A inicios de la tarde de este sábado estalló una bomba en la principal carretera del suroccidente de Colombia, la vía Panamericana, en su tramo en el departamento del Cauca. Varios vehículos fueron afectados por el artefacto explosivo, que mató a al menos 14 personas e hirió a 38, según ha informado el gobernador del departamento del Cauca, Octavio Guzmán, en redes sociales. El atentado ocurrió en una zona llamada El Túnel del municipio de Cajibío. El Ejército ha anunciado que verifica la posibilidad de que haya otras bombas sobre la vía, que conecta a Colombia y Venezuela con el resto de Sudamérica. El presidente Gustavo Petro ha señalado como responsable a alias Marlon, uno de los jefes de la disidencia de las extintas FARC que comanda Iván Mordisco, el grupo que el mandatario ha convertido en su principal objetivo militar.
El gobernador Guzmán lamentó el atentado mortal. Es “un ataque indiscriminado contra la población civil que, de manera preliminar, deja 7 civiles muertos y más de 20 heridos de gravedad. Es una tragedia que nos desgarra como departamento y enluta profundamente a nuestras familias. No hay palabras suficientes para el dolor que hoy sentimos”. Las cifras de afectados han aumentado con el paso de las horas.
Poco después del Consejo Extraordinario de Seguridad convocado tras el atentado, la Alcaldía de Popayán anunció cuatro medidas para preservar el orden público: ley seca, a partir de las 6 de la tarde, durante todo el fin de semana; restricción de motocicletas desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana de manera indefinida; se prohíben los eventos y aglomeraciones públicas y privadas y se dispone un sistema de recompensas para quien suministre información sobre lo ocurrido. “Estas medidas entran en vigor de manera inmediata. Invitamos a toda la comunidad a acatarlas”, solicitaron.
En las imágenes que se han compartido en redes sociales queda presente la destrucción de varios vehículos, e incluso aparecen cadáveres de las víctimas. Por lo menos tres microbuses y un Nissan X-Trail particular parecen afectados hasta estar inservibles, en una vía repleta de escombros y totalmente bloqueada.
Sobre las tres de la tarde se ha pronunciado el presidente, señalando no solo a Marlon como responsable, sino a su grupo de ser “terroristas, fascistas y narcotraficantes” que desean “que la extrema derecha y el fascismo gobiernen a Colombia porque saben que con ellos hacen sus negocios de cocaína y oro ilícito”. Lo hace en referencia a las elecciones presidenciales que tendrán su primera vuelta en cinco semanas, y en las que el candidato de su partido, el Pacto Histórico, Iván Cepeda (de familia caucana) compite con el ultra Abelardo de la Espriella y la derechista Paloma Valencia, del partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez también de origen caucano.
Cepeda informó a última hora de la tarde que los eventos de su campaña electoral y la de su fórmula presidencial, Aida Quilcué, continuaban en marcha. “Anuncio a la opinión pública que mi agenda de campaña continúa sin ninguna alteración. Seguiré haciendo mi recorrido nacional y en Bogotá sin ningún cambio o cancelación”, anunció en X, tras la noticia falsa de medios locales que anunciaban el aplazamiento hasta nuevo aviso de los eventos programados.
La candidata Valencia, sin embargo, interrumpió sus actos de campaña en Antioquia, al nororiente del país, para desplazarse a Palmira. Pero ya antes de viajar, la opositora envió un mensaje en una línea electoral que hace espejo al presidente. “Este es un gobierno cómplice de los violentos; los deja libres, como a Calarcá, para subirlos a las tarimas, para que hagan fiestas en las cárceles y para que salgan a poner bombas y asesinarnos”, dijo en un evento público, en referencia a la política de negociación de Petro llamada paz total y las críticas que esta ha ido sumando ante sus escasos avances en un cuatrienio que se acerca a su fin.
De la Espriella también manifestó su rechazo al atentado en redes sociales. Lo hizo con un tuit en un sentido similar al de Valencia, pero con un tono mucho más radical, como es propio de su postura política. El abogado penalista denunció que el suroccidente del país “había sido entregado al narcoterrorismo” y prometió que en un eventual Gobierno suyo declararía “objetivo militar a esas alimañas que llenan de miedo, terror y carnicería el territorio colombiano”. “Esto no es con mano tibia, ni con falsa paz, ni con más JEP ni impunidad: es con la fuerza del Estado que se enfrenta al crimen”, dijo.
El ataque se da al día siguiente de un fallido atentado contra instalaciones militares en la ciudad de Cali, unos 100 kilómetros al norte por esa misma carretera, y de un atentado sin víctimas contra un batallón en Palmira, un poco más al nororiente. En respuesta a ellos, el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció una recompensa de 5.000 millones de pesos, alrededor de 1,2 millones de euros, por información que lleve a la captura de Marlon. “Esta es una muestra cobarde de debilidad de una estructura criminal cuyo cabecilla principal es un peligroso delincuente”, dijo desde Palmira.
En la madrugada, otro artefacto estalló más al sur, en el municipio de Mercaderes, dirigido a civiles. Otros ataques menores y sin víctimas mortales se han sumado en las últimas horas, según explica Guzmán, el mandatario regional. “En las últimas horas se han registrado acciones en El Túnel, El Tambo, Caloto, Popayán, Guachené, Mercaderes y Miranda. Esto es una ofensiva directa contra la vida, contra un pueblo indefenso”, ha escrito en X.
Ofensivas similares se han dado en el pasado en una zona en la que hacen presencia varios grupos armados y especialmente las disidencias de las extintas FARC al mando de alias Iván Mordisco, declarado por el presidente Gustavo Petro como su principal objetivo militar.
Un año atrás, un ataque similar sobre la Panamericana, en el poblado caucano de Mondomo, dejó una persona muerta, y en marzo de 2025 las disidencias de Mordisco lanzaron una ofensiva simultánea con por lo menos ocho ataques en diferentes puntos del departamento. La carretera entre Cali, la tercera ciudad de Colombia, y Popayán, la capital del Cauca, se convierte así, en ciertos momentos, en una vía llena de riesgos, lo que afecta la economía del empobrecido departamento y también la de Nariño, más al sur y en la frontera con Ecuador.
Colombia enfrenta las elecciones en medio de una creciente violencia, liderada por distintos grupos armados que pueden ser aliados en una región y rivales en otra. La puja por economías ilegales como la del narcotráfico, la de la minería ilegal y la de las extorsiones se traduce en cifras cada vez más altas de masacres (la del atentado de este sábado es la 47 en el año), reclutamiento infantil o confinamiento forzado a distintas comunidades rurales.