Isabel Díaz Ayuso, si se asoma por la ventana de su despacho, puede ver a miles de personas manifestándose en su contra. Le llueven insultos de gente a la que ella cree que le puede el odio y está abducida por las consignas de la izquierda. La presidenta no va a dar su brazo a torcer, asegura, ni con los profesores y los estudiantes en huelga ni con los acampados en Sol, que han convertido su protesta por una vivienda digna también en un mazo con el que golpearla.
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