“Willie Colón me dicen El Malo, porque pasan los años y sigo dando palos“, dice Bad Bunny en su exitoso tema Nueva Yol, en homenaje al músico puertorriqueño, nacido y criado en las calles del Bronx y muerto este sábado en un hospital neoyorquino a los 75 años. El tributo de Bad Bunny, que interpretó este tema en el intermedio de la Super Bowl, fue, tal vez, la última mención pública a Colón, pero por encima de todo el merecido reconocimiento de quien se convirtió en una leyenda en vida. Cantante, poeta, arreglista, productor y director musical, Colón comenzó su carrera musical a los 16 años y ha dejado más de 30 discos, nueve Discos de Oro y cinco de Platino y más de ocho millones de discos vendidos.
También trombonista y compositor, fue un pionero de la salsa desde su inicial colaboración con Héctor Lavoe. En 1967 ambos firmaron el álbum El Malo al que alude la canción de Bad Bunny, configurando uno de los dúos más influyentes de la salsa bajo el sello Fania Records. Con éxitos como Calle Luna, Calle Sol, CheChe Colé y El día de mi suerte, se convirtió en una figura clave del género en los años setenta.
Colón también cosechó grandes logros con el panameño Rubén Blades, formando un dúo muy activo a finales de setenta y primeros ochenta del siglo pasado, con un breve paréntesis en solitario y un retorno conjunto a los escenarios en los noventa. Ambos firmaron, entre otros álbumes, Canciones del solar de los aburridos. Fue uno de los dúos salseros más importantes de la historia de la música latina y rompieron en 2003, supuestamente por un desacuerdo financiero tras un concierto en Puerto Rico.
“Es con profunda tristeza que anunciamos el fallecimiento de nuestro amado esposo, padre y renombrado músico, Willie Colón. Partió en paz esta mañana, rodeado de su amada familia. Aunque lloramos su ausencia, también nos regocijamos con el regalo eterno de su música y los recuerdos queridos que creó, los cuales vivirán por siempre”, ha dicho en un comunicado su familia.
“Nuestra familia está profundamente agradecida por sus oraciones y apoyo durante este tiempo de duelo. Pedimos amablemente privacidad mientras navegamos por nuestro duelo”, añade el comunicado publicado por los deudos de William Anthony Colón Román, nombre de pila del cantante de El gran varón, que había nacido el 28 de abril de 1950 en el barrio del Bronx de Nueva York.
Colón fue el más boricua de los neoyorquinos, y eso es mucho decir, porque en el Estado vive más de un millón de puertorriqueños, el 17,5% del total de la población de la isla. Su vínculo con la isla palpitó a lo largo de sus más de 60 años de carrera artística. Pero fue su disco Hecho en Puerto Rico el que dejó patente su amor por la tierra donde nació su familia y hacia su vínculo más íntimo con la isla, su abuela, Antonia Román Pintor.
Aunque para el resto fuera considerado un nuyorican (como se denomina a los puertorriqueños nacidos en Nueva York), su abuela lo crio repitiéndole todos los días: “No olvides que tú eres puertorriqueño”, según contó en una entrevista con la agencia Efe en junio de 2013. Su abuela, confesó también en sus redes sociales, le enseñó el significado del amor incondicional. Colón se refería a ella como “jibarita de Manatí”, la localidad de Puerto Rico de donde procedía, y de donde salió en 1928, con 22 años, en busca de una vida mejor. Toña, como la conocían en la barriada del sur del Bronx donde vivió, “murió a los 91 [años] sin saber inglés”, destacaba su nieto.
Un hecho que hoy, en plena ofensiva de la Administración de Donald Trump contra los latinos, le habría puesto en la diana, igual que sus rasgos. En las décadas de los cincuenta y sesenta en EE UU, Colón se sintió objeto de discriminación. “En esa época te metían un batazo o patadas. Prácticamente era legal la discriminación. Era una época muy diferente”, declaró en esa entrevista. El acta de la Declaración de los Derechos Civiles data de 1964, así que el pequeño Willie vivió sus primeros 14 años de vida como un extraño en un país de blancos. A pesar de ser estadounidense, recordaba, en las calles le gritaban que se fuera a su país. Esa espina se le quedó clavada, el hecho de no poder utilizar baños para blancos, o entradas a recintos reservadas solo para ellos.
Fue su abuela quien le regaló su primera trompeta, cuando él tenía 11 años. Comenzó con ese instrumento; pero aprendió también clarinete y se transformó en un maestro del trombón. Colón fue el tercer artista que firmó con el famoso sello Fania All Stars y uno de los pilares de la salsa, a nivel mundial.
El maestro Willie
Hoy los trombones del Bronx inspiran mi agradecimiento a Dios y a la vida por haberme permitido escuchar la genialidad de un artista que comunicaba a través de su creatividad y sensibilidad. Su influencia está incrustada en mi cerebro y en mi corazón. Nací en…
La salud de Colón era delicada desde que en 2021 sufriera un aparatoso accidente automovilístico junto con su esposa, Julia, en Carolina del Norte. Este miércoles fue ingresado por problemas respiratorios en el hospital presbiteriano St. Lawrence, en Bronxville, un distrito del Bronx. Tras conocerse la noticia, la reacción de colegas de profesión, sobre todo exintegrantes de Fania Records, y de amantes de la salsa ha inundado las redes sociales. “El maestro Willie. Hoy los trombones del Bronx inspiran mi agradecimiento a Dios y a la vida por haberme permitido escuchar la genialidad de un artista que comunicaba a través de su creatividad y sensibilidad. Su influencia está incrustada en mi cerebro y en mi corazón”, dijo Elvis Crespo en sus redes sociales.
Rare sworn testimony from federal agents revealed that Immigration and Customs Enforcement (ICE) officers in Oregon were instructed to meet daily arrest quotas and use technological tools to identify potential “targets” during immigration raids, according to The Guardian.
The information emerged during hearings for a class-action lawsuit filed by the immigrant rights organization Innovation Law Lab, which challenges the practice of detaining people without a warrant or probable cause. The case compelled agents to testify in court, offering a rare glimpse into internal tactics that are not typically made public.
During a hearing held in December, an agent identified as “JB” testified that his team received a verbal order to make eight arrests per day during operations in the state. The group consisted of between nine and 12 officers. When the plaintiffs’ attorney asked him if he had met the quota, the agent replied, ““I made as many arrests as I could, as long as it was lawful.”
The operations were linked to a federal campaign known internally as Operation Black Rose, which took place in the Portland area last year and, according to data from the Department of Homeland Security, resulted in more than 1,200 arrests as of mid-December.
The testimony also revealed for the first time in court the use of an app called Elite, described by the agent as a tool similar to Google Maps, which shows the estimated concentration of people with an “immigration nexus” in certain areas. As he explained, the app helps locate areas where there is a higher probability of finding people subject to detention. However, he acknowledged that the data is not always accurate. “The app could say 100%, and it’s wrong. The person doesn’t live there. And so it’s not accurate. It’s a tool that we use that gives you probability, but there’s … no such thing as 100%,” he stated during the hearing.
The use of this tool was evident during an operation conducted on October 30 in Woodburn, south of Portland, where officers followed a van transporting farmworkers to their workplace. The officers smashed the vehicle’s windows and detained its seven occupants. During that same operation, another officer used a facial recognition app called Mobile Fortify to identify a worker who was detained and transferred to a detention center in Washington State. She was later released.
Federal Judge Mustafa Kasubhai, who reviewed the case, harshly criticized the tactics used, noting that tools like Elite could create inaccurate information and lead to the detention of people who are in the country legally.
As the case proceeds through the courts, federal data released this week shows the scale of the increase in immigration detentions in the U.S. Northwest during 2025. An analysis by the University of Washington’s Center for Human Rights found that Oregon recorded 1,655 immigration arrests last year, more than in the previous three years combined. The increase was particularly notable in the final months of the year.
Between January and September 2025, monthly detentions in the state remained below 100, but in October and November they exceeded 400 per month, according to an analysis based on official ICE forms used to initiate deportation proceedings. The researchers noted that the Portland metropolitan area was one of the main hubs of that activity. “We were frankly blown away by the scale of the arrests in the Portland area from October to December of last year,” Phil Neff, the university center’s research coordinator, told reporters.
Other reports have also documented a sharp increase in arrests during that period. Data collected by researchers and analyzed by Oregon Public Broadcasting indicates that in some counties in the Portland area, arrests skyrocketed by more than 600% after President Donald Trump described the city as “war-torn.” The figures show that Multnomah, Washington, and Marion counties recorded the largest increases during the fall of 2025.
Attorneys and civil rights organizations argue that the pressure to increase arrests may have contributed to questionable practices during operations. Stephen Manning, executive director of the Innovation Law Lab and one of the lawyers behind the lawsuit, stated that court testimony shows how arrest quotas can influence the way officers conduct their operations. “The law is an impediment to the quotas,” he told The Guardian.
The lawsuit seeks to put a stop to arrests without a warrant and to determine whether the tactics used by agents violated constitutional protections against unreasonable searches and seizures. Meanwhile, investigators warn that the available data may even underestimate the actual number of arrests, since the records analyzed reflect only a fraction of all ICE detentions.
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El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, confirmó en la mañana de este viernes que funcionarios de su Gobierno recién comenzaron las conversaciones con representantes de la administración de Donald Trump, en medio de la debacle económica que atraviesa la isla. Insistió en que ha sido práctica de la Revolución Cubana no “responder a las campañas especulativas sobre este tipo de tema”, tras varias filtraciones que apuntan a que el diálogo, en realidad, ya había comenzado hace semanas. A pesar de que el propio Trump dejó saber en varias ocasiones que estaban conversando con La Habana, la parte cubana mantuvo el silencio, y en ocasiones incluso negó que se estuviese llevando a cabo algún tipo de negociación.
Quince minutos antes de la transmisión que había sido anunciada para las 7:30 (hora de La Habana y de Washington, dos menos en México y cinco más en la España peninsular), la prensa oficialista adelantó que Díaz-Canel, desde la sede del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en una reunión con miembros del Buró Político, del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista, y del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, dijo que “estas conversaciones han estado orientadas a buscar soluciones, por la vía del diálogo, a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones”. “Hay factores internacionales que han facilitado estos intercambios”, sostuvo.
“En los intercambios que se han sostenido, la parte cubana ha expresado la voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía, y a la autodeterminación de nuestros gobiernos”, dijo el mandatario cubano.
Trump, por su parte, reaccionó al anuncio a eso de las 10:00. Lo hizo en Truth, su red social. No fue esta vez uno de sus hiperbólicos mensajes, sino que se limitó a retuitear un artículo del diario USA Today, cuyo titular dice: “Cuba confirma las conversaciones con los funcionarios estadounidenses, lo cual acrecienta la esperanza de un acuerdo”. Ese mismo periódico publicó el domingo pasado una información que hablaba de la inminencia de un pacto económico, aunque no daba más detalles sobre su contenido. No obstante, deslizó que el plan de la Casa Blanca era quitar del medio a Díaz-Canel, pero mantener en la isla a los herederos del apellido Castro.
El mensaje de Díaz-Canel se ha emitido en medio de una histórica crisis económica y mientras La Habana se mantiene bajo una presión creciente por parte de Estados Unidos. Horas antes de esta comparecencia, el Gobierno cubano anunció la liberación de 51 presos por mediación del Vaticano. “Es una práctica soberana, nadie nos la impone”, dijo este viernes Díaz-Canel. “Responde a nuestra vocación humanista”. No queda claro, hasta el momento, si las decenas de presos por liberar incluyen a algunos de los más de 1.000 presos políticos que permanecen en las cárceles cubanas. Desde ya, la ciudadanía exige que cualquier acuerdo con Washington debe contemplar la amnistía para los presos de conciencia.
Después de 12 años del anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas por Barack Obama y Raúl Castro en diciembre de 2014, esta es la primera vez que el Gobierno cubano se sienta con su contraparte estadounidense, en aras de llegar a un acuerdo. Si en aquella ocasión el llamado fue a través del soft power (poder blando), con énfasis en el engagement (compromiso o involucramiento) entre ambos pueblos, hoy a Cuba no le ha quedado más remedio que transar con los estadounidenses, que le han puesto la soga al cuello tras la emergencia nacional decretada el pasado 29 de enero, que privó al país del combustible que llegaba de manos de Venezuela o México.
“Hace más de tres meses que no entra un barco de combustible en el país. Estamos trabajando en unas condiciones muy adversas, con un impacto inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo”, sostuvo. Ciertamente, esta es una situación que ha paralizado la vida en general, con la suspensión de escuelas, el escaso transporte, los largos apagones. Desde hace una semana, los cubanos se unen cada noche en cacerolazos a modo de protesta por una situación que se les hace insostenible.
En la aparición de Díaz-Canel de este viernes, llamó la atención, particularmente, la presencia de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, conocido como El Cangrejo. El coronel de 41 años es quien, presuntamente, está manteniendo conversaciones con el secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, en quien Trump ha depositado la misión del futuro de Cuba, un territorio que el político de Florida conoce bien.
Aunque aún es una incógnita qué clase de temas están abordando La Habana y Washington, los primeros pasos de un posible deshielo parecen haber comenzado ya. Los permisos para que el sector privado importe petróleo a Cuba directamente desde Estados Unidos, los constantes comentarios de Rubio sobre la importancia de un cambio económico en la isla y la excarcelación ahora de decenas de presos podrían dar indicios de lo que se está abordando en la negociación entre ambos países. Cuando en 2014 los entonces presidentes de ambos países anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas, el deshielo también llegó de la mano de ciertas aperturas para el sector privado y la liberación de 53 presos, también por mediación del Vaticano.
Aunque hay muchas similitudes entre ambas políticas, los expertos también hablan de marcadas diferencias entre Obama y Trump respecto al acercamiento con Cuba. “La administración Obama intentó normalizar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, sin derrocar al régimen de La Habana. En cambio, la segunda administración Trump se ha centrado en impulsar un cambio en el liderazgo cubano y lograr reformas económicas en la isla”, dijo a EL PAÍS Jorge Duany, exdirector del Instituto Cubano de Investigaciones y catedrático emérito de la Universidad de Florida. “Mientras Obama adoptó una retórica conciliadora hacia Cuba, Trump ha insistido en la confrontación con el régimen socialista. Obama facilitó los viajes y el comercio entre Estados Unidos y Cuba, buscando sustituir el aislamiento por el engagement. Por su parte, Trump 2.0 ha aplicado una política de máxima presión y asfixia económica para precipitar la caída del gobierno cubano”.
La aparente cordialidad del diálogo
Sin entrar en especificidades ni muchos más detalles sobre las conversaciones con la Casa Blanca, el mandatario cubano dijo que se trata “un proceso muy sensible, que se conduce con seriedad y responsabilidad, porque afecta los vínculos bilaterales entre las dos naciones y demanda enormes y arduos esfuerzos para encontrar solución y crear espacios de entendimiento, que nos permitan avanzar y alejarnos de la confrontación”.
En todo momento, Díaz-Canel trató de transmitir cordialidad entre las negociaciones con Washington. Incluso habló sobre el ataque a una lancha de exiliados cubanos el pasado 25 de febrero, que se pensó podía desatar la ira de Washington, pero que ha resonado con poca fuerza en la Casa Blanca.
La embestida dejó el saldo de cuatro personas fallecidas y seis heridos, quienes se acercaban a las costas de Villa Clara desde Florida, y que fueron atacados por los Guardacostas cubanos. Se trató de una “infiltración armada con fines terroristas”, “financiada desde territorios de EEUU”, dijo el mandatario. “En las investigaciones todos han reconocido su participación, que fueron ellos los primeros que dispararon contra nuestra embarcación de Guardacostas”, sostuvo. También aseguró que los heridos han recibido la debida atención médica y que los cadáveres fueron reconocidos por sus respectivos familiares. No obstante, hasta el momento varios familiares han afirmado no haber recibido información alguna de parte del Gobierno cubano.
El mandatario dijo que la Casa Blanca ha estado informada del incidente, que implicó a dos ciudadanos estadounidenses. “Han agradecido la información que se les ha dado. Han planteado su disposición de participar de conjunto en el esclarecimiento de los hechos”, sostuvo. Incluso dejó saber que están a la espera de expertos del FBI que participarán de las investigaciones junto a las fuerzas del Ministerio del Interior cubano.
El discurso, que desde bien temprano del viernes esperaban los cubanos tanto dentro como fuera del país, se presentó por el Gobierno como una continuación de la comparecencia del 5 de febrero, cuando Díaz-Canel dejó claro que “Cuba está dispuesta a un diálogo con Estados Unidos”. “Hay muchas cosas en las que podemos trabajar juntos, sin prejuicios”, insistió entonces.
Cuba, el próximo objetivo de Trump
Han pasado 43 días desde que la Administración de Trump declaró la emergencia nacional hacia la isla. Desde entonces, la vida en el país, que ya era precaria, se ha vuelto mucho más insostenible. Esa presión es parte, al parecer, del plan que tienen Trump y Rubio, quien ha dicho que, antes cualquier libertad política, Cuba necesita regenerar su economía.
Trump, a quien se le ha pedido un posicionamiento directo respecto a Cuba luego de la intervención en Venezuela, promete que la isla verá un cambio antes de fin de año. La imprevisibilidad de la guerra en Irán lanzada con Israel amenaza con enlentecer el avance de sus prioridades, pero incluso en mitad de un conflicto que cada día está un poco más fuera de control, Trump no ha dejado de girarse hacia la isla.
La última vez que se refirió a Cuba fue el sábado pasado, durante la presentación en su hotel del Doral (Florida) del llamado Escudo de las Américas, una alianza de Gobiernos latinoamericanos ideológicamente afines para combatir el narcotráfico. En ese foro, el presidente de Estados Unidos, que a menudo vincula el porvenir de La Habana con la experiencia personal de alguien que ha convivido con “ese problema desde pequeño”, afirmó que espera “con muchas ganas el gran cambio que pronto llegará a Cuba”. En el caso de Rubio, se trata de algo personal: el secretario de Estado es hijo de inmigrantes cubanos y producto del anticastrismo más convencido de Miami.
La policía estatal de Míchigan decretó este jueves el confinamiento a una milla a la redonda de una sinagoga en West Bloomfield (Míchigan). Un hombre armado con, al menos, un rifle había estampado su camioneta pasado el mediodía (hora local, cinco más en la España peninsular) contra el enorme recinto de Temple Israel, que también cuenta con una escuela. Entonces, empezó un tiroteo con los agentes de seguridad, que mataron al atacante.
Uno de los agentes resultó herido y fue trasladado al hospital, aunque no estuvo inmediatamente claro el alcance del daño recibido. La policía estatal confirmó más o menos una hora después que no había más muertos o heridos, y que los 140 alumnos de la escuela primaria, presentes en ese momento, estaban a salvo.
El director del FBI, Kash Patel, escribió en X que el sospechoso “aparentemente lanzó su coche” contra el edificio de la sinagoga. El vehículo se incendió como consecuencia del choque. Con 12.000 miembros, Temple Israel es el templo judío más grande de Míchigan y uno de las más grandes de Estados Unidos. La CNN informó después que el hombre cargaba explosivos en el maletero de su camioneta. Eran morteros, según indicaron fuentes de la investigación a la cadena de televisión por cable. Treinta personas fueron trasladadas al hospital por inhalar el humo del incendio del coche.
Pasadas las 18:30, la agente del FBI al cargo, Jennifer Runyan, confirmó lo que parecía evidente, que se trató de un “acto de violencia dirigido contra la comunidad judía”. Runyan habló en una conferencia de prensa en la que no dieron muchos detalles nuevos porque, dijo ella, “la investigación está en marcha”.
Al final del día, el Departamento de Seguridad Nacional identificó al atacante. Se trata de Ayman Mohamad Ghazali, de 41 años. Llegó a Estados Unidos en 2011 con un tipo de visado que se concede a cónyuges nacidos en el extranjero de ciudadanos estadounidenses. Obtuvo la ciudadanía en 2016.
Por la mañana de este jueves y en otro tiroteo separado, un hombre mató a una persona e hirió a otras dos en la universidad Old Dominion, en Virginia. “El FBI lo está investigando como un acto de terrorismo”, escribió Patel, también en X. El ataque se produjo en una clase del programa de educación universitaria para reservistas de las Fuerzas Armadas. Según la investigación, el autor iba buscando ese objetivo.
Una agente del FBI identificó al sospechoso como Mohamed Bailor Jalloh, un ex miembro de la Guarda Nacional de Virginia que se declaró culpable en octubre de 2016 de proveer de material para una célula de ISIS. Fue condenado a 11 años de prisión. Salió en libertad en diciembre de 2024. Cuando entró en la clase este jueves, gritó “Alá es grande”, según los testigos.
Seguridad reforzada
De vuelta en Míchigan, Michael Bouchard, shérif del condado de Oakland, un suburbio al norte de Detroit, la ciudad más poblada del Estado, afirmó −en una conferencia de prensa improvisada en la calle y retransmitida en directo por las televisiones nada más conocerse la noticia− que la seguridad de la sinagoga se había reforzado tras el principio de la guerra de Irán hace casi dos semanas. También, que se habían sucedido en días pasados las alertas sobre posibles ataques.
La gobernadora de ese Estado del Medio Oeste, la demócrata Gretchen Whitmer, emitió un comunicado en el que calificó el ataque de “desgarrador”. “La comunidad judía de Míchigan debería poder vivir y practicar su fe en paz”, dice el breve texto.
En una segunda comparecencia, de nuevo en la calle, Bouchard contó que las autoridades habían reforzado la seguridad de las sinagogas y otros centros de reunión de la comunidad judía en el área, no por amenazas concretas, advirtió, sino por “un exceso de cautela”.
En un acto en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, envió su “cariño a la comunidad judía de Michigan y a toda la gente de Detroit. ”Estoy al tanto. Es algo terrible, y no para”, dijo, en aparente referencia a los ataques antisemitas en Estados Unidos, que han crecido en los últimos años.
Uno de los más mortíferos fue en una sinagoga de Pittsburgh en la que, el 27 de octubre de 2018, un hombre con un rifle tipo AR-15 mató a 11 feligreses. Fue condenado a muerte. Templos judíos de Jackson, en Mississippi Colleyville (Texas) y San Diego también han sido escenarios de ataques en la última década.
En mayo pasado, dos miembros del personal de la Embajada israelí en Washington, un hombre y una mujer a punto de casarse, fueron asesinados a tiros cerca de un museo judío de la capital. El autor de los disparos gritó “Palestina libre” tras ser arrestado.