La cita era cinco minutos antes de las diez de la noche (hora del Pacífico), pero Karol G, como la señora del escenario que es, se hizo esperar, media hora larga. Cuando se dejó ver en el escenario principal de Coachella, siendo la primera latina en encabezar el, posiblemente, festival más famoso y mediático del mundo, no necesitó más que su carisma y su voz para conquistar a un evento que ha tardado casi tres décadas en subir a una mujer latina a su pista principal. Y lo hizo con todo: música, fuego, sensualidad, reguetón viejo (del que le gusta, dijo, y del que gusta a los demás), colaboradores y una pasión por lo latino que traspasó a la audiencia. Se sabía pionera, representante, y tenía claro que había fiesta, pero también mensaje.
Buena parte de la noche descalza, Carolina Giraldo Navarro (Medellín, 35 años) empezó su Karolchellacontando una historia de mujeres, de diosas, de ancestros, con su propia voz en off y letras escritas en inglés. “Nació bajo la luna llena”, rezaban las primeras frases, seguida de una de sus lemas: “Forever wild. Forever free. Latina foreva” (Siempre salvaje, siempre libre, latina siempre). Y fue precisamente con Latina Foreva la canción con la que arrancó su show en el escenario. Desde el primer momento, la artista pidió a su público que cantara, que gritara, y sobre todo que mostrara las banderas de sus países, en alto, con orgullo.
La puesta en escena jugaba a lo rudimentario, pero estaba muy lejos de serlo. En realidad, casi lo contrario de su compañero de escenario la noche anterior, Justin Bieber, que jugó a ser dj pinchando sus propios vídeos de YouTube y pseudocantando sobre ellos. Pero esa es otra historia. La de Karol G el domingo por la noche fue la de la conexión con la tierra, el origen y la raíz, con el agua y el fuego, con el idioma propio. Con el español en todas sus canciones y en casi todas sus conversaciones con el público.
La de Medellín ya había actuado en Coachella en 2022, pero volvió a romper una vez más los muchos récords y, sobre todo, las muchas barreras, de su vida personal y profesional, encabezando el cartel este domingo 11, subida al escenario principal (repetirá el domingo 19 de abril). Solo otro latino, el puertorriqueño Bad Bunny, había sido cabeza del festival, en 2023. La música en español lleva sonando desde el principio, con actuaciones cada vez más poderosas —como la de Rosalía en un gran escenario, ese mismo 2023; o la de Shakira por sorpresa en 2024—, pero ser la dueña del escenario principal es algo que ninguna mujer latina había logrado. Hasta ahora.
Una inmensa cueva de varios pisos, con decenas de bailarinas (después, también bailerines), percusión y guitarras en la primera planta, barandillas para juguetear y escaleras para sus innumerables subidas y bajadas fue el escenario de la colombiana. Por supuesto, adornado siempre con humo y fuego. Tras Latina Foreva, siguió con otro tema de Tropicoqueta, su último álbum,Un Gatito Me Llamó; durante la llamada de teléfono dentro de la canción que contestó sobre el escenario afirmó: “Sorry, es que estoy en Coachellaaaa”, ante sus enloquecidos fans. Después, llegaron OKI DOKI, la primera canción que interpretó de Mañana será bonito, y Tá OK, en solitario.
Con EL MAKINÓN sacó a su colaboradora en ese tema, la cantante Mariah Angeliq, nacida en Miami de padres cubanos y puertorriqueños. Y por primera vez se dirigió a su público: “Familia, ¿cómo están? Les extrañé un montón. No sé si estaban tan nerviosos como yo”, afirmó, destacando la cantidad de gente que había entre el público (varias decenas de miles), hasta donde le alcanzaba la vista. Con su agradecimiento, decidió dedicarles S91, uno de sus temas más populares, inspirado en el Salmo 91 de la Biblia.
Lo urbano transmutó en tropical. La cueva siguió, llena de luces, pero las pieles y los bikinis dorados dieron paso a faldas de vuelo, camisas abiertas, abanicos y mucho color. La propia Karol G se colocó un espectacular tocado naranja de plumas sobre la cabeza, para cantar, cómo no, Tropicoqueta. “Qué rico verlos otra vez”, les decía a sus fans, emocionada. “Vinieron con unos looks hermosos, increíbles”, les alababa, en español, para preguntarles —por primera vez en inglés— cómo se encontraban. Y también, por primera vez y después de casi 600 días sin dar conciertos, cantó Papasito en directo, también mezclando español e inglés y subiéndose a un guacamayo gigante.
El ritmo no paró y la colombiana, jugando con todos los riquísimos géneros de la música latina, sacó a escena a un mariachi formado por completo por mujeres, que cantó el clásico Negrita de Mis Pesares. “Cuánta familia de México esta noche”, alabó ante el escenario de California, un Estado con 11 millones de mexicanos entre sus habitantes. Y en inglés explicó que durante el show iba a ir mostrando retazos de la cultura latina. Junto al mariachi femenino, además, cantó el poderoso tema de despecho Ese Hombre Es Malo.
Las colaboraciones continuaron con una de las más esperadas, la de Becky G, presente en todas las apuestas. Aunque con ciertos problemas de sonido para la artista, interpretaron su célebre MAMIII. “Qué viva México. Qué viva Colombia. Y a todos nuestros inmigrantes: os queremos mucho”, dijo la invitada.
“Qué viva México. Qué viva Colombia. Y a todos nuestros inmigrantes: os queremos mucho”
Becky G, cantando junto a Karol G en Coachella
La tercera parte del espectáculo latino de Coachella arrancó cerca del público, entre palmeras plateadas y trajes, de Karol G y de sus bailarines, del mismo tono, conGatúbela, uno de sus temas más sexuales, y así lo interpretaron la artista y su equipo, entre posturas imposibles y lametones.
Después, volvió a escena, aun de plateado, agradeciendo las banderas de su público, contándoles que iba a cantar por primera vez un tema inédito. “No está fuera y no la van a poder encontrar, pero me gustaría que [la canción] encontrara a la persona que la necesite”, reflexionaba. “Habla de pérdida, de una persona que ya no está más contigo, que se fue al cielo, a la que extrañas”, explicó, también contando que la había producido junto al guitarrista y vocalista de la banda Cigarettes After Sex, Greg Gonzalez, una de sus favoritas. Y ambos, de manera inédita y ciertamente rompedora para las colaboraciones de Giraldo, más centradas en la música urbana y en artistas latinos, interpretaron la balada en el escenario, sobre una especie de laguna y de manera intimista.
Siguió con Bandida Entrenada, una versión de Hoy Se Bebe y sobre todo una coreografía imposible en la pequeña laguna del escenario. Y llegó otra de sus sorpresas, con “una leyenda que ha hecho del reguetón y la música urbana la representación de los latinos ante el mundo”, como lo presentó: Wisin, uno de los padres del reguetón. Animando a todo el mundo a levantar su banderas, cantó una mezcla de viejos clásicos del género como Pam Pam, Saoco, Mayor que yo o Rakata.
Después, la ganadora de ocho premios Grammy Latinos y cinco Billboard regresó al escenario, descalza de nuevo y vestida a lo Poison Ivy con un bikini de hojas, para cantar alguna lenta, como Ivonny Bonita, donde en alguna estrofa cambió el nombre de su “Ivonny es bonita, es casi perfecta” por el suyo propio, Carolina. Tras ella, su poderosa TQG, la colaboración de despecho con Shakira, aunque su paisana no salió a escena.
Para su último bloque, Karol G apareció vestida de blanco, con una cola de volantes y unas mangas farol con los colores de la bandera de Colombia. Así cantó su Amargura, uno de sus mayores éxitos. Bajó junto al público, les prestó su micrófono y se emocionó, de manera genuina, al comprobar que conocían cada estrofa y, quizá al ser más consciente que en ningún momento de la noche de estar donde estaba, de ser quien era. “Ahora sí, que se sienta la fiesta”, proclamaba, cantando una versión tropicalizada de Tusa.
Antes de irse, quiso presentarse: “Soy la primera mujer latina en encabezar Coachella”, dijo en inglés, con la barbilla bien arriba, con el público enfervorecido en una ovación interminable. “Estoy muy contenta y feliz sobre esto, pero al mismo tiempo se siente tarde, han pasado 27 años de este festival y soy la primera latina, así que…, decía. ”Antes de mí hubo grandísimos, legendarios artistas latinos. Así que esto no es solo de mí, es de mi comunidad latina, y para mis latinos, que han estado sufriendo en este país últimamente. Estoy aquí para ellos. Pero esto me enorgullece: unidad, fuerza, resistencia, un espíritu fuerte. Queremos que todos se sientan bienvenidos en nuestra cultura, nuestras raíces. Quiero que todos estéis orgullosos de vuestros orígenes”, para acabar en español con otro “levanten esas banderas”. Y cantó otro éxito pionero en la música en el mundo, Mi tierra, dándole las gracias a su eterna voz, Gloria Estefan, por ese “regalo”.
No se quería marchar. Describió todos los países que vio en todas las banderas del público, les pidió hacer la ola y al final dijo adiós, cómo no, con su Si antes te hubiera conocido. Pero, a la mitad, paró. “Párenla, párenla, yo quiero que la paren un momento”, rogó. Se les había ido un poco el tiempo antes de empezar, reconoció, pero no podía irse sin cantar una canción que, como contó, ella misma había lanzado en ese escenario; técnicamente en otro casi al lado. “Ahora sí me despido con esto pero quiero que se caiga Indio, en California”, afirmaba, con ella misma por los suelos. Y ahí fue con su éxito Provenza, en versión tecno, subida a su guacamayo, con fuegos artificiales, saltando y gritando, dando las gracias a su equipo, y con la bandera de su Colombia, entre cientos de otras, ondeando incesante.
Este lunes, y tras tres días de deliberaciones, un jurado de Santa Mónica (Los Ángeles, California) ha declarado culpable al actor Bill Cosby (de 88 años) de drogar y violar a una mujer llamada Donna Motsinger (de 84) en 1972. En aquel momento, hace ya 54 años, Motsinger era una camarera en Sausalito, una pequeña localidad costera junto a San Francisco, que, tras conocerle en un restaurante, acompañó a Cosby a uno de sus espectáculos cómicos. Ahora Cosby deberá afrontar el pago de 19,25 millones de dólares en daños. Antaño uno de los cómicos más famosos del mundo, ahora Cosby tiene dificultades financieras; sus abogados han declarado en alguna ocasión que no hace frente a sus facturas.
En su declaración, ocurrida a lo largo de la semana pasada, la demandante aseguró que el cómico admitió haber logrado recetas de metacualona, un sedante, depresor del sistema nervioso similar a los barbitúricos, gracias a un ginecólogo al que conoció en una partida de póker, y que tenía pensado usarlos para dárselos a mujeres y aprovecharse de su estado de inconsciencia para abusar sexualmente de ellas. Según Motsinger, Cosby le ofreció una copa de vino mientras iban en su limusina, y también lo que ella pensó que era una aspirina. Sin embargo, tras eso solo recuerda haberse desvanecido y despertar, ya al día siguiente, vestida únicamente con su ropa interior.
Aunque haya pasado más de medio siglo desde que ocurrieron los hechos, el juicio ha sido posible porque el artículo 199 del Código Penal de California establece que no hay tope de tiempo establecido para denunciar y juzgar los delitos de carácter sexual, ya que estos no prescriben. De hecho, en 2022 el actor fue juzgado y condenado por un delito de 1975, en el que una mujer llamada Judy Huth afirmaba que había abusado de ella en una fiesta celebrada en la mansión Playboy, y que por entonces ella apenas tenía 16 años. Entonces, Cosby fue obligado a pagarle apenas 500.000 dólares.
El cómico insiste en que el encuentro, como todos de los que ha sido acusado, fue “consensuado”; ha reconocido que persiguió a mujeres con el objetivo de tener relaciones sexuales con ellas, pero, como siempre repite, con su permiso. Sin embargo, ahora el jurado ha dejado abierta la posibilidad de que Cosby afronte también daños punitivos por haber actuado con “malicia, opresión o fraude”. La abogada del actor ha afirmado que están “muy decepcionados” por la decisión y que apelarán la misma. La letrada, además, ha dicho que el actor, padre de la comedia en Estados Unidos y ganador de cinco premios Emmy, está siendo injustamente juzgado y que se ha convertido en, según sus palabras, un objetivo del movimiento MeToo.
Cosby ya cumplió condena en la cárcel desde 2018 hasta 2021 (cuando esta fue anulada) por haber abusado de Andrea Constand, una exjugadora de baloncesto a la que drogó y agredió sexualmente en 2004. Entonces fue condenado a entre tres y 10 años de sentencia en una cárcel de máxima seguridad en Filadelfia. Hace una semana, durante la vista por el actual caso de 1972, Constand fue una de las tres testigos que declararon —y lo hizo durante horas— para apoyar a Motsinger. Ella misma contó que Cosby le había dado tres pastillas, supuestamente para calmarla, pero que en realidad la dejaron del todo incapacitada, con la visión nublada, sin poder hablar ni apenas moverse, hasta quedar inconsciente.
Por su parte, Motsinger ha declarado a la salida del juzgado que para ella lo importante era que la creyeran y que Cosby “de alguna manera, tuviera que rendir cuentas por lo que hizo”. También ha asegurado que la sentencia de 19 millones es “la guinda del pastel”: “Han tenido que pasar 54 años para que se hiciera justicia, y sé que para el resto de las mujeres esto no supone una reparación completa, pero espero que les sirva de algo”.
Cosby no ha aparecido presencialmente durante la vista en Los Ángeles. En su declaración, además de declararse inocente, también afirmó ser insolvente. “Debido a las acusaciones, ya sean en la prensa, la radio, la televisión, las revistas o simplemente en Internet, no he trabajado durante alrededor de 10 años, o incluso más”, aseguró. “Eso significa que no he ganado ni un céntimo como artista, escritor o actor de televisión, salvo en reposiciones, y mi patrimonio neto se ha hundido como un submarino sin motor”. El actor fue expulsado de la Academia de Cine de Hollywood en mayo de 2018. Según el diario The New York Times, Cosby vendió el año pasado una casa en Manhattan, en el corazón de Nueva York, por 28 millones de dólares, y tiene otra más en la ciudad y otras dos en Massachusetts y Pensilvania.