Todo surgió el pasado domingo en el vestuario del Milano Rho Arena, sede olímpica del hockey sobre hielo a las afueras de Milán. Tras una final extenuante ante Canadá, resuelta por dos tantos a uno, los jugadores de Estados Unidos celebran cerveza en mano la primera medalla de oro masculina desde 1980. La exaltación escala por momentos en la fiesta estadounidense y es entonces cuando uno de los delegados advierte de una llamada: al otro lado del teléfono está el presidente de la nación, Donald Trump.
“Lo que estaría realmente bien ahora es que vinierais al acto que vamos a celebrar en la Casa Blanca esta semana [su discurso sobre el estado de la Unión en el Capitolio, en Washington]. Nos lo vamos a pasar muy bien y tenemos medallas para todos vosotros”, continúa Trump, radiante. “Eso sí, si venís voy a tener que invitar también al equipo femenino”, advierte entonces el presidente en tono jocoso, algo que despierta la carcajada general en el vestuario masculino. “Si no [las invito], ya sabéis, me van a acusar por ello”.
This is utterly disgusting and to speak about the women’s hockey team this way is Misogynistic and just shows how Trump and this Administration feels about women! These hockey players allowed Politics into their Celebration which is a disgrace! pic.twitter.com/HWGIJC3asC
El contenido de la llamada, grabado por uno de los jugadores de la selección estadounidense y difundido minutos después en las redes sociales, sentó como una patada en el estómago dentro del equipo femenino, que solo tres días antes había conquistado el oro olímpico tras batir a Canadá, también por dos a uno, en la misma pista de hielo.
Horas después, una de las portavoces de la federación estadounidense de hockey hielo anunció que el combinado femenino declinaba oficialmente la invitación de Trump para acudir al Capitolio: “Agradecemos profundamente la convocatoria del presidente, pero por razones de calendario escolar y profesional, nuestras jugadoras no podrán asistir a la cita en Washington”.
Lejos de minar el ánimo de Trump, el mensaje espoleó al presidente de Estados Unidos, que a los pocos minutos compartió en Truth un vídeo generado con inteligencia artificial en el que él mismo se deslizaba sobre el hielo de Milán esquivando con habilidad a varios jugadores canadienses, arreándoles puñetazos y anotando gol ante el júbilo del pabellón para levantar los brazos y, exitoso, fundirse en un abrazo con el resto de jugadores del equipo estadounidense.
La convulsa relación entre Trump y el deporte
La de hockey no es, sin embargo, la primera selección femenina que rechaza a su propio presidente. En verano de 2019, el combinado de fútbol descartó la opción de acudir a Washington. “No voy a ir a la puta Casa Blanca”, sentenció entonces la capitana Megan Rapinoe, que ya había definido a Trump por entonces como “sexista”, “misógino”, “mezquino”, “estrecho de miras”, “racista” y “mala persona”. Su mensaje fue secundado por el resto de compañeras, algo que Trump aprovechó para atizar a Rapinoe: “Debería ganar antes de hablar”. Poco después, el presidente reculó, declarándose fan del equipo femenino de fútbol y abriéndole las puertas del Despacho Oval ganaran o perdieran en el Mundial de Francia (terminaron ganando el torneo).
En la NBA, los Golden State Warriors rompieron en 2017 la tradición por la cual el equipo campeón visitaba cada año la Casa Blanca para ofrecerle el título al presidente de la nación. La franquicia liderada por Stephen Curry y Steve Kerr, quien llegó a participar en convenciones demócratas años después, inició un patrón que más adelante siguieron los Toronto Raptors y Los Ángeles Lakers, campeones en 2019 y 2020. Con el demócrata Joe Biden al frente de la Casa Blanca, los Milwaukee Bucks de Giannis Antetokounmpo recuperaron la tradición en 2021. No obstante, desde el retorno de Trump al Despacho Oval en enero de 2025, solo ha habido un campeón de la NBA, los Oklahoma City Thunder, franquicia que, ocho meses después de alcanzar la gloria, no parece por la labor de visitar al presidente de Estados Unidos.
La escalada del precio del petróleo y el consecuente encarecimiento de los carburantes ha atrapado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una tesitura de difícil escapatoria. El precio de la gasolina ha escalado en la última semana un 17% y el diésel un 22% hasta alcanzar precios que no se veían desde 2024, en torno a los 3,5 dólares el galón (3,78 litros). La agitación en los mercados energéticos amenaza con propinar otro fenomenal golpe a su política económica, tras el varapalo del Supremo a los aranceles, porque el republicano ha convertido la lucha contra la inflación y la rebaja de los combustibles en una de sus prioridades.
El presidente hace uso de su arma más potente, su retórica. Durante una entrevista en la CBS ha asegurado que la guerra de Irán está “prácticamente terminada”, unas palabras que parecen haber tenido el efecto de un sortilegio, porque inmediatamente los mercados han reaccionado con euforia. La Bolsa, que cotizaba en rojo, ha vuelto a registrar ganancias. El petróleo West Texas Intermediate (WTI), que llegó a rozar los 120 dólares de madrugada, cotiza por debajo de los 90 dólares. Las palabras del mandatario estadounidense se producen pese a que solo tres días antes dijo que no habrá acuerdo sin “rendición incondicional” del régimen de Teherán, algo que no parece tan fácil. Así que el efecto del conjuro de Trump puede ser efímero si no se confirma con hechos. La formidable volatilidad en el mercado energético solo confirma la histeria de los inversores.
Hace tan solo 15 días, Trump hizo un ejercicio de autopromoción, algo nada extraño en él, durante su discurso del Estado de la Unión. Allí, en el Congreso, ante varios cientos de senadores y congresistas, enfatizó que, en 12 meses, la Administración había reducido la inflación al nivel más bajo en más de cinco años. “La gasolina, que alcanzó un máximo de más de seis dólares por galón en algunos Estados bajo mi predecesor, ahora está por debajo de los 2,30 dólares por galón en muchos Estados. En algunos lugares, está en 1,99 dólares. Y cuando visité Iowa hace algunas semanas, hasta vi un galón a 1,85 dólares”, pronunció.
Durante la campaña electoral que le llevó de vuelta a la Casa Blanca, hace algo más de un año, percutió insistentemente con lo cara que estaba la gasolina bajo el Gobierno del demócrata Joe Biden. Aseguró que cuando él regresara al Despacho Oval lograría abaratar los precios de los carburantes y acuñó el lema “Drill, baby, drill” (Perfora, querida, perfora), como metáfora de su política energética por la que, aumentando la producción de crudo, reduciría su precio. Un analista explica que en Estados Unidos el precio de la inflación y la sensación de pérdida de poder adquisitivo están ligados al precio de la gasolina.
Solo dos semanas después del discurso de la Unión y tras lanzar las bombas sobre Teherán, la situación no es tan brillante como dibujó Trump y está lejos de ser “la época dorada” que describió. El petróleo se ha disparado. Este lunes alcanzó los 120 dólares por barril, casi el doble que hace un mes, aunque luego se moderó ante los rumores de que el G-7 se planteaba liberar un volumen de reservas de emergencia sin precedentes en la historia y que Estados Unidos podía intervenir en el mercado.
La Casa Blanca está preocupada por la escalada del precio de la gasolina. La jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, ha advertido en reuniones internas del efecto “catastrófico” que el aumento del precio de los carburantes tendría para las elecciones de mitad de mandato, que se celebran el próximo noviembre. Unos comicios que se antojan decisivos para definir el poder de Trump, con unas encuestas desfavorables. Wiles ha pedido al secretario de Energía, Chris Wright, que se reúna con los ejecutivos de las petroleras estadounidenses para plantear opciones ante la amenaza de una nueva crisis energética.
“Estamos levantando ciertas sanciones relacionadas con el petróleo para reducir los precios. Vamos a levantar esas sanciones hasta que esto se arregle”, ha manifestado Trump durante una conferencia de prensa este lunes en Doral (Florida). “Buscamos mantener bajos los precios del petróleo. Subieron artificialmente debido a esta incursión (en Irán). Sabía que los precios del petróleo subirían si hacía esto, y han subido, probablemente menos de lo que pensaba, pero no creo que nadie pensara que tendríamos éxito tan rápido. Este fue un éxito militar, como nadie ha visto”, ha insistido.
La escalada del precio de la gasolina y el gasóleo se produce pese a que Estados Unidos es el mayor productor mundial de petróleo. Bombea 13,6 millones de barriles, cerca del 20% del total global. Pero el crudo cotiza en mercados mundiales y su precio está marcado por la demanda y oferta global. Los países del golfo Pérsico han reducido su producción porque tienen los depósitos llenos y no pueden dar salida por los problemas en el estrecho de Ormuz. China ha congelado las exportaciones y otras potencias están sufriendo la carencia de suministro, lo que dispara la tensión sobre los precios. Por eso, las medidas unilaterales de Washington tienen poca incidencia en el mercado interno estadounidense. Trump confiaba en que la guerra de Irán sería rápida y apenas tendría incidencia en el mercado energético, pero los analistas no terminan de estar convencidos.
“Los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear iraní, son un precio muy bajo a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡Solo los tontos pensarían diferente!”, escribió el republicano en su red social, Truth, este domingo, pero los acontecimientos se han precipitado ante la fulgurante escalada del petróleo en solo unas horas.
El encarecimiento de la gasolina es combustible para la inflación. Y un riesgo creciente para la crisis de la asequibilidad (affordability, en inglés), uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan los republicanos para las próximas elecciones. “El factor más notable que impulsará la inflación al alza en febrero serán los precios de la gasolina. En enero alcanzaron un mínimo de recuperación de la pandemia y luego comenzaron a subir. El aumento se aceleró a medida que crecía la preocupación por la guerra y su inicio a finales de mes”, sostiene Dean Baker, analista del Center for Economic and Political Research (CEPR).
Todo el transporte se verá afectado, y los agricultores y ganaderos del medio oeste, un gran granero de votos para los republicanos, sufrirán las consecuencias en plena campaña agrícola tras el final del invierno. Los alimentos y muchos otros productos se encarecerán si se prolonga la situación.
La reacción de la Casa Blanca refleja la preocupación sobre la volatilidad del mercado energético en el 1600 de la Avenida de Pennsylvania, sede de la Casa Blanca, donde el presidente ha celebrado reuniones este lunes para analizar cómo controlar los precios. Aunque la semana pasada se mostró reacio a liberar las reservas estratégicas de Estados Unidos, como hizo su predecesor Joe Biden hace cuatro años en plena crisis energética tras la invasión rusa de Ucrania, el republicano busca opciones con las que amortiguar el aumento del precio de los combustibles en el bolsillo de las familias y las cuentas de las empresas.
“Estados Unidos es un productor neto de energía, pero el aumento de los precios del petróleo, el gas y la electricidad podría amplificar los efectos de los aranceles comerciales, lo que resultaría en una reducción del poder adquisitivo de los hogares y un contexto de menores beneficios empresariales”, asegura James Knightley, economista jefe de ING Research.
Los analistas calculan que, por cada 10 dólares que suba el precio del petróleo, se restan dos décimas al crecimiento económico y se eleva un 0,2% la inflación.
Los funcionarios de la Casa Blanca han planteado un abanico de opciones para tratar de aliviar la presión sobre el precio del petróleo, como restringir las exportaciones estadounidenses, intervenir en los mercados de futuros del crudo, eximir de algunos impuestos federales y levantar los requisitos, bajo la Ley Jones, que exige que el combustible nacional se transporte únicamente en buques con bandera estadounidense, entre otras medidas, según ha adelantado Reuters.
“La Casa Blanca está en constante coordinación con las agencias pertinentes sobre este importante asunto, ya que es una prioridad absoluta para el presidente”, aseguró el portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, a través de un comunicado.
Ahora habrá que esperar si como dice Trump, la guerra en Irán terminará “muy pronto” y desaparece el fantasma de la crisis energética o si el conjuro se transforma en hechizo.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió el viernes por segunda vez en la Casa Blanca con la líder opositora venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. El encuentro, adelantado en exclusiva por Caracol Radio citando fuentes de la Casa Blanca.
Según la emisora colombiana, en la reunión participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles. Durante la cita se abordó, entre otros asuntos, la posible convocatoria de elecciones en Venezuela, un escenario aún sin definir, pero para el que la líder venezolana ya se está preparando. Machado aseguró el pasado domingo que regresará al país en “pocas semanas” para “garantizar una transición a la democracia ordenada, sostenible e indetenible” y preparar “una nueva y gigantesca victoria electoral”.
De acuerdo con Caracol Radio, la dirigente opositora fue convocada nuevamente para otra reunión dentro de dos o tres semanas.
La primera reunión entre Donald Trump y Machado tuvo lugar el pasado 15 de enero. En aquel encuentro, la líder venezolana le entregó su medalla del Premio Nobel de la Paz, un galardón que el presidente estadounidense ha reclamado para sí en varias ocasiones. La cita se produjo casi dos semanas después del ataque de Estados Unidos contra Venezuela del pasado 3 de enero, en el que fueron capturados Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes posteriormente fueron trasladados a Nueva York para afrontar cargos por narcotráfico.
Desde entonces, Trump ha estrechado su relación con el Gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez —quien fue vicepresidenta de Maduro—, al considerar que ha accedido a sus principales exigencias, entre ellas la apertura del sector petrolero venezolano a las empresas estadounidenses. Este jueves, ambos países reanudaron sus relaciones diplomáticas y este sábado, desde Miami, Trump ha reconocido formalmente el gobierno de Rodríguez.
“Recibimos esta decisión como un reconocimiento al pueblo de Venezuela y a su justa causa por la verdad de nuestro país”, ha escrito en X Rodríguez. “Reiteramos nuestra disposición a construir relaciones de largo plazo basadas en el respeto mutuo, la igualdad y el derecho internacional […] Ratificamos que el diálogo diplomático es el camino virtuoso para dirimir nuestras divergencias y avanzar en las coincidencias”, añadió.
En paralelo, el equipo de Machado informó de que la líder opositora viajará a Chile para asistir a los actos de transmisión de mando presidencial previstos para los días 11 y 12 de marzo, tras recibir una invitación especial del presidente electo, José Antonio Kast.
Durante su visita también está previsto que participe en varias actividades públicas, entre ellas el lanzamiento de la Cátedra Sebastián Piñera en la Universidad del Desarrollo, organizada por la familia del expresidente chileno.
El futbolista argentino Leo Messi y sus compañeros del Inter de Miami, campeones de la liga de fútbol estadounidense, han visitado este jueves la Casa Blanca en una recepción ofrecida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para homenajear al ganador del la MLS Cup durante la pasada temporada al imponerse en la final a los Vancouver Whitecaps.
“Hoy nos emociona recibir al Inter Miami, campeón de la Copa MLS 2025″, ha señalado Trump. “Gran trabajo, y es un gran privilegio para mí decir lo que ningún presidente estadounidense ha tenido la oportunidad de decir antes. Bienvenido a la Casa Blanca, Lionel Messi”.
El anterior presidente estadounidense, Joe Biden, concedió a Leo Messi la Medalla de la Libertad, la máxima condecoración civil de Estados Unidos, durante el último suspiro de su mandato, en enero de 2025, una semana antes de que Donald Trump regresara al despacho Oval para su segundo mandato. Pero ni Messi, ni nadie en su nombre, acudió a recoger la medalla por problemas de agenda.
“Lionel Messi está aquí. Mi hijo (Barron Trump) me dijo: ‘Papá, ¿sabes quién está ahí hoy?’. Le dije: ‘No, tengo muchas cosas que hacer’. Me dijo: ‘Messi’. Él es, de verdad, un gran fan. Es un gran fan tuyo. Cree que eres una gran persona. Creo que pudieron conocerse un rato”, dijo Trump, quien insistió: “Es un gran fan del fútbol, pero es un gran fan tuyo. Y un caballero llamado Ronaldo, que tenemos, también fue genial”. Messi estaba visiblemente incómodo y se limitó a sonreir y dar las gracias con la boca pequeña.
“Es un placer poder jugar contra grandes campeones, grandes atletas de ese deporte, gente que realmente ama lo que hace y lo hace bien. Es un honor para nosotros y para todos en la Casa Blanca rendirle homenaje hoy”, agregó el mandatario estadounindense.
En la recepción también estaban, entre otros, el uruguayo Luis Suárez, compañero de Messi en el Inter de Miami; y los argentinos Rodrigo de Paul y Javier Mascherano, jugador y entrenador del combinado del campeón de la MLS. Los españoles Sergio Busquets y Jordi Alba, ex jugadores del Barcelona, también participaron el año pasado en el equipo que ganó la liga estadounidense, pero no acudieron a la Casa Blanca, porque colgaron las botas al final de la temporada y ya no forman parte del equipo.
El presidente elogió a Messi repetidamente y le agradeció haber apostado por el fútbol estadounindese. “Podrías haber elegido cualquier equipo del mundo, y elegiste ir a Miami. No me lo creo, el clima es excelente. Vas a Doral, Doral y a los playoffs. Y solo quiero agradecerte por habernos traído a todos a este viaje, porque eres un crack, talentoso y una gran persona. Espero ver a muchos de ustedes a principios del verano. Vamos a estar ahí en el verano de 2026, la Copa Mundial de la FIFA”.
Trump bromeó preguntando quién era mejor, si Messi o Pelé. Los asistentes gritaron que Messi. “Estoy de acuerdo”, dijo el republicano. Recordó que hace casi 50 años iba al estadio de fútbol en Nueva York para ver al Cosmos dónde jugaba el brasileño legendario.
“Leo, llegaste y ganaste. Y eso es algo muy difícil de hacer, muy, muy inusual, y francamente, hay mucha más presión sobre ti de la que nadie imagina, porque esperaban que ganaras. Casi nadie gana. Lo que lo hacen son geniales, los mejores del mundo. Les pagan una fortuna. Llegaste y ganaste con toda esa presión. Es un homenaje increíble. Así que, felicitaciones”, dijo Trump.
Es la primera ocasión que el astro argentino visita el Despacho Oval después de dos temporadas en la liga estadounidense. Trump está comprometido con el desarrollo del fútbol en un país, donde aún es un deporte minoritario. El mandatario estadounidense ha estrechado lazos con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, con quien mantiene una estrecha relación. Estados Unidos celebra junto a México y Canadá la Copa del Mundo de fútbol de 2026, que se disputa en 16 ciudades de estos países.
Trump ha mostrado, sin embargo, predilección por Cristiano Ronaldo, el gran rival deportivo de Messi. El mandatario estadounidense ha invitado al futbolista portugués a varias recepciones en la Casa Blanca acompañado de su pareja Georgina Rodrigues. Incluso lo recibió en el Despacho Oval. El republicano ha reconocido en público que admira el carácter ganador del exjugador del Real Madrid. “Ronaldo, eres el mejor de todos los tiempos. Te necesitamos en América. Ponte en marcha, te necesitamos rápido”, escribió Trump a través de un video en su red social Truth.
El presidente le agradeció al portugués el haberse ganado el respeto de su hijo menor Barron Trump, muy aficionado al fútbol, por la invitación de la estrella portuguesa a la Casa Blanca. Messi, sin embargo, suma ocho Balones de Oro, la mayor condecoración individual para un futbolista, por cinco del portugués.
La estrella del Inter de Miami, que jugó durante 17 temporadas en el primer equipo del FC Barcelona, marcando una época de éxitos deportivos, participó el pasado noviembre en el el American Business Forum, un evento patrocinado por Trump en Florida, donde tiene su centro de operaciones, cuando no tiene labores presidenciales. El evento, que reunió a miles de empresarios, contó con la participación del presidente argentino, Javier Milei, Gianni Infantino y el extenista español Rafael Nadal.