El invierno se acerca. El ciudadano de a pie rara vez recuerda el célebre aviso de Juego de tronos cuando la primavera está recién llegada, pero el sector del gas no puede permitirse ese lujo. Las empresas energéticas europeas han comenzado a almacenar el gas natural que llega a los puertos durante la primavera para tenerlo disponible en la temporada fría. Esta vez, Europa corre para llenar sus reservas en medio de una tormenta perfecta que se gesta a miles de kilómetros, con la guerra en Irán y el cierre del paso del golfo Pérsico, desde donde procede casi el 5% de todo el gas consumido por el continente.
Este 5% no tiene punto de comparación con el masivo 45% que representaba Rusia antes de la invasión de Ucrania en 2022. Pero el bloqueo del Golfo impacta en el Viejo Continente por su peso en el mercado internacional. Las exportaciones que pasan por Ormuz representan el 20% del gas licuado consumido en el mundo, y aunque Europa no dependa de esa zona tanto como Asia, los precios suben igualmente. Los contratos de referencia europeos (TTF) se han disparado un 50% desde el inicio de la guerra, la mayor alza desde 2022, si bien lejos aún de los precios cuadruplicados de entonces.
“El impacto real es el alza de los precios, porque Europa tendrá que pujar por encima de los compradores asiáticos para asegurarse los cargamentos no comprometidos por el cierre del Golfo”, explica Jana Hernandez, analista de gas natural en la consultora Argus Media. Para complicar el escenario, el mercado se muestra pesimista. Los futuros del TTF apenas divergen de los precios actuales (ambos cotizan en algo más de 45 euros por megavatio/hora), una señal de que el mercado no espera una normalización de las importaciones antes de 2027. Qatar, principal exportador de licuado del Golfo, ya ha advertido de que reparar sus instalaciones atacadas por Irán llevará meses, y ha invocado una cláusula contractual con sus clientes, entre ellos Bélgica e Italia, que le permite incumplir las entregas durante hasta cinco años.
Para contener la subida de precios, la Comisión Europea relajó en marzo los objetivos de almacenamiento para el próximo invierno: los Estados miembros deberán tener sus reservas al 80% de capacidad a principios de octubre, frente al 90% habitual. El resultado es que Europa se encontraba al pasado 10 de mayo con sus reservas al 35% de capacidad, siete puntos menos que hace un año y prácticamente al mismo nivel que en 2022, de acuerdo con los datos de la plataforma de transparencia del sector del gas europeo (Gas Infrastructure Europe). Así los países tienen algo más de margen ahora que los precios se han disparado por la guerra. Pero, cuanto menos gas haya almacenado, también habrá menos margen de maniobra llegado el invierno.
“Europa afronta su temporada de [construcción de reservas de] gas más dura desde 2022, ya que las reservas están en mínimos de cuatro años y el continente debe asegurarse cargamentos de gas licuado en un momento de estrechamiento del suministro mundial”, advierten desde Argus Media en un informe. De acuerdo con Hernandez, el continente “ha estado reponiendo sus reservas con mayor rapidez, pero alcanzar el 80% en octubre exigirá tasas de inyección por encima de la media histórica”.
Si en 2022 el continente encontró alivio en el gas árabe y estadounidense —lo que permitió una rápida recuperación de las reservas—, ahora el primero está bloqueado y el segundo resulta mucho más caro. De hecho, el volumen de las importaciones europeas procedentes de EE UU apenas varió en marzo y abril respecto a 2025, según Bloomberg. Europa tendrá que buscar alternativas. Sin embargo, todos los analistas consultados por este diario coinciden en que el continente se muestra más resiliente y todavía con margen para reaccionar.
“Acabamos de comenzar la temporada de inyección y contamos con tiempo suficiente para realizar el llenado; el suministro de gas está en principio garantizado”, afirma a este diario Miguel Ángel Vicente González, director de Gestión de Energía en la consultora NTT DATA. Desde Bloomberg se estima que, si el estrecho reabre antes de julio —ya con capacidad para compensar parte del suministro árabe—, sería suficiente para que Europa alcanzara el 80% en octubre. En medio de negociaciones cada vez más inciertas y volátiles entre EE UU e Irán, y con el alto el fuego del último mes en “estado crítico”, en palabras de Trump, las próximas semanas serán decisivas.
Lejos de Pakistán, donde tienen lugar las negociaciones para el fin de la guerra, Europa muestra sobre su propio terreno una mayor resiliencia que en 2022, en parte gracias al impulso de las energías renovables tras aquella crisis, que ha reducido su dependencia del gas para generar electricidad. Según González, la transición ecológica ha impulsado la reducción de la demanda europea de este combustible en los últimos cinco años, una tendencia prevista para al menos hasta 2030.
España, en particular, se encuentra en una de las posiciones más cómodas del continente. Algo más de la mitad de su demanda eléctrica ya está cubierta por renovables, y el país cuenta además con capacidad de regasificar el licuado en Europa, con seis plantas.
“El país cuenta con el sistema gasista más robusto de Europa. La probabilidad de un escenario de escasez en España es muy baja”, sentencia Pedro Cantuel, analista del grupo energético Ignis. El país ha construido esta capacidad de regasificación desde los años ochenta como respuesta a su histórico aislamiento de las redes energéticas del continente.
“La apuesta española ha resultado ser exitosa en el actual entorno global y geopolítico”, añade Cantuel. Un mal que acaba siendo un bien o como diría Meñique, un maquiavélico noble en Juego de tronos: “El caos no es un pozo. El caos es una escalera”.