putin decidió invadir Ucrania el 24 de febrero, las amenazas del presidente ruso han ido respondiendo a cada contraataque de Occidente. Al inicio, el mandatario defendía que sus tropas entrarían a Ucrania con una misión de “desmilitarización y desnazificación”, pero más de 200 días después, ese plan inicial parece haber quedado en un segundo plano.

La defensa de Rusia ante la expansión de la OTAN fue otro de los motivos que utilizó Putin para legitimar esta invasión. Cuando países neutrales como Suecia y Finlandia decidieron optar a formar parte de la organización, también amenazó con dar una respuesta militar si se creaban bases de la OTAN junto a sus fronteras. Del mismo modo, amenazó, y esta vez, cumplió, con las represalias en el campo energético. Las sanciones económicas que le impuso la Unión Europea siguen teniendo una respuesta drástica de Rusia, con cortes en los suministros que mantienen en vilo a la Unión sobre qué ocurrirá el próximo invierno sin el carburante ruso.

La última gran amenaza, que ya se atrevió a mencionar hace meses, ha llegado con el repentino avance de las tropas ucranias recuperando territorio invadido. Ahora, Putin advierte de que podría utilizar armas nucleares si los países de la OTAN siguen suministrando armamento a Ucrania y si su país se ve amenazado. Una reacción alimentada con la próxima anexión, mediante un referéndum, de varias regiones ucranias ocupadas por Rusia, Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón. Una zona en la que se encuentra la central nuclear de Zaporiyia y con la que podría seguir amenazando al resto del mundo.

En el vídeo que acompaña la noticia, se hace un recorrido por las grandes amenazas que ha hecho Vladímir Putin durante los últimos meses. En él, Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y analista de Agenda Pública, analiza si las advertencias del presidente ruso se han cumplido o no han sido más que un farol.

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Ataques militares

EE UU Y Rusia Pugnan Por Un Puerto Griego Clave Para La Estrategia Occidental En Ucrania

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Hasta hace poco, raro era quien fuera de las fronteras de Grecia o de los países vecinos podían situar Alejandrópolis en un mapa. Esta ciudad tranquila alberga el puerto desde el que embarcar hacia la isla de Samotracia en verano. En los últimos años, sin embargo, ha ganado en importancia estratégica a medida que Washington reforzaba los lazos militares con Atenas en detrimento de su viejo aliado turco, del que cada vez más líderes occidentales desconfían. Y ahora que Alejandrópolis se ha convertido en un punto de entrada del envío de material militar a Ucrania y en lugar estratégico para la diversificación de las fuentes de energía europeas, empresas de Estados Unidos y ligadas a Rusia pugnan por el control de su puerto.

En los últimos tres años, Estados Unidos y Grecia han firmado acuerdos para reforzar su cooperación en Defensa y garantizar “acceso ilimitado” a una serie de bases militares helenas, entre ellas una de las Fuerzas Armadas de Grecia en Alejandrópolis, situada en el extremo noreste del país, 30 kilómetros al oeste de la frontera con Turquía y 50 al sur de la de Bulgaria. Su puerto ha vivido desde entonces un trasiego inusual de buques militares. Tanto que, en algunos momentos, esta localidad de 57.000 habitantes ha sufrido escasez de algunos productos, como huevos o tabaco, cuando en mayo atracó el USS Arlington con sus 1.500 voraces marines a bordo.

“Es un puerto que puede recibir barcos de hasta 200 metros de eslora. Su proximidad a la recién mejorada red de carreteras y su conexión con la de ferrocarriles lo convierte en uno de los puertos más importantes de Grecia”, explica el teniente general en la reserva Ilias Leontaris. “EE UU pidió a Grecia incluir Alejandrópolis en la lista de zonas donde los estadounidenses tienen presencia, porque este puerto les permite mover fuerzas, materiales y medios hacia el este de Europa con facilidad”, añade.

Los estadounidenses han hecho ciertas mejoras en el puerto dirigidas a facilitar la carga y descarga de material. Solamente en 2021, las Fuerzas Armadas estadounidenses movieron a través de él 3.100 “piezas”, según fuentes oficiales citadas por The New York Times, que no especificaron el tipo de material militar, pero aseguraron que estaba destinado exclusivamente a las bases de EE UU en Europa. Este año, hasta julio, se habían movido más de 2.400. Los vehículos blindados de transporte de tropas Bushmaster, enviados por Australia a Ucrania y que han participado en la reciente contraofensiva en Járkov, también fueron desembarcados en Alejandrópolis, según el diario griego Kathimerini.

Australian-supplied Bushmaster vehicles have been used in the ongoing liberation of Kharkiv region. ‘Australia, thank you!’ a soldier from Ukraine’s 80th Air Assault Brigade yells. Ukrainian forces love these vehicles. 🇦🇺 🦘 🇺🇦 pic.twitter.com/NJNXG1GOVf

— Bryce Wilson (@brycewilsonAU) September 11, 2022

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“Me gustaría subrayar que el acceso prioritario que su Gobierno ha garantizado a nuestras fuerzas en el puerto de Alejandrópolis nos ha permitido continuar proporcionando asistencia militar a Ucrania, contrarrestar actores malignos y operar en los Balcanes, el Mediterráneo Oriental y la región del mar Negro”, agradeció el secretario de Defensa de EE UU, Lloyd Austin, durante el encuentro con su homólogo griego en el Pentágono el pasado julio.

El despliegue estadounidense en Alejandrópolis no ha pasado inadvertido a Moscú. Ya en enero, a medida que aumentaba la tensión en torno a Ucrania, el Kremlin acusó a Washington de enviar armas a Kiev a través de este puerto; y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, instó a Atenas a reconsiderar su alianza con EE UU apelando a los “históricos vínculos” entre griegos y rusos. Turquía también ha criticado esta presencia militar al ver cómo se fortifica una ciudad tan cercana a su frontera.

Al inicio de la invasión rusa de Ucrania, Ankara ordenó el cierre de los estrechos que desembocan en el mar Negro a los buques militares rusos y ucranios, pero tampoco permite que sus socios de la OTAN utilicen el paso para llevar armas a Ucrania. “Alejandrópolis es una puerta de entrada a los Balcanes y al corredor que va hasta Ucrania. A medida que Turquía se ha convertido en un aliado menos fiable, es necesario tener una ruta alternativa que se pueda activar en caso de necesidad”, señala Harry Theoharis, exministro y diputado heleno por el partido conservador Nueva Democracia. De ahí que el puerto de esta ciudad se haya convertido en codiciado objeto geopolítico, ahora que su gestión ha salido a concurso.

Privatizaciones y seguridad energética

A cambio de los sucesivos rescates financieros de la pasada década, Bruselas impuso a Atenas la privatización de numerosos activos públicos, entre ellos la gestión de sus puertos. El mayor, el de El Pireo, lo adquirió la empresa estatal china Cosco; con el de Salónica se hizo un consorcio germano-griego encabezado por el empresario Ivan Savvidis, griego nacido en la Unión Soviética, exdiputado en la Duma por el partido del presidente Vladímir Putin y que tiene pendiente una orden de arresto por haber saltado al campo durante el partido del equipo de fútbol que posee en Grecia, el PAOK, armado con una pistola. “Es un error privatizar los grandes puertos, pues no existen garantías para el futuro de los trabajadores ni de la seguridad del área. La UE ha puesto los intereses financieros claramente por encima de las preocupaciones por la seguridad”, critica Dim Rapidis, exasesor del vicepresidente del Parlamento Europeo Dimitrios Papadimoulis (de la izquierdista Syriza).

Cuatro conglomerados optan ahora por el puerto de Alejandrópolis, cuya licitación se cierra este jueves. Uno lo lidera la empresa estadounidense Quintana, de origen texano e intereses en el sector de la energía; otro está encabezado por la empresa de construcción griega GEK Terna y cuenta con participación de un operador de puertos belga, una empresa de defensa helena y un fondo de inversión estadounidense, Blacksummit; el tercero es la empresa gestora del puerto de Salónica, propiedad de Savvidis; y el último, está dirigido por una compañía, DAMCO, de la familia griega Copelouzos, cuyo grupo empresarial importa gas ruso a través de su empresa Promitheas, la mitad de la cual pertenece al gigante estatal ruso Gazprom (la propia DAMCO mantiene una joint-venture con Promitheas para la construcción de un gasoducto en Grecia).

El concurso de privatización se ha aplazado varias veces y las empresas que participan han iniciado una batalla por demostrar su idoneidad. “Nosotros no vamos a esconder que tenemos el apoyo del Gobierno de EE UU”, asegura John Charalambakis, director de gestión de Blacksummit. Washington “no está contento” con los lazos de algunas empresas que optan por el control de Alejandrópolis con Moscú, según han confirmado a EL PAÍS dos fuentes vinculadas al concurso y, de hecho, representantes políticos estadounidenses se han desplazado a Grecia para hacer presión. También diplomáticos europeos han visitado recientemente Alejandrópolis.

“Dada la importancia que los estadounidenses otorgan a Alejandrópolis, está claro que no quieren tener ninguna duda sobre quién controla el puerto. Hay demasiado en juego para que se lo quede Savvidis; el caso de Copelouzos no sería tan fatídico porque, aunque tenga relaciones con Rusia, es un empresario que trabaja por sus propios intereses comerciales”, sostiene Yorgos Christidis, profesor de Política y especialista en el sudeste de Europa de la Universidad de Macedonia.

Ioannis Arapoglou, subdirector general del grupo Copelouzos, defiende que su empresa “no tiene relaciones con el Gobierno ruso” y que las relaciones con Gazprom se basan únicamente en “contratos comerciales” como los que mantiene con otras empresas europeas y norteamericanas. Este grupo es también uno de los inversores de la planta de regasificación flotante que se construye frente a las costas de Alejandrópolis y que será clave para la importación a la UE de gas natural licuado procedente de EE UU, Israel, Egipto y Qatar.

Reducir la dependencia del gas

El norte de Grecia se ha convertido en un lugar crucial para la estrategia europea de reducción de su dependencia del gas ruso. A través de esta zona pasa el gasoducto Transadriático, que transporta gas de Azerbaiyán a través de Grecia, Albania e Italia. Este otoño, entrará en funcionamiento la conexión de esta tubería con Bulgaria, país que, antes de la guerra en Ucrania, importaba el 80% de su gas de Rusia. Y a lo largo de la región septentrional se están preparando instalaciones de recepción de gas natural para aumentar la capacidad de resistencia europea ante eventuales cortes de suministro.

“Grecia se está convirtiendo en la puerta de entrada de la energía a la UE. Y nosotros pretendemos utilizar el puerto de Alejandrópolis y el de Kavala [también recién privatizado] para avanzar los intereses de Occidente en los ejes de la seguridad militar, la seguridad energética, la seguridad alimentaria —Alejandrópolis puede servir a la exportación del cereal de Ucrania, Rumanía y Bulgaria— y la seguridad comercial”, arguye Charalambakis: “Estamos en un momento de redefinición de la geopolítica, en una encrucijada donde la geopolítica se encuentra con la geoeconomía. Si no tienes poder militar no puedes tener poder económico, y viceversa”.

La resolución del puerto de Alejandrópolis influirá en las relaciones de Washington y Moscú con Atenas, cuyos sucesivos gobiernos han tratado de mantener una cierta política de equilibrio entre ambos poderes. Y también podría tener efecto en el diseño de las estrategias de la Unión Europea. “Durante demasiado tiempo, la lógica europea seguía la lógica alemana de que a través del comercio y la economía se lograría un cambio [en los adversarios]”, afirma el diputado Theoharis: “Ahora estamos pagando esos errores. Así que creo que los imperativos estratégicos deben ser tenidos en cuenta”.

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