El presidente ruso, Vladímir Putin, ha podido celebrar el Día de la Victoria, el quinto desde que invadió Ucrania en 2022, sin incidentes. Ucrania acató el ruego de una tregua temporal del presidente estadounidense, Donald Trump, y sus drones y misiles no han empañado la celebración en Rusia del triunfo soviético sobre la Alemania nazi. Sin embargo, Putin quiso tener la última palabra y visiblemente enfadado aseguró horas después que Ucrania no atacó porque Moscú había amenazado con una “respuesta espejo contra los centros de toma de decisiones en Kiev”. También justificó la ausencia de vehículos en el desfile al alegar que sus fuerzas “deben concentrarse en la operación militar especial”, algo que no impidió sacarlos el año pasado.
El dirigente ruso se mostró confiado en su rueda de prensa nocturna en lograr sus objetivos pronto. “La confrontación [de Ucrania con apoyo occidental] con Rusia, que continúa hasta el día de hoy, creo que está llegando a su fin, pero sigue siendo un asunto serio”, manifestó.
No obstante, el dirigente ruso no abandonó su retórica bélica ante sus militares. Durante el desfile, en su alocución a las tropas, Putin ha pedido más sacrificios a su población para vencer en una guerra: “La gran hazaña de la generación victoriosa [la II Guerra Mundial] inspira a los soldados que hoy llevan a cabo esta operación militar especial. Se enfrentan a una fuerza agresiva y apoyada por todo el bloque de la OTAN. Y sin embargo, nuestros héroes siguen adelante”, ha arengado Putin a sus fuerzas.
El dirigente ruso ha enfatizado su confianza en llevar la guerra hasta el final. “¡Creo firmemente que nuestra causa es justa! ¡Estamos unidos! ¡La victoria siempre ha sido y siempre será nuestra!“, ha proclamado.
La invasión de Ucrania cumple su quinto año. La Gran Guerra Patria duró 1.418 días frente a los 1.535 que cumple este sábado la “operación militar especial” de Putin. Cada día mueren más soldados en el frente y la economía se adentra en una crisis más profunda, pero el mandatario ruso ha apelado a la unidad en torno al Kremlin y al sacrificio para derrotar a Ucrania.
“[En la II Guerra Mundial] el frente y la retaguardia estaban unidos. El patriotismo auténtico, la valentía y el sacrificio del pueblo les elevaron por encima del enemigo, fortalecieron su fe en la victoria. ¡La victoria fue conquistada, sufrida y lograda!“, ha manifestado el mandatario ruso.
El ejército ruso ha realizado su primer desfile en esta celebración sin vehículos militares, ni carros de combate ni misiles nucleares, desde 2007. Ha sido un acto sin la exhibición de fuerza de años anteriores porque la amenaza de un sabotaje ucranio sobrevolaba la capital rusa. Moscú ha sido blindada con antiaéreos, inhibidores electrónicos y policía, y las autoridades cortaron internet en todos los teléfonos móviles de la región. Ni siquiera la web del Kremlin funcionaba. Y aún así, el desfile ha sido emitido en diferido para evitar una humillación ante los rusos en el caso de posibles imprevistos. Para alivio de Putin, Trump convenció a Kiev para cumplir un alto el fuego de tres días estos 9, 10 y 11 de mayo.
El mandatario norteamericano anunció esta tregua temporal horas antes de su inicio. Se desconoce hasta qué punto Trump llegó a presionar a Kiev para que aceptase y si el líder norteamericano lo hizo por iniciativa propia o a petición de Moscú. El Kremlin afirmó que fue decisión de Washington. Por su parte, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, publicó minutos después un decreto, medio en broma, medio en serio, con el que disponía su “autorización a un desfile en Moscú el 9 de mayo”, aunque el texto solo incluía las coordenadas de la Plaza Roja como zona a salvo “del uso de armamento ucranio”.
El mandatario ruso manifestó este sábado que su país “discutió con China, Estados Unidos, India y otros países sobre las consecuencias de posibles ataques de Kiev contra el desfile y las represalias rusas”.
Putin quería evitar una humillación ante su pueblo. El mandatario ruso había anunciado a principios de esta semana una tregua unilateral para el 8 y 9 de mayo bajo la amenaza de un ataque masivo contra Kiev en caso de ser saboteado. Zelenski respondió con otro cese de las hostilidades unilateral el 5, 6 y 7 de mayo. La respuesta rusa fue lanzar nuevos bombardeos masivos contra las ciudades ucranias.
A pesar del alto el fuego parcial declarado este fin de semana, la paz parece lejos. Preguntado por la suspensión de las negociaciones, Putin manifestó que “Estados Unidos busca sinceramente una solución, pero esto [la guerra] es un asunto entre Rusia y Ucrania”.
No obstante, Putin se ha mostrado abierto a retomar los contactos con la Unión Europea, aunque como mediador propuso al excanciller Gerhard Schröder, el mayor lobista del Kremlin en Europa tras fichar por el gigante gasista Gazprom al dejar el poder.
El desfile de la Plaza Roja de Moscú ha sido concebido como un homenaje a la invasión de Ucrania. Mientras desfilaban los regimientos, la propaganda rusa mostraba en televisión grabaciones épicas de sus supuestas acciones militares, aunque algunos planos evidenciaban no haber sido tomados en combate real.
No obstante, ha sido una marcha discreta. En 2025 marcharon más de 11.000 militares y 200 vehículos con motivo del 80º aniversario del final de la II Guerra Mundial. Entre los asistentes en primera línea de aquella exhibición estuvieron los presidentes de China, Xi Jinping; Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y Venezuela, el malogrado Nicolás Maduro.
Este año, apenas un puñado de mandatarios han acompañado a Putin en la grada. Entre ellos, los jefes de territorios no reconocidos por la comunidad internacional como las regiones georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, más el máximo dirigente de la República Srpska.
El presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, el de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáev, y el de Uzbekistán, Shavkat Mirziyoyev, han sido los únicos líderes de países exsoviéticos presentes, las naciones que Putin considera bajo su esfera de influencia. Les han acompañado el presidente de Laos y el rey de Malasia.
El primer ministro eslovaco, Robert Fico, no ha presenciado el desfile en la Plaza Roja, pero depositó un ramo de flores en el monumento al soldado desconocido. Además, tenía previsto entregar a Putin un mensaje del líder ucranio, Volodímir Zelenski, según Bratislava. El dirigente ruso recibía en Moscú a uno de los pocos socios que le quedan en la Unión Europea el mismo día que en Hungría jura como primer ministro Péter Magyar, poniendo así fin a los 16 años de alianza con Rusia de Viktor Orbán.
El Día de la Victoria es una fecha marcada en rojo en el calendario de los rusos y del Kremlin. Para los ciudadanos, por el enorme sufrimiento que padecieron sus familias durante la invasión alemana. Para el putinismo, porque intenta enlazar la lucha contra el nazismo alemán con su enfrentamiento con Ucrania y Europa como un todo histórico. Así, con esta supuesta amenaza justifica su represión interna y sus ambiciones territoriales.
El temor a un ataque y la necesidad de vehículos en el frente también han afectado a los actos previstos en otros territorios. Al menos 26 regiones de Rusia han cancelado sus desfiles, entre ellas las provincias situadas cerca del campo de batalla, y decenas más lo han realizado en formato reducido sin vehículos.
Para alivio de la élite rusa, su capital ha vivido relativamente al margen de la guerra hasta ahora, a diferencia de las sufridas ciudades ucranias y las regiones rusas fronterizas. Un dron ucranio apenas dañó el tejado de uno de los palacios del Kremlin en mayo de 2023 y otros aparatos alcanzaron su ciudad financiera de noche sin provocar víctimas. La cifra de civiles fallecidos en Moscú ronda la media decena en toda la guerra, aunque no hay datos oficiales. Según la ONU, solo en la primera semana de mayo han muerto más de 70 civiles en Ucrania.
El bloqueo de internet ha recordado a los moscovitas las consecuencias indirectas del conflicto, pero también ha evidenciado el pulso que mantienen el Servicio Federal de Seguridad (FSB) y la administración política del putinismo, más proclive a mantener cierta paz con los ciudadanos a cambio de menos control.
El bloqueo de los móviles este 9 de mayo fue decisión del FSB, que quería aplicarlo desde el 5 de mayo. Con la popularidad del presidente a la baja, la administración política del Kremlin convenció a las fuerzas de seguridad para limitar el bloqueo de internet a un solo día, aunque las restricciones no han perdonado ni siquiera a las webs afines al Gobierno.
Este no ha sido el primer apagón total de internet en Moscú. Los servicios de inteligencia rusos ya han probado a cortar la red por todo el país durante días varias veces desde el año pasado contra los intereses de la administración presidencial.
De hecho, a la kremlinología —el análisis de cada palabra y acto del Kremlin— le ha llamado la atención que en las gradas de la Plaza Roja no estaban invitados este sábado los miembros del Gobierno, sino solo el selecto grupo del Consejo de Seguridad de Putin. No es la primera vez que el mandatario, mediador entre las facciones de la élite rusa, muestra su apoyo en público su respaldo a los servicios de seguridad.