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Vigorexia, El Trastorno De Salud Mental Asociado Al Ejercicio Excesivo Que Hace Sufrir A Los Adolescentes

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La vigorexia o dismorfia muscular es un trastorno de salud mental que se caracteriza por la compulsión de ganar masa muscular y que afecta sobre todo a los varones entre 15 y 35 años. Esta enfermedad comparte similitudes con los trastornos de conducta alimentaria, como la obsesión por la imagen corporal, pero en este caso tiene que ver con el empeño “por tener un tamaño del cuerpo más grande, fuerte y musculado”, explica Santos Solano, doctor en Psicología Clínica y de la Salud, especialista en trastorno de la conducta alimentaria y obesidad en el centro ITEM de Madrid. Además, suele estar asociado a la práctica de ejercicio, sobre todo de fuerza, que acaba siendo adictivo. “Se estima que entre los varones que practican actividades para desarrollar la musculación afecta a un 10% de ellos y que, en la actualidad, lo padecen 20.000 personas en España”, añade el experto.

La vigorexia no es estrictamente un trastorno de conducta alimentaria (TCA), pero comparte muchas similitudes con enfermedades como la anorexia. “De hecho, originalmente, se llamaba anorexia inversa, porque aparece la obsesión por la figura, también hay una distorsión de la imagen corporal como en los TCA y suele afectar mucho a la interacción social, porque se prioriza ir al gimnasio o mantener una dieta estricta, y el hecho de salir con otras personas puede interferir en esa rutina rígida. Así que acaba por influir a nivel físico, psicológico y social”, sostiene Santos Solano.

Señales que alertan sobre el desarrollo de la vigorexia

Ciertas conductas pueden denotar que el adolescente está entrando en el terreno de un trastorno de salud mental asociado con su imagen corporal, el doctor Solano menciona algunas de ellas:

  1. Mantener programas de entrenamientos muy rígidos, intensos y orientados al aumento del volumen muscular.
  2. Aparece malestar y ansiedad cuando el adolescente no puede llevar a cabo su dinámica habitual de actividad física.
  3. Cambios en el estilo de vida, que implican distanciamiento de muchas actividades cotidianas, como en la dinámica de las relaciones sociales.
  4. Rigidez y obsesión con la dieta para eliminar la grasa y ganar musculatura.
  5. Suele aparecer el consumo de hormonas anabolizantes para fomentar el desarrollo muscular, lo que conlleva un elevado riesgo para la salud, que crea un circuito adictivo.

Prevenir la vigorexia en adolescentes

La educación desde la infancia es fundamental para evitar trastornos de salud mental asociados con el culto al cuerpo. Para ello, conviene trasmitirles el mensaje de que “el ejercicio físico es salud y no tiene como objetivo esculpir un cuerpo perfecto. En este sentido, ayudan las actividades deportivas, grupales o lúdicas, y tener la supervisión de un entrenador profesional que esté capacitado para saber cuándo una persona comienza a desarrollar una obsesión, que sepa ajustar el ejercicio a las necesidades y capacidades del adolescente“, incide Solano. A ello, el doctor suma el hecho de que es fundamental que los jóvenes aprendan a seleccionar y ser críticos con el contenido que consumen en las redes sociales, “que les bombardean sobre qué comer o cómo debe ser su cuerpo”.

Los hombres también experimentan la presión por lograr un determinado aspecto físico que se acerque a los cánones existentes en la sociedad. Se prioriza cada vez más el “parecer y no el ser para conquistar el éxito y la aprobación de los demás”, explica Tristana Suárez, psicóloga y terapeuta Gestalt. “Esto pasa a ser un problema cuando la persona pierde su libertad en cuanto a sus pensamientos y percepciones”, prosigue la experta, “que pasan a ser cada vez más obsesivos, limitados y rígidos. Se traducen en una conducta estereotipada, orientada solo a aumentar el tiempo y eficacia de los entrenamientos, un comportamiento similar a la adicción a las drogas”.

El perfil del adolescente vigoréxico solía caracterizarse por tener experiencias previas de “vergüenza o ridiculización sobre su aspecto físico y el logro de musculatura y fuerza era una forma de compensar y resarcirse de aquellas vivencias”, sostiene la psicóloga. Según informa, en la actualidad, ya no es necesario que alguien externo venga a humillar o burlarse, porque ya casi todos los adolescentes lo hacen por sí mismos al compararse constantemente con las imágenes que consumen y reciben diariamente: “Como casi siempre, la frontera que empieza a indicar peligro tiene que ver con la cantidad y frecuencia. Por ello, conviene animar al adolescente a hacerse preguntas como cuántas veces al día piensa en su forma física; cuánto tiempo diario y semanal dedica a ello o si aparecen sentimientos de culpa cuando no cumple con las exigencias de su entrenamiento físico”.

El adolescente vigoréxico sufre, porque lo que comienza por provocar un “intenso sentimiento de poder y control se redirige hacia una tiranía de la que ya no es fácil escapar”, incide Suárez. La persona se identifica tanto con ese tirano interior que apenas puede percibir el malestar y el daño que se va produciendo en su vida, donde se vive en una constante insatisfacción, imposible de acallar por más esfuerzo que se haga: “El mejor antídoto para entrar en esta dinámica es el amor incondicional de los adultos de su entorno, como sus padres. Se trata de brindárselo por ser tal como son, porque la lógica que subyace en este tipo de trastornos, es que cuando consiga el cuerpo perfecto le querrán o se querrá. Esas son las condiciones; esa es la trampa”.

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Los Peligros Del ‘doctor’ Tiktok: “Me Llegaron Cientos De Mensajes De Gente Muy Jodida Y Yo No Soy Psicólogo”

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Una de las recomendaciones de los psiquiatras para tratar los traumas es compartirlos en círculos conocidos y controlados una vez digeridos con ayuda profesional. “Ese reconocimiento es muy terapéutico”, afirma Ignacio Civeira, psiquiatra infantojuvenil de la unidad de adicciones comportamentales del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Frente a lo que sucede en consulta, y en plena oleada de problemas de salud mental agudizados por la pandemia, Tiktok se ha convertido en una plataforma sin filtro en la que expresar traumas, angustias y ansiedades. En el diván del doctor Tiktok, es un influencer quien comparte su experiencia con miles de seguidores. Ellos eligen las normas que imperan, los temas que se tratan y el tono que emplean. Por una parte, es liberador y ayuda a romper el estigma con la salud mental. Pero hay riesgos: existe el peligro de que algunos seguidores se autodiagnostiquen y empiecen a cambiar su comportamiento sin la supervisión de un profesional. “Entre los más jóvenes se suele dar la mimetización, les entra información no contrastada y empiezan a copiar actitudes solo porque esa persona les parece interesante o les atrae”, advierte Civeira.

La influencer @roenlared (se llama Rocío Romero, tiene 34 años y casi 400.000 seguidores en Instagram), que vive de las redes sociales desde 2016 gracias a los contratos anuales que firma con las marcas, no crea contenido específico de salud mental. Trata situaciones cotidianas, como las presiones a las que están sometidas las mujeres, siempre en tono de comedia. Hace unos años, contó un trastorno alimenticio que sufrió de los 11 a los 25 años: una anorexia nerviosa. “En la familia nunca lo habíamos vuelto a hablar, lo había enterrado y tenía miedo de mencionarlo en internet porque no sabía cómo enfocarlo”, cuenta. Con la ayuda de su psicólogo, hizo un primer vídeo y animó a sus seguidores a mandarle preguntas. Recibió más de mil emails en pocos días. “Al ver mi parte más vulnerable, la gente se abrió mucho conmigo y empecé a recibir consultas de trastornos de la conducta alimentaria, de abusos, de ideas de suicidio… Me di cuenta de que era inabarcable”.

Rocío Romero, conocida por @roenlared.
Rocío Romero, conocida por @roenlared.

Su plan inicial era, junto a su psicólogo, lanzar un segundo vídeo con las respuestas, pero se le ocurrió algo mejor. Creó una aplicación de audios sobre bienestar emocional, Caliope, que ya cuenta con 16 terapeutas profesionales (todos ellos influencers como @neuronacho, @maria_esclapez o @dr.rosamolina), en los que atienden las peticiones.

Ese poder de las redes puede servir para romper esquemas mentales y atreverse a revisar lo que no está funcionando bien. A la psicóloga Ana Belén Medialdea (31 años) —que crea contenidos desde el lado profesional y tiene más de 41.000 seguidores en Instagram, @anapsicologamadrid—, le han llegado pacientes que se decidieron a iniciar la terapia porque vieron que algunos de sus referentes en las redes lo consiguieron. “Una de mis pacientes seguía una cuenta que habla sobre la gordofobia y un día se sintió identificada. Sentía culpa a la hora de comer, cuando tomaba un trozo de tarta con sus amigas, luego se obligaba a hacer deporte esa misma tarde. Fue cuando decidió venir a consulta y vimos que presentaba alertas, una obsesión por su cuerpo, tendencia por las prendas anchas… la pillamos a tiempo”.

En cambio, a la consulta online de Sara Sarmiento (35), —con 2,1 millones de Me gusta en su canal de Tik Tok—, llegan muchos pacientes confundidos y autodiagnosticados por los síntomas que han descrito algunos creadores de contenido en redes o por conversaciones privadas con ellos, personas a las que no conocen de nada. “Hay que deconstruir esa autoimagen y ayudarle a quitarse de encima todas las etiquetas que se ha puesto. Muchos son adolescentes que patologizan su estado cuando se trata de un proceso natural, su personalidad está en construcción y no padecen ningún trastorno, simplemente están atravesando una etapa con picos de sufrimiento”, indica la psicóloga. Lo más peligroso, cuenta, es cuando empiezan a cambiar sus hábitos sin consultarlo con nadie porque están convencidos de que encajan en un diagnóstico.

En uno de los capítulos de su programa para TikTok Las voces de ellas, Rubén Avilés (23 años y más de 11,5 millones de Me gusta), conocido por su activismo LGTBI y por el humor y el sarcasmo de sus contenidos, hizo una confesión inesperada: “En mi preadolescencia —con 12 años— padecí anorexia. Yo era el maricón del cole… ser el maricón y encima el gordo, yo ya no podía más y dije: gordo no voy a ser. Entonces, empecé a restringir muchísimo mis comidas, a contar calorías”. Cuando su familia se dio cuenta, le llevaron al médico, quien le dijo que “esos problemas son más propios de niñas”, relata Avilés, que también vive de las redes y de los contratos con diferentes marcas.

“No me gusta exponerme”, explica a este periódico. “Si acabo de romper con mi novio y estoy fatal, no le expongo. Mi pareja me la reservo para mí. En el caso del trastorno de la conducta alimentaria que sufrí, del que ya me recuperé hace años, decidí contarlo porque es un proceso que he revisado con un especialista… tenía mucho miedo porque no sabes cómo va a reaccionar la gente ni las marcas”. Su argumentación es razonable: “Hay mucha gente con pensamientos intrusivos —que aparecen automáticamente y de forma recurrente— que escribe o compone canciones. Yo hago vídeos para expresarme y creo que merece la pena cuando la gente joven te da las gracias por haberle abierto los ojos, por hablarles de un problema que no se atrevían a sacar”.

Luego está la parte menos digerible. A raíz de ese vídeo le empezaron a entrar cientos de mensajes directos (a través del chat de la red social) de chavales jóvenes pidiéndole consejo. “Yo no puedo ser el terapeuta personal de medio millón de personas que están jodidas, no soy psicólogo y no soy nadie para decir qué hacer, no tengo ni idea de las pautas”, relata. Hay algunos mensajes que le han removido especialmente y que ha decidido contestar. El caso, por ejemplo, de un chico de 14 años al que su madre quiso llevar al psiquiatra después de que este le contara que era gay. “A veces me sale una responsabilidad que yo mismo me impongo, le dije que tuviera claro que él estaba perfectamente… implicarme en cada caso sería irresponsable y también perjudicial para mi propia salud mental”, expone.

Un programa piloto en Instagram

El pasado junio, Instagram lanzó en Estados Unidos el programa piloto Well-being Creator Collective para dar formación a unos 50 creadores de contenido relacionado con el bienestar emocional y asegurarse de que lo hacen de forma “responsable”. El proyecto está liderado por un comité de profesionales de la salud externo a la compañía. En España se está estudiando cómo activar una iniciativa similar, indican desde el departamento de comunicación. De momento, cuando un usuario busca contenidos relacionados con trastornos de la alimentación o suicidio, de forma automática salta una pestaña con consejos y formas de contactar con organizaciones especializadas. “No permitimos que se promuevan conductas relacionadas con autolesiones o trastornos alimentarios, en cuanto detectamos esos contenidos, los eliminamos”, informan desde la tecnológica.

En 2020, el suicidio fue la segunda causa de fallecimiento entre los jóvenes de 15 a 29 años (300) por detrás de los tumores (330). Y nunca se había alcanzado una cifra tan alta en menores de 15 años (14 se quitaron la vida, siete niños y siete niñas) como en ese año. En septiembre de 2022, el ministerio incorporará por primera vez 20 plazas MIR en la especialidad de Psiquiatría Infantil y de la Adolescencia.

Por su parte, en TikTok cuando alguien hace una búsqueda relacionada con conductas suicidas, aparecen líneas de ayuda para la prevención como el Teléfono de la esperanza. De los más de mil millones de usuarios a nivel mundial que acumulan, el 67% son mayores de 25 años.

Samantha, concursante de Operación Triunfo 2020.
Samantha, concursante de Operación Triunfo 2020. _samantha

Cuando @_samantha (300.000 seguidores en Instagram), concursante de Operación Triunfo de la edición 2020, contó a sus fans que sufría ataques de pánico, buscaba que se normalizara la enfermedad mental. “Fue un absoluto clickbait [titular anzuelo], estábamos en mitad del programa y yo subí una foto sonriendo acompañada de un texto en el que reconocía que no estaba bien… Tuvo más de 5.000 comentarios, los mensajes eran sobre todo de apoyo”. A los 21 años tuvo el primer episodio. “No me sentía cómoda con nadie, incluso un día que estaba de compras con mi madre la miré y me dio el ataque, sabía que tenía que ir al psicólogo, pero no lo decía… Llevo siete años con mi terapeuta y vi que era el momento de decir abiertamente que sigo sufriendo crisis”, relata. “No todo es fiesta en Instagram, si estás mal tienes que poder contarlo”, añade.

La epidemióloga e investigadora del suicidio en adolescentes de la Universidad de Columbia Katherine Keyes considera que los jóvenes que pueden presentar mayor vulnerabilidad a esos contenidos son aquellos con conflictos interpersonales o en choque continuo con su familia o amigos, aquellos que están en situación de exclusión social o marginados. Precisamente, esa situación de vulnerabilidad puede conllevar, según el psiquiatra del Gregorio Marañón Ignacio Ceveira, mayores dificultades para digerir la velocidad de los algoritmos de las redes, que sugieren diferentes contenidos de forma constante, sin pausa. “Si yo afirmo en Instagram que el chocolate con un 90% de cacao genera esquizofrenia, los que disponen de menos recursos tendrán más problemas para filtrar, para contrastar y validar”.

Claudia Pradas (26), @claudiap_psicologia en TikTok (17,5 millones de Me gusta), resume uno de los grandes problemas que se pueden presentar: confundir anécdotas con criterios diagnósticos. “Creer que porque le pasó a un influencer, querer coger un cuchillo y llevarse un tenedor es un síntoma de TDAH [trastorno por déficit de atención e hiperactividad]”. Ella forma parte de otra tendencia; los psicólogos creadores de contenido sobre salud mental. Cree que los más jóvenes acuden a las redes en busca de ayuda porque han sufrido las “creencias” de generaciones anteriores, padres y abuelos para los que no existe la educación emocional. El punto de inflexión llegó con la pandemia, que “tiró de la manta” y llevó a los jóvenes a compartir su angustia. “Me intento acercar a ellos contando historias personales, como el bullying que sufrí de primero a cuarto de la ESO, era la friki sin amigos, les muestro que este es un lugar seguro para ellos”. La etiqueta #saludmental en TikTok suma más de 8.400 millones de visualizaciones.

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La Educación Sexual Integral En Las Aulas, Esencial Para Prevenir Los Embarazos No Deseados En Adolescentes

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El número de embarazos en menores de 19 años ha descendido de manera progresiva en España entre 2011 y 2019, según apuntan los estudios al respecto del Instituto de las Mujeres. Pero, a pesar de esta tendencia, la realidad muestra que la gestación adolescente sigue ocurriendo y, por consiguiente, afectando a la vida de las jóvenes y a la de su entorno más cercano. ¿Cómo se puede prevenir el embarazo a estas edades? ¿Qué pueden hacer los padres?

María Antonia Morillas, directora del Instituto de las Mujeres, perteneciente al Ministerio de Igualad, pone el foco en la ausencia de educación sexual en los colegios e institutos: “Su presencia en las aulas es anecdótica y depende, en muchos casos, del voluntarismo de los equipos docentes. Pero la realidad muestra que es necesario que esta materia se incorpore de manera efectiva en todas las etapas educativas y de manera obligatoria”. Y es una carencia que no solo los expertos perciben, los jóvenes también. Un reciente estudio del Ministerio de Sanidad concluía que los adolescentes piensan que la educación sexual es escasa, está fragmentada y está, excesivamente, centrada en la genitalidad.

Para Morillas, una buena pedagogía sexual ayuda a prevenir los embarazos no deseados en adolescentes y ayuda a que estas conozcan sus derechos: “A poder decidir sobre su reproducción y, sobre todo, a lograr que se abra paso una nueva cultura sexual del consentimiento y empoderadora. Las mujeres adolescentes, al igual que todas, deben tener asegurados todos sus derechos sexuales y reproductivos, de manera que puedan discernir sobre su maternidad sin coacciones, culpas u obstáculos”.

La adolescencia es una etapa de la vida en la que la socialización con los iguales y el acceso a la educación son aspectos clave para su desarrollo presente y también para construir las condiciones de posibilidad de sacar adelante proyectos de vida autónomos. Morillas explica que ser madre a esta edad incrementa la situación de vulnerabilidad económica y social, ya que el acceso al sistema educativo se puede ver truncado: “Y porque la maternidad opera, en general para todas las mujeres y, particularmente, para las que enfrentan mayores situaciones de precariedad, como factor que incrementa las brechas de género y, por tanto, las desigualdades”.

María Antonia Morillas, directora del Instituto de las Mujeres, perteneciente al Ministerio de Igualad.
María Antonia Morillas, directora del Instituto de las Mujeres, perteneciente al Ministerio de Igualad.Instituto de la M

La mejor forma de prevenir embarazos no deseados entre las adolescentes es garantizar su educación sexual integral con enfoque de género. “De manera que las mujeres sepan que tienen derecho a decidir si seguir adelante con el embarazo o no. Es el mejor instrumento para que puedan decidir con conocimiento si su embarazo es no deseado. Y que sepan que no es una condena, porque tienen derecho a abortar”, explica Morillas. La experta incide en que, aunque el derecho al aborto ya está garantizado en España, es urgente reformar la Ley 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo “para que la educación sexual integral se garantice y las mujeres de 16 y 17 años recuperen su derecho a decidir sin tutelas”.

Qué pueden hacer los padres cuando su hija adolescente decide ser madre

En el caso de que la joven decida seguir adelante con su embarazo conviene tener en cuenta que la gestión inesperada de una hija adolescente puede ser “complicada de asumir al principio, pero cuando se madure la nueva situación, conviene organizar las tareas derivadas del embarazo, como las revisiones y cuidados de la futura madre”, argumenta Ana López, pedagoga, especialista en neuropsicología educativa. También resulta fundamental conseguir que “la joven no se sienta como una carga o como que su decisión conlleva problemas para la familia, ya que es su cuerpo y ella decide”.

El embarazo de una joven menor puede complicarle la relación con sus progenitores. Por ello, es conveniente que la familia “se sienta unida y se pongan límites a otras personas para poder normalizar la situación”, según informa López. Asimismo, explica, es clave que la joven se sienta informada durante su gestación, no solo en cuanto a cuestiones médicas, “sino también con respecto a los cambios vitales, emocionales y sociales que se producirán, con el fin de que se sienta apoyada y no sola”.

Para ello, la psicóloga recomienda recurrir a asociaciones, a grupos de madres que estén en situaciones similares y “considerar que hay profesionales que nos dedicamos a ayudar a gestionar todo tipo de situaciones”.

Uno de los aspectos claves para abordar durante la gestación de la joven son sus estudios. En este sentido, conviene comunicar al colegio la decisión de la adolescente de ser madre, siempre apoyándola y llegando a acuerdos sobre cómo impartir las clases los días que no pueda asistir al centro escolar de manera presencial: “En la actualidad, contamos con la opción virtual para las principales asignaturas, pero es recomendable que la joven asista, en la medida de sus posibilidades, de forma presencial para evitar que se aísle y conseguir que pueda continuar su formación académica, aunque sea a otro ritmo y con apoyos”, sostiene López.

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El Fracaso Escolar Es De Pobres: Un Niño De Nueve Años De Nivel Alto Le Lleva Casi Dos Cursos A Otro De Nivel Bajo

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Muchos debates educativos giran en torno a la meritocracia, la cultura del esfuerzo y la evaluación objetiva. Una discusión que se repite cada año trata, por ejemplo, sobre si las pruebas de acceso a la Universidad son más fáciles en unas comunidades autónomas que en otras, una preocupación comprensible porque entrar en ciertas carreras depende de una milésima de la nota del expediente. Cada vez más estudios advierten, sin embargo, que los alumnos se sientan a la mesa de la competición académica con las cartas marcadas. El último, basado en el análisis de las pruebas diagnósticas realizadas en la Comunidad de Madrid la década pasada, refleja que a los ocho o nueve años, en tercero de primaria, de media, un niño de clase socioeconómica alta le lleva casi dos cursos de ventaja a otro de clase baja.

La investigación, realizada por el profesor de la Universidad de Estocolmo José Montalbán y la profesora de la Universidad de Barcelona Jenifer Ruiz-Valenzuela, muestra que los alumnos de mayor nivel socioeconómico obtienen mejores resultados en todas las asignaturas y en los tres niveles educativos analizados, tercero y sexto de primaria, y cuarto de la ESO. “La diferencia entre un estudiante de nivel socioeconómico bajo y alto en tercero de primaria es de 58% de la desviación estándar (DE) en matemáticas, y de 55% en lengua. Estas diferencias son el equivalente a casi dos años de escolarización” (suele aceptarse que una desviación del 33% equivale a un curso completo). Las diferencias, añaden, “disminuyen con el tiempo en matemáticas (42% de DE en cuarto de la ESO) y se mantienen constantes para lengua (54%).

El estudio publicado por el Centro de Política Económica de Esade, una institución académica privada, basado en las pruebas diagnósticas realizadas en la Comunidad de Madrid en el curso 2016/2017, también refleja grandes diferencias de género. Las chicas obtienen mejores resultados que los chicos en lengua e inglés, tanto en las pruebas de primaria como en las de secundaria. Pero mientras la ventaja de las chicas en ambas disciplinas tiende a reducirse en secundaria, “las diferencias iniciales en primaria a favor de los chicos en matemáticas se amplían, sobre todo, en la secundaria”. El mayor desapego de las chicas hacia las matemáticas ha llevado al Ministerio de Educación a introducir en el nuevo currículo de la asignatura que, al enseñar la disciplina, los docentes deben tener en cuenta los factores socioemocionales y utilizar una perspectiva de género. La pérdida de terreno a favor de los chicos en lengua, inglés y matemáticas es mayor en las alumnas de nivel socioeconómico bajo. El estudio atribuye los niveles socioeconómicos a las familias de los alumnos basándose en el nivel de estudios de los padres: nivel socioeconómico bajo es el de familias donde los progenitores tienen hasta la educación obligatoria; medio, hasta el bachillerato y la Formación Profesional de grado superior, y alto, educación universitaria.

La investigación, titulada Fracaso escolar en España: ¿Por qué afecta tanto a los chicos y alumnos de bajo nivel socioeconómico?, resalta la contradicción de que, pese a que la evolución de los resultados entre primaria y la ESO favorece a los chicos, la tasa de repeticiones se mueve al revés. Las alumnas repiten menos que los chicos en primaria (un 16% en el segmento socioeconómico bajo y un 25% menos en el alto) y todavía lo hacen menos en secundaria (la brecha de género aumenta en general y llega a quintuplicarse en el alumnado de clase alta). ¿A qué se debe? Los autores plantean varias explicaciones. Una de ellas es que el resultado que chicos y chicas obtienen en las pruebas diagnósticas sea distinto al que consiguen en las evaluaciones internas que realiza el propio colegio e instituto de forma continuada, y que además de exámenes incluye otro tipo de actividades. Y ello, a su vez, podría deberse a las “diferencias de rendimiento entre chicos y chicas ante situaciones de presión” (como pueden ser las evaluaciones diagnósticas) o a “posibles sesgos de los profesores” de los centros educativos a la hora evaluar.

Los autores se inclinan por pensar que los factores por los que los chicos repiten más “no son de carácter cognitivo, sino de otro tipo, y están más relacionados con la motivación y la alineación con la escuela”, explica por teléfono el profesor Montalbán. Basándose en la información que los alumnos y sus familias proporcionaron en los cuestionarios que acompañaron a las pruebas diagnósticas, muestran que las chicas invierten más horas en hacer los deberes, faltan menos a clase de forma injustificada, y manifiestan una mayor satisfacción con la escuela.

Pérdida del entusiasmo

Este último aspecto resulta llamativo, mirado también desde el punto de vista del género. En sexto de primaria las niñas muestran una satisfacción muy superior a la de sus compañeros varones y muy parecida independientemente del nivel socioeconómico de su familia. En cuarto de la ESO, el grado de satisfacción de las chicas procedentes de un nivel socioeconómico alto permanece casi igual, mientras el de las alumnas de nivel socioeconómico medio, en cambio, cae con fuerza y el de las procedentes del bajo se derrumba. Los chicos, por su parte, manifiestan sentir poca satisfacción en sexto de primaria al margen de su nivel socioeconómico. Y en cuarto de la ESO su opinión empeora un poco, salvo en el caso de los chicos de clase alta, que manifiestan un significativo aumento de satisfacción respecto al que tenían en el último curso de primaria.

Los autores utilizan a continuación una técnica estadística llamada “análisis de sensibilidad de cocientes” para analizar cómo podría disminuirse la brecha de género en la repetición de curso. Su conclusión es que podría reducirse un 30%, aumentando el apoyo parental y la satisfacción en la escuela. Dos elementos que, según otras investigaciones realizadas en España, Francia y Finlandia citadas por Montalbán y Ruiz-Valenzuela pueden potenciarse mediante programas específicos dirigidos a los alumnos y sus familias. “También encontramos que, en cuarto de la ESO, un aumento en las horas invertidas en hacer deberes también puede reducirla bastante”, añade el profesor del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Estocolmo.

El análisis concluye que reducir las diferencias de género en rendimiento académico es más difícil que reducir la brecha en la repetición. Y que el margen de actuación en cuarto de la ESO “es más incierto y reducido” que en sexto de primaria, “quizá porque ya es demasiado tarde”. La repetición de curso es, en muchos casos, señalan los autores, un predictor del abandono escolar temprano. Un indicador que mide el porcentaje de personas de 18 a 24 años que ha acabado como mucho la ESO y no estaba estudiando en las cuatro semanas anteriores a ser encuestado. Y el abandono escolar temprano es, pese a las mejoras de los últimos años, uno de los grandes problemas del sistema educativo español: alcanza al 13,3% de los jóvenes (el dato solo es peor en Rumania), y es muy superior en hombres (16,7%) que en mujeres (9,7%). Además de los mencionados programas para aumentar el apoyo que los alumnos reciben de sus padres e incrementar la satisfacción de los chavales con la escuela, los autores mencionan otras tres políticas públicas que podrían reducir el fracaso escolar: un aumento de las tutorías, una mejora de la orientación académica (que en algunos programas de éxito involucran también a las familias), y una simplificación en la presentación sobre las opciones de Formación Profesional “de calidad” que pueden seguir los alumnos al terminar la Educación Secundaria Obligatoria.

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