El Gobierno de Irán mantiene este viernes el bloqueo de acceso a internet impuesto el jueves en todo el país, cuando se registraba una intensificación de las protestas, según NetBlocks, un grupo con sede en Londres que supervisa el tráfico y la censura en internet. Las movilizaciones, que empezaron hace 13 días en el Gran Bazar de Teherán por el enfado general por los altos precios y la devaluación del rial iraní —cuyo valor se encuentra en mínimos históricos—, se han esparcido a buena parte del país y han adquirido un tono más desafiante, exigiendo en ocasiones el fin de la República Islámica establecida en 1979.
Durante las horas previas al corte de comunicaciones que aísla a Irán del mundo, varias ciudades del país atravesaban un punto álgido en la movilización popular, así como encontronazos con las fuerzas de seguridad y cánticos contrarios a las autoridades. El jueves, la organización Derechos Humanos en Irán (IHRNGO, por sus siglas en inglés) registraba 45 víctimas mortales durante las manifestaciones, iniciadas el 28 de diciembre. Según el grupo, radicado en Oslo (Noruega), ocho de esos muertos serían menores. La organización también cuenta más de 2.000 personas detenidas. Tras más de 12 horas de bloqueo comunicativo, IHRNGO mantiene esas cifras el viernes.
El presidente de EE UU, Donald Trump, reiteró el jueves que intervendrá en Teherán si la represión provoca un derramamiento de sangre. “Se les ha dicho con firmeza [que si eso ocurre] lo pagarán con un infierno”, dijo durante una entrevista en una cadena de televisión estadounidense. El mandatario, que la semana pasada ya advirtió que “acudiría en rescate” de los manifestantes si el Gobierno aplica mano dura sobre ellos, vinculó parte de los muertos registrados con “estampidas” en aglomeraciones.
El líder supremo iraní, el ayatolá ALÍ JAMANÉI, habla durante una reunión con las familias de los mártires iraníes en una ceremonia que conmemora el sexto aniversario de la muerte de Qassem Soleimani en Teherán. Foto: CONTACTO vía Europa Press | Vídeo: EPV
Este viernes, las autoridades han vuelto a vincular los disturbios en Irán con la injerencia de EE UU e Israel. El líder supremo de país, Alí Jamenei, ha acusado a Washington de tener “las manos manchadas de sangre” por los ataques que lanzó sobre plantas nucleares en Irán en junio. El mandatario, de 86 años y en el cargo desde 1989, ha exhortado al Republicano que se centre en resolver los problemas de su país, y ha advertido mediante una televisión local que Teherán “no cederá” ante los alborotadores “que vandalizan la propiedad nacional y que complacen a Trump”. “No queremos guerra, pero estamos preparados para ella”, alertó el jueves el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi. Teherán, detalló, está abierto a establecer negociaciones con la Casa Blanca “desde el respeto e interés mutuo”, aunque no detalló de qué podrían ir esas conversaciones.
Las autoridades policiales y la Guardia Revolucionaria —un ejército paralelo destinado a proteger la República Islámica— actúan de manera desigual en distintos territorios. El jueves hubo en algunos puntos concentraciones con miles de asistentes en las que los uniformados no intervinieron. En otros lugares, como en Tabriz (noroeste) o en Dezful (oeste) se reportó el lanzamiento de gas lacrimógeno o el uso de munición real.
En algunas ocasiones se formaron multitudes que sobrepasaron a los cuerpos de seguridad. En Mashhad (noreste), ciudad sagrada para el islam chií y lugar de nacimiento de Jamenei, los manifestantes se enfrentaron con dureza a las autoridades hasta lograr su retirada. Lo mismo sucedió en Abadan (sureste). En Isfahán (centro) se prendió fuego al edificio que acoge la televisión estatal, mientras que en Golhak y en Sadat Abad, barrios de Teherán, se incendiaron mezquitas, según vídeos verificados por la cadena británica BBC.
El gremio de los mercaderes, que en diciembre inició las protestas echando el cierre a sus negocios en Teherán, replicó las huelgas el jueves en los bazares de múltiples municipios más, como Tabriz, Mashhad o Kerman (sureste), según recogen diversas informaciones. Sin embargo, las protestas van más allá de los agravios económicos, y apuntan directamente contra los mayores símbolos de la República Islámica, gobernada por clérigos de confesión chií y encabezada por un líder supremo sobre el que recae la última decisión en casi todas las políticas. “¡Mullás, desapareced!”; “¡Muerte al dictador!”, se oía en algunas aglomeraciones.
La televisión estatal ha denunciado este viernes la existencia de “agentes terroristas” empleados por EE UU e Israel, y los ha acusado de los incendios en las manifestaciones. Durante el telenoticias matinal, la emisora ha eludido mencionar el corte de conexión a internet que rige en el país desde el día anterior. Según la agencia Associated Press (AP), sí ha hablado, en cambio, de la existencia de los nuevos subsidios para la compra de productos alimenticios que el Gobierno anunció el lunes —equivalente a seis euros mensuales— en un intento de enfriar las protestas.
El declive de la moneda local —un dólar llegó a cambiarse en diciembre por un millón y medio de riales, cuando una década atrás se hacía por 30.000— ha destruido el poder adquisitivo de la mayoría de iraníes y ha depreciado sus ahorros. Las sanciones impuestas por Trump en 2018, al interrumpir de manera unilateral el acuerdo nuclear firmado con Teherán en 2015, ahogan una economía golpeada por la inflación y mermada por la mala gestión de los gobernantes.
Un país ‘offline’
“Irán ha estado offline desde hace 12 horas”, ha anunciado NetBlocks a primera hora del viernes. “La conectividad a nivel nacional se ha estancado en el 1% [en comparación con los niveles habituales] después de que las autoridades hayan impuesto el apagón para reprimir las protestas generalizadas y tapar las informaciones sobre la brutalidad del régimen”.
El jueves, cuando denunció la falta de conexión en Irán, NetBlocks alertó de que la medida dificultaría la cobertura de los hechos sobre el terreno, así como la comunicación entre los manifestantes, torpedeando su capacidad de movilización. Teherán aplicó la misma estrategia durante las movilizaciones que sacudieron el país en 2009, en 2019 y en 2022, hasta ahora mayores que las actuales.
El Gobierno también suspendió la conexión a internet durante la guerra de 12 días que Israel inició en junio, presentando la decisión como necesaria para obstaculizar la infiltración de la inteligencia israelí. Durante aquella ofensiva, Israel mató a 1.190 personas en Irán, entre ellas a 436 civiles —65 de ellos, niños— y a múltiples científicos nucleares, según la agencia estadounidense Human Rights Activists in Iran (HRANA, por sus siglas en inglés). Tras aquello, el parlamento iraní aprobó una ley que eleva el castigo por espiar en nombre del Estado judío.
El miércoles, medios de comunicación vinculados al Estado anunciaron la ejecución de un hombre acusado de “espiar en favor de la Mossad”, la agencia de inteligencia israelí en el exterior, y de “tener contacto con agentes israelíes dentro del país”. Se trata de la duodécima ejecución por ese motivo desde la guerra con Israel, según IHRNGO.
La organización denuncia que el juicio que condujo a la ejecución se practicó de manera irregular, “como ocurre con muchas otras penas máximas”, y alerta de que las autoridades podrían instrumentalizar acusaciones similares para “instalar el miedo” entre los manifestantes. El segundo día tras el estallido de las manifestaciones, la agencia de inteligencia israelí Mossad alardeó en un comunicado de tener agentes “sobre el terreno” en las concentraciones.
Las protestas en Irán no amainan. Las manifestaciones continuaron en la noche del sábado en varias ciudades del país a pesar de las amenazas de mano dura por parte del régimen. Varias ONG han denunciado que les llegan informaciones de que son ya son centenares los muertos de la represión. Las autoridades han avisado de que pueden recurrir a la pena capital como método para enfriar las movilizaciones. El corte de internet y la telefonía se acerca a las 72 horas y dificulta el seguimiento de los hechos sobre el terreno, pero informaciones y vídeos emitidos desde concentraciones y hospitales ―probablemente vía satélite― reflejan una situación de escalada permanente tras días de protestas contra el Gobierno, principalmente por la grave situación económica. En la calle, grupos de manifestantes atrincherados tras contenedores en llamas desafían a las fuerzas de seguridad, mientras los cuerpos con balazos en la cabeza y en el cuello se acumulan en las morgues.
El fuerte despliegue de las autoridades en la capital está llevando a los manifestantes a protagonizar concentraciones fugaces, según grupos de derechos humanos, evitando el choque con unos cuerpos policiales que incrementan la violencia y que vuelan drones sobre Teherán. En Mashhad (noreste), ciudad de importancia simbólica para la teocracia iraní por acoger el templo más sagrado del islam chií, varios vídeos muestran grupos de jóvenes con la cara tapada que retan a los agentes armados cortando carreteras bajo el aparente sonido de disparos. También se registraron protestas el sábado en Rasht (norte), Tabriz (oeste) o en las sureñas Shiraz o Kerman.
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, ha acusado este domingo a Estados Unidos e Israel de querer “sembrar el caos y el desorden” en Irán ordenando “disturbios”, y ha pedido a los ciudadanos pidió que se distancien de los “alborotadores y terroristas”. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, avisó el 2 de enero de que está preparado para atacar Irán si sigue la represión de las protestas; este sábado, en un mensaje en su red social, Truth, afirmó: “Irán busca la libertad, quizás como nunca antes. ¡Estados Unidos está listo para ayudar!”. Además, el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, habló el sábado con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y entre otros asuntos, comentaron la situación en Irán, informó Axios, según indicó Reuters.
El nivel de movilización se mantiene alto después de que el fiscal general de Irán,Mohammad Movahedi Azad, advirtiera el sábado que quienes participen de los disturbios podrían ser considerados “enemigos de Dios”, una acusación que puede implicar la pena de muerte. El líder supremo, Ali Jamenei, y las máximas autoridades del aparato de seguridad también han avisado de que se aplicará la mano dura con lo que describen como “alborotadores” que le hacen el juego a los enemigos de Irán.
La agencia de noticias semioficial Tasnim ―que vuelve a ser accesible en el extranjero, a diferencia de los primeros días de apagón en Irán― informa este domingo de la detención de “200 líderes y jefes operacionales de grupos terroristas”. Según la información, que cita fuentes de seguridad, los detenidos poseían “una cantidad considerable de munición, armas, granadas y cócteles molotov”. La agencia registra disturbios que han provocado incendios en 26 viviendas y denuncia ataques incendiarios en 34 mezquitas, 40 bancos, 13 edificios gubernamentales, 15 centros comerciales y 50 vehículos, según el departamento de bomberos de Teherán. Algunos observadores han sugerido que los comercios atacados están vinculados a las autoridades.
Grupos iraníes registran la muerte de al menos 117 personas durante dos semanas de protestas, pero varias fuentes médicas sugieren que la cifra total es mayor. La revista Time reportó que seis hospitales de la capital recibieron 217 cuerpos a partir de la noche del jueves, cuando la movilización y la respuesta de las autoridades pasaron un punto de inflexión, con el corte a internet. La mayoría de cuerpos, indica la fuente, tenían marcas de “munición real”. La organización Centro de Documentación de Derechos Humanos en Irán (HRDC, por sus siglas en inglés) menciona un incidente de la noche del jueves en el que la policía abrió fuego sobre una multitud desde una comisaría en la capital, matando al menos a 30 personas.
Hay más informaciones que sitúan la cifra de víctimas mortales en más de 200. La familia de Rubina Aminian, una estudiante de moda de 23 años, se desplazó hacia Teherán desde Marivan, en el Kurdistán iraní, para identificar el cuerpo de la joven, tiroteada en una manifestación al salir de clase. Al llegar, según la información recabada por la organización Derechos Humanos en Irán (IHR), radicada en Oslo, la familia se encontró con un recinto con “centenares de cuerpos”. “La mayoría de víctimas tenían entre 18 y 22 años y habían sido disparadas desde cerca en la cabeza o en el cuello”, indicaron personas presentes en la identificación, indica el relato de la ONG.
Por su parte, Human Rights Activists News Agency (HRANA), que opera desde Estados Unidos, afirmó este sábado que la cifra de muertos confirmados durante las manifestaciones asciende a 116, a pesar de la interrupción del flujo de información provocada por los cortes de internet, informó la agencia Efe.
La Guardia Civil ha detenido a 63 personas por la macrofiesta ilegal Big Fucking Party, que se desarrolló entre la pasada Nochevieja y el 7 de enero, en las inmediaciones del embalse del Cenajo, un terreno inundable y declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Entre los detenidos hay 20 personas relacionadas con los incidentes en los que resultaron heridos varios agentes y otras 38 por participar en la organización del macroevento ilegal, según ha informado el cuerpo policial.
La Big Fucking Partyes una fiesta que se mantiene en un secretismo absoluto hasta el día que comienza, con localizaciones que solo se desvelan a través de mensajes privados y que, a menudo, se sitúan en zonas poco pobladas. A comienzos de 2025 esta macrofiesta se celebró en las proximidades del aeropuerto de Ciudad Real y en años anteriores en Fuente Álamo, en la Región de Murcia, y La Peza, en Granada. En la edición de 2026, los enfrentamientos con los agentes, que intentaban impedir que se asentaran, han marcado la diferencia. “Estamos investigando y puede que esto tenga sus frutos y no se vayan de rositas”, advirtió a comienzos de mes, Miguel Juan Espinosa, subdelegado del Gobierno en Albacete.
El primer día de esta rave ilegal de música electrónica reunió a más de 1.000 vehículos, caravanas y furgonetas. En la zona desplegaron agentes de la Comandancia de Albacete y desplazados de otras provincias, como Madrid, Murcia, Valencia o Sevilla. Conforme avanzaron los días, unos 300 guardias civiles vigilaban los accesos por carretera para impedir la llegada de más gente, aunque muchos de ellos habían conseguido burlar esos controles a través de los caminos que rodean el embalse.
La veintena de los detenidos están implicados en los disturbios contra agentes del cuerpo ocurridos en las proximidades de la pedanía tobarreña de Cordovilla durante la madrugada del 31 de diciembre, cuando el grueso de una multitudinaria caravana de vehículos y personas pretendía establecer la macrofiesta.
Además de las 38 personas investigadas por participar directamente en la organización del evento ilegal, hay otras cinco implicadas en delitos contra la salud pública, en la modalidad de tráfico de drogas, o por requisitorias judiciales en vigor de búsqueda y detención.
Los agentes de la Guardia Civil también han intervenido 16 vehículos pesados, entre camiones y furgones, en los que se transportaba el material necesario para establecer la infraestructura de soporte de la fiesta multitudinaria ilegal, que han quedado a disposición del juzgado encargado del caso.