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La Policía Detiene A Un Hombre En Córdoba Por El Asesinato De Su Pareja

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Este lunes, la Policía Nacional ha detenido a un hombre de 65 años como presunto autor del asesinato de su pareja, una mujer de 64 en Córdoba. El crimen, con arma blanca, ha sucedido a primera hora de la mañana, en el portal de un edificio de viviendas de la capital cordobesa donde el hombre se ha atrincherado después. Se da la circunstancia de que la mujer, Tulia Ester, lo había denunciado el pasado fin de semana por una agresión y él fue detenido. Ambos entraron en el Sistema VioGén, el de seguimiento de las víctimas de violencia machista y sus agresores. Desde el sábado pesaba sobre él una orden de alejamiento y ella contaba con protección, con seguimiento por parte de la Policía Nacional, según fuentes de la investigación. Este lunes iba a producirse el juicio rápido, según han confirmado esas mismas fuentes.

A lo largo del sábado él había abandonado la vivienda por la orden de alejamiento impuesta porque, aunque solo convivían de forma intermitente, los dos tenían una piso en el mismo bloque, en el pasaje Virgen de Luna del barrio de la Fuensanta, en Córdoba. A lo largo de todo el fin de semana, según confirman fuentes del caso a EL PAÍS, la victima tuvo seguimiento policial. A pesar del ofrecimiento por parte de los agentes, la mujer (que figuraba con un riesgo medio en el sistema Viogén, el segundo de cuatro) declinó ir acompañada al juicio que debía celebrarse este lunes tras la denuncia del fin de semana; como ocurre de forma habitual en relaciones en las que existe violencia machista, las víctimas minimizan el peligro al que están expuestas. Esa percepción es, de hecho, una de las cuestiones que la policía tiene en cuenta al hablar con las mujeres que denuncian para hacer la valoración del riesgo. Este lunes, el hombre la asesinó con un arma blanca.

Llevaban más de dos décadas juntos. Él, español, y ella, de origen colombiano, tenían dos hijos, de 23 y 25 años, que ya no vivían con ellos. Su hija mayor vive en Madrid. Su hijo, en Motril. La Policía Nacional recibió el primer aviso poco antes de las 09.00 horas pero, cuando accedió al portal, situado en el pasaje Virgen de Luna, del barrio de la Fuensanta, Tulia Ester ya había fallecido. El que había sido su pareja durante décadas, estaba atrincherado en su piso. Hasta los bomberos han acudido para intentar que saliera, algo que finalmente han conseguido los agentes de policía. La comitiva judicial ha acudido después al interior del inmueble y el detenido ya ha sido trasladado a dependencias judiciales.

En un mensaje en la red social X, la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género ha informado de que ya está recabando datos de este asesinato.

En lo que va de año, 15 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas. Desde que arrancó la estadística oficial, en 2003, son 1.358 mujeres.

El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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Morante, Dios Del Toreo

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Si tuvieron la fortuna de ver la corrida, quédense con lo vivido, con esa misteriosa conmoción colectiva que se apoderó de La Maestranza de la mano de un genio llamado Morante de la Puebla.

Si no la vieron, cierren los ojos y sueñen con una obra desigual, virtuosa, estremecedora, sorprendente, barroca, un alarde de improvisación de un artista que no es de este mundo, capaz de hipnotizar y con una capacidad sobrenatural impropia de la torería actual.

Morante es el dios del toreo sevillano, del toreo de España, del mundo, del universo entero, de donde ustedes quieran, porque es un único y diferente, y hace lo que nadie se le ocurre en su sano juicio.

¿Pero qué es lo que pasó? Intentar contarlo es una temeridad, pero no queda más remedio.

Salió el cuarto toro; Morante se recuesta en las tablas de la barrera del tendido 5, y allí lo espera con el capote a una mano. El animal, distraído y suelto, pasa por su lado en un par de ocasiones, al tiempo que una sensación extraña comienza a apoderarse de los tendidos.

De pronto, Morante sale a la raya del tercio y torea a la verónica, a trompicones primero, con más templanza después, y surgen dos lances extraordinarios. Suena la música y el éxtasis acaba de comenzar con la plaza en pie.

Tras un paso anecdótico del toro por el caballo, dibuja un quite de nombre desconocido: presenta el capote recogido por delante y se lo pasa por detrás a modo de serpentina.

Suenan los clarines para el tercio de banderillas. Morante pide los palos (¡sorpresa gorda!) y coloca un primer par delantero, pero por derecho; el segundo resulta sencillamente perfecto, y para el tercero… Para el tercero pide una silla de tijeras al palco de ganaderos, se sienta en ella, cruza las piernas, levanta los brazos y llama al toro. Se levanta con el tiempo justo de clavar un par al quiebro espectacular.

A estas alturas, la plaza era un manicomio; feliz, muy feliz, eso sí, pero un manicomio incontrolable.

Cuando el sevillano coge la muleta tenía ya los máximos trofeos en las manos. Vuelve a sentarse en la silla, y dibuja tres ayudados por alto de tal guisa que compusieron una película de Rafael El Gallo. Y a partir de ahora, una corriente excelsa de improvisación, de muletazos largos y hermosos y otros enganchados; y un natural completo, redondo, que supuso una lección de la torería más grande.

Cuando se perfiló para matar, la plaza guardó silencio, rezó, imploró que la espada se hundiera en las nobles y sosas carnes del toro, pero no fue así. Ni que decir tiene que las dos vueltas al ruedo fueron apoteósicas; la conmoción fue tal que al final de la corrida quisieron sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe, pero no fue posible a pesar de una larga espera, y en volandas salió por la puerta de cuadrillas.

Dos detalles finales que no deben pasar desapercibidos.

Uno: el toro de Morante era un impresentable novillo, que fue un comparsa durante toda la lidia. Ni siquiera acompañó, ni se tuvo en cuenta su noble sosería. No había más protagonista que Morante, y eso no es.

Y dos: ¡Hay que ver lo bien y mucho que canta Sevilla! Todo, absolutamente todo le parece bonito a este público divertido que lanza olés por doquier sin causa que lo justifique.

El resto de la corría es otra historia. El primero de Morante, un proyecto de cadáver. Víctor Hernández cayó de pie por su valor, su entereza, su pundonor y su cabeza lúcida delante de un lote poco propicio. Dibujó pinceladas de buen toreo, solemne a todas luces, en su primero, agotado y noble; y se dio un arrimón en el sexto, que brindó a Morante.

Juan Ortega, por su parte, pasó desapercibido. Recibió al segundo de rodillas en los medios con una larga cambiada, y se le vio dubitativo y atolondrado. El toro desarrolló un punto de casta molesta y el torero no se sintió a gusto en ningún momento, más preocupado de acompañar que de mandar. En el quinto, el público estaba exhausto tras el atracón morantista, y Juan Ortega naufragó ante un oponente sin clase.

Que nadie se extrañe si un día de estos alguien inscribe la religión morantista para rendir culto al torero de La Puebla… Que nadie se extrañe.

Núñez/Morante, Ortega, Hernández

Toros de Álvaro Núñez, desiguales de presencia; muy justos primero y tercero; anovillado el cuarto, y correctos los demás; mansones en los caballos, blandos, nobles y agotados en el tercio final.

Morante de la Puebla: estocada (silencio); pinchazo, media estocada y dos descabellos (dos vueltas al ruedo). Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.

Juan Ortega: estocada muy baja (ovación); estocada (silencio).

Víctor Hernández: _aviso_ estocada algo caída (oreja); estocada (ovación).

Plaza de La Maestranza. 16 de abril. Sexto festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de ‘no hay billetes’.

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Estepona Annual Tapas And Culture Fest Returns This Weekened

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