En el amanecer de esta década, sobre todo a partir de 2022, España vivió unbumrenovable que disparó la instalación de paneles fotovoltaicos y, en menor medida, de aerogeneradores. Sirvió, aunque menos de lo deseable, para atenuar algo el impacto de la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Y está sirviendo, ahora sí a gran escala, como escudo protector frente a las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo y el peligrosísimo cierre del estrecho de Ormuz, que solo hoy parece tocar a su fin.