Los días azarosos han concluido, aquello que cantaba Florence Welch. También puede decirse en traducción castellana: “Los días de perro han terminado”, sin florituras ni buen gusto idiomático que convierta en lírico lo prosaico. Sin consideraciones, a pelo y a saco, los mismos miramientos que Jan Martens (42 años, Beveren, Bélgica) no tiene con sus bailarines, a los que somete despiadadamente a un ritual de calistenia repetitiva tan monótona y sin consecuencias artísticas reales como absurda en su clasificación coréutica al tratar de sostenerla como coreografía pura, pero, a la vez, extrañamente efectiva desde su parte hipnótica, envolvente, de péndulo en atracción permanente, bucle en distorsión y paradigma de la génesis rítmica de la secuencia bailada. Por esto triunfó hace una década, y así nos la refresca, aunque el público, los sentimientos perceptivos y la crítica o análisis de hoy no sean, en naturaleza y estado, los mismos de antaño.
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‘The Dog Days Are Over 2.0’
Coreografía: Jan Martens [GRIP].
Dramaturgia: Renée Copraij.
Vestuario: Sofie Durnez.
Luces: Jan Fedinger.
Centro Conde Duque, Madrid. 2 de octubre.