El salón donde se firmó la adhesión de España a la UE, escenario de la alocución navideña
Discurso de Navidad 2025 del rey Felipe. Foto: Casa de S.M. el Rey
Un Rey en pie, por vez primera, no cómodamente sentado como en anteriores años, ha pronunciado este 24 de diciembre su mensaje de Navidad. Vestido con traje azul marino, camisa blanca y corbata color terracota con estampado geométrico, dispuesto a echarse andar en cualquier momento, a “dar pasos con acuerdos y renuncias, pero en la misma dirección”, como él ha instado a que hagan todos los españoles. Ha sido el discurso más breve que ha pronunciado en las 12 Navidades que lleva en el trono (1.126 palabras), frente al más largo (1.806 palabras), el año pasado, que perdió cuota de pantalla. Un discurso de nueve minutos y dos segundos que puede ser visto sin que la cena de Nochebuena se enfríe y rular por las redes sociales.
El escenario, el Salón de Columnas del Palacio Real donde hace 40 años, el 12 de junio de 1985, se firmó la adhesión de España a la UE (entonces todavía CEE). A su izquierda, la bandera europea junto a la española. Al otro lado, un belén y un árbol de Navidad, para dar un toque hogareño al frío Palacio Real. El resto de la decoración, propia de museo: un tapiz del siglo XVII, cuatro bustos romanos, todos anónimos, y un conjunto escultórico del siglo XIX copia de uno anterior que se conserva en el Prado.
El Rey Felipe VI hace balance del año en su discurso de Navidad Foto: Casa de S.M. el Rey
Las imágenes previas al mensaje muestran el Palacio Real de noche, desde la Plaza de Oriente, e introducen al espectador por la escalera de Embajadores hasta el salón de Columnas, como si allí le aguardara el Rey para darle su mensaje navideño. Tras el discurso, mientras suena el himno nacional, se muestran imágenes de la Familia Real -el Rey, la Reina, la princesa de Asturias y la infanta Elena— en distintos actos por toda España a lo largo del año que acaba: en la última etapa del Tour del Talento en Móstoles (Madrid); en Brasoñera (Palencia), primer municipio del país; en Tudela (Navarra) y en Valdesoto, pueblo ejemplar de Asturias en 2025, donde se tomó la imagen utilizada este año por la Casa Real para felicitar las Navidades. Como colofón, la frase “servicio, compromiso y deber”, que se acuñó para el décimo aniversario de la proclamación de Felipe VI y se ha convertido en el lema de su reinado.
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Sobre la firma
Responsable de la información sobre diplomacia y política de defensa, Casa del Rey y Vox en EL PAÍS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) en 1982. Trabajó también en El Noticiero Universal, La Vanguardia y El Periódico de Cataluña. Experto en aprender.
En su primer discurso tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, el pasado día 3, el Rey ha pasado de puntillas sobre una crisis que ha removido los cimientos del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial y ha abierto una era de incertidumbre. Solo de pasada ha aludido al “compromiso [de España] con la seguridad internacional, con el multilateralismo y, en definitiva, con el orden global basado en reglas” en su tradicional mensaje a las Fuerzas Armadas con motivo de la Pascua Militar.
Había una gran expectación por conocer lo que pudiera decir el Rey sobre un tema que divide a las fuerzas políticas españolas entre quienes condenan la vulneración de la legislación internacional por parte del presidente Trump y los que aplauden la caída de Nicolás Maduro sin reparar en medios, pero al final se ha impuesto la cautela. Fuentes conocedoras de la Casa del Rey destacan la dificultad de pronunciarse sobre unos acontecimientos que están aún en curso y cuyo desenlace resulta incierto; y recuerdan que Felipe VI ha tenido siempre gran interés en preservar sus especiales relaciones con Estados Unidos, que podrían resultar útiles en momentos de creciente distanciamiento entre los dos gobiernos. En todo caso, el jefe del Estado no podrá eludir este espinoso asunto en dos citas próximas: la conferencia de embajadores, esta misma semana; y la tradicional recepción al cuerpo diplomático acreditado en España, a final de mes.
Más explícita, aunque sin citar tampoco a Venezuela, ha sido la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien ha expresado el deseo de que España “siga siendo un referente en la defensa de los valores reconocidos en nuestra Constitución, en la declaración de derechos humanos y en el pleno respeto al ordenamiento jurídico internacional, fuera de cuyo marco no hay actuación legítima posible”, en alusión a la captura del presidente Maduro y su esposa por parte de fuerzas militares de Estados Unidos.
Por vez primera, Pedro Sánchez ha faltado a la principal cita castrense del año, pues se ha desplazado a París para participar en la cumbre de la llamada coalición de voluntarios en apoyo a Ucrania, que reúne a mandatarios de 35 países. En ausencia del presidente, los máximos representantes del Gobierno han sido Robles y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que han acompañado a los Reyes y a la princesa de Asturias, quien participaba por tercera vez en esta ceremonia.
Ataviado con el uniforme azul del Ejército del Aire y del Espacio, al igual que su hija, Felipe VI ha recordado que Leonor de Borbón continúa “con su exigente formación militar” como alférez alumna de la Academia de San Javier (Murcia), donde aprende también a pilotar aviones. Dirigiéndose directamente a la Princesa, le ha dicho que su paso por los centros docentes de los tres ejércitos, que culminará este verano, le “está ayudando a comprender y asumir en toda su plenitud el compromiso y el sentido del deber que son la brújula moral de la vida militar”. Como su padre y él mismo, compartir estos años de formación junto a los futuros oficiales, ha subrayado el Rey, servirá a la heredera de la Corona para conocerlos y sentirse integrada en la vida castrense el día que le corresponda sucederle en la Jefatura del Estado como Mando Supremo de las Fuerzas Armadas.
Ante la cúpula militar y las comisiones de los tres ejércitos y la Guardia Civil, reunidas en el Salón del Trono del Palacio Real, el Rey ha subrayado “la sensación creciente de amenaza” que se deriva de la multiplicación de conflictos bélicos y catástrofes humanitarias que han llegado hasta “el corazón de Europa”, lo que “vuelve a evidenciar cuán necesario es tener unas fuerzas armadas con un alto grado de formación y adiestramiento”, bien equipadas y pertrechadas y con recursos humanos y materiales “a la altura de las circunstancias”, ha añadido.
Tras recordar que tanto la UE como la OTAN han decidido aumentar su inversión en defensa, ha asegurado que España ―pese a su negativa a destinar el 5% del PIB al gasto militar― ha demostrado “su compromiso firme e inequívoco con la seguridad internacional”. Como prueba de ello, ha citado el despliegue de tropas españolas en el flanco este de Europa; en particular, Letonia, Eslovaquia y Rumania. Tampoco ha olvidado el apoyo de los militares en tareas de protección civil, tanto ayudando a paliar los efectos de la dana de Valencia como combatiendo los incendios forestales que el pasado año devastaron 40.000 hectáreas. “Todos estos hechos dan testimonio de un compromiso firme e inequívoco con la sociedad, con los intereses comunes de los españoles, con los objetivos marcados por los poderes del Estado y las organizaciones internacionales de las que España forma parte”, ha insistido.
Robles también ha presentado a España como “un país respetado dentro y fuera de nuestras fronteras y con un liderazgo comprometido con el mantenimiento de la paz, la seguridad y el respeto al derecho internacional”. Frente a las críticas de quienes, como el propio Trump, le reprochan que no aumente más el gasto militar, ha subrayado que desde 2018 se ha pasado del 0,9% del PIB en defensa al 2% y que el año pasado se cumplió el compromiso adquirido en la cumbre de la OTAN de 2014: “No damos lecciones a nadie, pero tampoco las aceptamos en este compromiso que España tiene” con la seguridad internacional, ha dicho, tras recordar que más de 175 militares españoles han muerto en misiones internacionales en las últimas cuatro décadas.
Coincidiendo con la participación de Sánchez en la conferencia de París ha remachado: “Vamos a seguir apoyando a Ucrania, víctima desde hace cuatro años de una cruel invasión por parte de Putin, violando todas las normas del derecho internacional. España seguirá apoyando una paz justa y duradera, cuyos términos solo pueden ser decididos por el pueblo ucraniano”. ”De la misma manera, pedimos una paz firme en Gaza”, ha añadido, antes de enumerar las operaciones humanitarias realizadas por el Ejército español en la zona, del lanzamiento de ayuda a las evacuaciones aeromédicas.
La ministra se ha comprometido a seguir avanzando este año “en la mejora de las condiciones laborales, medidas de conciliación y apoyo a la movilidad geográfica” de los militares y ha enumerado los grandes proyectos en curso en materia de armamento e infraestructura, pero ha dejado un mensaje a la industria al advertir que espera un “impulso necesario y decidido” para que se entregue un “número significativo” de los nuevos blindados 8×8 Dragon, cuya entrada en servicio lleva notable retraso.
Como el Rey, Robles también se ha dirigido a la Princesa de Asturias, a quien se ha referido como representante de una nueva generación de hombres y mujeres que se están incorporando a las Fuerzas Armadas. No solo ha evocado a Idoia Rodríguez, la primera militar española muerta en zona de operaciones con solo 21 años, sino también a las mujeres afganas, a las mujeres y niñas de Gaza y a las 46 víctimas de la violencia machista el año pasado en España. “Sin mujeres no habrá paz ni convivencia en el mundo. Las mujeres tenemos la obligación de trabajar por las grandes transformaciones que permitan sociedades democráticas, justas e igualitarias”, le ha dicho. Un consejo de mujer a mujer, más que de ministra de Defensa a alférez.
El Rey ha aprovechado su mensaje de Navidad, el más importante del año, que reciben millones de españoles cuando se disponen a celebrar la Nochebuena en sus hogares, para alertar de la “inquietante crisis de confianza” en las instituciones que atraviesan las sociedades democráticas, incluida la española. Y recordar las “consecuencias funestas” que tuvo en el pasado el avance de “los extremismos, los radicalismos y los populismos”, que se alimentan del desencanto, la desinformación, las desigualdades y la incertidumbre. “La tensión en el debate político provoca hastío, desencanto y desafección”, ha advertido.
Frente a estas amenazas, Felipe VI ha hecho un llamamiento al diálogo, el respeto en el lenguaje y la escucha de las opiniones ajenas, “la ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos” –en referencia velada a la corrupción- y la empatía con los más vulnerables. La convivencia, ha subrayado, “no es un legado imperecedero”, sino “una construcción frágil”, que se debe preservar. “El miedo solo construye barreras y genera ruido [que] impiden comprender la realidad en toda su amplitud”, ha dicho.
El Rey Felipe VI hace balance del año en su discurso de Navidad Foto: Casa de S.M. el Rey
Por vez primera, Felipe VI ha pronunciado su discurso de pie, para acentuar la imagen de dinamismo. También ha sido el más corto de los 12 mensajes navideños que ha dirigido a los españoles desde su proclamación, en junio de 2014. Al contrario que en otras ocasiones, en que ha pasado revista a los principales problemas que aquejan a la sociedad, esta vez ha preferido centrarse en un mensaje casi único —la necesidad de “preservar la confianza en nuestra convivencia democrática”— para ganar eficacia comunicativa. El escenario elegido, por tercera vez, ha sido el Palacio Real, más solemne que La Zarzuela, en el que reside la Familia Real. Y dentro de este, el Salón de Columnas, donde hace 40 años, el 12 de junio de 1985, se firmó la adhesión de España a las Comunidades Europeas, la actual UE.
Sus primeras palabras han sido precisamente para recordar esa efeméride, un paso “ilusionante y movilizador” que permitió a la sociedad española cerrar una prolongada etapa de distanciamiento de Europa y sumarse a un proyecto común que, “no solo trajo modernización y progreso económico y social”, sino que afianzó las libertades democráticas. También ha destacado el 50 aniversario del inicio de “nuestra Transición democrática”, como se ha referido a lo sucedido en noviembre de 1975, cuando a la muerte del dictador siguió la restauración de la Monarquía. Sin mencionar a su padre, Juan Carlos I ―quien acaba de publicar Reconciliación, un libro de memorias en el que reivindica su papel en la Transición― ha subrayado que esta fue, “ante todo, un ejercicio colectivo de responsabilidad”. El coraje de quienes dirigieron aquel proceso, superando dudas y diferencias, permitió que “el pueblo español en su conjunto fuera el verdadero protagonista de su futuro y asumiera plenamente su poder soberano”, ha dicho.
Los logros conseguidos entonces –entre otros, una Constitución “lo bastante amplia como para que cupiéramos todos”— le han servido de preámbulo para referirse a los tiempos actuales, “ciertamente exigentes”. El Rey ha pintado un panorama sombrío, en el que la inflación limita las posibilidades de progreso de muchos ciudadanos, el coste de la vivienda es un obstáculo para que los jóvenes puedan hacer proyectos, la revolución tecnológica genera incertidumbre laboral y los fenómenos climáticos tienen consecuencias en ocasiones trágicas, como en la dana de Valencia.
Estos problemas, ha asegurado, “no se resuelven ni con retórica ni con voluntarismo”, sino que requieren “voluntad, perseverancia y visión de país”. España ha demostrado que tiene capacidad para responder a desafíos como crisis económicas, emergencias sanitarias y pandemias, ha proseguido, pero para ello es necesario compartir objetivos “y la raíz de todo proyecto compartido es la convivencia”.
En este punto, ha abordado el núcleo de su discurso: la necesidad de preservar la convivencia, porque esta “no es un legado imperecedero”, sino una “construcción frágil”, que precisa del cuidado de todos. Su mayor amenaza, según Felipe VI, está en “una inquietante crisis de confianza” que “afecta seriamente al ánimo de los ciudadanos y a la credibilidad de las instituciones. Los extremismos, los radicalismos y populismos se nutren de esa falta de confianza, de la desinformación, de las desigualdades, del desencanto con el presente y de las dudas sobre cómo afrontar el futuro”, ha subrayado. Tras recordar que estos fenómenos tuvieron “consecuencias funestas en el pasado”, en alusión al fascismo y el estalinismo, ha llamado a “preservar la confianza en la convivencia democrática”.
Tras asegurar que no se trata de señalar a nadie ni de “buscar responsabilidades ajenas”, se ha preguntado cuáles son las líneas rojas no se deben cruzar nunca para, a continuación, enumerar algunas normas imprescindibles de conducta que han sido casi erradicadas del debate político en España y que algunos partidos presumen incluso de despreciar, como el “respeto en el lenguaje” o la “escucha de las opiniones ajenas”. También ha mencionado la “especial ejemplaridad en el desempeño del conjunto de los poderes públicos”, “la empatía” y “la necesidad de situar la dignidad del ser humano, sobre todo de los más vulnerables, en el centro de todo discurso y toda política”. Aunque el Rey nunca se refiere a ejemplos concretos, sus palabras se producen en el contexto de la cadena de casos de corrupción que minan al Gobierno y también en plena polémica por la deshumanización de los inmigrantes que alimentan Vox yel PP con medidas como el desalojo de un instituto de Badalona que ha dejado a la intemperie a más de 400 personas.
Frente a la creciente polarización política, el jefe del Estado ha recordado que, “en democracia, las ideas propias no pueden ser dogmas; ni las ajenas, amenazas”. Y que “avanzar consiste en dar pasos, no correr a costa de la caída del otro”.
Para terminar, ha querido lanzar una señal de optimismo, subrayando que cada momento histórico “tiene sus propios desafíos” y que los actuales no son más difíciles que los que superaron con éxito quienes vivieron la transición, hace 50 años. “Podremos lograr nuestros objetivos, con aciertos y errores, si los emprendemos juntos; participando todos, orgullosos, de ese gran proyecto de vida en común que es España”, ha concluido. Como cada año, se ha despedido, en su nombre y en el de la Reina, la princesa Leonor y la infanta Sofía, deseando feliz Navidad en castellano, euskera, catalán y gallego.