“El control del estrecho de Ormuz ha vuelto a su estado anterior y esta vía estratégica se encuentra bajo una estricta gestión y control por parte de las Fuerzas Armadas”, ha anunciado este sábado el teniente coronel y portavoz castrense iraní Ebrahim Zolfagari, en un comunicado recogido por la agencia oficial Tasnim. “Irán está decidido a ejercer supervisión y control sobre el tránsito a través del estrecho de Ormuz hasta la consecución de una paz duradera en la región”, agregó el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, en referencia velada a un sistema de tasas, o peajes de tránsito, para permitir que los cargueros atraviesen el paso por rutas específicas.
El líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, también se ha pronunciado tras el último giro de guion, con un nuevo comunicado emitido a través de su canal de Telegram, en el que sostiene que la Armada de su país está lista para infligir “nuevas y amargas derrotas” a sus enemigos.
Disparos a buques
La tregua no ha durado mucho. Horas después del nuevo cerrojazo, la Armada británica informó de que varias lanchas de la Guardia Revolucionaria Islámica habían disparado en el Estrecho contra al menos dos buques, ambos con bandera de la India. La tripulación está a salvo, pero el Gobierno de Narendra Modi ―paradójicamente, uno de los que pactó hace semanas con Irán para tratar de reanudar los flujos energéticos― ha convocado al embajador de Teherán para expresarle su “profunda preocupación” por el suceso. A renglón seguido, varios buques que se disponían a cruzar el estrecho se han visto obligados a dar media vuelta. Nueva escalada de tensión, en fin, conforme la Guardia Revolucionaria Islámica volvía a cerrar el puño sobre la única vía marítima por la que se puede sacar el crudo, el gas y los carburantes ya refinados del Golfo.
“Dada la limitación en el número de buques que podrán pasar, Irán ha decidido dar prioridad a aquellos buques que respondan con mayor rapidez a los nuevos protocolos del estrecho de Ormuz y que paguen los costes de los servicios de seguridad”, afirmó este sábado un alto funcionario iraní a la cadena CNN.
Pese al cierre, un revés para sus intereses —había celebrado profusamente la reapertura pocas horas antes—, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este sábado que mantiene las negociaciones con el régimen de Irán. “Estamos hablando con ellos”, manifestó desde la Casa Blanca. “Querían volver a cerrar el Estrecho”, ha dicho en referencia a lo que él califica de “chantaje”. Fiel a su estilo, sin embargo, pronto cambió de tercio: “Todo está marchando muy bien. Ya veremos, pero tendremos información para el final del día. Estamos hablando con ellos y, como saben, estamos adoptando una postura firme”.
Las declaraciones de Trump no ayudaron a aclarar el panorama, pero al autor de El Arte de la Negociación, parecía no importarle. Se marchó a jugar al golf a media mañana mientras los analistas trataban de comprender el nuevo escenario. Las autoridades iraníes reconocen que siguen estudiando las últimas propuestas estadounidenses, tras la intermediación de Pakistán. El ministro de Exteriores de ese país viajó a Teherán para una visita oficial de tres días para reunirse con altos funcionarios iraníes y tratar de desenredar la intrincada negociación entre Washington y Teherán.
Son ya muchos los regates de Trump con la cuestión de Ormuz. Ha pasado de priorizar su reapertura a tratar, sin éxito, de involucrar a Europa ―junto con Asia, el continente que más depende de que el flujo de carburante regrese a la normalidad― en las maniobras para lograr ese objetivo. Ahora, la confusión es total.
El desacuerdo se centra fundamentalmente en dos cuestiones: que Irán renuncie a su plan nuclear con el compromiso de que no volverá a enriquecer uranio, a lo que el régimen islamista se resiste; y que desista de su intención de controlar el paso por el estrecho de Ormuz, cobrando un peaje a todos los barcos que transitan por el estratégico paso de apenas 34 kilómetros. La Casa Blanca cree que darle el control de la vía supondría abrir la puerta para que se replique ese negocio de peajes en otros pasos críticos en el mundo, lo que encarecería y complicaría el comercio mundial.
La tensión vuelve a aumentar justo cuando más cerca parecía el acuerdo para el final de una guerra que suma ya más de un mes y medio de duración. Sobre todo, por la reapertura del Estrecho mientras durase el alto el fuego con EE UU, aunque poco después Teherán aclarase que este estaría “limitado y gestionado” por la Guardia Revolucionaria y que se trataba de un “gesto de buena fe”, consecuencia directa de la tregua acordada por Israel y Líbano. Y siempre enmarcado, en todo caso, en las negociaciones que posiblemente se retomen en los próximos días en Islamabad (Pakistán), según adelantaron la cadena estadounidense CNN y la agencia turca Anadolu.
De esa cita se esperaba, al menos, la prórroga del cese de hostilidades entre EE UU, Israel e Irán, que vence el próximo miércoles. Pero no habrá encuentro: a primera hora de la tarde de este sábado, Teherán ha anunciado que no acepta una nueva ronda de negociación con Washington por las “demandas excesivas” y el bloqueo de Ormuz, según Tasnim.
El anuncio del bloqueo ha supuesto cierta confusión sobre el estado del tránsito por el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde típicamente circulan —circulaban— ingentes volúmenes de destilados medios ―queroseno y gasóleo, sobre todo― y cuyo cierre amenaza con provocar una crisis energética a gran escala. Además, el cierre del Estrecho pone coto al clima de optimismo que se abrió este viernes cuando parecía que el fin del conflicto parecía a la vuelta de la esquina. Los mercados financieros así lo celebraron. Ahora vuelve la incertidumbre.
El propio Trump recibió el viernes con euforia la reapertura del estrecho de Ormuz. “Es un BRILLANTE, GRAN DÍA PARA EL MUNDO”, llegó a escribir en su red social, Truth―, sugiriendo que prácticamente era el fin del conflicto tras casi dos meses de ataques. Poco después, en cambio, aseguró que mantendría su propio bloqueo sobre los puertos iraníes hasta que se alcanzara un acuerdo completo con Teherán. Los mercados rebajaron parcialmente la euforia inicial, que había provocado la caída a plomo de los precios del petróleo y el gas, pero mantuvieron una cauta sonrisa al cierre de la sesión.
Esa decisión de mantener el cerrojazo estadounidense ha sido la que, según justifica la Guardia Revolucionaria iraní, ha provocado su marcha atrás. “Mientras Estados Unidos no restablezca la plena libertad de tránsito de las embarcaciones desde Irán y hacia Irán, la situación en el estrecho de Ormuz permanecerá bajo un control riguroso”, ha argumentado este sábado el teniente coronel Zolfagari.
Unas horas antes, el poderoso presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, ya había advertido en la red social estadounidense X (antes Twitter) que el estrecho de Ormuz “no permanecerá abierto” si continúa el bloqueo de la Casa Blanca. Se realizará, deslizó, conforme a “rutas designadas” y con “autorización de Irán”.
Qalibaf también denunció las “falsedades” de Trump al celebrar la supuesta reapertura. “Hizo siete afirmaciones en una hora y ninguna de ellas era cierta”, agregó el dirigente iraní, que estuvo al frente de la delegación enviada por su país a Islamabad para las últimas negociaciones de paz. “Con estas mentiras no ganaron la guerra y, sin duda, tampoco lograrán nada en las negociaciones”.
Total incertidumbre
En realidad, ni las navieras ni las aseguradoras de los buques ―un actor clave: sin su aquiescencia no pueden navegar― habían dado por buena la reapertura del viernes. Temían una marcha atrás o, simplemente, que las condiciones de navegabilidad seguían estando muy alejadas de las que había antes del inicio de la guerra, el pasado 28 de febrero. Las compañías exigen garantías mínimas de seguridad, de que no encontrarán minas marítimas a su paso y de que no tendrán que abonar ningún peaje. Este último punto tampoco parecía ni mucho menos claro.
Las plataformas de seguimiento del tráfico marítimo habían detectado algo más de movimiento en la zona en las horas inmediatamente anteriores a que Irán se desdijera. Sobre todo, en el caso de los barcos que llevan semanas a la espera de poder salir del golfo Pérsico para ganar el océano Índico. Al menos cuatro petroleros lo habían conseguido, según la información proporcionada a EL PAÍS por la firma especializada Kpler. Y otros cinco metaneros (barcos que transportan gas natural) de bandera catarí, que hasta ahora tenían completamente vetado el paso, también trataban de enfilar la salida. También daban marcha atrás dos petroleros de bandera india y griega. Otra muestra, una más, de la desconfianza sobre una teórica reapertura que ha quedado en agua de borrajas.