La corrida de Palha cumplió en el caballo pero decepcionó estrepitosamente en el resto de la lidia, en una corrida en la que Francisco José Espada se la jugó a carta cabal, un firme Luis Gerpe cayó herido y Sánchez Vara pasó de puntillas en la plaza de Las Ventas.
Sin ser una corrida brillante en absoluto, estas tardes, a veces, dejan ver, sin orejas, la inequívoca disposición de algunos toreros. Es el caso de Francisco José Espada. Su primero, segundo de la tarde, pasó mucho tiempo en el peto de los picadores. Así, en plural porque acudió primero al de puerta, y después al piquero titular. Sangró lo suyo, y en el último tercio acometió a la muleta de su matador sin entrega y con medio viaje. El madrileño se puso muy de verdad, aunque sin poder eclipsar con su actitud la pobre condición de su antagonista.
Una ovación se desató cuando apareció el quinto, el torazo remiendo de Couto de Fornilhos, de aparatosa cuerna que, a la postre, tuvo continente sin contenido. No le importó a Espada tal circunstancia, y se puso como si fuera bueno, después de que Iván García destacara, una tarde más, con banderillas y al acertar a hacer humillar al toro en dos capotazos.
Encajado, Espada sorteó tarascadas y se jugó la voltereta en cada muletazo por ambos pitones, perdiendo con la espada la posibilidad de ver reconocida su valiente labor más allá de una ovación con saludos, algo protestada.
Luis Gerpe le robó al escurrido tercero varios lances de cierto arrebato e indudable ceñimiento, mas ahí quedó lo más reseñable de su actuación, ya que el de Palha lució —es un decir— unas arrancadas cortas y rebrincadas que hicieron imposible la limpieza y armonía en el trasteo del firme torero toledano.
El sexto fue una prenda que cazaba moscas por el pitón izquierdo. Sin embargo, fue con el derecho con el que volteó a Luis Gerpe, que fue conducido a la enfermería, siendo Sánchez Vara el encargado de apiolar a la tercera al marrajo que hirió a su compañero.
Por su parte, Sánchez Vara salió tan dispuesto inicialmente como para recibir al primero a porta gayola. El de Palha, que acudió tres veces al caballo destacando su pelea en el segundo encuentro, se dejó más en la muleta de lo que sus remisas arrancadas a media altura presagiaban en los dos primeros tercios.
El torero alcarreño le pegó pases, algunos más templados, otros muy veloces, con escaso ajuste y fuste. Eso sí, la estocada cobrada al segundo intento fue notable. Por su parte, en el manejable cuarto Sánchez Vara protagonizó un tercio de banderillas más brillante que el del primero, siendo, de nuevo, los tres pares ejecutados por el mismo pitón: el derecho. En la muleta el de Palha, sin ser un dechado de clase, se deslizó medianamente y su matador lo pasó abusando del pico y ayuno de brillantez.
Palha/Vara, Espada, Gerpe
Se lidiaron cinco toros de Palha y uno de Couto de Fornilhos (quinto),desigualmente presentados. Primero, manejable, aplaudido en el arrastre.Segundo, falto de fondo y entrega. Tercero, rebrincado y sin entrega. Cuarto,manejable. Quinto, deslucido, sin clase alguna, y sexto bronco y con peligro.
Sánchez Vara: pinchazo y buena estocada enteraarriba (palmas); pinchazo y casi entera algo delantera y tendida (silencio).Dos pinchazos, estocada casi entera tendida y descabello en el que estoqueópor Luis Gerpe (silencio).
Francisco José Espada: estocada entera desprendida(ovación con saludos con protestas); pinchazo y entera desprendida (ovación
con saludos con división).
Luis Gerpe: cuatro pinchazosy estocada entera arriba (silencio en el único que estoqueó). El parte médico de Luis Gerpe señala que presenta una herida incisocontusa en región parietal derecha y otra en el mentón, así como un traumatismoen hemotórax derecho. Puntazo con hematoma en tercio superior cara internade muslo derecho. Fue trasladado a la Clínica Fraternidad Muprespa para estudio radiológico. Pronóstico reservado.
Se guardó un minuto de silencio en memoria de Alfonso Vázquez, mayoralde la ganadería de Fuente Ymbro, y de Santiago Barrero, ganadero de Torosde San Román.
Plaza de Las Ventas. 26 de abril. Más de media entrada (12.129 espectadores, según la empresa).
El diestro Andrés Roca Rey ha pasado la noche en la UCI del hospital Viamed-Santa Ángela de Sevilla al que fue trasladado este jueves tras ser corneado en la Maestranza de Sevilla y operado de urgencia en la enfermería del coso por el equipo médico que dirige el doctor Octavio Mulet, que calificó el percance de “muy grave” en el parte emitido.
Se trata del mismo centro hospitalario y el mismo equipo médico que ha tratado la cogida previa del también torero Morante de la Puebla, sucedida en la misma plaza de La Maestranza tres días antes. Este último ha pedido el alta voluntaria, en contra de la opinión de los médicos, y seguirá su recuperación en casa, sin plazo para la recuperación. Durante la noche, Roca Rey “ha descansado y no ha tenido fiebre”, según declaró su apoderado, Luisma Lozano, al medio taurino Mundotoro.
Según han explicado fuentes del entorno del torero, Roca Rey ha pasado la noche “tranquilo pero dolorido” y se encuentra aún en estricta vigilancia en el centro hospitalario sevillano. Octavio Mulet tiene previsto hacer una revisión más exhaustiva a durante este viernes que determinará mejor la evolución del herido.
Roca Rey fue alcanzado este jueves por el quinto toro de la tarde, un ejemplar marcado con el hierro de Toros de Cortés, que le propinó una extensa cornada en el muslo derecho después de zarandearle durante varios segundos. El torero fue trasladado de inmediato a la enfermería de la plaza mientras la presidencia del festejo le concedía las dos orejas que recogió su banderillero Viruta.
Según el parte médico, Roca Rey sufrió una “herida por asta de toro, en cara interna, tercio superior del muslo derecho que presenta una trayectoria total de 35 cm, con una descendente de 20 cm y una ascendente de 15 cm, que produce extensa rotura de músculos vasto interno y sartorio, disecando y contundiéndose en prácticamente toda su extensión el paquete vasculo-nervioso femoral superficial, sin producir lesión vascular”.
Para controlar la hemorragia y las lesiones producidas, el diestro fue sometido a “exploración y lavado de herida, hemostasia de ramas vasculares femorales y musculares, aplicando hemostáticos. Se comprueba hemostasia efectiva” y se le aplicó “drenaje aspirativo en ambas trayectorias. Aproximación de planos músculo aponeuróticos y piel”.
Según el cirujano Mulet, en declaraciones al medio taurino Mundotoro, el diestro habría tenido “mucha suerte”, pues la cornada había“rozado la vena y la arteria en una extensión de entre 10 y 15 centímetros”.
“Tú llegarás, hijo”, le dijo su padre, en su lecho de muerte, a Gonzalo Celorio (Ciudad de México, 78 años). “Si no puedes, yo te empujo”. El padre empujó y el hijo llegó: “Hoy llegué, papá, justamente hoy, 64 años después”, reconoció Celorio al inicio de su discurso. Estaba recibiendo de las manos del rey Felipe VI, este jueves en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, el premio Cervantes: el galardón supremo de las letras en lengua castellana, que otorga el Ministerio de Cultura.
Celorio, bigote blanco, ojos claros, voz algo ronca, dedicó el resto de su discurso, como suele ser habitual, al Quijote y a don Miguel de Cervantes Saavedra. Llevándolo a su terreno: la literatura del yo, tan propia de nuestra época y también frecuentemente vilipendiada por los que defienden la fabulación. Eso del yo, a juicio del premiado, no solo es territorio de la poesía lírica, sino que puede proliferar en otros géneros, como la novela y la memoria, incluso en el ensayo o la crónica. Celorio está a favor de la “promiscuidad” y, en este sentido, es un escritor transgénero (literario), como Cervantes, con su “renuencia radical a ubicar los géneros literarios en compartimentos estancos”. El canon cervantino “no es otro que la insubordinación a todo canon”. La novela ha aprendido de eso: toda búsqueda de modernidad o experimento está ya contenida en El Quijote. Por esta razón, como señaló Celorio, la novela no es solo un género literario, sino también “libertario”.
Habló Celorio de la libertad, término prestigioso y hoy muy disputado, un concepto que Mario Vargas Llosa, como recordó, destacó en la obra cervantina. La libertad entendida como “soberanía del individuo frente a la autoridad”. Cervantes apreciaba la libertad, ese tipo de libertad, por haber estado preso cinco años en Argel, y no solo en Argel; por eso, en su discurso, la libertad “tiene predominio aun sobre la justicia, de la que su propia experiencia hace recelar”, según Celorio.
“La nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y de la cultura españolas que le son inherentes. Con sus propias peculiaridades, en cierta medida derivadas de las culturas antiguas, en las que se ha intentado sobreponer de la retrotopía de las culturas antiguas”, dijo Celorio. Así tomó posición en un debate reciente (y por el que ha sido preguntado en repetidas ocasiones) en torno a la relación entre España y México, encendido por la exigencia, en 2019, del entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, de una disculpa oficial por los desmanes de la Conquista española. “Sin la lengua española, ni México ni ningún otro país hispanoamericano hubiera podido configurar su nacionalidad”, añadió, poniendo énfasis además en la influencia de vuelta en las letras españolas del modernismo de Rubén Darío o de las novelas del bum latinoamericano.
Para conocerse a sí mismo, Gonzalo Celorio se adentró en los vericuetos de su memoria y volvió para contar lo que allí había visto. Y vio historias de familia, de amor, de migración, de exilio, de bonanzas y latrocinios, en novelas como Amor propio, Tres lindas cubanas o El metal y la escoria, todas publicadas por Tusquets. En la historia de su familia se entreveran la Guerra Civil española, las revoluciones mexicana, cubana o sandinista, la historia del mundo, o de una parte del mundo. Ese montón de espejos rotos, una memoria, valga la redundancia, es un relato de su vida como factótum de las letras (escritor, pero también editor, pero también crítico, pero también académico, aunque también…), y además un relato de la vida de México, el país que acogió a su estirpe de raíces asturianas cuando su abuelo Emeterio dejó la aldea de Vibaño para cruzar el mar y buscar fortuna. Espejos rotos: eso es el recuerdo, un material maleable, lleno de destellos que muchas veces reconfigura el tiempo y la fantasía. “Liberado de las exigencias de la veracidad histórica, le di cabida a la imaginación literaria”, dijo el autor.
Es fácil conocer la historia del mundo, porque está en los libros, pero no tanto conocer la historia de la propia familia. Así que Celorio tuvo que indagar en los archivos familiares, fotografías, recortes de prensa, incluso en recetarios de cocina. Tuvo que leer cartas que no habían sido escritas para él o diarios que sus seres queridos y sus ancestros utilizaban como sala de confesión. Aparecieron “adulterios escondidos, homicidios encubiertos, abusos pederastas”. Descubrió que todos sus familiares “habían desempeñado, sin sospecharlo, un papel épico en el transcurso de sus días”. Y esa condición épica era el caldo de cultivo ideal para cultivar la novela.
A la hora de urdir sus libros, Celorio nunca tuvo reparos en convertirlos en personajes. “A merced del artificio de la literatura, podrían ser trascendentes no solo para mí y los míos por tratarse de nuestra propia estirpe, sino para cualquier lector capaz de vivir como suyas sus convulsivas historias”, dijo. Así, no tuvo reparo en modificar fechas, nombres, parentescos o suprimir personajes anodinos para la literatura, aunque fueran importantes en la vida familiar. Un viaje de ida y vuelta entre literatura y realidad. La invención, a juicio del autor, hizo más profunda la historia original.
Relató el premiado anécdotas muy particulares. Por ejemplo, que su padre le escribía a su madre una carta de amor a diario, aunque los dos estuvieran en casa. O esa historia sobre su madre, muy aficionada a la lectura de novelas, a pesar de su ajetreada existencia. Cuando un hermano suyo, víctima de una “feroz peritonitis”, se debatió entre la vida y la muerte, su madre le prometió a la Virgen del Perpetuo Socorro, de la que era devota, que dejaría de leer novelas durante cinco años si salvaba a su hijo. El hijo se salvó (no se sabe si por intervención de la Virgen), y la madre cumplió con su promesa. “Ese era el mayor sacrificio que podía ofrecer”, dijo Celorio.
La literatura de Celorio fue abordada por Ernest Urtasun, ministro de Cultura, desde el agradecimiento. Recordó la reconocida deuda de la formación intelectual de Celorio con el exilio republicano español. Y señaló que este “es un premio, sin duda, a los logros y conquistas de la universidad pública. Necesitamos más que nunca su plena autonomía, su criterio científico, su buena salud. Porque una universidad cuidada y respetada es el rostro de un país y el mayor de nuestros tesoros”, dijo, en presencia, en labor institucional, de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, embarcada en los últimos tiempos en una polémica por los fuertes recortes en la universidad pública, finalmente solventada.
El rey Felipe VI puso de relevancia la literatura mexicana: “Las palabras, las modulaciones del idioma, las expresiones y las realidades que cada autor convoca, encuentran en el vasto caudal de la literatura en lengua española un espacio cada vez más amplio, un reconocimiento más profundo y una afinidad que fortalece, a un tiempo, la diversidad y la unidad de nuestra lengua”. Aprovechó el Rey para recordar dos efemérides de las letras latinoamericanas: los 50 años de la muerte de José Lezama Lima, los 40 de la de Jorge Luis Borges. Lo dijo a cuenta de que el premio Cervantes para Celorio honra su lugar en la “vasta y diversa” literatura hispánica. Y recordó los “dos grandes vínculos” que unen a España y México en el ámbito cultural y editorial. Primero, la lengua compartida, “que permite atravesar 23 fronteras sin perder inteligibilidad”; y segundo, una larga tradición literaria compartida, que se remonta a Carlos de Sigüenza y Góngora, Juan Ruiz de Alarcón o sor Juana Inés de la Cruz, quienes dialogaron con los grandes escritores peninsulares del Siglo de Oro, “en un intercambio que es expresión del mestizaje que nos ha caracterizado a lo largo de la historia y que todavía hoy nos moldea”.
La vida y trayectoria de Celorio, relató el monarca, está muy vinculada a España, no solo por su abuelo asturiano, sino también por su madre cubana, aunque nacida en Las Palmas de Gran Canaria, por el citado influjo del exilio español entre sus maestros, por la parte de su familia establecida en España, por su presencia frecuente en Madrid. “Nos recuerda que España y México son más que países hermanos: son culturas entrelazadas por la lengua y la cultura, unidas por una cercanía sincera y un afecto compartido que perdura en el tiempo”.
Concluyó Celorio su discurso recordando —siempre recordando— una vida dedicada a las letras. Como profesor que contagió el entusiasmo por la literatura en la Universidad Autónoma de México, como lector voraz, como bibliófilo irredento, como académico en la Academia Mexicana de la Lengua, como editor en el Fondo de Cultura Económica, etc. “Cuando alguien me pregunta cuál es la palabra que más me gusta, le respondo que es la palabra palabra”.