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Pavlo Kazarin, Intelectual Y Militar De Ucrania: “Habremos Ganado La Guerra Si Mantenemos La Independencia”

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Lo primero que destaca Pavlo Kazarin de su currículum es que es “experto en el alma rusa”. Lo dice con ironía este licenciado en filología y en literatura rusas de 42 años, nacido en Simferópol, Crimea. Kazarin es uno de los intelectuales de referencia de Ucrania y también es sargento en sus Fuerzas Armadas, desde febrero de 2022, cuando Rusia inició la invasión a gran escala de su país.

Kazarin se alistó voluntario en los primeros días. Por lo menos medio millón de hombres se sumaron al ejército voluntarios entonces. Ahora son pocos los que por su propio pie se presentan a filas; la gran mayoría son reclutados por obligación legal. Más de dos millones de hombres se esconden para evitar ser movilizados, según cifras del Ministerio de Defensa ucranio. Más de 200.000 han desertado, según el ministerio, lo que equivale a más del 20% de las tropas de su ejército. Estadísticas del Estado Mayor a las que ha tenido acceso EL PAÍS indican que este porcentaje llega a ser el doble en nuevos reclutas.

“He estudiado otras guerras y Ucrania en esto no es una excepción, ha sucedido lo mismo antes”, explicó Kazarin en una entrevista con este diario el 7 de mayo: “La principal diferencia ahora son las redes sociales. Antes todo el mundo compartía los mismos medios. Ahora no, ahora puedes vivir aislado en tu propia comunidad, con tus propias voces”.

La cita con Kazarin fue en Kramatorsk, ciudad en la provincia de Donetsk a 17 kilómetros de las posiciones rusas. La ubicación del encuentro tuvo que cambiarse en varias ocasiones por la constante amenaza de los drones enemigos. “Es normal, todo en orden”, decía el entrevistado cada vez que sonaban algunas explosiones demasiado próximas.

Kazarin publicó en diciembre de 2021 El salvaje oeste del este de Europa, un ensayo que ha sido un éxito en Ucrania. El libro reflexiona sobre la identidad ucrania y la ruptura con el pasado ruso a partir de 2014, tras la anexión ilegal de la península de Crimea, de donde él es originario, y la guerra en Donbás (regiones orientales de Donetsk y Lugansk). La obra ha sido traducida al inglés y al alemán porque es una guía precisa de lo que ha sucedido a partir de 2022.

Rusia repitió en 2022 el mismo error que en 2014, confirma hoy Kazarin. El Kremlin no vio hace 12 años el fortalecimiento de la identidad ucrania y la reacción de buena parte de la sociedad civil para defender la integridad del país. En 2022 sucedió lo mismo. “Es porque creen que Ucrania no es diferente de Rusia, interpretan que son lo mismo”, apunta Kazarin. Y añade que probablemente “Rusia interpretó mal los resultados de las elecciones de 2019”. Volodímir Zelenski ganó los comicios presidenciales y legislativas de aquel año con una mayoría nunca vista en la Ucrania independiente. Una de las promesas del nuevo presidente era que firmaría la paz con Vladímir Putin. “Los rusos quizá pensaron que los ucranios querían la paz a cualquier precio. Cuando Zelenski empezó ya en 2020 y en 2021 a no actuar como un presidente de capitulación, quizá en el Kremlin pensaron que sus votantes se sentían traicionados y abrazarían a sus tropas”.

Los rusos se equivocaron porque son esclavos “de sus fantasmas imperialistas”, dice este intelectual. En su libro detalla por qué considera que Rusia es irreformable y por qué cree que Putin no es la causa sino la consecuencia de un sistema enfermo: “Rusia es rehén de su propio pasado. El siglo XX es el periodo en el que los imperios europeos se derrumban. Pero eran colonias en otros continentes, y las colonias de Rusia están en el mismo continente, hacen frontera con ella. El imperio ruso es el único imperio que no pasó este proceso del siglo XX. Perdieron algunas colonias, sí, pero mantienen ese dolor de las colonias perdidas”.

Una de las tesis de El Salvaje Oeste del Este de Europa es que un problema de Rusia es que “nunca ha existido como un Estado nación, solo ha existido como imperio”. La creación de una nación como la manera del pueblo de ganar la soberanía que ostentaban los monarcas absolutos es algo que sucedió en la mayoría de Europa en el siglo XIX. Pero en Rusia nunca se reprodujo, argumenta el escritor.

Una idea recurrente entre académicos y militares ucranios es que solo habrá paz cuando el imperio, la Federación Rusa, se rompa. Kazarin considera que no es tarea de los ucranios intervenir en lo que debe ser Rusia: “Nuestro único objetivo tiene que ser detener la invasión y hacer imposible para ellos capturar más territorios. También tenemos que protegernos de una nueva invasión. Si los rusos entienden que las consecuencias de atacar a Ucrania son demasiado elevadas, el futuro será lo suficientemente óptimo para nosotros”.

Un ejemplo de la velocidad en la que sucede la historia, afirma Kazarin, son los efectos de la doctrina que ha aplicado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para romper con la alianza transatlántica y debilitar a la Unión Europea: “Hace dos años habría pensado que la mejor manera de disuadir a Rusia es formar parte de la OTAN, pero hoy no tengo claro que la OTAN esté en posición de defender a nadie”.

Kazarin disiente de las voces en Ucrania, cada vez más minoritarias, que entienden que la victoria solo llegará cuando se liberen los territorios ocupados: “Por desgracia, no podemos insistir en que recuperar estas regiones sea la principal razón de nuestra victoria. Porque somos David en esta lucha, no somos Goliath. Por desgracia, no lo veo posible, tenemos menos recursos”.

Moscú tiene dos maneras de recuperar la colonia perdida, según este pensador, que también ha ejercido durante años como periodista: “Rusia quiere hacer de Ucrania o una segunda Bielorrusia o conquistarnos militarmente. Lo que determina nuestra victoria es detener al ejército ruso y mantener nuestra independencia y nuestra soberanía. Si liberamos algunos territorios, sería una gran cosa, pero no es lo más determinante”. “Habremos ganado esta guerra si mantenemos la independencia y la soberanía”, subraya Kazarin.

En términos similares se expresó en febrero de 2025 Denis Shmihal, por entonces primer ministro y hoy ministro de Energía de Ucrania. Shmihal añadió, en una conferencia por el tercer aniversario de la invasión, que otro éxito era que el país estaba más unido que nunca en su joven historia.

Kazarin así lo cree también. La identidad nacional, escribe en su libro, no depende tanto de fronteras como de ideas compartidas. En parte, el mensaje también va dedicado a los más de 8 millones de ucranios que han huido al extranjero durante la guerra. Esto equivale a un 27% de la población actual en la Ucrania libre, una de las mayores diásporas del mundo. Que estas personas mantengan el vínculo con su patria es fundamental para el futuro de Ucrania, y Kazarin opina que esto depende de la política de Estado y de cómo termine la guerra: “Si el escenario final es percibido como una victoria, todo el mundo querrá mantener la identidad nacional. Si el final es percibido como una derrota, la identidad nacional no será tan atractiva, y la mayor parte de la diáspora decidirá asimilarse a sus países de acogida y olvidar su identidad ucrania.”

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