La temporada taurina en Sevilla se inaugura este 5 de abril, Domingo de Resurrección, con un cartel de postín, encabezado por Morante de la Puebla como gran protagonista, Andrés Roca Rey y David de Miranda, que lidiarán toros de la ganadería salmantina de Garcigrande.
Reaparece el torero de La Puebla del Río tras su imaginaria retirada del pasado 12 de octubre en Las Ventas, en aquella tarde solemne, sorprendente y emotiva, en la que Morante se dirigió al centro del ruedo, y con el rostro compungido y envuelto en lágrimas, se cortó la coleta ante el asombro de todos los espectadores.
No hubo explicaciones más allá de aquel “ya no puedo más” a los hombres de su cuadrilla; salió a hombros por la Puerta Grande, y ya en el hotel manifestó su primer atisbo de arrepentimiento: “No me he cortado la coleta, me la he quitado”, parece que musitó aquella noche.
Sea como fuere, la ceremonia de su despedida de los ruedos dejó huérfano al toreo; a los aficionados, porque se retiraba uno de los genios de este arte tan singular; y para los empresarios, porque perdían el gran acicate para atraer el público a las plazas.
El torero se cortó la coleta el 12 de octubre en Las Ventas en una tarde solemne, sorprendente y emotiva
El suceso produjo tal conmoción que muy pocos se percataron de que ‘el genio de La Puebla’ es ya todo un experto en despedidas y reapariciones.
En 2004 anunció en Sevilla que padecía serios problemas síquicos, y que viajaría a EEUU para someterse a un tratamiento de terapia electrocompulsiva (conocida vulgarmente como electroshock). Esa fue su primera retirada.
Tres años más tarde, en 2007, la segunda, porque había perdido la ilusión tras cortar una sola oreja en la encerrona con seis toros en la Corrida de la Beneficencia de Madrid; la tercera, en 2017, “porque los presidentes y veterinarios me han aburrido”; y en 2024 suspendió sus compromisos hasta en tres ocasiones: el 17 de marzo, el 7 de junio y el 11 de septiembre.
Todas sus retiradas temporales han estado relacionadas con sus problemas de salud mental que le obligan a un tratamiento permanente y que influyen de manera decisiva en su ánimo para vestirse de luces.
Volvió a La Maestranza en la Feria de Abril de 2025 después de un largo y duro tratamiento médico en Portugal, en compañía de su amigo y apoderado Pedro Jorge Marques, y el 1 de mayo cortó las dos orejas a un toro de Domingo Hernández, y fue elegido como triunfador del ciclo sevillano junto a David de Miranda, que salió a hombros por la Puerta del Príncipe el 10 de mayo.
Volvió a reverdecer los laureles en las dos tardes que tenía contratadas en la Feria de San Isidro: el 28 de mayo, en la que el errático manejo del descabello le impidió pasear trofeos, y el 8 de junio, cuando salió a hombros por la Puerta Grande por primera vez en su carrera como matador.
Y de San Isidro a la Feria de Otoño: segunda Puerta Grande el 12 de octubre y despedida de los ruedos por todo lo alto.
Pasados seis meses de aquel acontecimiento permanecen las preguntas, todas ellas envueltas en el absoluto silencio de su protagonista: ¿por qué decidió retirarse? ¿Qué pasó aquel día? ¿Lo tenía preparado o fue un arrebato momentáneo? Nada se sabe al respecto.
Morante se marchó en otoño y reaparece en abril sin que se conozcan aún los motivos de ambas decisiones
De igual modo, tampoco se conocen qué armas de seducción ha utilizado el nuevo empresario de La Maestranza, José María Garzón, para convencer a Morante de que abandonara su retiro y vuelva a enfundarse el traje de luces. ¿Especiales dotes de persuasión? ¿Nostalgia repentina? ¿Un cheque en blanco? No se sabe.
Lo único cierto es que, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide, como reza en los carteles, a las seis y media de la tarde de este Domingo de Resurrección, 5 de abril, se abrirá la puerta de cuadrillas, y Morante pisará un año más el amarillo albero mientras los abarrotados tendidos esperarán con ansiedad que el genio destape su tarro de esencias.
A su lado, Roca Rey, figura indiscutible del escalafón actual, y el onubense David de Miranda, revelación de la Feria de Abril de 2025. En los corrales, una corrida de Garcigrande, cómoda de pitones -seguro que sí- y con altas dosis de nobleza en las entrañas.
Si tuvieron la fortuna de ver la corrida, quédense con lo vivido, con esa misteriosa conmoción colectiva que se apoderó de La Maestranza de la mano de un genio llamado Morante de la Puebla.
Si no la vieron, cierren los ojos y sueñen con una obra desigual, virtuosa, estremecedora, sorprendente, barroca, un alarde de improvisación de un artista que no es de este mundo, capaz de hipnotizar y con una capacidad sobrenatural impropia de la torería actual.
Morante es el dios del toreo sevillano, del toreo de España, del mundo, del universo entero, de donde ustedes quieran, porque es un único y diferente, y hace lo que nadie se le ocurre en su sano juicio.
¿Pero qué es lo que pasó? Intentar contarlo es una temeridad, pero no queda más remedio.
Salió el cuarto toro; Morante se recuesta en las tablas de la barrera del tendido 5, y allí lo espera con el capote a una mano. El animal, distraído y suelto, pasa por su lado en un par de ocasiones, al tiempo que una sensación extraña comienza a apoderarse de los tendidos.
De pronto, Morante sale a la raya del tercio y torea a la verónica, a trompicones primero, con más templanza después, y surgen dos lances extraordinarios. Suena la música y el éxtasis acaba de comenzar con la plaza en pie.
Tras un paso anecdótico del toro por el caballo, dibuja un quite de nombre desconocido: presenta el capote recogido por delante y se lo pasa por detrás a modo de serpentina.
Suenan los clarines para el tercio de banderillas. Morante pide los palos (¡sorpresa gorda!) y coloca un primer par delantero, pero por derecho; el segundo resulta sencillamente perfecto, y para el tercero… Para el tercero pide una silla de tijeras al palco de ganaderos, se sienta en ella, cruza las piernas, levanta los brazos y llama al toro. Se levanta con el tiempo justo de clavar un par al quiebro espectacular.
A estas alturas, la plaza era un manicomio; feliz, muy feliz, eso sí, pero un manicomio incontrolable.
Cuando el sevillano coge la muleta tenía ya los máximos trofeos en las manos. Vuelve a sentarse en la silla, y dibuja tres ayudados por alto de tal guisa que compusieron una película de Rafael El Gallo. Y a partir de ahora, una corriente excelsa de improvisación, de muletazos largos y hermosos y otros enganchados; y un natural completo, redondo, que supuso una lección de la torería más grande.
Cuando se perfiló para matar, la plaza guardó silencio, rezó, imploró que la espada se hundiera en las nobles y sosas carnes del toro, pero no fue así. Ni que decir tiene que las dos vueltas al ruedo fueron apoteósicas; la conmoción fue tal que al final de la corrida quisieron sacarlo a hombros por la Puerta del Príncipe, pero no fue posible a pesar de una larga espera, y en volandas salió por la puerta de cuadrillas.
Dos detalles finales que no deben pasar desapercibidos.
Uno: el toro de Morante era un impresentable novillo, que fue un comparsa durante toda la lidia. Ni siquiera acompañó, ni se tuvo en cuenta su noble sosería. No había más protagonista que Morante, y eso no es.
Y dos: ¡Hay que ver lo bien y mucho que canta Sevilla! Todo, absolutamente todo le parece bonito a este público divertido que lanza olés por doquier sin causa que lo justifique.
El resto de la corría es otra historia. El primero de Morante, un proyecto de cadáver. Víctor Hernández cayó de pie por su valor, su entereza, su pundonor y su cabeza lúcida delante de un lote poco propicio. Dibujó pinceladas de buen toreo, solemne a todas luces, en su primero, agotado y noble; y se dio un arrimón en el sexto, que brindó a Morante.
Juan Ortega, por su parte, pasó desapercibido. Recibió al segundo de rodillas en los medios con una larga cambiada, y se le vio dubitativo y atolondrado. El toro desarrolló un punto de casta molesta y el torero no se sintió a gusto en ningún momento, más preocupado de acompañar que de mandar. En el quinto, el público estaba exhausto tras el atracón morantista, y Juan Ortega naufragó ante un oponente sin clase.
Que nadie se extrañe si un día de estos alguien inscribe la religión morantista para rendir culto al torero de La Puebla… Que nadie se extrañe.
Núñez/Morante, Ortega, Hernández
Toros de Álvaro Núñez, desiguales de presencia; muy justos primero y tercero; anovillado el cuarto, y correctos los demás; mansones en los caballos, blandos, nobles y agotados en el tercio final.
Morante de la Puebla: estocada (silencio); pinchazo, media estocada y dos descabellos (dos vueltas al ruedo). Salió a hombros por la puerta de cuadrillas.
Juan Ortega: estocada muy baja (ovación); estocada (silencio).
PHotoESPAÑA, el festival de fotografía más importante a nivel nacional, llega en 2026 a su 29ª edición con casi un centenar de exposiciones a lo largo de cuatro meses, del 13 de mayo al 13 de septiembre. El certamen reivindica en esta ocasión “la experimentación y la exploración de los límites de la imagen”, destacó ayer, lunes, en la presentación a la prensa su directora, María Santoyo. En la programación destacan tres nombres: dos tótems de la fotografía estadounidense de la segunda mitad del siglo XX: Robert Frank, del que, subrayó Santoyo, “por primera vez se podrá ver de forma íntegra en España su célebre serie Los Americanos“, y Richard Avedon, con otro clásico, In the American West. Junto a ellos, la apuesta por un trabajo a propósito para el festival de la premio Nacional de Fotografía Isabel Muñoz sobre el monasterio de San Lorenzo de El Escorial y Felipe II, el rey que ordenó su construcción.
El mítico trabajo de Robert Frank, tomado en blanco y negro y en casi todo el territorio estadounidense, muestra a sus ciudadanos en su vida cotidiana y destila humor y tristeza; están las infinitas carreteras, los coches… hay niños, ancianas… “la americanidad”, como lo definió Jack Kerouac. Esta joya podrá disfrutarse en la Fundación Telefónica, del 29 de mayo al 1 de noviembre. Mientras que la obra maestra que desarrolló Avedon, en la que retrató sobre un duro fondo blanco a los perdedores del sueño americano en 21 Estados de Estados Unidos, estará en la Fundación Mapfre del 6 de junio al 30 de agosto. Siguiendo por América, también la Mapfre mostrará en esas mismas fechas Ground Rules, un recorrido por el trabajo del fotógrafo mexicano-dominicano Alejandro Cartagena sobre la inmigración mexicana en EE UU y la frontera entre ambos países.
‘David Beason, empleado de un almacén, Denver, Colorado, 25 de julio de 1981’Richard Avedon‘Petra Alvarado, trabajadora de fábrica, el día de su cumpleaños, El Paso, Texas, 22 de abril de 1982’Richard Avedon‘Ronald Fischer, apicultor, Davis, California, 9 de mayo de 1981’Richard Avedon‘Sandra Bennett, doce años, Rocky Ford, Colorado, 23 de agosto de 1980’Richard Avedon
El trabajo de Isabel Muñoz, con imágenes, vídeo e instalación, titulado Las piedras del cielo, podrá verse, del 4 de junio al 6 de septiembre, en la Galería de las Colecciones Reales y en los jardines del Campo del Moro. Es la tercera ocasión en que se encarga a un premio Nacional un “cuaderno de campo” para que cree obra sobre alguno de los espacios naturales que gestiona Patrimonio Nacional. El objetivo es sensibilizar a los visitantes sobre la importancia de preservar el medio ambiente, en este caso, El Escorial y el circundante bosque de La Herrería.
Con el lema de Volver a imaginar y Países Bajos como país invitado, PHotoESPAÑA se pregunta en esta edición “qué es hoy la fotografía y qué puede llegar a ser”, añadió su directora. “Ya no tiene nada que ver con lo que fue en el ámbito analógico. Por eso, reivindicamos la experimentación, la fotografía como herramienta creativa”, apuntó. El certamen cuenta con más de 300 artistas visuales, de los que el 65% son mujeres y el 54% son españoles. El presupuesto ronda el millón de euros, cuya financiación en un 78% es privada.
En esa línea apuntada de “creatividad pura” transita la exposición de tesis de este año, que, como es habitual, podrá verse en el Círculo de Bellas Artes, en Madrid, con el título homónimo al lema del festival. En ella, 10 artistas españoles y tres europeos “mostrarán obra sobre la identidad, el territorio y las estructuras de poder”, dijo el subdirector de PHotoESPAÑA, Juan Varela. Habrá imágenes, instalaciones y fotoesculturas de, entre otros, Txema Salvans, Eduardo Nave, Rafael Trapiello y Lurdes Basolí. Para PHotoEspaña es un buen momento para repensar Europa y la fotografía puede ser una herramienta que ayude. Además, esto supone “el reto de reforzar los puentes hacia un público joven”.
Los organizadores también destacaron la primera retrospectiva en España de la neerlandesa Viviane Sassen (del 3 de junio al 26 de julio en el Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa), que tiene un título rosaliano, Lux & Umbra. Son tres décadas de trayectoria en la que sobresalen sus fotos tomadas en África. Su obra es un híbrido entre fotografía, collage, archivo… con la mujer como tema central.
‘DNA’, 2007, de Viviane Sassen, fotografía de la exposición en el Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa.Viviane Sassen‘Carven’, 2012Viviane Sassen ‘Sin título de roxane II 040’, 2017 Viviane Sassen‘Codex’, 2011 Viviane Sassen‘HCG’, 2017 Viviane Sassen‘Purple Magazine’, 2004 Viviane Sassen
La veterana fotoperiodista Isabel Azkarate participa en el espacio cultural Serrería Belga (14 de mayo al 28 de junio) con un trabajo de fotografía callejera realizado con un teléfono móvil, un encargo para la ocasión, que confrontará con imágenes de su archivo. Azkarate, de 76 años, está considerada la primera fotoperiodista del País Vasco, donde le tocó cubrir los años de plomo de la banda terrorista ETA, y fue la fotógrafa oficial del festival de cine de San Sebastián durante una década.
La Librería Blanquerna recordará (del 11 de junio al 30 de agosto) a la fotógrafa Colita con una muestra que recoge “por primera vez” el conjunto del reportaje que Isabel Steva hizo de la considerada primera gran protesta del colectivo homosexual en España, el 26 de junio de 1977 en Barcelona. El testimonio de un momento único.
Otra novedad es la presencia de Laia Abril, premio Nacional de Fotografía en 2023, que en el Museo del Romanticismo mostrará una instalación inédita, titulada Endometriosis, sobre esta enfermedad ginecológica. “Aborda el dolor de la mujer y la desatención que ha habido en el ámbito médico sobre esta dolencia”, según Santoyo.
Otros museos estatales se suman al festival también con instalaciones, como el Arqueológico, con Linarejos Moreno sobre el paisaje; el Cerralbo, con Tanit Plana, y el de Artes Decorativas, con Gema Polanco.
Por su parte, el Museo ICO tratará sobre la relación entre paisaje y transformación urbana con una muestra del artista visual santanderino Jorge Yeregui, del 4 de junio al 6 de septiembre, titulada Los mismos lugares. El Ateneo de Madrid colgará las fotografías de guerra realizadas por el escritor Arturo Pérez-Reverte. Mientras que en la Real Sociedad Fotográfica habrá una muestra sobre la trayectoria del por desgracia poco conocido Benito Román.
Fuera de Madrid también existe PHotoESPAÑA. En el KBr de Barcelona podrá verse, del 17 de junio al 6 de septiembre, “la primera retrospectiva en Europa” del estadounidense Minor White, fotógrafo, editor, docente y figura del simbolismo fotográfico.
‘Ciudades fragmentadas, Escobedo’, de la serie ‘Suburbia Mexicana’, 2005-2010, de Alejandro Cartagena. Alejandro Cartagena‘Between Borders #81’, de la serie Between Borders [Entre fronteras], 2009-2010Alejandro Cartagena‘Carpoolers #69’, de la serie Carpoolers, 2011- 2012Alejandro Cartagena‘Identidad Nuevo León #41’, de la serie Identidad Nuevo León, 2005-2006Alejandro Cartagena
Los organizadores subrayaron la incorporación de un nuevo espacio al certamen, Antoxana, en Corao Castiellu (Asturias), que acogerá la fotografía de Gorka Postigo, habitual colaborador de la revista Icon de EL PAÍS. Postigo exhibirá un recorrido visual “a partir de una reflexión sobre el duelo”. Mientras que la Biblioteca Central de Cantabria (Santander) albergará una exposición teñida de un inevitable tono sentimental por el reciente fallecimiento de su autora, Belita Gracia, el pasado febrero a los 102 años. Gracia, casi desconocida, fue una fotógrafa que documentó el norte rural de España. Como dijo Varela, “supo que iba a tener una exposición en PHotoESPAÑA pero no ha llegado a tiempo para verla”.
En la crònica de l’estrena de Memorias de Adriano al Teatre Romea de Barcelona, Jacinto Antón lloava l’estat físic de Lluís Homar: “Se li nota que ha tornat a freqüentar el gimnàs: està en envejable forma als seus gairebé ja seixanta-nou anys”. L’actor admet que sempre ha tingut una “certa atenció” pel seu cos: “Camino una hora cada dia, faig txikung (una rutina semblant al taitxí) i desdejunis intermitents que em donen claredat mental. Els dilluns no menjo res durant 24 hores”. I a això, ara hi ha sumat el gimnàs perquè diu que acabava cansat de les funcions (l’obra es va estrenar a Mérida i va fer temporada a Madrid): “Necessito un bon fons per sostenir aquest personatge”. Durant una hora i mitja, Homar diu ell sol el text de l’adaptació teatral de la novel·la de Marguerite Yourcenar, en la traducció de Julio Cortázar. L’acompanyen cinc actors en silenci que fan d’assessors i persones pròximes a l’emperador en una posada en escena contemporània, un plató de televisió.
A Memorias de Adriano, l’intèrpret es posa en la pell d’Adrià, nascut a l’antiga Hispània, a prop de l’actual Sevilla, governador de Roma al segle II. Segons Homar, “va ser el primer líder mundial humanista, amant de les arts i a favor de la igualtat entre tots els ciutadans, uns valors que estaria bé contrastar-los amb els de la política d’ara”. Per això convida els polítics a veure la representació, “perquè facin repàs i reciclatge”. Adrià també va tenir les seves ombres com la guerra de Judea on va massacrar els jueus que es van revoltar contra l’Imperi: “Va acceptar que va ser el seu gran error, un fracàs”. La guerra, dinou segles més tard, continua en aquell territori amb les víctimes de l’antiga Roma convertides en botxins del poble palestí.
L’altre gran capítol de la vida de l’emperador Adrià va ser la seva història d’amor amb Antinoo, un noi, gairebé un nen, que va acabar en tragèdia (va morir ofegat al Nil). Va ser una relació desigual, d’abús de poder, que avui faria saltar totes les alarmes. “Quan el va conèixer, Antinoo devia tenir tretze anys. Les coordinades històriques són diferents. Està bé ser-ne conscient. Això ara seria insostenible”, afirma l’actor. El personatge del jove amant l’interpreta tot un descobriment, Álvar Nahuel, ballarí i coreògraf de Burgos: “No ens podem imaginar l’espectacle sense ell, és un regal”. Memorias de Adriano, dirigida per Beatriz Jaén (Breve historia del ferrocarril español de Joan Yago) es pot veure fins al 10 de maig al Teatre Romea de Barcelona. És la primera obra que Homar estrena després de la seva sortida controvertida de la direcció de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, amb seu a Madrid.
L’actor que planeja “rebaixar la intensitat de feina, sense abandonar els escenaris”, preguntat per si voldria posar colofó a la seva carrera dirigint una altra institució teatral pública a Catalunya, respon amb un “no” rotund per la “pressió” i l’escrutini “amb lupa” al que està sotmés un càrrec d’aquest tipus: “A veure, està molt bé i és una gran oportunitat, però, com dèiem amb l’Anna Lizaran, ja hem fet aquesta (obra)”. En aquest sentit, no el veurem dirigint el Teatre Nacional de Catalunya (en ple procés per escollir nou responsable): “Per començar, m’hauria d’haver presentat, i no ho he fet”. El que sí que es planteja és dedicar més temps a ensenyar: “Encara em queda recorregut per poder ser mestre. Vull trobar un format per passar el testimoni a les noves generacions. No puc donar massa detalls perquè s’està fraguant, però m’agrada el que vaig fer a Madrid amb la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico: la idea de formar-fent, d’una companyia-escola”.