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La Coalición Alemana Acuerda Un Tercer Paquete De Ayudas De 65.000 Millones Para Aliviar Los Desorbitados Costes De La Energía

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El canciller alemán, Olaf Scholz; la colíder del SPD, Saskia Esken; el colíder de Los Verdes, Omid Nouripour y, detrás, el ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, llegan este domingo a la rueda de prensa en la Cancillería para dar cuenta del acuerdo sobre el tercer paquete de ayudas.
El canciller alemán, Olaf Scholz; la colíder del SPD, Saskia Esken; el colíder de Los Verdes, Omid Nouripour y, detrás, el ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, llegan este domingo a la rueda de prensa en la Cancillería para dar cuenta del acuerdo sobre el tercer paquete de ayudas.CHRISTIAN MANG (REUTERS)

Tras semanas de arduas negociaciones en el seno de la coalición de Gobierno, Alemania tendrá un nuevo paquete de ayudas para aliviar a sus ciudadanos la pesada carga de los altos precios de la energía. Socialdemócratas, verdes y liberales han acordado un tercer paquete de 65.000 millones de euros que incluye pagos directos por hijos al cargo, una ayuda energética para jubilados y estudiantes, y la subvención de una parte del abono de transporte público. “Es mucho dinero, pero es necesario hacer este gasto”, aseguró el canciller, Olaf Scholz, durante una rueda de prensa en Berlín este domingo.

Si se suman los dos primeros paquetes, en total Berlín ha autorizado ya 95.000 millones en ayudas para hacer frente a la crisis energética y a su traslación al coste de vida, que se ha disparado a lomos de una inflación que el Bundesbank calcula que puede llegar a los dos dígitos en otoño (fue del 7,9% en agosto). “Nuestro país atraviesa un momento difícil”, reconoció Scholz en una larga comparecencia que los representantes de los tres partidos, muy criticados por la oposición por su tardanza en ponerse de acuerdo, calificaron de éxito colectivo, sin atribuirse individualmente ninguna de las medidas.

Contribución de las empresas energéticas

El Ejecutivo alemán quiere financiar parte de estas ayudas gravando los beneficios excepcionales de las empresas energéticas, aseguró Scholz. La forma en la que se gravarán o se limitarán estos beneficios está aún por determinar, y Berlín quiere que se aplique en toda la Unión Europea, aunque en el documento donde se plasma el acuerdo ya aparece esta “contribución”. “Algunos productores sencillamente se están aprovechando del alto precio del gas, que luego marca el precio de la electricidad”, dijo el canciller durante la rueda de prensa.

El ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner, calculó que esta medida podría suponer “decenas de miles de millones” para crear un colchón financiero que compense a las familias las drásticas subidas de precios como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania. Lindner, sin embargo, no quiere que consista en un impuesto especial a las energéticas y de hecho evitó llamarlo así para diferenciar el plan alemán de los gravámenes que otras capitales europeas han impuesto a sus grandes corporaciones.

Alemania se enfrenta a un otoño y un invierno calientes por la crisis energética, que empieza a provocar protestas esporádicas, y todavía minoritarias, en algunas ciudades del este. El coste de la calefacción podría triplicarse y hasta cuadruplicarse, y se teme que los hogares de menores rentas no sean capaces de hacerle frente. El cierre del gasoducto Nord Stream, decidido esta semana por la gasista rusa Gazprom bajo el pretexto de una avería, añade presión a ese escenario de escasez y de vertiginosas subidas de precios, aunque el canciller aseguró este domingo que Alemania tiene reservas suficientes para afrontar el invierno.

“Rusia ya no es un proveedor fiable de energía”, constató Scholz. Algo que Berlín ya sabía y para lo que lleva meses preparándose: ha llenado sus depósitos hasta el 85%, ha diversificado sus proveedores (Noruega, Países Bajos y Bélgica, principalmente) y ha reactivado sus centrales de carbón.

Ayudas directas para pagar la calefacción

El principal objetivo de las ayudas diseñadas por la coalición semáforo es aliviar las economías familiares más débiles y llegar a aquellas personas que todavía no se habían beneficiado de los dos primeros paquetes. El subsidio de vivienda se amplía a dos millones de ciudadanos más. Todos los que tengan derecho a este subsidio recibirán un ingreso único destinado a pagar la calefacción entre septiembre y diciembre de este año. A partir de entonces, ese ingreso se consolidará dentro del subsidio de vivienda. Son 415 euros si el hogar es unipersonal; 540 si viven dos personas y constará de 100 euros más por cada miembro adicional. Además, las prestaciones por hijo subirán en 18 euros al mes a principios del próximo año.

Los pensionistas recibirán a partir del 1 de diciembre otro pago único de 300 euros destinado a compensar la subida de la energía. Se incluirá en su pensión de ese mes. En el caso de estudiantes y aprendices o becarios, esta ayuda será de 200 euros. Los trabajadores ya se habían beneficiado de un ingreso único de 300 euros en paquetes anteriores.

Abono de transporte reducido

El Gobierno federal ha reservado 1.500 millones de euros para financiar parcialmente al sucesor del exitoso “9 euro ticket”, el abono de transporte de 9 euros al mes que ha estado en vigor entre junio y agosto y que en la práctica permitía viajar por toda Alemania de forma casi gratuita. Eso sí, los Estados federados deberán aportar al menos la misma cantidad, asegura el texto del acuerdo. El objetivo es conseguir que los abonos mensuales cuesten entre 49 y 69 euros y que se puedan usar en todo el país y no solo en la ciudad o el Estado donde se adquieran. A modo de ejemplo, el billete mensual para moverse por la capital cuesta actualmente 86 euros.

El acuerdo plantea también crear un precio tope de la electricidad para el consumo básico. La propuesta apenas está esbozada, pero consistiría en aplicar un precio reducido a un determinado consumo, a partir del cual no habría límites. Alemania prevé introducir el año que viene una renta ciudadana que sustituya el sistema conocido ahora como Hartz IV. Aprovechando el cambio, la prestación aumentaría de los 449 euros mensuales que recibe una persona sin cargas familiares a alrededor de 500 euros.

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Los Datos Del Gas: Sin Reservas Para Todo El Invierno, Europa Busca Soluciones

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Es el invierno más temido; probablemente el último en el que el chantaje energético de Vladímir Putin tiene potencial para desencadenar una crisis económica y social de gran envergadura en la Unión Europea. El cierre del grifo ruso del gas ha pillado a los Veintisiete a contrapié, con menos plantas de regasificación —la única forma de procesar el combustible que llega por barco— de lo que sería necesario para afrontar el fin de los flujos desde su primer exportador, y una capacidad de almacenamiento limitada.

No es un problema de falta de brío en las políticas de llenado: el gas lleva semanas entrando a borbotones en los 146 depósitos, que se convertirán en 160 en los próximos años si los planes de los países se llevan a la realidad. El fallo tiene que ver, más bien, con su escasa capacidad. Incluso si llegasen al 100% el 1 octubre —la fecha formal de inicio de la temporada de calefacciones en el centro y norte—, apenas alcanzarían para cubrir la demanda prevista hasta Navidad. De mantenerse el grado actual de llenado de los depósitos, cercano al 85%, las reservas de gas darían para cubrir la demanda hasta principios de diciembre. Esta es una proyección de la media europea pero, como siempre ocurre en un bloque tan heterogéneo, el análisis de las reservas de gas no resiste una evaluación de conjunto: cada país cuenta una historia diferente.

Algunos tienen sus almacenes virtualmente al máximo de capacidad, y la demanda también varía mucho entre unos y otros —unos soportan temperaturas más bajas; otros tiran más de este combustible para generar electricidad—, por lo que sus reservas tampoco responderían igual ante una situación de sequía total de gas. La brocha gorda no funciona casi nunca, pero en este caso menos aún.

Pese a tener prácticamente llenos sus almacenes, Bélgica y Portugal apenas podrían responder a la demanda dos o tres semanas. Suecia aún menos. Y España, que cuenta con cuatro instalaciones de este tipo, tendría suficiente para algo más de un mes. Pero la realidad es mucho más compleja: salvo Suecia, estos países son, también, los que cuentan con más opciones de recepción del gas natural licuado (GNL, en la jerga del sector: el que llega por mar y no por ducto). Al tener comprometida la llegada de importantes cargamentos para los próximos meses, ese escenario de agotamiento es poco realista. De ahí que sus gobiernos se afanen en negar una crisis de suministro.

En el extremo contrario están Eslovaquia y Austria, donde las reservas alcanzarían para al menos cuatro meses incluso en el —de nuevo, muy improbable— supuesto de que las llegadas de gas, no solo desde Rusia, sino desde cualquier país del mundo, se hundiesen por completo. En Países Bajos, Hungría, la República Checa o Dinamarca, el margen de maniobra también es sustancial: tres meses.

Cada uno, sin embargo, tiene sus particularidades: Eslovaquia, Austria, Hungría y la República Checa no tienen salida al mar, por lo que dependen enteramente de la solidaridad del resto de los Estados miembros. Y los daneses no cuentan ni con una sola regasificadora. Holanda, aunque puede recibir buques metaneros, lo hace de forma más modesta que otros grandes países del bloque: solo dispone de una planta fija y acaba de poner en marcha una segunda, flotante y de carácter temporal, para poder salir del atolladero. Pero cuenta con el comodín de la conexión por tubo con Noruega.

Almacenes de todo tipo

No todos los depósitos de gas son iguales. El abanico, de hecho, es amplísimo. En Europa, la mayoría son antiguos reservorios de gas ya agotados, aunque también se usan cavernas de sal y acuíferos. España tiene cuatro: tres antiguos reservorios —Gaviota, Marismas y Serrablo—, y un antiguo acuífero, el de Yela. El quinto iba a ser Castor, ideado hace casi dos décadas para aprovechar la estructura geológica de un antiguo yacimiento petrolero frente a las costas de Castellón y que prometía aportar el equivalente a 50 días de consumo. Quedó sin actividad en 2013, tras una serie de terremotos que se produjeron poco después de las primeras inyecciones de gas, y en 2019 el Gobierno tomó la decisión de sellarlo definitivamente.

¿Invierno crudo o suave?

La variable climatológica es clave a la hora de calibrar los riesgos a los que se expone el Viejo Continente en los próximos meses: cuanto más crudo sea el invierno, mayor será también la probabilidad de que las reservas de gas lleguen tiritando a la primavera. “Si es extremadamente frío, los depósitos terminarían apenas al 8% de su capacidad, por debajo del mínimo recomendado”, explica Mauro Chávez, jefe de análisis de gas de Wood MacKenzie en Europa. “Eso, sumado a un mercado eléctrico muy ajustado por la menor generación nuclear [sobre todo en Francia] e hidroeléctrica [por la sequía], podría resultar en un racionamiento de gas y, en general, de energía”, añade por correo electrónico.

En un escenario más benigno, con unas temperaturas dentro del rango medio de los últimos años, el bloque terminaría el invierno con un almacenamiento promedio del 26%, según los datos de la consultora escocesa. Si así fuera, dice, “no habría cortes de gas” y las reservas terminarían el periodo en niveles incluso superiores a los de marzo pasado. “Hay que hacer todo lo posible por preservar todo lo almacenado para los meses más fríos del invierno, no echar mano de él antes”, sentencia Ana María Jaller-Makarewicz, del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero (IEEFA, por sus siglas en inglés).

Reserva agotada

Antiguos reservorios de los que se conoce su estructura geológica y los fluidos que almacena. Es el tipo de almacén más común.

Formaciones de sal

Cúpulas subterráneas de sal que se caracterizan por su impermeabilidad ante escapes.

Sal

Acuíferos

Formaciones rocosas que actúan como reservorios naturales de agua con una estructura geológica similar a la de los reservorios de gas agotados.

Reserva agotada

Antiguos reservorios de los que se conoce su estructura geológica y los fluidos que almacena. Es el tipo de almacén más común.

Formaciones de sal

Cúpulas subterráneas de sal que se caracterizan por su impermeabilidad ante escapes.

Sal

Acuíferos

Formaciones rocosas que actúan como reservorios naturales de agua con una estructura geológica similar a la de los reservorios de gas agotados.

Reserva agotada

Formaciones de sal

Acuíferos

Antiguos reservorios de los que se conoce su estructura geológica y los fluidos que almacena. Es el tipo de almacén más común.

Cúpulas subterráneas de sal que se caracterizan por su impermeabilidad ante escapes.

Formaciones rocosas que actúan como reservorios naturales de agua con una estructura geológica similar a la de los reservorios de gas agotados.

Sal

Reserva agotada

Formaciones de sal

Acuíferos

Antiguos reservorios de los que se conoce su estructura geológica y los fluidos que almacena.

Es el tipo de almacén más común.

Cúpulas subterráneas de sal que se caracterizan por su impermeabilidad ante escapes.

Formaciones rocosas que actúan como reservorios naturales de agua con una estructura geológica similar a la de los reservorios de gas agotados.

Sal

Destrucción de demanda

Para no dejar todo en manos de un elemento tan caprichoso como la meteorología, los gobiernos han acelerado su apuesta por el ahorro: que la ciudadanía y el sector privado eviten el dispendio. Ahí se enmarcan, por ejemplo, la obligatoriedad del cierre de puertas en las tiendas o el ajuste de los termostatos para evitar temperaturas exageradas tanto en verano como en invierno. Los altos precios energéticos también están remando en esa dirección, reduciendo la demanda de manera natural: las facturas estratosféricas son el mayor incentivo para que empresas y hogares cuiden al máximo su consumo de luz y gas.

“Ya estamos viendo destrucción de la demanda: hay industrias que con estos precios no pueden operar, y eso quiere decir que el volumen de gas ruso que inicialmente pensábamos que íbamos a tener que sustituir es menor”, esboza Jaller-Makarewicz.

Cambio radical en el patrón importador

No es ningún secreto: la guerra de Ucrania y las posteriores sanciones de la UE contra Rusia han alterado radicalmente las importaciones de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón, carburantes ya refinados…). En el caso del gas, libre de trabas, las importaciones desde Rusia suman 45.000 millones de metros cúbicos desde el inicio de la guerra. Es el 19% del gas importado, según los datos que publica semanalmente el centro de estudios europeos Bruegel. Una cifra enorme, sí, pero también mucho menor que en años anteriores: en el mismo periodo de 2021, el gas ruso era el 36% del total; en 2020, el 37%. Para cubrir ese hueco, Noruega ha dado un paso al frente, aumentando sus envíos a la UE en un 12%. Y, sobre todo, las llegadas de GNL se han multiplicado: ya son un 50% más que en el mismo periodo de 2021.

En lo que va de septiembre, los acontecimientos se han acelerado. El día 2, Rusia cortó el gas que llegaba a la Unión a través del gasoducto Nord Stream alegando problemas técnicos. La realidad, sin embargo, es otra: con los precios en máximos, el Kremlin puede permitirse vender menos volumen sin que sus ingresos se desplomen. Y cortar el gas ahora dificulta la fase final de llenado en países como Alemania, el eslabón más débil de los Veintisiete en la guerra del gas.

Tres días después, el Kremlin admitió que no reanudaría la actividad en el Nord Stream, la mayor vía de entrada en Europa. Hasta junio, cuando los gobiernos ya empezaban a mandar a la población mensajes nítidos de ahorro para acelerar el acopio, por ahí llegaba la mitad de todo el gas ruso que se consumía en la UE. Pero este canal no es el único que está sufriendo restricciones: el Yamal dejó de transportar gas en mayo, cuando Moscú sancionó a la empresa responsable de la tubería en Polonia.

El barco, principal alternativa

La escasez de gas ruso y, en mucha menor medida, la reducción de las importaciones desde Argelia vía España —el país norteafricano cerró a finales de 2021 uno de los dos ductos que unían ambos países—, han obligado a aumentar las compras de GNL desde países tan lejanos como Estados Unidos, Qatar o Nigeria. Esa mayor distancia, sumada al coste de licuefacción (pasar de estado gaseoso a líquido, para poder transportarlo) y regasificación (devolverlo a su estado original, para su distribución y consumo) hace que sea notablemente más caro. Pero para los países que más tienen la soga al cuello, el precio ha pasado a ser un elemento secundario.

Según los datos de Bruegel, en lo que va de año la Unión ha importado ya un 10% más que en todo 2021. La cifra no ha dejado de crecer, una tendencia que continuará en el tramo final del año: a la sequía de gas en Europa se suma la reciente caída en la demanda asiática de metaneros, propiciada en gran medida por la ralentización económica global, que ha servido en bandeja una oportunidad que los importadores europeos están aprovechando.

La pega de esta alternativa es que no todos los países disponen de plantas de regasificación: la UE dispone hoy de 24 de estas instalaciones en activo, pero seis de ellas están en la península Ibérica, cuya conexión por tubo con el resto del continente es muy débil. Consciente de esa joya guardada bajo siete llaves, Alemania —ávida de energía para alimentar su industria— ha redoblado en las últimas semanas su apoyo al MidCat, el tubo pirenaico que promete dar salida a todo ese gas. Francia, sin embargo, sigue negándose en redondo.

Salvo en casos puntuales, la capacidad europea de regasificación no es suficiente. Alemania, el mayor consumidor de la UE, ha llegado a la crisis sin una sola planta, un dato revelador de la falta de planificación de la mayor economía europea. Tras el estallido de la guerra, el Gobierno de Olaf Scholz anunció la instalación inmediata de cinco terminales, entre flotantes y fijas. E Italia, otro país muy dependiente del gas en general (mucha industria en el norte; nula generación nuclear) y del gas ruso en particular, ha comprado este verano dos terminales flotantes. A pesar de esa mayor subordinación, su capacidad de procesamiento de GNL es la cuarta parte que la de España.

Entre proyectos en fase de propuesta, planificados o ya en construcción, se prevén una veintena de instalaciones en toda la Unión, así como una decena de operaciones de expansión en las plantas ya operativas. Una auténtica batalla contra el reloj —nunca antes el mundo se había enfrentado al reto de reemplazar tanto gas en tan poco tiempo— que se dilatará: en 2023, como recuerdan los analistas de Goldman Sachs, Europa tendrá que llenar sus depósitos para la próxima temporada invernal a pulmón, ya sin la muleta rusa. Pero esa será otra historia: la prioridad pasa hoy por lo más inmediato, superar una temporada de frío que se antoja la más difícil hasta donde alcanza la memoria.

Metodología

Los datos de porcentaje de almacenamiento de gas proceden de la información que actualiza diariamente GIE, la asociación que representa a los operadores de gas europeos. Los datos de demanda se han tomado de la estimación que publicó en julio ENTSOG, la asociación que representa a los gestores de la red de transporte.

Para realizar el cálculo de cuántos días cubrirían las reservas actuales de gas el consumo de cada país, hemos tomado los datos de demanda media diaria, mes a mes, generando una serie de demanda acumulada para analizar cuándo supera la capacidad de almacenamiento actual en cada Estado. Para el dato medio europeo hemos sumado el gas almacenado en todos los almacenes de la Unión Europea y la demanda de todos los países y hemos operado de la misma manera.

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Por Qué España Y Alemania Quieren El MidCat Y Francia Lo Rechaza: Pros Y Contras Del Proyecto

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Un gasoducto enfrenta a Francia con sus vecinos del norte y del sur: Alemania y España. La iniciativa hispanoalemana para retomar la construcción del MidCat debe llevar gas desde la península Ibérica al norte de Europa, pero ha entrado en punto muerto tras la negativa rotunda del presidente francés, Emmanuel Macron, al proyecto.

Macron considera que el tubo tardaría demasiado en construirse para responder a la crisis energética actual, y que socava los objetivos medioambientales de la Unión Europea. Berlín pugna por una vía alternativa de entrada de gas tras el cerrojo ruso. Y Madrid mantiene que el no de Macron no debería impedir el debate entre los Veintisiete para una alternativa que le abriría una jugosa vía de exportación cuando llegue la hora del hidrógeno verde. Un portavoz de la Comisión Europea evitó el martes declarar el apoyo de la institución al gasoducto y dijo que deben resolverlo los gobiernos.

“El problema es puramente político”, sostiene Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano. “Francia no lo quiere porque quiere proteger su mercado y su modelo [de energía] nuclear. Hay obstáculos técnicos, sí, pero ni son insalvables ni pueden ser los principales argumentos en contra”. En París, Thomas Pellerin-Carlin, director del departamento de Energía en el Instituto Jacques Delors, opina: “Este proyecto no es pertinente en absoluto. Hoy estamos en una lógica, francesa y europea, de reducción de nuestra dependencia del gas”. Las declaraciones cruzadas entre países, contextualiza Alejandro Labanda, director de la consultora BeBartlet y experto en transición energética, “hay que entenderlas en el contexto de una negociación”. Así lo ven las tres partes en liza:

España: una oportunidad de futuro útil en el presente

Cuando el gas ruso entraba a borbotones en Europa, el sentido económico del MidCat era escaso y prevalecían los motivos ambientales, contrarios a la infraestructura. La invasión rusa de Ucrania lo ha cambiado todo y, ahora sí, las autoridades españolas ven en él una ocasión de oro. En un futuro no tan lejano, el hidrógeno de origen verde, producido a partir de fuentes renovables, tiene todos los visos para jugar un papel fundamental en la ecuación energética europea, con la neutralidad de emisiones entre ceja y ceja para 2050. Y disponer de un tubo que permita el tránsito hacia los núcleos industriales del centro y el norte del continente abre una puerta que hasta hace poco parecía poco menos que de ciencia ficción.

La hoja de ruta comunitaria pasa por que la producción interna de hidrógeno verde alcance los 10 millones de toneladas a finales de esta década. Para ello, el concurso de España, uno de los países del bloque con más potencial renovable, se antoja esencial. Pero se necesitaría una vía de salida de ese gas, y el MidCat encajaría a la perfección en ese rol. Con la más que probable vitola de proyecto de interés común (PIC), tendría garantizada una financiación mayoritaria con fondos de Bruselas.

Pellerin-Carlin no lo ve claro. “Hay quien dice: ‘Vamos a invertir en el gas, y no se inquieten, más tarde podremos transportar hidrógeno’. O bien es una mentira o bien hay que ver las cifras y el dinero: hablamos de centenares de millones de euros de más. Y en este momento no existe ningún modelo económico para transportar hidrógeno a larga distancia”.

En todo caso, y hasta que esto sea tangible, el tubo no solo puede echar una mano a Alemania, sino dar un mayor uso a la red ibérica de regasificadoras (siete en total: seis en España y una más en Portugal), hoy infrautilizada. El nuevo gasoducto pondría a trabajar a pleno rendimiento esas infraestructuras para devolver a estado gaseoso el gas licuado que llega por barco a los puertos peninsulares para su posterior inyección en el tubo, rumbo al norte.

Alemania: sin Rusia, todo el gas es bueno

A la fuerza ahorcan. El suministro de gas barato procedente de Rusia, vital para su industria, ya es historia en Alemania. El giro de guion obliga a jugar todas las cartas posibles. Y a hacerlo a toda prisa. En ese movimiento acelerado se enmarca la pujanza del canciller, Olaf Scholz, por el MidCat, un proyecto por el que hasta hace unos meses Berlín había mostrado poco interés.

El Gobierno tripartito espera contar ya a finales de este año, o ―como tarde― a principios del que viene, con dos de las cinco regasificadoras que tiene en marcha, lo que le permitiría importar combustible de un gran número de suministradores. Es algo que, hasta ahora, no podía hacer: Alemania sigue sin contar con ninguna planta de este tipo, indispensables para procesar el gas que llega por barco desde lugares como Estados Unidos, Australia o Qatar. Pero, incluso en ese escenario, Berlín ve todo el sentido al tubo pirenaico: tanto en el presente, para el trasiego de gas natural; como en el futuro, para hidrógeno.

“Alemania necesitará [gas] este invierno, quizá el siguiente, pero no después”, contrapone Pellerin-Carlin, del Instituto Jacques Delors. El motivo: está invirtiendo en la reducción del consumo de gas y en la construcción de terminales de gas natural licuado (GNL, en la jerga del sector, el que llega por barco). “Si viviésemos en un mundo imaginario en el que pudiésemos construir inmediatamente un gasoducto temporal que podríamos desmantelar en dos años, ¿por qué no?”, argumenta el experto francés. “Pero así no funcionan las cosas”.

Francia: muy pocos incentivos, muchos argumentos en contra

Macron desgranó el lunes, en una rueda de prensa, sus razones contra el MidCat. La primera es que las dos conexiones gasísticas entre España y Francia que ya existen no están a pleno rendimiento (solo al 53% desde febrero, dijo) y que en agosto incluso era Francia la que exportaba gas a España. Esto cuestionaría la necesidad de un tubo para enviar gas hacia Europa.

Los datos de Enagás, el operador español del sistema, apuntan en otra dirección. Entre el 1 de marzo y el 7 de septiembre, el saldo ha sido exportador (España-Francia) tres de cada cuatro días, y el 20% de las jornadas ha ido al máximo de capacidad (más del 80%). “Desde que estalló la guerra, ha habido más días en los que se ha exportado gas de España a Francia, aunque agosto ha sido una excepción en ese sentido”, precisa una fuente del sector, que aboga por evitar las medias y atender a los picos de demanda.

La segunda razón de Macron apunta a las dificultades que afrontaría la construcción del MidCat en Francia: desde la duración de las obras a la probable oposición de los ecologistas, que el presidente francés ve justificada. Macron tampoco considera que, en el futuro, España vaya a importar tanto gas de países del sur como para justificar un nuevo tubo que lo lleve al resto de Europa.

En tercer lugar, el presidente francés cuestiona que el tubo pueda fácilmente transportar hidrógeno por el coste que supondrían las obras para que así fuera. “Aún no está claro que tenga sentido llevar hidrógeno por tubo, por el coste adicional que supondría, o si se llevaría en forma de amoniaco”, analiza Labanda. “No tengo tan clara esa viabilidad técnica: todavía hay mucha incertidumbre tecnológica”.

Pero Macron fue un paso más allá: citando a expertos que no nombró, afirmó que llevar hidrógeno a tan larga distancia, de España a Alemania, sería “aberrante”. “No es toda la verdad”, matiza Escribano, de Elcano. “Es cierto que el transporte de hidrógeno es costoso y que aún no sabemos exactamente cómo va a ser, pero sería mucho más eficiente y barato mandarlo a través de Francia que a través de Italia o por barco en forma de amoniaco”.

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