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Aranceles

La UE Y Australia Firman Un Acuerdo Comercial Que Elimina 1.000 Millones En Aranceles A Las Exportaciones Europeas

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Nuevo acuerdo de libre comercio de la Unión Europea. Esta vez con Australia. Un nuevo paso de la Comisión para construir un entramado de pactos, tanto comerciales como de otra naturaleza, con socios y aliados que compensen los aranceles y la falta de fiabilidad de Estados Unidos desde que Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca. Con este nuevo pacto, presentado esta madrugada por la presidenta del Ejecutivo de la UE, Ursula von der Leyen, y el primer ministro australiano, el laborista Anthony Albanese, se eliminan unos 1.000 millones en aranceles, según los cálculos de la Comisión. La entente alcanzada también incluye un apartado para “contruir un marco de colaboración” en seguridad y defensa. “Somos aliados desde hace mucho tiempo, con una visión global coincide en la defensa del multilateralismo y del orden internacional basado en normas”, señala Bruselas.

Solo han pasado casi dos meses desde que la UE alcanzara un acuerdo de libre comercio histórico con la India y menos de un mes desde que la Comisión decidiera aplicar provisionalmente el cerrado con Mercosur a finales de 2024, pese al revés del Parlamento Europeo a su ratificación en forma de consulta jurídica enviada al Tribunal de Justicia de la UE. A estos dos pasos hay que sumar el acuerdo al que se llegó con Indonesia; la ambiciosa actualización del que ya hay con México; la aprobación definitiva de la versión modernizada del que existe con Chile; o los acuerdos de comercio digital con Singapur o Corea del Sur. Son, ni más ni menos, que el despliegue incipiente de esas alianzas de potencias medianas que buscan amortiguar los perjuicios provocados por Trump o reducir las dependencias tejidas por la otra gran potencia, China, durante décadas.

Porque para la UE, Australia −además de un aliado comercial y un socio próximo en sus valores culturales y políticos− puede ser también un buen proveedor de materias primas críticas. La riqueza minera de la gran isla que se encuentra en el otro extremo del globo terráqueo ha sido un incentivo clave para alcanzar un pacto que puede encontrarse con resistencias parecidas a las que tiene el alcanzado con Mercosur: la del sector agrícola. También en el caso de los cuatro países sudamericanos hay cercanía cultural y política, y asímismo son ricos en materias primas críticas.

El acuerdo entre Bruselas y Camberra elimina unos 1.000 millones de euros en aranceles, calcula la Comisión Europea. Porque el pacto acaba con los derechos de aduana de prácticamente todas las exportaciones europeas a Australia, excepto en algunos productos de acero. Gracias a eso confía en que las ventas de la UE al otro lado del globo aumenten un 33%.

La relación comercial ahora es claramente beneficiosa para la UE. En 2025, la exportaciones europeas hacia Australia ascendieron a casi 37.000 millones; las importaciones, en cambio, se quedaron en 10.242 millones. También en el intercambio de servicios el saldo es claramente positivo: unos 18.000 millones de euros en 2023, último año disponible por ahora en Eurostat, la oficina europea de estadísticas.

A diferencia de lo sucedido con la India o con Mercosur, este pacto se ha negociado durante menos tiempo. Las primeras conversaciones se iniciaron en 2018. No obstante, eso no quiere decir que haya sido sencillo llegar a este punto y eso quedó claro en 2023. Entonces, cuando el acuerdo parecía listo, todo se paralizó por la imposibilidad de superar las diferencias en asuntos agrícolas y en la protección de las denominaciones de origen.

Tres años después y con una situación geopolítica completamente distinta, ha sido posible resolver los escollos que no pudieron superarse entonces. Por ejemplo, en 2023 Australia pedía una cuota anual de importación de carne de vacuno de unas 40.000 toneladas y la UE se quedaba entre las 15.000 y las 20.000. El acuerdo actual recoge 30.600, de las que el 55% no pagarán aranceles siempre se sean de carne de pasto; el 45% restante tendrán que afrontar una tarifa del 7,5%.

También hay cuotas de carne de ovino y caprino de 25.000 toneladas. “Esto representa el 4% del consumo de la UE”, cuantifica la Comisión. La cuota de azúcar es de 35.000 toneladas. “Un 0,3% del consumo de la UE”. El comunicado y el argumentario que emplea el Ejecutivo también da porcentajes muy bajos de lo que representa la cuota pactada para el conjunto de la UE para productos lácteos (1,1% en mantequilla) o arroz (0,3%).

A cambio, los aranceles para varios productos agroalimentarios europeos se reducen a cero. En el caso del vino, el chocolate, el azúcar o alimentos procesados, desde el primer día que el acuerdo entre en vigor; en los quesos desde el tercer año.

Las denominaciones geográficas son un asunto conflictivo en el caso australiano porque es un país donde viven descendientes de países europeos que han creado ya una industria con estas marcas. En este caso, la solución ha sido salomónica porque en 165 denominaciones agroalimentarias y 261 de bebidas espirituosas, entre ellas el queso manchego, sí que habrá protección.

Junto al acuerdo comercial, hay también otro que busca construir canales de colaboración en seguridad y defensa, en tecnología, amenazas híbridas o seguridad marítima.

Alimentos

Las Empresas Españolas Ya Han Recibido 5.550 Millones Para Aliviar Los Aranceles De Trump Pero Apenas Piden Avales Del ICO

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Las empresas españolas ya se han beneficiado de 5.550 millones para aliviar los daños de la ofensiva arancelaria de Trump, casi la mitad del dinero que puso sobre la mesa el Gobierno. Un año después de que Estados Unidos iniciara una guerra comercial sin precedentes, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha hecho balance en el Congreso de esos 12 meses y de la respuesta española. El también vicepresidente primero, quien ha comparecido a petición propia ante la Comisión de Economía, Comercio e Industria, ha repasado las diferentes iniciativas que el Ejecutivo puso en marcha, la mayoría de las cuales han tenido una buena acogida. Aunque también aparece una sombra: la línea de 5.000 millones de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO), a la que apenas han recurrido las compañías.

“En el contexto actual de incertidumbre es imprescindible seguir priorizando el apoyo a nuestras empresas en su esfuerzo por mantenerse en el mercado norteamericano y mandar un mensaje de confianza y de tranquilidad con la presencia de herramientas a su disposición para protegerlas de este choque específico y acompañarlas o preparar para posibles shocks futuros”, ha destacado Cuerpo en su intervención. Esta ha servido para presentar el primer balance de ejecución del Plan de Respuesta y Relanzamiento Comercial aprobado en los primeros compases de la guerra comercial.

De los 11.730 millones de euros con los que se dotó el plan, repartidos en siete grandes ejes, las empresas han recibido al cierre del primer trimestre de 2026 una inyección de 5.550 millones de euros. Esto supone el 47,3% de los fondos totales. El porcentaje general, sin embargo, esconde el escaso apetito que han levantado por ahora los avales del ICO, el instrumento que contaba con una mayor dotación (5.000 millones de euros). Desde abril de 2025 solo se han solicitado 173 millones de euros de estos avales, apenas un 3,4% del total. Pese a ello, el ministro de Economía ha hecho énfasis en que el 73% de las operaciones las realizaron pymes y que el 85% de las solicitudes procedieron de compañías ligadas al sector de la automoción, el sector más castigado por los aranceles de Trump.

El balance presentado este miércoles muestra también la reducida ejecución de la línea ICO Crecimiento, dotada con 750 millones más un tramo no reembolsable de 180 millones procedentes de los fondos europeos Next Generation, para proyectos de inversión y modernización de las infraestructuras. En ese caso, la baja demanda responde al hecho de que la línea entró en vigor el pasado 9 de febrero y en esos dos meses solo ha dado tiempo a adjudicar 73,4 millones, un 7,8% del total.

En cambio, el resto de instrumentos han sido muy utilizados. Entre ellos, Cuerpo ha destacado la movilización de 1.578 millones de euros en seguros de crédito a través de Cesce (la Agencia española de crédito a la exportación), que han beneficiado a 52 cuentas. “Ahora mismo están en estudio otras 14 solicitudes por 800 millones adicionales”, ha avanzado el vicepresidente. En segundo lugar, ha citado los 1.500 millones de euros otorgados a través de los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y los 1.161 millones de euros concedidos, hasta el 30 de marzo, de la línea de financiación intermediada por el ICO para inversión y circulante.

En su intervención, Cuerpo se ha comprometido a acompañar y apoyar a las compañías exportadoras a Estados Unidos, pero también ha instado a las empresas a diversificar el destino de sus ventas con el objetivo de esquivar las políticas proteccionistas de Trump. “Hay que reducir las dependencias y reforzar las relaciones con socios fiables y estables”, ha señalado en alusión a Mercosur (el área de libre comercio que componen Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y a otras zonas con las que la UE ha firmado tratados comerciales, como India, Australia o Indonesia.

El ministro ha destacado la relevancia del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur, que entra en vigor el próximo 1 de mayo, por la oportunidad que representa para algunos de los sectores más perjudicados por los aranceles de Estados Unidos. “Se van a suprimir más del 90% de los aranceles a las exportaciones europeas y eso va a suponer un ahorro de 4.000 millones de euros anuales para las empresas europeas y de 500 millones para las empresas españolas”, ha destacado Cuerpo.

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America

Estados Unidos Suma Inesperadamente 178.000 Puestos De Trabajo En Marzo

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Las empresas estadounidenses sumaron 178.000 nuevos empleos en marzo, en un repunte notable después de un febrero decepcionante. De acuerdo al informe mensual del Departamento del Trabajo (DOL, por sus siglas en inglés) publicado este viernes, la contratación se recuperó luego de la pérdida de 133.000 puestos el mes anterior. En medio del comienzo de la guerra con Irán y los impactos económicos que está teniendo, la creación de empleo superó con creces las previsiones, triplicando lo estimado por los analistas, aunque advierten que es probable que las repercusiones del conflicto se noten en las contrataciones más adelante.

La tasa de desempleo también descendió ligeramente desde el 4.4% registrado en febrero. Parte de esta caída se explica porque la fuerza laboral se redujo en 396.000 personas en marzo, lo que implica menos competencia por los puestos disponibles.

Una porción significativa del crecimiento provino del sector salud, donde se generaron 76.400 empleos. Este aumento estuvo impulsado por el regreso de 31.000 trabajadores de la empresa Kaiser Permanente tras el fin de una huelga en febrero. Las fábricas añadieron 15.000 empleos, aunque en términos generales el panorama no es exactamente positivo para el sector manufacturero, que ha perdido puestos en 14 de los últimos 16 meses. La construcción, por su parte, sumó 26.000 empleos, probablemente favorecida en parte por temperaturas más cálidas durante el mes, han señalado los analistas.

La solidez del dato del empleo resulta especialmente llamativa en el marco de la desaceleración general del mercado laboral a lo largo del último año, golpeado por las políticas migratoria y arancelaria impulsadas por la Administración de Donald Trump. El Banco de la Reserva Federal de Dallas estimó esta semana que podría haber una pérdida neta de trabajadores, mientras que la Reserva Federal ha calculado que la oferta laboral podría aumentar apenas en unos 10.000 empleos mensuales este año.

A esta debilidad generalizada del mercado laboral se añade la guerra en Irán, que ha ensombrecido aún más las perspectivas macroeconómicas. En ese sentido, la mayoría de los economistas que se han pronunciado tras la publicación de los datos laborales este viernes considera que el impacto del conflicto y del encarecimiento de la energía aún no se refleja plenamente en las cifras de marzo. “Los datos son en gran medida retrospectivos y probablemente no incorporan el efecto reciente del alza en los precios energéticos ni otros riesgos asociados a la guerra en Irán”, escribió Thomas Simons, economista jefe para Estados Unidos de la firma de inversión Jefferies.

Este informe le da cierto respiro a la Reserva Federal. El conflicto con Irán ha puesto al banco central en una posición complicada, al presionar al alza la inflación y, al mismo tiempo, amenazar la solidez del mercado laboral. Las cifras actuales sugieren que el empleo se mantiene firme, lo que otorga a las autoridades del banco central un margen mayor para concentrarse en contener la inflación —lo que apunta a un retraso para nuevas reducciones en las tasas de interés.

El año pasado, las empresas estadounidenses generaron en promedio apenas 9.700 empleos mensuales, el ritmo más débil fuera de una recesión desde 2002. La incertidumbre derivada de las políticas comerciales y migratorias del presidente Donald Trump ha llevado a muchas compañías a frenar nuevas contrataciones. Un indicador publicado por el DOL el lunes mostró el nivel de contratación más bajo desde abril de 2020, en pleno confinamiento por la pandemia.

Las empresas han evitado despedir a sus trabajadores actuales, configurando lo que los economistas describen como un escenario de “ni contratar ni despedir”, que termina dejando fuera del mercado a los solicitantes más jóvenes. A esto se suma la creciente preocupación por el impacto de la inteligencia artificial en los empleos de nivel inicial.

Los nuevos puestos se concentran principalmente en los sectores de salud y asistencia social. Esta tendencia responde, en parte, al envejecimiento de la población estadounidense, un fenómeno que también se puede ver en otras economías avanzadas.

“El repunte mayor al esperado en las nóminas no agrícolas en marzo responde sobre todo a la reversión de factores como las huelgas y el clima que afectaron la contratación en febrero, más que a una aceleración sostenida del mercado laboral”, señaló Stephen Brown, economista jefe para Norteamérica en Capital Economics, en declaraciones a AP. Al referirse al alza en los precios del petróleo, advirtió que “el golpe al poder adquisitivo de los consumidores podría debilitar la demanda y, en consecuencia, la contratación en el corto plazo”.

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Acuerdos internacionales

Caos, Miedo Y Decepción: Los Aranceles De Trump Cumplen Un Año

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En una época en la que abundan los hechos históricos, no hay muchas fechas que queden impresas en los anales. El 2 de abril de 2025 es uno de ellos. Ese día Donald Trump sacudió el tablero geopolítico mundial, cambió las reglas comerciales construidas a través de cuidadas relaciones diplomáticas desde la Segunda Guerra Mundial y provocó un cambio en las cadenas de suministro globales. El presidente de los Estados Unidos zarandeó al planeta con aranceles generalizados del 10% y de hasta el 50% para aquellos países con los que Estados Unidos mantuviera un mayor déficit comercial. “Nuestro país ha sido saqueado, expoliado, violado y robado”, lanzó el republicano para justificar el giro comercial. El bautizado como Día de la Liberación cambió el mundo, pero no como el líder de la primera potencia mundial esperaba.

Con toda la parafernalia del estilo trumpiano, en la rosaleda de la Casa Blanca, mostrando un rudimentario cartel de cartón, el mandatario republicano anunció el cambio de paradigma comercial para elevar los aranceles al mayor nivel desde 1939. Junto a él estaba Brian Pannebecke, un trabajador jubilado del sector de la automoción: “Durante toda mi vida he visto cerrar planta tras planta en Detroit”, dijo este activista republicano, ataviado con un chaleco amarillo, un bigote largo de personaje de lucha libre y una gorra en la que se podía leer Trump. “Apoyamos al 100% las políticas arancelarias del presidente”, proclamó desde el jardín de la Casa Blanca. “Le estamos profundamente agradecidos y en seis meses o un año empezaremos a ver los beneficios”, aseguró.

12 meses después, Pannebecke se ha afeitado el bigote, se ha quitado la gorra, el chaleco y se ha puesto gafas. Un año después, el Supremo ha declarado ilegales los mal llamados aranceles recíprocos. Washington ha recaudado unos 264.000 millones de dólares con las tarifas, pero no ha logrado reducir el déficit comercial. Tampoco han servido para disparar la apertura de fábricas, ni han atraído, hasta el momento, más inversión extranjera como preconizaba Trump aquel día. Un año después, Estados Unidos compra menos productos a China, pero Pekín no vende menos porque ha encontrado otros mercados. 365 días después, Europa se ha alejado de Estados Unidos. La UE ha firmado el acuerdo comercial con parte de América Latina, el Mercosur, que llevaba décadas atascado en despachos de Bruselas; se ha acercado a China y ha suscrito pactos comerciales preferenciales con la India, Australia y otros países.

La economía estadounidense, que era la envidia mundial antes del manotazo de Trump a las relaciones comerciales, tiene un crecimiento más débil (2,1% el año pasado, frente al 2,8% de 2024), está más aislada, con el empleo estancado y arrastra una crisis de la asequibilidad que afecta a millones de familias.

El mundo ha cambiado, pero no como esperaba Trump. Lo cierto es que la política comercial del republicano ha sido caótica, confusa y arbitraria. Ha dejado ganadores y perdedores. Pero, pese a todo, no ha provocado un cataclismo en la economía global como vaticinaban algunos. “El aumento de aranceles sin precedentes del presidente Trump el año pasado elevó el proteccionismo comercial estadounidense al nivel más alto en al menos 80 años, pero hasta ahora solo ha tenido un pequeño efecto en la economía general”, señalan Janice Eberly y Jón Steinsson, investigadores de Brookings Institution, un centro de análisis económico.

“Aunque el aumento de los gravámenes fue mayor que los aranceles Smoot-Hawley de 1930, a los que muchos economistas culpan de haber profundizado la Gran Depresión, el impacto global en la economía estadounidense parece pequeño: de entre el 0,1% del PIB y el -0,13%”, sostienen los investigadores de Brookings. Explican que los ingresos generados por los aranceles y las ganancias de los fabricantes estadounidenses compensaron en gran medida los gravámenes pagados por las empresas importadoras estadounidenses.

Tras el Día de la Liberación, los mercados financieros entraron en pánico. Las Bolsas de medio mundo se adentraron en números rojos y los inversores empezaron a exigir más intereses al Tesoro de Estados Unidos por su deuda. Trump reculó y marcó un periodo de gracia de 90 días para renegociar. De aquella época es el apelativo TACO (acrónimo en inglés de Trump siempre se acobarda). Durante meses negoció con potencias y países. Amenazó a unos con gravámenes desmesurados —amagó con imponer aranceles del 145% a China— y estableció exenciones y tratos preferenciales a otros. “Los países me están besando el culo”, llegó a decir.

Las tasas comerciales efectivas pasaron del 2,4% a principios de 2025, al 28% tras el Día de la Liberación, para moderarse posteriormente al 14,3% en septiembre, tras firmar los acuerdos comerciales, según cálculos del Yale Budget Lab, que ha estado analizando la evolución de la política comercial de Trump. Ese tipo impositivo a las importaciones era el mayor desde 1939.

Entre los más beneficiados a priori estaban los países de América Latina y Australia, con aranceles menores que el resto. Otros países que aparentemente tenían gravámenes más elevados, como Vietnam (46%), Tailandia (36%) y Taiwán (34%), acabaron ganando por el desplazamiento del comercio de China a estos países y debido a la multitud de exenciones para componentes electrónicos y ordenadores.

Los más perjudicados, inicialmente, fueron Canadá, Brasil y Suiza, a los que Trump castigó con los impuestos a la importación más elevados. Trump no solo ha utilizado los aranceles con fines comerciales, también para perseguir sus objetivos diplomáticos o por pura irritación. Amenazó a Canadá con más aranceles porque patrocinó un anuncio de un discurso de Ronald Reagan en contra de los gravámenes; y a Brasil por encarcelar a Bolsonaro. En otoño, cuando la inflación se mantenía amenazante y hacía mella en las encuestas, aprobó rebajas para alimentos procedentes de Latinoamérica. Lo cierto es que, tras meses de amenazas, negociaciones y cambios, los aranceles se convirtieron en una maraña de exenciones y tratos preferenciales que hacían difícil comprender el mapa global de las tarifas.

A pesar de todo, hay dos datos que ayudan a contextualizar los impuestos a la importación. El 43% de las importaciones estadounidenses evitaron los aranceles durante el segundo mandato de Trump, por los numerosos agujeros del entramado comercial, según Bloomberg. La inversión extranjera directa que recibió Estados Unidos el año pasado ascendió a 288.400 millones, según la Oficina de Análisis Económica (BEA, en inglés). Esta cantidad es menor que la del año precedente, cuando no se había levantado el muro arancelario, y casi la mitad que en 2016, cuando Trump pisó por primera vez la Casa Blanca como presidente, según recuerda Bloomberg.

El Tribunal Supremo desmontó el pasado febrero el muro comercial que levantó Trump. Declaró ilegales los aranceles aprobados el Día de la Liberación. El republicano se había basado en la ley de poderes de emergencia de 1977, prevista para casos de guerra, para sacarlos adelante, pero los magistrados de la Corte consideraron que no tenía potestad para aprobar una medida de esa naturaleza sin pasar por el Congreso y en virtud de una norma prevista para otros fines.

Trump, airado, reaccionó con un arancel global del 10% y amenazó con elevarlo al 15%, aunque ya han transcurrido casi dos meses y aún no lo ha hecho. Estos nuevos aranceles son temporales y tienen que pasar el filtro del Congreso en dos meses. El revés del Supremo volvió a cambiar el mapa comercial. Y abrió la vía para que los consumidores y empresas estadounidenses reclamen el reembolso de unos 170.000 millones de dólares. “Inmediatamente después de la decisión del Supremo, la tarifa bajó al 7,3%. Tras la imposición de las tarifas de la Sección 122, subió a su nivel actual del 10,5%, el más alto desde 1943 (sin contar 2025)”, calculan en el Yale Budget Lab. La Administración de Trump ha abierto investigaciones comerciales sobre un centenar de países para tener una alternativa legal, ya que los gravámenes del 10% tienen que ser validados por el Congreso, muy dividido y con escasas opciones de avalarlos.

El mandatario republicano siempre justificó que los aranceles iban a servir para hacer al país más rico, pero ahora tiene que devolver lo recaudado. “Un año después del Día de la Liberación, el daño a las pequeñas empresas estadounidenses va mucho más allá de lo que cualquier dato arancelario pueda reflejar. Estas empresas han pasado los últimos doce meses sin crecer, sin contratar, sin innovar, simplemente sobreviviendo. Han agotado sus ahorros, contraído deudas, despedido empleados y reducido líneas de productos solo para mantenerse abiertas”, sostiene Dan Anthony, responsable de la organización We Pay The Tariffs, creada por cientos de empresas golpeadas por el tarifazo comercial.

Con el paso de los meses han surgido estudios que han puesto luz sobre el impacto de los aranceles. Un estudio de la Reserva Federal de Nueva York publicado recientemente concluye que son los estadounidenses quienes están asumiendo casi la totalidad del aumento de los aranceles a las importaciones. El 90% de los aranceles recae sobre los consumidores y las empresas del país, sostiene el informe.

El banco central de Nueva York concluye que “los aranceles más altos aumentan directamente el costo de los bienes importados, elevando los precios para los consumidores y las empresas estadounidenses”. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) también analizó el fenómeno. El resultado de su indagación es que “los exportadores extranjeros absorberán el 5% del costo; y, a corto plazo, las empresas estadounidenses absorberán el 30% del aumento de los precios de importación al reducir sus márgenes de ganancia; el 70% restante se trasladará a los consumidores mediante el aumento de los precios”.

Los economistas de la organización sin fines de lucro Tax Foundation han calculado que “los aranceles de Trump representan el equivalente a un impuesto de 1.000 dólares para cada hogar estadounidense”. Y agrega: “Estimamos que los nuevos aranceles vigentes a partir de 2026 incrementarán los impuestos por hogar estadounidense en 600 dólares”.

“El régimen arancelario actual ha reducido el PIB y aumentado ligeramente el desempleo. Si bien el nivel de producción en 2026 es menor de lo que habría sido si se hubiera mantenido el régimen arancelario anterior a 2025, los aranceles están incrementando la tasa de crecimiento de la producción en 2026 a medida que la economía se recupera parcialmente del fuerte impacto de 2025″, sostienen desde Brookings, que remarcan: “A largo plazo, los aranceles reducen el tamaño total de la economía estadounidense, pero, además del PIB agregado, también provocan una reasignación de recursos entre los distintos sectores del país”.

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