Quedan pocos días para las elecciones y el público está entregado, pero Gadi Eisenkot sube al escenario en Guivat Shmuel, cerca de Tel Aviv, sin alzar los brazos, confeti ni foco en el rostro. Es justo su principal virtud y la que le sitúa en los sondeos como ganador este martes: ser lo contrario de Netanyahu. No en opiniones políticas (los dos rechazan un Estado palestino y apoyan las campañas bélicas en Gaza, Líbano e Irán), sino en personalidad. Mientras que el populista Netanyahu mide cada movimiento para seguir en el poder, Eisenkot es discreto, tranquilo y solo fundó el año pasado su partido. El nombre, Yashar, significa justamente recto u honesto y juega con la idea del centro político. “Yo no estoy aquí por mi bien, sino por el del Estado de Israel”, resume entre aplausos sobre el escenario.
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