Dejar de realizar excursiones o convivencias el próximo curso es una de las amenazas de los docentes que más titulares está generando. El colectivo sabe que no solo se puede vivir de huelgas y manifestaciones para lograr mejoras laborales y ha optado por innovar en el catálogo de medidas de presión. Enviar los informes de evaluación sin completar, no realizar fiestas de final de curso, dejar de publicar en las redes sociales o vestir de amarillo todos los miércoles son algunas de las iniciativas que se están planteando y, de hecho, algunas ya se están aplicando.
El boicoteo a las salidas no surgió de ningún sindicato, sino de las asambleas de docentes. Igual que otra de las acciones que algunas familias notaron antes de las vacaciones de Samana Santa: recibir boletines de notas incompletos o sin comentarios personalizados del tutor. Los centros aseguran que se trata de una medida de protesta “por el exceso de carga burocrática”, una de las quejas del colectivo desde hace años y que los ha llevado a salir a la calle en huelgas masivas en febrero y marzo, junto a la reivindicación de la subida salarial, la reducción de ratios o más plantilla para atender a los alumnos con necesidades.
“Se trata de medidas de los docentes, que no han salido de los sindicatos, pero que se han extendido rápidamente”, admitía este jueves la portavoz del sindicato mayoritario Ustec, Iolanda Segura. De hecho, Ustec se ha encargado de aglutinar estas ideas en una especie de guía con una veintena de “acciones de resistencia”. Además de las mencionadas anteriormente, se propone dejar de renovar licencias con editoriales o con empresas como Innovamat, enviar a las familias una carta pidiendo su apoyo, dejar de hacer tutorías a los alumnos de universidad que realizan las prácticas en escuelas, colgar carteles reivindicativos y hacer manifiestos y mociones buscando el apoyo de ayuntamientos y de las asociaciones de familias.
De hecho, se trata de medidas que causan diferencia de opiniones entre las familias. Más de un centenar de AFAs ya se han adherido a un manifiesto impulsado por los docentes para que estas asociaciones den su apoyo a las huelgas educativas. Pero otras no entienden que las reivindicaciones de los docentes acaben perjudicando a sus hijos.
La proliferación de estas medidas de presión, que se pueden hacer notar especialmente hacia final de curso, empieza a preocupar al Departamento de Educación. La consejera Esther Niubó, que acaba de reincorporarse al cargo tras dos meses de baja por un cáncer de timo, se ha pronunciado este jueves sobre las acciones que afectan especialmente a la evaluación. “Confío en la profesionalidad de los docentes y que no se colapsará el sistema”, ha asegurado en una entrevista a SER Catalunya. Asimismo, Niubó ha apelado a mantener las escuelas “como espacios de convivencia”, y evitar así “casos puntuales de señalamiento” entre representantes de sindicatos opuestos o implicar a las criaturas en las reivindicaciones (por ejemplo, haciéndolas vestir de amarillo, el color que simboliza la lucha educativa). “Se puede hablar en clase de la situación de la educación, pero si se va más allá se corre el riesgo de romper la convivencia porque las familias pueden pensar de distinta forma”, ha apuntado.
Conflicto encallado
Los sindicatos no dudan de que estas medidas de presión irán a más si no se resuelve el conflicto educativo; y de momento no da visos de hacerlo. Tras su reincorporación, Niubó ha iniciado esta semana una ronda de contactos con sindicatos, directores, asociaciones de familias o entidades pedagógicas. Ante los sindicatos mayoritarios ha defendido el pacto firmado hace un mes con CC OO y UGT, minoritarios en el sector, y ha descartado reabrir las negociaciones. “No nos planteamos tocar el acuerdo, sino desplegarlo”, ha subrayado Niubó. La consejera considera que el pacto “es el mejor posible” y ha concretado que el próximo septiembre ya se notarán algunas mejoras: más manos para atender a alumnos con necesidades, no habrá sobrerratios en las aulas y se espera mejorar aplicaciones de gestión para que no colapsen. Antes, en este último trimestre, los docentes recibirán una paga extraordinaria de 800 euros, correspondiente al aumento del complemento autonómico mensual, congelado durante 25 años, y que se abonará en un solo pago. Por su parte, los sindicatos anunciarán en los próximos días nuevas movilizaciones si, efectivamente, no se reabren las negociaciones.
La pasarela de moda catalana ha inaugurado este martes su primera edición frente al mar, en el recinto del Port Vell de Barcelona, con vistas abiertas al horizonte y a la montaña de Montjuïc. El arranque ha contado con los desfiles de Escorpion, SKFK, Bolaño, Custo Barcelona y Adolfo Domínguez, en una pasarela montada dentro de una estructura en la Rambla del Rompeolas. Con motivo del 50 aniversario de la firma gallega que convirtió el eslogan “la arruga es bella” en una frase del refranero popular, la 080 Barcelona Fashion ha rendido un emotivo homenaje a su fundador, Adolfo Domínguez, que ha asistido al desfile junto a sus hijas, que están al frente de la marca desde hace unos años.
La moda catalana se luce esta semana en un paisaje marítimo pero urbano, rodeada de agua salada y al vaivén del viento. A un lado, la inmensa vela que representa el Hotel W y el litoral de la Barceloneta, al otro el puerto de mercancías, la terminal de ferris y la montaña de Montjuïc. La nueva ubicación cuenta con espacios abiertos como la Open Area y el photocall en el Edificio Mirador, de grandes ventanales. Sin embargo, la pasarela está escondida bajo una gran estructura acristalada, donde unas cortinas negras en el interior, imprescindibles para la buena iluminación de los desfiles y los materiales audiovisuales, impiden ver el anunciado mar.
Como muestra de la alianza entre las dos administraciones que impulsan el evento, la inauguración oficial ha contado con el conseller de Empresa y Trabajo, Miquel Sàmper, por parte de la Generalitat, y de la Comisionada de Promoción Económica, Comercio y Restauración, Nadia Quevedo, como representante del Ayuntamiento de Barcelona. “Barcelona es moda y la moda es una política pública, que queremos que llegue a toda la ciudad”, ha entonado Quevedo para realzar el apoyo municipal a la 080.
La firma catalana Escorpion, que celebrará 100 años de historia en 2029, ha sido la primera en pisar la nueva pasarela, para presentar su colección Heritage, donde el punto sigue siendo su lenguaje. Con una paleta entre tonos tierra y verdes, salpicados por brotes de colores, la marca ha mostrado chaquetas, jerséis de punto grueso, cardigans y vestidos largos de punto que se ajustan a la silueta de forma muy orgánica, llenando los conjuntos de confort.
También viste a las mujeres con comodidad SKFK, aunque sus diseños juegan con más descaro. Con una colección llamada Lotura, que significa enlazar en euskera, la directora creativa de la marca, Maia Curutchet, ha dado importancia a la calidad de sus materiales, que fluyen con el cuerpo, en versiones monocromáticas o de dos colores, siguiendo con sus particulares estampados geométricos, que son marca de esta casa, pionera de la moda lenta.
También despacio se mueve Bolaño, quien ha vuelto a desfilar después de ocho años sin pisar una pasarela. “Quería volver porque si no desfilas parece que no estás en la moda”, ha contado, quien sigue su línea de vestidos trabajadísimos en riguroso negro o rosa claro (solo para pasarela), que mezclan volúmenes, tejidos, lazos y hasta osos, un peluche que empezó a incluir en sus diseños como hombreras. Aunque se le vea menos, cuenta que sigue trabajando mucho en su atelier, para su clientela fiel y haciendo vestuario de cine. Además de ser profesor de moda, colabora como estilista para Simorra.
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Fiel a su ADN, la firma convirtió la pasarela en un espacio de libertad creativa donde la moda se transforma en lenguaje emocional. La colección propone un viaje sensorial que invita a reivindicar la individualidad a través del color, los grafismos y las siluetas dinámicas.
Uno de los elementos clave del proyecto ha sido su universo audiovisual: un video inspirado en Burning Man, que traslada al espectador a un entorno donde el arte, la comunidad y la libertad convergen. Esta referencia refuerza el espíritu de la colección, concebida como una celebración de la creatividad sin límites.
Como fiel aliado de la pasarela barcelonesa, no faltó Custo Barcelona a su nueva llamada. Su estilo se adapta a los tiempos, pero sigue la impronta rebelde que le caracteriza: tejidos técnicos se mezclan en tops llenos de transparencias y vestidos minimalistas; estampados de llamativos grafismos o animales antropomórficos se combinan con colores estridentes y retoques brillantes. Casi todo vale en una colección que lleva por nombre This is me, con la que lanza un mensaje de autoexpresión.
A cielo abierto, con el atardecer cayendo por detrás de la ciudad, llegó el turno de Adolfo Domínguez, que presentó la colección El Número, un show que contó con la sorpresa final del homenaje a esta empresa que ha cumplido 50 años al mando de la segunda generación. Adriana Domínguez contaba que ha sido posible por la visión artística e intuitiva de su padre, quién además de creativo siempre ha sido muy ordenado para dirigir una empresa. “Sin las dos partes no funciona”, ha opinado la actual presidenta ejecutiva, que trabaja codo a codo con su hermana Tiziana. “Ella es artista, pintora, y trabajo muy bien con ella”, ha contado. Este buen entendimiento lleva a pensar que la arruga será bella muchos años más.
Ni comienza ni concluye trepidante. La velocidad es el alma de los conciertos de pop contemporáneos y al ojo no se le otorga tregua. El espectáculo es velocidad, como un extremo desbordando. Por eso el directo de Rosalía llama la atención buscando un espacio propio, un lugar de cierto sosiego que comienza con la música clásica recibe al público en el recinto. Este lunes tocaba Barcelona, en el primero de sus cuatro conciertos en su ciudad, como dijo emocionada, lagrimeando de verdad, evocando a Peret, en el Palau Sant Jordi. Todo lleno por supuesto. Y comenzó ralentizado, con ella suspendida por sus bailarines como si fuese una estatua griega que cambia de emplazamiento en el Louvre. El público, que ya se sabía todo lo necesario sobre el concierto, no dejó de asombrarse, porque aún con todo, nada como estar ante la estrella.
Y es que escuchar a Rosalía cantar Sexo violencia y llantas, Reliquia, con ella estática, casi como Lot hecha sal tras mirar la ciudad prohibida o Porcelana, es algo que impacta. Como sus lágrimas, como lo que luego ocurriría en una actuación extraordinaria enmarcada en un espectáculo que es bastante más que luces y velocidad. Llámeselo arte.
Un arte que no oculta costuras, ya que en la segunda pieza, Reliquia, los operarios trasteaban atrezzo en el que ella se marcaría poco después ese Mio Cristo Piange Diamenti que cerraba el primero de los cuatro capítulos es este montaje. Un montaje que pese a que ella bailó, y se acercó a la orquesta y al público, parece pensado para crear instantáneas casi inmóviles que merezcan ser recordadas. Estampas. Por ello la intención pictórica, esa reivindicación de un arte antiguo que debe mirarse varias veces e incluso desde varios encuadres. Nada de la velocidad de Motomami, estamos en un plano espiritual, parecía sugerir, allí donde mora el recogimiento sin las premuras y ansiedades que se dejan en la puerta. En ese contexto encajan las canciones de Lux tanto como las vestimentas que luce Rosalía y la asistencia más entregada imitándolas. Si los idiomas de su último trabajo no se antojaban mero capricho, tampoco lo es el despliegue estético de su puesta en escena. Todo en Rosalía tiene una razón, una finalidad.
En un artículo de la revista digital argentina Anfibia, y a propósito de Ca7riel y Paco Amoroso, se destacaba que en el entretenimiento contemporáneo las canciones han de ir acompañadas de una narración que las mantenga, un universo en el fugaz mundo transmedia. Es lo que han hecho el dúo argentino, Bad Bunny y Rosalía, que incluso sugiere un manual de instrucciones eludido que el público entiende porque de antemano, incluso antes de la edición del disco, ya lo comenta e interioriza. No es así el típico espectáculo para pasmar con tecnología, sino con una plástica que encaje. Ejemplos los ha habido, desde los fascinantes Pet Shop Boys de 1991, la Madonna visual de 2001, la Solange de máxima sofisticación minimalista en el Primavera Sound de 2013, el fabuloso David Byrne del Cruïlla 2018 o ese Tangana cinematográfico de 2022. Palabras mayores.
En el concierto de Rosalía hubo cambios de vestuario, del oscuro y casi goyesco del segundo acto, iniciado con atronadores tintes operísticos en Berghain y seguido por Saoko o La fama, temas de distinto pelaje pero que funcionan hermanados en el mundo pop de Rosalía; hasta el blanco final, pausado, para acabar el concierto muy dentro de cada persona con Magnolias. Y techno, y Frankie Valli y glitches, y cuerda doblada y graves para demoler Troya y ágil baile. Hubo una fascinante coreografía de trampantojo ideada por Dimitri Papaioannou en La perla, marcos para encajar a Rosalía como sujeto y un juego con cuadros famosos reconocibles, alta cultura pero sin pasarse, para entretener en un intermedio. Y el confesionario, momento de cuitas con la actriz y presentadora Yolanda Ramos.
“Siéntete libre y cuéntamelo todo”, dijo Rosalía, ”hay que hablar de un cabrón ¿no?”, respondió Yolanda Ramos. Y tras el sí de Rosalía, Yolanda procedió a la demolición por infiel, cutre, hámster y tener pelo de cebolla. Y por depilarla cuando ella se quiso autodestruir teniendo un rollo con el sujeto. La pobre Yolanda se bebió sus propios pelos por error. Pero para pobre, el sujeto, músico para más señas. Un tal Joan.
También habló, suelta y satisfecha, como entre amigos. De hecho lo hizo con un niño de 13 años que estaba allí en su primer concierto, y antes de Sauvignon Blancrecordó que el primer concierto al que ella asistió fue con sus padres, para ver a Estopa. Y cuando se acercó al público se abrazó a un señor mayor cuya mirada atónita y feliz brillaba más que el foco que iluminaba el instante. Por cierto, para que nadie perdiese detalle, en la parte alta del escenario se pasaba la letra en catalán de las canciones, mientras que en otra pantalla, tras la mesa de sonido, esas letras iban en castellano o en los idiomas en los que cantaba. No hubo que traducir el “boti, boti, boti fill de puta qui no boti”, que dió paso a un botafumeiro-altavoz con una ensordecedora versión de CUUUUuuuuuute.Fue este tramo el más rítmico, la mayor concesión formal a un concierto clásico, con la pegada de Bizcochito, y el merengue travestido Despechá, conNovia Roboty Focu’ranni.
Y todo ello funcionó porque Rosalía monta un repertorio equilibrado en el que cuenta más el encaje que la memoria. Y porque el pop es esa música que todo lo fagocita sin perder fuste, sentido y coherencia. Rosalía no es vanguardia como lo pueda ser Holly Herndon, ni extraña como The Residents, ni tan siquiera se reinventa, ya que todo es fruto de una evolución que partió del flamenco, presente con De madugá, La rumba del Perdón o El redentor y que nadie, quizás ni ella misma, sabe dónde acabará. Es pop comercial de mucho nivel, música de entretenimiento no exenta de mover fibras sensibles en el que las canciones no suenan en escena cortadas, resumidas o empujadas por la prisa. Pausa y pop, estampa, y un espectáculo para lucirla. De su voz, sólo decir que es el fabuloso remate, el carnal y flexible pináculo de este museo sin grietas que es la gira de Lux.
Es pop comercial de mucho nivel, música de entretenimiento no exenta de mover fibras sensibles en el que las canciones no suenan en escena cortadas, resumidas o empujadas por la prisa. Pausa y pop, estampa, y un espectáculo para lucirla. De su voz, sólo decir que es el fabuloso remate, el carnal y flexible pináculo de este museo sin grietas que es la gira de Lux.
Clarísimamente las 300 personas, entre estudiantes y activistas como Cristina Fallarás o Sarah Santaolalla, que han asistido este jueves a la charla entrela eurodiputada de Podemos, Irene Montero, y el líder de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, en Barcelona han salido del auditorio mucho más movilizadas ante la necesidad de una izquierda alternativa unida. Otra cosa es que la gran pregunta de cómo piensan hacerlo sigue sin tener visos de respuesta. Aparte de exhibir una sintonía casi total entre ambos y el moderador, el exdiputado de los Comunes Xavier Domènech, el encuentro Que s’ha de fer se ha saldado con una defensa de Rufián de Podemos como un elemento que ayudaría a una confluencia y su exigencia a ERC de asumir su “responsabilidad histórica” en frenar el fascismo, por lo que cree que su dirección ha de involucrarse en las negociaciones de esa suma de alto espectro.
“Yo le pido a mi partido que lidere esto. Y si me va el cargo, me voy a mi casa”, ha dicho de manera tajante Rufián, que cree que “forma parte de ese partidismo frágil” pensar que “hace daño” interpelar y arrastrar a “IU, Podemos, a Sumar, a cualquier partido con un proyecto español desde una perspectiva independentista y soberanista”. De hecho, ha defendido la posibilidad de repetir el experimento de Unidas Podemos -“fue extraordinario”- y ha instado a que la formación que pilota Oriol Junqueras asuma un rol impulsor. “¿Por qué no se puede repetir?, ¿Por qué ERC no puede inspirar como en otros momentos a la izquierda española?“, ha remachado.
De hecho, por momentos parecía que el único objetivo de Rufián, al que Domènech presentó como “el puño de hierro contra la derecha española y catalana” era responder desde casa a los sonoros portazos de su partido a la propuesta de alguna suma con las formaciones a la izquierda del PSOE en las próximas elecciones generales. Todo un contraste con lo sucedido en febrero, cuando en una mucho más eléctrica charla con diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado. Allí el republicano habló de “ciencia, método y orden” para maximizar el voto de ese lado del espectro político, esbozando la vía de decidir estratégicamente quién se presenta en cada provincia y no competir entre aliados. Ni de lejos se ha avanzado en más detalles así en el acto de Barcelona, aunque sí se ha dado a entender que habrá una charla similar con Mónica Oltra, de Compromís.
Irene Montero, durante la charla.GIANLUCA BATTISTADe izquierda a derecha, Xavier Domènech, Irene Montero y Gabriel Rufián, posan al final de la charla. GIANLUCA BATTISTAEl historiador y exportavoz de En Comú Podem en el Congreso, Xavier Domènech, durante el diálogo.GIANLUCA BATTISTAGabriel Rufián, en un momento de la charla. GIANLUCA BATTISTADe izquierda a derecha, Irene Montero, Xavier Domènech y Gabriel Rufián, en el diálogo celebrado en la Universitat Pompeu Fabra este jueves.GIANLUCA BATTISTA
Montero, “la Pasionaria de la izquierda actual” para Domènech, quiso abrir el debate a la reconquista de cierto orgullo de izquierdas, que si bien aspira a que se refleje en un poder político capaz de ampliar derechos, ha descrito más como una filosofía de vida. “Uno de los retos pasa por poner en el centro nuestro proyecto de una sociedad mejor y estar orgullosas de ellos. Hay que recuperar la brújula de los principios”, ha añadido.
La eurodiputada había sido más clara en un par de entrevistas que tuvo en la mañana. En la de SER Catalunya, por ejemplo, daba la sensación que esbozaba una candidatura bicéfala entre Podemos y ERC. “Lo que diremos en este acto es que estamos dispuestos a hacer equipo. Los partidos son las herramientas en las que la gente se organiza para hacer política. Podemos en España y ERC en Cataluña podemos impulsarlo”, había asegurado Montero.
La dirección de los republicanos, desde que se ha planteado la posibilidad de cierta confluencia, se cierra en banda a la posibilidad de diluir sus siglas. De hecho, Junqueras no asistió al evento al que si fueron representantes de Podem, y los Comunes, que también venían en nombre de Sumar. Un mensaje de Rufián parecía mandar una señal de tranquilidad en ese punto “Cada uno en su casa, pero el derecho a la autodeterminación, el antifascismo y las condiciones materiales de la vida de la gente en casa de todos. Ahí nos podemos encontrar”, ha dicho. “No me hace menos independentista decir que quiero que le vayan bien a las izquierdas españolas. El escenario ideal es un PSOE sometido por Bildu, BNG”, ha ahondado.
Rufián sí que ha esbozado ciertas claves para lidiar con la extrema derecha, más allá del mero acto electoral. Ha propuesto, por ejemplo, no insultar a sus votantes. “Es un error decirle al votante de Vox y Aliança Catalana que son fascistas. Son gente que esta enfadada”, ha defendido. “Hay que llenarle la nevera a la gente, hay que ganar la batalla cultural pero también los derechos”, ha explicado, recordando que el poder de las redes es básico en esta trinchera y ha puesto a disposición su capacidad de influencia en ello. “Prefiero llenar TikTok que bibliotecas. Porque mi hijo mira TikTok”, ha asegurado. Finalmente, ha insistido en la necesidad de entrar en los temas incómodos como la seguridad o la inmigración, una idea que ha sido contestada con vehemencia por Montero. “Seguridad es que, si sufres de violencia de género, tengas una sociedad que financia viviendas de emergencia”, ha respondido.
El acto también ha dado alguna pista sobre cómo vislumbran Podemos su carrera para las elecciones generales. A la cita en la Pompeu Fabra se llegó con el partido especulando fuertemente con la posibilidad de un tándem con Rufián. La sintonía entre ambos, de momento, no da visos de ir a tanto.
El propio anuncio del acto conjunto en Barcelona, el pasado día 19 de marzo, supuso ya cierto giro en Podemos. Los morados ni siquiera enviaron una representación oficial a la charla entre Rufián y Emilio Delgado de febrero. Incluso antes de realizarse el encuentro, el portavoz del partido, Pablo Fernández, prácticamente ya la menospreció al calificarla de “una charla más” como hay muchas sobre “cine, música, política, ciencia o física cuántica” y considerar que no merecía una valoración suya.
En ese foro, el republicano no sólo planteó su propuesta para maximizar el voto progresista sino que también defendió la necesidad de contar con los de Irene Montero para cualquier proyecto unitario de la izquierda. “Quien crea que esta gente sobra se equivoca. Son imprescindibles”, aseguró.
El desdén en las filas de Podemos se mantuvo después del acto. Su secretaria general, Ione Belarra, criticó dos días después la idea de Rufián de que se apoyara en cada provincia a la lista de izquierdas con mejor resultado previo. “Si todo el planteamiento es de cálculo en la ley electoral, de matemática parlamentaria, de candidatura con más opciones electorales, entonces está clara cuál va a ser la conclusión al final. Que hay que apoyar al PSOE y votar al PSOE porque es la candidatura más grande”, aseguró en su intervención en el Consejo Ciudadano, el máximo órgano del partido.
Menos de un mes después, Belarra estaba entre el público en Barcelona, en un acto instado por la propia Montero que siempre ha simpatizado con el portavoz republicano. Entre medias, un sonoro fracaso de la izquierda alternativa en las elecciones de Castilla y León que ya agravaba el escenario de las aragonesas y el autocriticado pacto in extremis para las de Andalucía. Y Sumar buscando cómo reinventarse ya sin Yolanda Díaz al frente. “¿Que todos los aparatos de los partidos me van a dar? Llevo diez años en esto, sé como funciona”, había lamentado Rufián en el acto de Madrid, que ahora ve como Podemos se hace cargo de la logística de Que s’ha de fer.