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Naturgy Retrasa La Presentación De Resultados Una Semana Por Una Sentencia Contraria A Su Filial Chilena

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Naturgy cambia los plazos. La compañía energética ha retrasado una semana la presentación de sus resultados del primer semestre, prevista para este viernes, por la notificación de una sentencia judicial en contra de su filial chilena Metrogas, según ha informado la empresa a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El fallo de un tribunal argentino se debe a un conflicto abierto desde 2009, momento en que Argentina dejó de suministrar gas a Chile por decisiones ajenas a la propia compañía. Naturgy, que posee un 55,6% de Metrogas, tiene que incluir este hecho en los resultados, por lo que aplaza la presentación al jueves 11 de agosto.

“La sentencia condena a Metrogas al pago a TGN [Transportadora de Gas del Norte, empresa argentina dedicada al transporte de gas natural] en concepto de facturas y lucro cesante, más costas e intereses derivados de un contrato de transporte de gas que se vio afectado por la crisis energética entre Argentina y Chile. Esta sentencia, no firme y recurrible, requiere que se incluyan sus potenciales efectos en las cuentas de Naturgy del primer semestre del 2022. La primera estimación en los resultados consolidados del grupo en el primer semestre del 2022 es que el impacto sería limitado, aunque se va a realizar un análisis de detalle en los próximos días”, explica la compañía en el comunicado remitido al regulador bursátil.

El caso se remonta a 2009, cuando el Gobierno argentino prohibió sacar gas del país. Por entonces, Metrogas tenía una capacidad contratada para enviar una parte a Chile. Ante ese impedimento gubernamental, la sociedad decidió romper el contrato y dejó de pagarlo. Sin embargo, en Argentina le reclamaban su desembolso aunque no pudiesen sacar el gas del país.

De esta forma, el grupo que preside Francisco Reynés ha pedido a la CNMV unos días más antes de la presentación de resultados. El motivo es que esta cuestión se debe incluir en las primeras cuentas que se presenten tras tener conocimiento de la sentencia. Es decir, en las del primer semestre, por lo que están obligados a reformularlas. A una hora del cierre del mercado, la cotización de la compañía cae más de un 3%.

La sentencia es recurrible y Naturgy no estará obligada a realizar todavía ningún pago. Eso sí, tendrá que hacer una provisión ante la posible sanción, aunque el caso judicial todavía tendrá recorrido. “Metrogas ejercerá todas las acciones que le corresponden en la defensa de sus intereses, apelando el fallo judicial toda vez que dicha sentencia no tiene el carácter de definitivo”, agrega la firma en la nota. Todavía se desconoce el importe de la provisión, aunque la compañía lo tendrá que cifrar el próximo jueves.

Meses convulsos

La empresa que dirige Reynés se jugaba mucho con estos resultados del primer semestre. El beneficio de la compañía cayó un 9,4% en el primer trimestre, lo que provocó una pérdida de casi el 7% en Bolsa en esa jornada. Ahora, en los primeros seis meses del año, se esperaba que la energética pudiera mejorar esos números y cumplir con las previsiones.

Además de ese traspié, Naturgy ha vivido otros momentos convulsos en lo que va de ejercicio. Por ejemplo cuando anunció la división de sus negocios en dos compañías cotizadas: una que se quedará con los activos regulados de infraestructuras de transporte y distribución de gas y electricidad, y otra que mantendrá los negocios liberalizados de generación y comercialización de energía. Ese movimiento le hizo sufrir entonces un duro varapalo en el mercado con una pérdida de casi el 12% en Bolsa. El calendario sobre esa segregación sigue abierto y el calendario dependerá de “la evolución del mercado, la visibilidad regulatoria, las incertidumbres y los permisos administrativos”.

America

Argentina Juzga Por Primera Vez Torturas En Un Centro Eclesiástico Durante La Dictadura

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Captura de pantalla del juicio por la causa Guerrieri IV, transmitido en directo.
Captura de pantalla del juicio por la causa Guerrieri IV, transmitido en directo.Zoom

El 18 de abril de 1978, el exsacerdote argentino Santiago Mac Guire pasó a buscar a su hijo Lucas, de cinco años, por el jardín de infantes y lo subió a la bicicleta. Cuando estaban a pocas cuadras de casa, en la ciudad de Rosario, un automóvil les cortó el paso y los tiró al suelo. Salieron de él cuatro o cinco militares de civil que se lanzaron sobre Mac Guire, lo encapucharon y se lo llevaron tumbado en el suelo del coche, mientras dejaban al niño abandonado en mitad de la calle.

Lucas tiene hoy 49 años y se prepara para declarar como testigo en el juicio por crímenes de lesa humanidad que comenzó el pasado lunes en Rosario. El caso de su padre es uno de los 116 englobados en la causa Guerrieri IV -por Pascual Guerrieri, ex responsable de inteligencia del Ejército- por el que están acusados 17 exmilitares y policías. Sin embargo, se trata de un caso singular por la acusación inédita que lo acompaña: la querella sostiene que Mac Guire fue secuestrado y torturado junto a otros dos detenidos en la casa salesiana Ceferino Namuncurá, a las afueras de Rosario. De confirmarse, sería la primera vez que se prueba que una dependencia eclesiástica funcionó como centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina (1976-1983).

“Escuchaba ruidos de aviones, así que sabía que estaba más o menos cerca del aeropuerto, que queda en la zona de Funes. Cuando lo mandan a buscar para legalizarlo [pasarlo de un centro de detención clandestino a uno legal] lo llevan dos soldados y cuando él les pregunta que dónde estaban le dicen que vienen del Ceferino Namuncurá. Ahí entiende que es el retiro espiritual de los salesianos donde había ido muchas veces y establece la relación”, cuenta Lucas por teléfono.

Mac Guire no puede prestar testimonio porque falleció en 2001, pero había declarado en 1984 ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), el organismo creado por Ricardo Alfonsin tras el regreso de Argentina a la democracia con el objetivo de investigar los crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. Su hijo se basa en ese testimonio para responder, que forma parte también del expediente judicial.

Lucas era muy pequeño para acordarse con precisión del día en el que golpearon y secuestraron a su padre frente a él, pero conserva la sensación de frío y de vacío de los primeros minutos, cuando todo el mundo se había escondido en sus casas por miedo. “Primero apareció el kioskero y después una mujer con una nenita que iba a mi escuela. Se acercó a mí, que lloraba descontrolado, y me llevó a mi casa”, reconstruye.

Como las demás familias de desaparecidos durante la dictadura, la esposa de Mac Guire, María Magdalena Carey, comenzó a buscarlo por todos lados. Una de las puertas que golpeó fue la del Obispado de Rosario. Se presentó a pedir ayuda junto a sus cuatro hijos y no se fue hasta que la recibieron. Aunque Mac Guire, quien fue un destacado sacerdote tercermundista hasta que colgó los hábitos en 1972, su familia cree que sus lazos con la Iglesia fueron esenciales para salvarle la vida.

“A los 15 días aproximadamente llaman a mi madre desde el Obispado para decirle que vaya al Batallón 121 porque mi padre ha aparecido ahí. Cuando llega se encuentra a una persona irreconocible por la cantidad de lesiones y golpes y su delgadez”, cuenta Lucas. En su testimonio ante la Conadep, Mac Guire relató que cuando fue trasladado a ese batallón lo recibió [Eugenio] Zitelli, el capellán de la policía rosarina, “tomando café y fumando un cigarrillo con [el comandante de Gendarmería Adolfo] Kusidonchi”.

Kusidonchi fue condenado en 2018 a 22 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, pero Zitelli murió antes de ser juzgado. “Zitelli estuvo procesado por hechos de privación, de aplicación de tormentos y por integrar la asociación ilícita del aparato represor estatal en Rosario, pero no fue condenado porque falleció pocos días antes del inicio del juicio en el que estaba procesado”, afirma la abogada querellante Gabriela Durruty. “El caso de Mac Guire vuelve a poner en agenda el tema de la corresponsabilidad de la Iglesia con la dictadura”, continúa Durruty.

Según la querella, Mac Guire estuvo detenido en la casa salesiana Ceferino Namuncurá junto a Roberto Pistacchia -secuestrado el mismo día que él y también sobreviviente- y Eduardo Garat, que permanece desaparecido. El terreno donde se encontraba fue vendido en 1979 a la Fuerza Aérea, una operación que recuerda a la que se realizó ese mismo año en el delta del Tigre en la conocida como quinta El Silencio. Esa propiedad de la iglesia fue vendida a los militares y albergó poco después a algunos detenidos de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) para burlar la inspección que iban a realizar los delegados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos durante su visita a Argentina.

Lucas lamenta que el juicio haya tardado tanto en llegar y que sólo haya una audiencia semanal en el Tribunal Oral Federal 1, lo que alargará aún más el proceso. “Por un lado es una sensación liberadora [el inicio del juicio], pero por otro lado hay bastantes matices, porque muchos acusados murieron, o por enfermedad o vejez no estuvieron en la sala”, critica.

Amigos y activistas de derechos humanos acompañaron el lunes a los familiares a las puertas del tribunal. Todos esperan condenas ejemplares, pero recuerdan que, además, cada nuevo juicio supone una nueva oportunidad para recordar los crímenes perpetrados y que no vuelvan a repetirse. Desde que Argentina reanudó los juicios por delitos de lesa humanidad en 2006, más de mil personas han sido condenadas.

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Alberto Fernández

El 70 Aniversario De La Muerte De Eva Perón No Alcanza Para Unir Al Peronismo

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El panteón que guarda los restos de Eva Perón en el cementerio de la Recoleta no lleva su nombre. Tallado en el mármol negro que lo recubre se lee simplemente “Familia Duarte”, su apellido de soltera. Habrá que prestar atención a las placas de bronce para saber que allí está su cuerpo. La tumba de la mujer más venerada y odiada de Argentina (aunque el paso del tiempo fortaleció la devoción y debilitó el repudio ciego) está sobre un pasillo de solo un metro de ancho, oculto a los curiosos. Hoy es más una atracción turística que un centro de peregrinaje de fieles. Este martes, sin embargo, las coronas de flores se amontonaban sobre la reja con candado y la gente se arremolinaba a su alrededor. Se celebraba el 70 aniversario de su muerte, víctima de un cáncer cuando solo tenía 33 años. Pero la memoria de Eva poco puede hacer para conjurar las divisiones del peronismo gobernante, fracturado en disputas internas que tiene al país al borde del abismo. Evita une, pero no lo suficiente.

“Se siente, se siete, Evita está presente”. La gente cantaba, se sacaba fotos con los dedos en V -gesto que identifica al peronismo-, y se sumía luego en el silencio. La presencia de Eva Perón en el cementerio de la Recoleta es uno de los hechos más paradójicos de la historia argentina. Eva Perón, la “abanderada de los humildes”, hija ilegítima de un político conservador, descansa entre estancieros, héroes de la independencia, escritores famosos, banqueros y militares golpistas profundamente antiperonistas.

Militantes, sindicalistas y ciudadanos caminan en procesión rumbo a la tumba de Eva Perón, este martes, en Buenos Aires (Argentina).
Militantes, sindicalistas y ciudadanos caminan en procesión rumbo a la tumba de Eva Perón, este martes, en Buenos Aires (Argentina).MATIAS CAMPAYA (EFE)

El más célebre de ellos se llama Pedro Aramburu. En noviembre de 1955, tras el golpe a Juan Domingo Perón, Aramburu se proclamó presidente y ordenó robar de la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT) el cuerpo embalsamado de Eva Perón. La intención era anular cualquier posibilidad de devoción y ocultar el cadáver a los ojos de los peronistas. El cuerpo de Eva terminó enterrado con nombre falso en Milán, Italia. En 1970, la guerrilla peronista Montoneros secuestró y asesinó a Aramburu. Su tumba de mármol está hoy a menos de 50 metros de la de Eva Perón. “Fue el destino”, dice Adriana Komisuk, presidenta del Partido Justicialista en Recoleta, la comuna donde está el cementerio. “Eva podría decir ‘miren, ustedes no me quieren, pero descansar descansamos juntos”, reflexiona delante del panteón.

En las paredes de Buenos Aires ya no se lee “Viva el cáncer”, la frase que pintaba el antiperonismo cuando la enfermedad devoraba a la esposa de Perón. Era tanto el odio que las clases acomodadas le tenían. No le perdonaban que hubiese sido actriz en sus primeros años, o que osase pararse en pie de igualdad ante los hombres. Tampoco que vistiese de alta costura, cuando su destino era la ropa barata de tienda. Si acariciaba a un niño, era pura demagogia, falsa sensibilidad en una sociedad que estaba muy bien como estaba. Eva Perón sobrevivió a ese escarnio y cambió la historia de Argentina para siempre.

“Eva es parte de la cultura política argentina, lo cual no quiere decir que siga despertando pasiones encontradas”, aclara Federico Lorenz, historiador del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). “Hay un nivel superficial de desencuentros, que quedó evidenciado cuando en los años noventa se filmó el musical Evita de Alan Parker, con Madonna”, dice. Aún hoy, muchos peronistas no perdonan al presidente Carlos Menem que haya prestado a Madonna el mítico balcón de la Casa Rosada desde el cual Perón y Eva hablaban a la multitud. “Más profundamente tenemos lo que significó Evita durante el primer Gobierno de Perón, o durante los setenta. Hoy sigue siendo convocante desde el punto de vista del peronismo porque hay una lucha irresuelta”, dice. Esta lucha tiene que ver con los derechos sociales, el feminismo y lo que el partido de Perón entiende por soberanía económica. Tan irresuelto está ese debate dentro del partido que este martes los homenajes se multiplicaron sin unidad.

En el cementerio se congregaron pequeñas agrupaciones, que pasaron por turnos frente al panteón. Pero también hubo una marcha de la Juventud Peronista y otro acto protocolar en la CGT. El Partido Justicialista, como se llama formalmente, convocó a un cuarto evento en su sede de Buenos Aires, donde se esperaba la presencia del presidente, Alberto Fernández. “Eva Perón, una pasión argentina”, escribió la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en su cuenta en Twitter. Y acompañó el texto con una imagen del ministerio de Salud, a metros del Obelisco, donde los rostros troquelados en acero de Eva Perón ocupan nueve pisos de las caras norte y sur del edificio. Hacia el norte, mirando a la Recoleta, el barrio de los ricos, una Eva eufórica da uno de sus tradicionales discursos de denuncia social. Hacia el sur, desde donde partieron los obreros pobres que el 17 de octubre de 1945 llenaron la Plaza de Mayo para pedir por la libertad de Perón, se ve a la “Eva de los humildes”, sonriente y con una enorme flor en el pecho.

Una joven coloca una vela junto a coronas y ramos de flores en la tumba de Eva Perón por su 70 aniversario luctuoso.
Una joven coloca una vela junto a coronas y ramos de flores en la tumba de Eva Perón por su 70 aniversario luctuoso. MATIAS CAMPAYA (EFE)

Esas dos Eva, la que está “combatiendo al capital” – como dice la marcha peronista- y la que sonríe al pueblo está en la esencia de las disputas que desangran actualmente al partido. Kirchner, y el kirchnerismo, se han apropiado de la Eva combatiente, un icono que choca contra las urgencias de un país endeudado, con inflación récord y cuatro de cada diez habitantes sumidos en la pobreza. El peronismo tradicional, el de los sindicatos y gobernadores, y también el del presidente Fernández, debe hacer como nunca antes equilibrio entre esos dos mundos. Está luego la Eva de la gente, “esa figura convocante para el movimiento de mujeres, y la eminentemente popular, como símbolo de los postergados”, dice Lorenz. “Hay además una Evita estatal”, agrega, “la de los homenajes, otra que arraiga en las tradiciones orales familiares, otra que se reproduce en remeras [sudaderas] y también en los mensajes de odio que circulan por WhatsApp. Eso evidencia que es una figura viva, en tanto es resignificada constantemente”.

Se puede agregar también a la Eva que habilitó el voto femenino, o la que pasaba horas y horas recibiendo la visita de mujeres y niños pobres. Está la Eva “descamisada”, símbolo de los trabajadores, y la “Evita Montonera” que en los setenta fue alimento de la lucha armada de las guerrillas peronistas. Y, claro, la que murió el 26 de julio de 1952, con 37 kilos y sostenida por un arnés para su última presentación pública junto a Perón. “Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación. Los restos de la señora Eva Perón serán conducidos mañana, en horas de la mañana, al Ministerio de Trabajo y Previsión, donde se instalará la capilla ardiente”, fue el mensaje oficial. Cientos de miles de personas -algunos historiadores hablan de hasta dos millones- desfilaron durante dos largas semanas delante del cuerpo embalsamado de Eva. Ya había nacido el mito.

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