La diferencia más notable entre el Real Madrid de Xabi Alonso y el de Álvaro Arbeloa es Vinicius, que pasó del enfado, la frustración y la sequía a la exuberancia goleadora. Su convivencia con el técnico tolosarra no funcionó: “Creo que no pude conectar con lo que él quería, y con lo que quería el equipo”, recordó este lunes, la víspera de la ida de los cuartos de final contra el Bayern Múnich en el Bernabéu. “Fue un momento difícil, porque jugaba muchos partidos, pero tenía pocos minutos. Pero cada entrenador tiene su método, cada entrenador tiene sus cosas”.
La tensión alcanzó su punto más alto en el clásico, cuando Xabi lo sustituyó y él se retiró entre aspavientos de queja. “Fue un momento que no fue bonito. Pedí perdón al equipo, al club, al entrenador [aunque no le mencionó en su mensaje de disculpas públicas en redes], a todos los que estaban ahí en este momento, y también pedí perdón a la afición. Fue un momento complicado. No quiero salir de ningún partido, y entendía que estaba bien y que no era el cambio correcto, pero después del partido, cuando estás con la cabeza fría, puedes entender que te has equivocado. Esto pasa. Soy joven, tengo 25 años, llevo jugando aquí mucho tiempo, tengo mucha experiencia, pero cada día hay una experiencia nueva con la que puedo mejorar”.
El primer tramo del curso fue muy complicado para el brasileño. “He pasado un momento difícil esta temporada en el que estuve tiempo sin marcar, me pitaron, pero ha sido todo un aprendizaje, y creo que estoy en mi mejor versión”, dijo. Y en esa mejoría ha tenido mucho que ver el cambio de técnico. “Con Arbeloa he tenido una conexión especial, como la tenía con Ancelotti. Me ha dado siempre confianza y me ha dejado claro lo que realmente quiere de mí”.
La transformación del panorama le acerca más a la ampliación de un contrato que vence en junio de 2027: “Ojalá pueda seguir aquí mucho tiempo. Aún me queda un año de contrato. Estamos tranquilos porque tengo la confianza del presidente”, dijo. “En el momento correcto vamos a hacer la renovación para poder seguir aquí por mucho tiempo, porque es el club de mis sueños. Cada día que vengo aquí estoy feliz, y quiero seguir aquí muchos años”.
En su estancia en el Real Madrid ha destacado por su lucha pública contra el racismo, algo a lo que también se refirió este lunes después de los cánticos xenófobos en el RCDE Stadium de Barcelona durante el partido España-Egipto. Celebró el mensaje de Lamine Yamal: “Que Lamine hable puede ayudar a los demás, porque nosotros somos famosos, tenemos dinero, y podemos equilibrar mejor estas cosas que los pobres. Y los negros que están en todos los lados seguramente tienen más dificultades que nosotros. Entonces tenemos que estar juntos”, dijo. “No digo que España, o Alemania, o Portugal sean países racistas, pero hay racistas en estos países, y sobre todo en Brasil. Pero si seguimos esta lucha juntos creo que en un futuro pueden dejar de pasarle estas cosas a los nuevos jugadores, y sobre todo a toda la gente también”.
“Asumiré las consecuencias de una derrota como esta”, pronunció Álvaro Arbeloa con cara de funeral en los intestinos del Allianz Arena. La eliminación en los cuartos de Champions y el cierre virtual de la temporada blanca con cero títulos abrió un horizonte de dudas en el Madrid, donde el técnico no quiso entrar. “Soy un hombre de la casa y entenderé todas las decisiones del club. Me preocupa muy poco mi futuro desde que me he sentado en esta silla”, añadió.
El único lamento del que quiso hablar en la medianoche de Múnich fue la decisión del árbitro de sacar la segunda amarilla a Camavinga. “Nadie entiende que se expulse a un jugador en un partido como este por eso. Es inexplicable e injusto. Se nos ha ido por una decisión que no puedes controlar. Me hubiese gustado que el Bayern nos ganara de otra forma”, se quejó. A su juicio, el colegiado no se dio cuenta de que acababa de amonestar al francés, que había salido hacía poco al campo, cuando le mostró la segunda tarjeta por retener el balón. “Es hasta peor, un doble error”, censuró muy amargado Arbeloa sobre una acción que supuso el principio del fin del Madrid. “Me voy muy dolido por la forma”, abundó el preparador después de una velada que amenazaba con ruina total y amagó durante muchos minutos con una remontada que en la previa se consideraba improbable.
“Estoy muy orgulloso de los jugadores. En la segunda parte había que aguantar y fue una pena no haber materializado las ocasiones”, valoró el técnico, que descartó de inicio a Camavinga para sustituir al sancionado Tchouaméni, y colocó en el eje a Valverde y Bellingham. Y un poco más adelante, Arda Güler, cuya noche simbolizó el viaje del Madrid: de palpar la gloria a terminar con una roja y preso de una frustración incontenible.
La Sudkurve del Allianz Arena se movía a primera hora como una placa tectónica. El cilindro de Múnich escupía sonidos guturales cuando el Madrid volvió a encontrar la alianza de un portero, de Neuer. De nuevo, un meta al que se le pelan los cables ante los blancos, como al inolvidable Karius (Liverpool) en la final de la Champions de 2018, o un mes antes a Ulreich (también del Bayern) en las semifinales, o a Donnarumma (PSG) en 2022, o a Edouard Mendy (Chelsea) unas semanas más tarde… La cantidad de porteros que se han dislocado el pie frente a un jugador blanco no deja de sorprender. Esta vez, Neuer, el mejor de los suyos hace una semana en el Bernabéu, se fundió a negro, se la entregó como un cadete a Güler y este dio un pase a la red. Ocurrió a los 34 segundos, se trató del tanto más rápido que han concedido los bávaros en la Liga de Campeones y encendió al turco, que entró en ebullición.
No estaba clara su titularidad en un centro del campo recompuesto sin Tchouaméni, pero Arbeloa entendió que si iba a jugar a la contra, porque quizá no cabía otro plan por las características de la plantilla pese a la necesidad de remontar, requería de un lanzador para Vinicius y Mbappé. Después de muchos meses de competición y oportunidades, Güler ha dejado dudas sobre su capacidad para manejar los encuentros desde la medular. Pero lo que siempre ha acreditado es una zurda de las que hay pocas en la plantilla para filtrar pases a los atacantes.
Un curso para el diván de pensar
Y la siguiente vez que levantó la voz entre la muchedumbre del Allianz fue para anotar una falta deliciosa por encima de la barrera y clavarla por la esquinita. El joven lo celebró con un abrazo con el jefe Arbeloa. Sus dos tantos terminaron de elevar al Madrid y, más allá del desenlace, le sirven a él para alimentar su carrera como blanco.
Ese 1-2 aturdió al Bayern y, con el tercer de Mbappé, el Madrid volvió a ser el único equipo que le ha metido tres goles en una primera parte al Bayern en la Champions: en 2014 (la noche del 0-4) y este miércoles. Un logro que, al final, quedó en cenizas en dos parpadeos: la roja a Camavinga y el empate a tres de Luis Díaz en las barbas de Güler. El tanto sumió al turco en una frustración irrefrenable. Cuando el árbitro pitó el final, se marchó a por él para protestar la doble amarilla al francés. Tanto que vio la roja a punto de entrar en el túnel de vestuarios. El otomano, tan cerca y, en último término, tan lejos de la gloria. Como el Madrid que, desde ahora, se sienta en el diván de pensar.
Ya había amenazado Rudiger con convertir el partidazo en un manicomio cuando se ganó una amarilla en la segunda parte, con Militao ya amonestado, por protestar. Por protestar, que se dice pronto. Tienes a Olise, Kane, Díaz o Musiala enfrente, y te vas corriendo al centro del campo a decirle cuatro tonterías al árbitro.
Pero eso fue la previa. Rudiger solo estaba teloneando a Camavinga. Que salió en la segunda parte para refrescar el centro del campo, ordenar la salida del balón y exhibir físico en la recuperación, y recibió dos amarillas que le van a perseguir un tiempo importante. ¿Es justa una segunda amarilla por llevarse el balón para que el rival no saque cuando además vais empatados en la eliminatoria, ni siquiera ganas? ¿Puede expulsarse a alguien así por eso? ¿Podía haberse ahorrado la chiquillada Camavinga en esos minutos y bajo esa presión?
Parece ser que el árbitro no recordaba que el francés ya tenía una amarilla, y al sacársela se dio cuenta de que lo había expulsado: ya era tarde para todo, también para meterse debajo de cama. Es sabido que las Champions se deciden por detalles.
Hasta ese momento el Madrid lo veía posible, lo veía cerca, lo tenía al alcance de una contra, de alguna de las muchas ocasiones que se desperdiciaron en el área alemana. En esas estaban los dos gigantes, midiéndose las piernas y los pulmones, mirando de reojo una prórroga con pinta de legendaria (4-4 en el global), hasta que llegó la expulsión. Fue desabrocharse un momento la camisa el Madrid y ejecutar el Bayern con la prisa de un demonio.
El tercer gol del Real en la primera parte de Múnich es todo lo que se pudo ser este año y ya no será. Algo mejor, o al menos algo más sencillo. Un balón electrificado que conduce Vinicius por la banda amagando a su marcador mientras espera noticias por el centro, donde Mbappé acompaña al trote cochinero mirando a cierta distancia como un arroaz. Se agita un poco, en tembleque, la línea defensiva del Bayern. Y Mbappé, como si lo hubiese espabilado un cubo de agua, empieza a esprintar. Ha visto un espacio, un pasillo, un hueco que ocupar él solo. Y nadie corre más que Mbappé en el campo, así que sin balón se lanza como un poseso al centro del área dejando todos atrás. Vini sólo tiene que dársela para que Kylian ejecute. Hace unos años dijo Cristiano que a Mbappé le faltaban movimientos de 9 puro, de animal del área; es verdad, pero el francés leyó por fin a Vini en el Allianz y no buscó el balón, sino el espacio. Los espacios en el fútbol se fabrican, como Butragueño o Romario, o se atacan, como Ronaldo, cualquier Ronaldo.
Antes del descanso Bayern y Madrid ya habían dejado un intercambio memorable. Empezó todo con un bello canto al fútbol: el fallo de Neuer. Manuel Neuer, uno de los mejores porteros de la historia, lleva jugando al fútbol unos seiscientos años y no en cualquier sitio: en el Bayern y en la selección alemana. Hizo un partido de ciencia ficción en Madrid, donde le faltó montar él mismo las porterías y barrer las gradas. Y resulta que en unos cuartos de Champions, con su estadio enloquecido, le tembló el pie o el cerebro a los treinta segundos, y le entregó el balón a Arda Guler. ¿Hay mayor homenaje al fútbol? ¿Hay mejor forma de decirle a cualquiera que el pasado domingo, en la liga de empresas, le pasó algo parecido, que el Dios Fútbol no atiende a razones ni prestigios? Que en los escenarios imperiales, ante rivales aterradores, Neuer falle como un novato, significa que el fútbol está más vivo que nunca: sigue siendo una cosa de niños con la maravillosa capacidad de ponerse nerviosos.
Y hasta aquí. El Real Madrid se va como hay que irse siempre de Europa: cuando no queda más remedio, jugando a lo grande. En Múnich, con uno menos, y en los últimos minutos. Se dejó todo allí, hasta tres golazos en la primera parte. No le apartó la mirada un segundo al Bayern. No le bastó.
Pese a todas sus decepciones de estos meses, el Real Madrid pisó el estadio del Bayern y se transformó en algo que volvió a parecerse mucho a su leyenda, muy cerca de dar la vuelta al 1-2 de la ida, casi siempre por delante en el marcador en un vibrante intercambio de golpes en el que resistía el dominio de los alemanes y liberaba su velocidad vertiginosa con descargas tremendas. Sostuvo el pulso de un equipo de enorme tonelaje hasta que Camavinga, que entró de refresco, vio dos amarillas, la segunda muy discutible. Entonces lo trituró el Bayern, después de una función de gran altura en la que compitió como pocas noches este curso. Pero volvió a quedarse fuera de la Champions en cuartos, mientras el Bayern avanza a las semifinales contra el PSG.
BAYBayern
4
Manuel Neuer, Konrad Laimer, Jonathan Tah, Josip Stanisic (Alphonso Davies, min. 45), Dayot Upamecano, Luis Díaz, Joshua Kimmich, Aleksandar Pavlovic, Serge Gnabry (Jamal Musiala, min. 60), Michael Olise y Harry Kane
RMAReal Madrid
3
Andrii Lunin, Antonio Rüdiger, Trent Alexander-Arnold (Thiago Pitarch, min. 89), Éder Militão, Ferland Mendy, Arda Güler (Franco Mastantuono, min. 89), Jude Bellingham, Federico Valverde, Brahim Díaz (Eduardo Camavinga, min. 61), Kylian Mbappé y Vinícius Júnior
Goles 0-1 min. 0: Güler. 1-1 min. 5: Aleksandar Pavlovic. 1-2 min. 28: Güler. 2-2 min. 37: Kane. 2-3 min. 41: Mbappé. 3-3 min. 88: Luis Díaz. 4-3 min. 93: Michael Olise
Hasta la roja, el partido fue un derroche de los que nadie quiere que se acabe. Llevan medio siglo zurrándose por Europa y no se les van las ganas, excitados por un rival de su tamaño mitológico. No entienden una pelea calculada. Se lanzaron cuesta abajo desde que se abrieron las compuertas y a los 34 segundos ya parecía que el mundo era otro que nada tenía que ver con el que se atisbó en el Bernabéu. Neuer, escogido mejor jugador en la ida, se equivocó en un pase y le entregó la pelota a Güler, mansa, a su zurda, y el turco acertó de primeras en la red desde 40 metros. Pan comido comparado con los casi 70 desde los que abatió al Elche. Todo al revés. Falló el portero de 40 años inspirado como nunca en la ida y acertó el Madrid enseguida.
El Real solo necesitó eso para respaldar las palabras inflamadas en la víspera de Arbeloa, que las continuó con el once, el primero Madrid en la Copa de Europa sin un solo jugador seleccionable por España. Le faltaba Tchouaméni, su mejor ancla, y se decidió por un centro del campo de cuatro tipos que siempre miran hacia delante. Valverde y Bellingham en el medio, muy generosos, y Brahim y Güler en las bandas. Se exprimían persiguiendo alemanes, pero luego eran puro vértigo cuando recuperaban. Habían ido a Múnich a percutir. No quedaba otra.
Kompany también se mantuvo en su idea de ir siempre al ataque, como si no se hubiera jugado la primera manga, o como si fueran por detrás. Alineó a los mismos, y los mismos volvieron a atosigar al Madrid con una persistencia incomodísima, desconcertante. Pasaban los minutos y no juntaban dos pases. Nadie era capaz de quedarse unos segundos el balón y encontrar una salida. El Bayern coleccionaba córners, que ejecutaba abarrotando el área pequeña, un plan que les dio el empate solo seis minutos después del 0-1 en un lance mal defendido por Trent.
Los jugadores del Bayer, al finalizar el partido.picture alliance (dpa/picture alliance via Getty Images)Los jugadores del Bayern, Michael Olise y Luis Díaz, celebran el tanto del primero.Kai Pfaffenbach (REUTERS)Michael Olise, del Bayern, puso en el marcador con este disparo el cuarto tanto el equipo alemán.Kai Pfaffenbach (REUTERS)Luis Díaz, del Bayern, celebra el gol del desempate, frente al Real Madrid.Lars Baron (Getty Images)Luis Díaz, del Bayern, se prepara el disparo para anotar el tercer tanto de los alemanes.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)Eduardo Camavinga, del Real Madrid, abandona el terreno de juego tras mostrarle el árbrto tarjeta roja.Lars Baron (Getty Images)Kylian Mbappe, del Real Madrid, tras marcar su gol.Kai Pfaffenbach (REUTERS) Mbappe anota el tercer tanto para el Madrid, ante el Bayern.Tom Weller (AP)El jugador del Bayern, Harry Kane, celebra el segundo tanto dsu equipo.Lennart Preiss (AP)Harry Kane, del Bayern, anota el seguno gol de su equipo.Tom Weller (AP)Arda Guler celebra con Álvaro Arbeloa su segundo tanto.ANNA SZILAGYI (EFE)El madridista, Arda Guler, marca su segundo gol de falta.Michaela Stache (REUTERS)El jugador del Bayern, Aleksandar Pavlovic, celebra el empate a uno, ante el Real Madrid.Lennart Preiss (AP)Aleksandar Pavlovic, del Bayern, pone el marcador el 1-1 ante el Real Madrid. Lennart Preiss (AP)Arda Guler, del Real Madrid celebra el primer tanto de partido, marcado al minuto de juego.Kai Pfaffenbach (REUTERS)El madridsta Arda Guler pone el 0-1 en el marcador.Kai Pfaffenbach (REUTERS)El Allianz Arena preparado para el inicio del encuentro.ANNA SZILAGYI (EFE)
Kimmich y Kane pilotaban un asedio asfixiante, siempre a un centímetro de que Luis Díaz se escapara por la derecha u Olise por la izquierda, donde esta vez le vigilaba Mendy con más éxito. El derroche del Bayern era desbordante y el Real no lograba rebajar las pulsaciones. Hasta que Mbappé tiraba dos recortes o Güler, con mucho aplomo, detenía el furor. Escapaban poco, pero una de las escasas ocasiones la contra dejó una falta a Brahim. El turco la colocó cerca de la escuadra y dobló la mano a Neuer, de nuevo lejos de la brillantez.
Pero no había espacio para el lamento. Ni para el respiro. El Bayern retomó el hilo donde lo había dejado: en el campo del Madrid, apuntando a Lunin. Upamecano conectó en el área con Kane, en el punto ciego entre Militão y Trent, y volvió a empatar el duelo con una frialdad demoledora.
El equipo de Arbeloa respondió de nuevo a la contra, con la conexión más puesta en duda de los últimos meses. Bellingham arrancó, lanzó a Vinicius y el brasileño asistió a Mbappé que volvió a igualar la eliminatoria. Solo un equipo le había marcado tres goles antes al Bayern en Múnich en la primera parte de un partido de Champions: el Madrid en el 0-4 de 2014.
Habían regresado a Múnich con ese mismo fuego: paciente con el monopolio del balón del Bayern y salvaje cuando lo recuperaba. Se estiraba al galope y cada carrera era una ocasión: un tiro a bocajarro que saca Neuer con un manotazo, un tiro de Vinicius fuera y otro de Valverde más manso de lo habitual. El equipo de Kompany apuntaba siempre hacia delante. Olise exigió una parada de Lunin después de su maniobra a lo Robben, Upamecano cabeceó por encima del larguero. Vivían volcados al ataque, cercando el área, pero mantenían un ojo en el retrovisor de manera permanente. El Madrid jugaba un partido de parpadeos, en el que se encontraba siempre al filo del cuarto, con Mbappé desbocado.
Ese delicado equilibrio lo empezó a romper Camavinga, juzgado con severidad por el árbitro. El francés vio dos amarillas en menos de media hora tras entrar en el 62, la segunda por retrasar un saque. Su equipo se derritió. Luis Díaz acertó con el 3-3 y Olise remató con el cuarto cuando el Madrid exprimía sus últimas gotas al otro lado. Así se le fue al Madrid la última oportunidad de una temporada lánguida, cuando parecía que podía llegarles lo mejor.