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La Agencia Nuclear De La ONU Pide Una Zona De Seguridad En La Central De Zaporiyia Porque La Situación Es “insostenible”

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El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) considera que la situación en Ucrania es “insostenible” y ha pedido este martes el establecimiento “urgente” de una zona de seguridad en torno a la central nuclear de Zaporiyia, en el sureste del país, así como el cese de los ataques. Esta central es la mayor de Europa y permanece ocupada desde hace seis meses por tropas rusas, que invadieron Ucrania el pasado 24 de febrero. Las instalaciones, donde siguen trabajando los empleados locales a las órdenes de los militares invasores, son escenario constante de choques armados en los que se encuentran sumidos ambos ejércitos. Mientras, Kiev y Moscú se acusan mutuamente de poner en peligro a millones de personas ante una posible catástrofe.

“A la espera del fin del conflicto y del restablecimiento de condiciones estables, es urgente adoptar medidas provisionales para prevenir un accidente nuclear”, señala el OIEA en un informe que ha hecho público en la tarde de este martes y que ahora debe discutir el Consejo de Seguridad de la ONU. Para ello, este organismo, bajo el paraguas de Naciones Unidas, reclama “el establecimiento inmediato de una zona de protección” y se muestra “dispuesto a iniciar de inmediato las consultas que conduzcan al establecimiento urgente de esa zona de protección de la seguridad nuclear”, añade en las conclusiones del texto, de 52 páginas. Alerta, además, de que “la situación actual es insostenible y la mejor acción para garantizar la seguridad de las instalaciones nucleares de Ucrania y su pueblo sería que este conflicto armado terminara ahora”.

El OIEA hace un repaso a los hechos ocurridos en Ucrania desde que Rusia invadió esta antigua república soviética, pero el informe evita lanzar acusaciones ni críticas a Rusia o Ucrania. Al presidente ruso, Vladímir Putin, que es quien ordenó la entrada de las tropas en el país vecino a finales de febrero, ni lo cita. Con la invasión de Ucrania, se abrió una guerra “sin precedentes” porque es la primera vez que un conflicto armado tiene como escenario una planta nuclear y sus consecuencias, en caso de accidente, alcanzarían más allá de las fronteras ucranias, según el OIEA.

Desde la semana pasada, este organismo cuenta con presencia en el interior de las instalaciones tras el establecimiento de una misión permanente de dos observadores. Eso no ha evitado que el organismo exprese una “profunda preocupación” ante la gravedad del escenario. Los inspectores apelan, en todo caso, a un acuerdo entre las partes de “suma importancia” para alcanzar la estabilización y, esperan, sirva para “seguir de cerca la situación en el lugar y recibir información directa, rápida y fiable”.

El documento, referido a Ucrania, pero cuyo foco principal es la central de Zaporiyia, muestra fotografías de los daños sufridos por las instalaciones durante la guerra, así como de la presencia en su interior de vehículos y de material militar de las tropas rusas que las ocupan. Los niveles de radiación se mantienen, pese a todo, dentro de lo normal, según el OIEA. Los militares rusos imponen a los empleados ucranios ciertas “restricciones” en su trabajo que pueden dificultar una adecuada respuesta en caso de accidente, destaca el informe. En la planta también hay desplegado personal de la agencia atómica rusa, Rosenergoatom, como pudo comprobar la misión del organismo en su visita del pasado 1 de septiembre.

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El equipo del OIEA desplazado a Zaporiyia y encabezado por el director de este organismo con sede en Viena, el argentino Rafael Grossi, afirma que ha sido testigo de los bombardeos que están teniendo lugar en la zona. También ha enumerado los daños que hasta el momento sufren las instalaciones de la central, ubicadas en la orilla oriental del río Dniéper. Entre ellos, cita un tanque de aceite para lubricar una turbina; los techos de varios edificios; el edificio especial que alberga, entre otros elementos, el combustible nuclear fresco y la instalación de almacenamiento de desechos radiactivos sólidos; el nuevo edificio de capacitación; el edificio donde se encuentra la central de alarmas del sistema de protección física o el contenedor donde se halla el sistema para hacer el seguimiento de la radiación.

“Estamos jugando con fuego”

Tras publicar los detalles del informe, Grossi ha expuesto sus conclusiones ante el Consejo de Seguridad de la ONU, compuesto por 15 países miembros —entre ellos Rusia— y encargado de discutir asuntos de paz y seguridad. “La integridad de la central ha sido violada, ha ocurrido y sigue ocurriendo, voluntaria o involuntariamente y que yo he podido ver personalmente, es simplemente inaceptable. Estamos jugando con fuego y algo tremendamente catastrófico puede ocurrir”, ha dicho Grossi por videoconferencia. El experto ha reclamado también la retirada del equipamiento militar que hay en la planta para no interfiera con el trabajo de los operadores. En esa reunión, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha pedido un doble compromiso: “Por parte de Rusia de retirar sus fuerzas de la central; por parte de Ucrania de no tomarla”. El embajador ruso ante el organismo internacional, Vassily Nebenzia, ha descrito la propuesta de desmilitarización como “poco seria”. Además, ha lamentado que la ONU no haya acusado a Ucrania de la degradación de la situación en la central. En los últimos días, Moscú había mostrado gran interés en la evaluación de la agencia de la ONU para determinar si atribuía o no a Kiev la responsabilidad de los riesgos nucleares en la planta.

Las tropas rusas ya ocuparon durante un mes la central nuclear del Chernóbil, escenario de un gravísimo accidente en 1986, cuyas instalaciones ha podido visitar en dos ocasiones el OIEA. Pese a todo, las otras tres centrales nucleares del país (Khmelnytskyy, Rivne y Ucrania del Sur) “operan de forma segura desde el comienzo del conflicto”, señala el documento.

Unas instalaciones con mayor potencial que Chernóbil

La planta de Zaporiyia concentra seis de los 15 reactores nucleares con los que cuenta Ucrania. Su potencia instalada es de seis gigavatios —la potencia nuclear instalada en toda España es de siete gigavatios—. Se considera que un accidente en estas instalaciones podría superar con creces los desastres de Chernóbil (1986) y Fukushima (2011). El 25 de agosto, uno de los dos reactores que aún funcionaba de la central de Zaporiyia tuvo que ser apagado a causa de un bombardeo ruso, según Energoatom, el organismo nuclear ucranio. Al mismo tiempo, Moscú acusó a Kiev de haber enviado ese mismo día a “un grupo de sabotaje” para tratar de recuperar el control de la planta. El pasado domingo, 4 de septiembre, las instalaciones volvieron a perder su conexión eléctrica de la red principal del país debido a un nuevo bombardeo, aunque se mantuvo unida con el exterior a través de una línea auxiliar de reserva, según informó el OIEA.

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Las Irregularidades Marcan El Inicio De Los Pseudo Referendos De Putin Para Anexionarse Territorios Ocupados De Ucrania

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Desde este viernes, víspera del día en que se cumplen siete meses de invasión, hasta el próximo martes, las autoridades de ocupación prorrusas celebran consultas de anexión a Rusia en cuatro regiones de Ucrania. Ninguna de ellas se halla totalmente bajo su control y en todas se suceden los combates. La primera jornada ha transcurrido entre denuncias de las autoridades de Kiev de imposición del voto a la población, incluso con la presencia de hombres armados junto a las personas que portaban las urnas y que iban por las casas, por los lugares de trabajo o por los hospitales reclamando los sufragios.

El Gobierno del presidente Volodímir Zelenski ha hecho público un vídeo en el que una mujer megáfono en mano va por la calle acercándose a distintas viviendas para pedir a los habitantes que participen. El gobernador ucranio de la región de Lugansk, Serguéi Gaidai, uno de los territorios donde se celebran las consultas, ha denunciado que se amenaza a los que no abren la puerta de su casa o pretenden emitir un no a la unión con Rusia.

No hay observadores que velen por la correcta celebración de un proceso que la comunidad internacional considera ilegal y al que ningún organismo otorga reconocimiento oficial. La intención del Kremlin es asentar sus posiciones en esos territorios, como ya hizo en 2014 en la península de Crimea. Pocos dudan de que los plebiscitos en Donetsk, Lugansk —dos provincias ocupadas casi en su integridad—, Zaporiyia y Jersón —controladas parcialmente— arrojarán un resultado favorable a los intereses de los organizadores. El objetivo de Moscú al buscar la anexión de estos territorios es contar con la posibilidad de elevar la respuesta militar de su Ejército en caso de agresión: en el momento en que Rusia considere que estas regiones son parte de su territorio se consideraría legitimada a responder con toda la dureza ante posibles ataques de las fuerzas leales a Kiev.

Estos referendos llegan en un momento delicado para el presidente ruso, Vladímir Putin, que ha tenido que mover ficha ante las derrotas que acumula en el campo de batalla en las últimas dos semanas. El mandatario ha anunciado una polémica movilización de la población para hacer frente al conflicto, lo que ha llevado a miles de jóvenes a escapar del país para evitar ir a la guerra. El avance de las tropas ucranias ha obligado a un rápido repliegue de decenas de miles de soldados rusos desplegados desde hace meses en el noreste de Ucrania. El intercambio de presos ucranios y rusos llevado a cabo el jueves tampoco fue bien recibido en Moscú.

Menores votando

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Para aumentar la participación en los pseudo referendos de las regiones ucranias, los organizadores están autorizando a votar a ciudadanos menores de edad, de entre 13 y 17 años, que vayan acompañados por sus padres o tutores, según revelaron el jueves las autoridades de Kiev a través de información de los servicios secretos. También, añade la misma fuente, se ha previsto traer a familias de la región de Donetsk que se hallen viviendo en Rusia.

¿”Apoya usted la incorporación de la república en la Federación de Rusia con los derechos de una entidad de la Federación de Rusia?”, aparece escrito en ruso en la papeleta de los centros de voto habilitado en Donetsk y Lugansk, según informa la agencia Efe. En Zaporiyia y Jersón se puede leer tanto en ucranio como en ruso: “¿Está usted a favor de que la región abandone Ucrania, cree un Estado soberano y se incorpore a la Federación de Rusia?”.

Marina, una exprofesora de 56 años de la región de Jersón, cuenta que no tiene intención de votar en lo que denomina “una pésima función de teatro”. “Supongo que terminarán por obligarnos a posicionarnos, esto es, básicamente, para eso; está claro que el resultado está amañado”, comenta a través de una aplicación de mensajería la mujer, que decidió quedarse pese a la ocupación rusa para cuidar de sus padres muy mayores. En Melitopol, una mujer que por temor a ser identificada pidió no dar su nombre, explica que personal afín a las autoridades impuestas por el Kremlin están acudiendo a las casas con las papeletas para que la ciudadanía vote allí mismo, en su presencia. “Dicen que es por seguridad”, comenta la mujer, informa María Sahuquillo. De hecho, los colegios solo van a abrir el último día de consultas, el martes 27 de septiembre, añade Efe. Desde este viernes, las autoridades irán recogiendo las papeletas por los domicilios debido a la guerra que se libra en el país.

El gobernador de Lugansk ha denunciado que se está obligando a votar a muchos ciudadanos, según ha publicado en su perfil de la red social Telegram. Gaidai, la autoridad legítima de esa región ucrania casi por completo controlada por Moscú, añade además que los rusos prepararon equipos de vídeo para “filmar historias propagandísticas” sobre la votación.

“En una empresa en Bilovodsk, el jefe anunció a todos los empleados que la asistencia era obligatoria. Quienes no participen en la votación serán automáticamente despedidos y las listas de los que no comparezcan serán entregadas a los servicios de seguridad de la República Popular de Lugansk [como se autodenomina la autoridad prorrusa]”, alerta Gaidai. En un segundo caso, en Starobilsk, continúa este gobernador ucranio, “las autoridades de ocupación prohibieron a la población local abandonar la ciudad entre el 23 y el 27 de septiembre [las fechas entre las cuales se extiende la consulta]. Según la información disponible, los ocupantes están formando grupos armados para rondar las casas y obligar a la gente a participar en el llamado referéndum”, explica Gaidai.

Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia.
Un militar vota en Lugansk, territorio al este de Ucrania controlado por Rusia. AP

Gaidai asegura que las comisiones electorales van acompañadas de hombres armados que recogen los votos casa por casa y aprovechan también para comprobar si en el domicilio hay hombres en edad de combatir para movilizarlos para la guerra. “Van buscando carne de cañón”, afirma el gobernador dependiente del Gobierno de Kiev.

Antes de que se haya introducido una sola papeleta en las urnas, la comunidad internacional ya ha anunciado que no se va a reconocer el resultado de esos referendos considerados ilegales. Así lo han afirmado Naciones Unidas, la OTAN, la Unión Europea o Estados Unidos. Es más, las autoridades de Kiev aseguran que no piensan alterar su objetivo de mantener la contraofensiva desplegada en el noreste del país que les ha permitido recuperar la región de Járkov y que ha mejorado sus posiciones en el campo de batalla para desocupar posiciones rusas en Donetsk y Lugansk.

Las consultas se celebran en un territorio que supone aproximadamente el 15% de los 600.000 kilómetros cuadrados de Ucrania. Es ahí, en esas cuatro regiones del este y del sur del país vecino, donde Rusia concentra ahora sus esfuerzos.

El pasado 21 de febrero, Putin firmó un decreto para, según él, dar marchamo de oficialidad a las dos autoproclamadas repúblicas populares independientes de Donetsk y Lugansk. Al mismo tiempo, anunció el envío de tropas de “mantenimiento de paz” a esos territorios. Ese fue el prólogo de la invasión que ordenó justo después y que comenzó en la madrugada del día 24.

Antes de la agresión que comenzó ese día, la zona industrial de Donbás, que ocupan las dos provincias de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, ya era escenario desde 2014 de una guerra entre milicianos prorrusos apoyados por Moscú y el Ejército de Ucrania. Que las tropas leales a Kiev hayan ganado desde principios de septiembre más de 8.000 kilómetros cuadrados en Járkov les permite situarse a las puertas del codiciado Donbás. Es allí donde los militares ucranios esperan seguir abriendo brecha estos días; y donde Putin espera reformar su presencia militar con las últimas medidas anunciadas.

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Armas nucleares

La Amenaza Nuclear: ¿la última Advertencia De Putin?

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Desde que Vladímir Putin decidió invadir Ucrania el 24 de febrero, las amenazas del presidente ruso han ido respondiendo a cada contraataque de Occidente. Al inicio, el mandatario defendía que sus tropas entrarían a Ucrania con una misión de “desmilitarización y desnazificación”, pero más de 200 días después, ese plan inicial parece haber quedado en un segundo plano.

La defensa de Rusia ante la expansión de la OTAN fue otro de los motivos que utilizó Putin para legitimar esta invasión. Cuando países neutrales como Suecia y Finlandia decidieron optar a formar parte de la organización, también amenazó con dar una respuesta militar si se creaban bases de la OTAN junto a sus fronteras. Del mismo modo, amenazó, y esta vez, cumplió, con las represalias en el campo energético. Las sanciones económicas que le impuso la Unión Europea siguen teniendo una respuesta drástica de Rusia, con cortes en los suministros que mantienen en vilo a la Unión sobre qué ocurrirá el próximo invierno sin el carburante ruso.

La última gran amenaza, que ya se atrevió a mencionar hace meses, ha llegado con el repentino avance de las tropas ucranias recuperando territorio invadido. Ahora, Putin advierte de que podría utilizar armas nucleares si los países de la OTAN siguen suministrando armamento a Ucrania y si su país se ve amenazado. Una reacción alimentada con la próxima anexión, mediante un referéndum, de varias regiones ucranias ocupadas por Rusia, Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón. Una zona en la que se encuentra la central nuclear de Zaporiyia y con la que podría seguir amenazando al resto del mundo.

En el vídeo que acompaña la noticia, se hace un recorrido por las grandes amenazas que ha hecho Vladímir Putin durante los últimos meses. En él, Ruth Ferrero-Turrión, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y analista de Agenda Pública, analiza si las advertencias del presidente ruso se han cumplido o no han sido más que un farol.

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Ataques militares

EE UU Y Rusia Pugnan Por Un Puerto Griego Clave Para La Estrategia Occidental En Ucrania

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Hasta hace poco, raro era quien fuera de las fronteras de Grecia o de los países vecinos podían situar Alejandrópolis en un mapa. Esta ciudad tranquila alberga el puerto desde el que embarcar hacia la isla de Samotracia en verano. En los últimos años, sin embargo, ha ganado en importancia estratégica a medida que Washington reforzaba los lazos militares con Atenas en detrimento de su viejo aliado turco, del que cada vez más líderes occidentales desconfían. Y ahora que Alejandrópolis se ha convertido en un punto de entrada del envío de material militar a Ucrania y en lugar estratégico para la diversificación de las fuentes de energía europeas, empresas de Estados Unidos y ligadas a Rusia pugnan por el control de su puerto.

En los últimos tres años, Estados Unidos y Grecia han firmado acuerdos para reforzar su cooperación en Defensa y garantizar “acceso ilimitado” a una serie de bases militares helenas, entre ellas una de las Fuerzas Armadas de Grecia en Alejandrópolis, situada en el extremo noreste del país, 30 kilómetros al oeste de la frontera con Turquía y 50 al sur de la de Bulgaria. Su puerto ha vivido desde entonces un trasiego inusual de buques militares. Tanto que, en algunos momentos, esta localidad de 57.000 habitantes ha sufrido escasez de algunos productos, como huevos o tabaco, cuando en mayo atracó el USS Arlington con sus 1.500 voraces marines a bordo.

“Es un puerto que puede recibir barcos de hasta 200 metros de eslora. Su proximidad a la recién mejorada red de carreteras y su conexión con la de ferrocarriles lo convierte en uno de los puertos más importantes de Grecia”, explica el teniente general en la reserva Ilias Leontaris. “EE UU pidió a Grecia incluir Alejandrópolis en la lista de zonas donde los estadounidenses tienen presencia, porque este puerto les permite mover fuerzas, materiales y medios hacia el este de Europa con facilidad”, añade.

Los estadounidenses han hecho ciertas mejoras en el puerto dirigidas a facilitar la carga y descarga de material. Solamente en 2021, las Fuerzas Armadas estadounidenses movieron a través de él 3.100 “piezas”, según fuentes oficiales citadas por The New York Times, que no especificaron el tipo de material militar, pero aseguraron que estaba destinado exclusivamente a las bases de EE UU en Europa. Este año, hasta julio, se habían movido más de 2.400. Los vehículos blindados de transporte de tropas Bushmaster, enviados por Australia a Ucrania y que han participado en la reciente contraofensiva en Járkov, también fueron desembarcados en Alejandrópolis, según el diario griego Kathimerini.

Australian-supplied Bushmaster vehicles have been used in the ongoing liberation of Kharkiv region. ‘Australia, thank you!’ a soldier from Ukraine’s 80th Air Assault Brigade yells. Ukrainian forces love these vehicles. 🇦🇺 🦘 🇺🇦 pic.twitter.com/NJNXG1GOVf

— Bryce Wilson (@brycewilsonAU) September 11, 2022

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“Me gustaría subrayar que el acceso prioritario que su Gobierno ha garantizado a nuestras fuerzas en el puerto de Alejandrópolis nos ha permitido continuar proporcionando asistencia militar a Ucrania, contrarrestar actores malignos y operar en los Balcanes, el Mediterráneo Oriental y la región del mar Negro”, agradeció el secretario de Defensa de EE UU, Lloyd Austin, durante el encuentro con su homólogo griego en el Pentágono el pasado julio.

El despliegue estadounidense en Alejandrópolis no ha pasado inadvertido a Moscú. Ya en enero, a medida que aumentaba la tensión en torno a Ucrania, el Kremlin acusó a Washington de enviar armas a Kiev a través de este puerto; y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, instó a Atenas a reconsiderar su alianza con EE UU apelando a los “históricos vínculos” entre griegos y rusos. Turquía también ha criticado esta presencia militar al ver cómo se fortifica una ciudad tan cercana a su frontera.

Al inicio de la invasión rusa de Ucrania, Ankara ordenó el cierre de los estrechos que desembocan en el mar Negro a los buques militares rusos y ucranios, pero tampoco permite que sus socios de la OTAN utilicen el paso para llevar armas a Ucrania. “Alejandrópolis es una puerta de entrada a los Balcanes y al corredor que va hasta Ucrania. A medida que Turquía se ha convertido en un aliado menos fiable, es necesario tener una ruta alternativa que se pueda activar en caso de necesidad”, señala Harry Theoharis, exministro y diputado heleno por el partido conservador Nueva Democracia. De ahí que el puerto de esta ciudad se haya convertido en codiciado objeto geopolítico, ahora que su gestión ha salido a concurso.

Privatizaciones y seguridad energética

A cambio de los sucesivos rescates financieros de la pasada década, Bruselas impuso a Atenas la privatización de numerosos activos públicos, entre ellos la gestión de sus puertos. El mayor, el de El Pireo, lo adquirió la empresa estatal china Cosco; con el de Salónica se hizo un consorcio germano-griego encabezado por el empresario Ivan Savvidis, griego nacido en la Unión Soviética, exdiputado en la Duma por el partido del presidente Vladímir Putin y que tiene pendiente una orden de arresto por haber saltado al campo durante el partido del equipo de fútbol que posee en Grecia, el PAOK, armado con una pistola. “Es un error privatizar los grandes puertos, pues no existen garantías para el futuro de los trabajadores ni de la seguridad del área. La UE ha puesto los intereses financieros claramente por encima de las preocupaciones por la seguridad”, critica Dim Rapidis, exasesor del vicepresidente del Parlamento Europeo Dimitrios Papadimoulis (de la izquierdista Syriza).

Cuatro conglomerados optan ahora por el puerto de Alejandrópolis, cuya licitación se cierra este jueves. Uno lo lidera la empresa estadounidense Quintana, de origen texano e intereses en el sector de la energía; otro está encabezado por la empresa de construcción griega GEK Terna y cuenta con participación de un operador de puertos belga, una empresa de defensa helena y un fondo de inversión estadounidense, Blacksummit; el tercero es la empresa gestora del puerto de Salónica, propiedad de Savvidis; y el último, está dirigido por una compañía, DAMCO, de la familia griega Copelouzos, cuyo grupo empresarial importa gas ruso a través de su empresa Promitheas, la mitad de la cual pertenece al gigante estatal ruso Gazprom (la propia DAMCO mantiene una joint-venture con Promitheas para la construcción de un gasoducto en Grecia).

El concurso de privatización se ha aplazado varias veces y las empresas que participan han iniciado una batalla por demostrar su idoneidad. “Nosotros no vamos a esconder que tenemos el apoyo del Gobierno de EE UU”, asegura John Charalambakis, director de gestión de Blacksummit. Washington “no está contento” con los lazos de algunas empresas que optan por el control de Alejandrópolis con Moscú, según han confirmado a EL PAÍS dos fuentes vinculadas al concurso y, de hecho, representantes políticos estadounidenses se han desplazado a Grecia para hacer presión. También diplomáticos europeos han visitado recientemente Alejandrópolis.

“Dada la importancia que los estadounidenses otorgan a Alejandrópolis, está claro que no quieren tener ninguna duda sobre quién controla el puerto. Hay demasiado en juego para que se lo quede Savvidis; el caso de Copelouzos no sería tan fatídico porque, aunque tenga relaciones con Rusia, es un empresario que trabaja por sus propios intereses comerciales”, sostiene Yorgos Christidis, profesor de Política y especialista en el sudeste de Europa de la Universidad de Macedonia.

Ioannis Arapoglou, subdirector general del grupo Copelouzos, defiende que su empresa “no tiene relaciones con el Gobierno ruso” y que las relaciones con Gazprom se basan únicamente en “contratos comerciales” como los que mantiene con otras empresas europeas y norteamericanas. Este grupo es también uno de los inversores de la planta de regasificación flotante que se construye frente a las costas de Alejandrópolis y que será clave para la importación a la UE de gas natural licuado procedente de EE UU, Israel, Egipto y Qatar.

Reducir la dependencia del gas

El norte de Grecia se ha convertido en un lugar crucial para la estrategia europea de reducción de su dependencia del gas ruso. A través de esta zona pasa el gasoducto Transadriático, que transporta gas de Azerbaiyán a través de Grecia, Albania e Italia. Este otoño, entrará en funcionamiento la conexión de esta tubería con Bulgaria, país que, antes de la guerra en Ucrania, importaba el 80% de su gas de Rusia. Y a lo largo de la región septentrional se están preparando instalaciones de recepción de gas natural para aumentar la capacidad de resistencia europea ante eventuales cortes de suministro.

“Grecia se está convirtiendo en la puerta de entrada de la energía a la UE. Y nosotros pretendemos utilizar el puerto de Alejandrópolis y el de Kavala [también recién privatizado] para avanzar los intereses de Occidente en los ejes de la seguridad militar, la seguridad energética, la seguridad alimentaria —Alejandrópolis puede servir a la exportación del cereal de Ucrania, Rumanía y Bulgaria— y la seguridad comercial”, arguye Charalambakis: “Estamos en un momento de redefinición de la geopolítica, en una encrucijada donde la geopolítica se encuentra con la geoeconomía. Si no tienes poder militar no puedes tener poder económico, y viceversa”.

La resolución del puerto de Alejandrópolis influirá en las relaciones de Washington y Moscú con Atenas, cuyos sucesivos gobiernos han tratado de mantener una cierta política de equilibrio entre ambos poderes. Y también podría tener efecto en el diseño de las estrategias de la Unión Europea. “Durante demasiado tiempo, la lógica europea seguía la lógica alemana de que a través del comercio y la economía se lograría un cambio [en los adversarios]”, afirma el diputado Theoharis: “Ahora estamos pagando esos errores. Así que creo que los imperativos estratégicos deben ser tenidos en cuenta”.

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