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Cultura

El Rey Felipe Recuerda La Importancia De La Memoria En El Almuerzo Al Premio Cervantes

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Durante unos meses, cuando iba a Madrid, Paco Cerdà visitaba el Palacio Real con frecuencia. Fotografiaba con la memoria cada detalle de los salones, husmeaba entre las habitaciones hasta donde le dejaban o subía y bajaba las escaleras, contando obsesivamente el número de los peldaños. A la hora del café, en el almuerzo que los Reyes ofrecieron el miércoles con motivo de la entrega del Premio Cervantes al mexicano Gonzalo Celorio, se formaron diversos corrillos en torno a los reyes Felipe y Letizia. Visto con una cierta perspectiva, esos minutos con autores, editores o periodistas parecen un vals cortesano que se repite cada año. El autor de Presentes le explicaba al Rey que visitaba el Palacio porque se estaba documentando para escribir 14 de abril. El escritor valenciano estaba allí como otros ganadores de la última convocatoria de los Premios Nacionales. Como la dramaturga Victoria Szpunberg o el historiador Juan Francisco Fuentes o la poeta Míriam Reyes. Cerdà le contó una anécdota incluida en el libro: aquel cigarro que Alfonso XIII compartió con unos campesinos cuando emprendía la ruta del exilio. Son cosas que pueden pasar, pareció contestarle don Felipe con un gesto y una sonrisa cómplices.

Una hora antes, después de que se haya servido la copa de Gramona Imperial y antes del primer plato (un lomo de caballa en escabeche, después albóndigas de choco y cazón), el Rey pronuncia el elogio del premiado. La mesa es infinita, la cubertería elegante y hay cinco copas delante de cada plato. Lo escuchan la presidenta de la Comunidad de Madrid y el ministro de Cultura, el presidente de la Real Academia Española y el del Instituto Cervantes, para enumerar al azar dos parejas con puntos de vista, digamos, discrepantes. Están Luis Mateo Díez o Soledad Puértolas, Javier Cercas, Najat El Hachmi o Juan del Val, entre otros.

El rey Felipe empieza citando unos versos del poema Cambridge, de Jorge Luis Borges: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Este año se cumplirán 40 del fallecimiento de Borges en Suiza, como recuerda, y Ese montón de espejos rotos es el título de las memorias que Celorio publicó hace unos meses. Además de su elogio como profesor, el discurso del Rey se centra en la significación de esta autobiografía y, en un pasaje del discurso, agradece que Celorio haya resaltado la aportación que los exiliados republicanos tuvieron para el robustecimiento de la cultura mexicana.

Antes del brindis, tras recordar un poema de Antonio Machado, Felipe habla de la potencia de la lengua española —630 millones de hablantes—, de unas literaturas plurales que no excluyen y cierra citando unas palabras que concentran el espíritu del Quijote: la literatura como la gran escuela de la libertad.

Muchos escritores salen rápido para no perder el tren que les llevará a Barcelona, donde mañana, desde primera hora, firmarán libros en la fiesta de Sant Jordi. En las escaleras para bajar al patio, que Paco Cerdà vuelve a contar de nuevo, un periodista le confesó a Marta Jiménez Serrano que había revisado su caldera tras Oxígeno, la memoir en la que cuenta que estuvo a punto de morir por inhalar monóxido de carbono. Al final de la escalera, la familia de Celorio —unos viven en México, otros en Madrid, una en Copenhague— se fotografían para recordar unos días memorables. Los alabarderos, firmes, se despiden de los escritores.

Cataluña

Otero, Pujadas I Puntí: Tres Grans Contistes Contemporanis

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Sovint es publiquen llibres de peces que no van ser pensades per fer part de cap compilació: aplecs, miscel·lànies i receptaris. Vet aquí l’exemple de Rascaparets (Galàxia Gutemberg), de Julià Guillamon, en què l’autor reuneix i llima columnes anteriors i en treu un llibre memorable de relats curts. O vet aquí La dolçor de viure (LaBreu), de Joan Todó, tria i polit que donen nova vida a textos ja publicats, una perspectiva més atmosfèrica i una existència antològica.

El mes passat es va publicar un llibre d’aquests, dels que fan reviure, fixen i agermanen tot un seguit d’històries nascudes, en aquest cas, a la ràdio. Es tracta de Sembla mentida (Quaderns Crema), i el signen Miqui Otero, Irene Pujadas i Jordi Puntí. El pròleg és de Sergi Pàmies, i explica que, temps enrere, Roger Escapa, director del programa El suplement a Catalunya Ràdio, volia que Jordi Puntí hi fes més col·laboracions. L’escriptor i el locutor tindran una idea brillant: els oients envien notes de veu amb anècdotes, històries xocants, i Puntí, Pujadas i Otero les transformen en contes breus que després llegiran a la ràdio.

Pare del conte català contemporani, Pere Calders va acostumar els lectors a un còctel d’intel·ligència, amenitat i humanisme, però no ens hem d’enganyar: confegir un conte en què es troba un sarcòfag egipci en un mas de la Garrotxa, que sigui creïble i alhora una ficció ardent, que passi avall com un glop d’aigua i de pas deixi el regust d’haver tocat una matèria especial, això és a l’abast de pocs escriptors. És a l’abast, en tot cas, d’Otero, Pujadas i Puntí.

A Sembla mentida, intercalats, tots tres autors freguen l’excel·lència. Repetim-ho, la fórmula és magnífica, fresca, oral. Ens els imaginem rebent les notes dels oients, cadascun tria la que més l’abelleix, els temes són més universals que l’amor i la mort, i després cadascú infanta un conte inspirat en fets reals, sí, però és una història que muta, com la peripècia de l’oncle, sí, la d’aquell calamar que va pescar l’any 1987, un cefalòpode que cada vegada que ho explica creix un pam, agafa formes monstruoses, èpica, i avui, aquest proper Nadal ja serà un kraken.

Miqui Otero (1980) ens ofereix uns relats de tradició catalaníssima, en el sentit que baixen poblats de perdedors relatius, a l’estil de moltes narracions de Quim Monzó. El looser no surt airós de cap escull vital, és clar, però il·lumina la con(tra)dició humana per allí on passa i, el que és més important, ens anivella com a espècie. A més a més, enjogassat com és i bregat com està en la cultura pop, Otero conjuga molt bé el localisme amb els vaivens globals, la font de tants malentesos humorístics.

Irene Pujadas (1990) és una escriptora sobredotada per a la flash fiction de tall hilarant, però també sap aliar-la amb un pòsit recognoscible: la realitat de la gent corrent i la seva filosofia terrenal, de pa del dia. En certs moments recorda el Francesc Trabal més contista, arrelat i marcià a parts iguals, o el Ramon Vinyes més irreverent, tropical i murri. Les peces de Pujadas són les que voldríem que tot bon amic sabés declamar en qualsevol sobretaula, perquè són les que ens fan recordar que estem vius.

I Jordi Puntí (1967), el més veterà, ens regala la seva mirada sàvia, de cendra viva, de narrador nat i lector foguejat, i ens dona uns relats rodons, afuats i multicapa que ens reconcilien amb la vida. Recorden el mestratge oblidat d’Àngel Ferran que, un cop tastat el pas del temps, va saber mirar-se el món amb una barreja de bonhomia, esperit crític i, per damunt de tot, clarividència. Puntí és un molt bon explicador d’històries, perquè no se’n cansaria mai, carregat d’ofici, i és d’agrair.

Sembla mentida és un molt bon llibre.

Sembla mentida

Miqui Otero, Irene Pujadas, Jordi Puntí
Quaderns crema
192 pàgines. 16 euros

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America

‘The Love That Remains’, Un Retrato Surrealista Y Tragicómico De Una Familia Fracturada

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The Love That Remains presenta un retrato íntimo de una familia a lo largo de un año, mientras los padres enfrentan una separación marcada por recuerdos compartidos y vínculos emocionales que persisten. Con momentos sensibles y profundamente humanos, la historia explora la transformación del amor, la fragilidad de las relaciones y la búsqueda de equilibrio en medio del cambio. Con el paso de las estaciones como telón de fondo, construye una reflexión sobre la pérdida, la comunicación y los lazos que quedan incluso en la distancia. En el marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), el filme nórdico ha sido anunciado como el ganador del Latin American Critic’s Award for European Films, premio que fue recogido por el actor Sverrir Gudnason en representación del director Hlynur Pálmason y del equipo de la película.

Gudnason llegó a Guadalajara solo para recibir el premio. Admite, con pesar, que no le alcanzó el tiempo para poder ver alguna de las películas que forman parte de la muestra, ya que se encuentra filmando otra cinta en Suecia. Cuenta que lo que más le atrajo de The Love That Remains (cuya traducción al español sería El amor que permanece) es poder trabajar con Pálmason, ya que considera que hace proyectos “muy interesantes” y que no se han visto antes. El realizador islandés es considerado un cineasta excepcionalmente talentoso y aclamado, a menudo descrito como el “príncipe del cine independiente”, así como una voz original y fascinante en el cine contemporáneo.

Gudnason (Lund –Suecia–, 47 años) ofrece una interpretación sólida y sutil como Magnús, un pescador y marinero que atraviesa una lenta separación. El actor se mete en la piel de un padre y esposo devoto, pero distante, aportando calidez y una tranquila perseverancia a un papel matizado que trata sobre el amor que se desvanece, más que sobre un conflicto dramático. “Es un poco perdedor y no se siente realmente integrado en su familia. Se siente como si lo estuvieran apartando de ella y tampoco se siente a gusto con sus compañeros de trabajo en el barco pesquero. Así que está como en un limbo triste. He interpretado personajes tristes antes, pero hay algo en él que hace que, aunque es buena persona, quieras que triunfe, pero no lo consigue”, afirma el actor sueco en la sala de conferencias de la Cineteca.

The Love That Remains se impuso a otros tres filmes que resultaron finalistas: Father, de Tereza Nvotová (Eslovaquia); Sound of Falling de Mascha Schilinski (Alemania); y Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa (España), que se hizo con cinco galardones en la última edición de los Premios Goya, incluyendo el de Mejor película.

Después de una ruptura, normalmente en las películas se ven platos estrellándose contra la pared y portazos. Se ven peleas y conflictos; eso es una ruptura. Pero esto también es una ruptura, y es posible coexistir incluso si se ha perdido la chispa romántica en la relación. Así que creo que esta película simplemente muestra cómo, incluso después de perder el amor romántico, puede quedar algo de amor, algo diferente.

La película que representó a Islandia en los Oscar, pero no alcanzó el corte de los cinco finalistas en su última edición, pone la lupa en temas como el amor, la pérdida y la separación agridulce de una pareja. Se enfoca en cómo un matrimonio se desmantela silenciosamente, explorando el afecto persistente, la desintegración familiar y la resistencia emocional a través de un retrato impresionista de una familia que atraviesa un divorcio.

“Tras una ruptura, normalmente en las películas se ven platos estrellándose contra la pared y portazos. Se ven peleas y conflictos; eso es una ruptura. Pero lo que se ve en The Love That Remains también es una separación, y es posible coexistir incluso si se ha perdido la chispa romántica en la relación. Creo que esta película muestra cómo, incluso después de perder el amor romántico, puede quedar un amor diferente”, afirma el actor.

Gudnason considera que la película presenta el amor como algo que puede ser resistente y frágil a la vez, pero también algo cambiante. “El amor, aunque lo tengas y lo entiendas, siempre puede transformarse en otro tipo de amor. Pero sigue siendo amor. Y creo que eso sucede en muchas relaciones, que empiezan siendo muy apasionadas, románticas, pero luego se convierten en amistad. Eso también es un amor profundo”, complementa.

Tras su paso por el FICG, la película tiene prevista su estreno comercial en el resto del país durante el mes de julio. El Latin American Critics’ Award for European Films fue creado en 2024 con el objetivo de fortalecer la visibilidad del cine europeo en la región y destacar el papel fundamental de la crítica cinematográfica en la promoción del cine de autor y el diálogo cultural entre territorios. En ediciones anteriores, han sido reconocidas Sorda (2025), de Eva Libertad, y The Teachers’ Lounge (2024), de İlker Çatak.

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Borja Jiménez

¡Albricias! Protestas En La Maestranza

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Por fin. Ya era hora. Por fin, esta tarde hubo protestas en La Maestranza. Ocurrió a la salida del quinto toro de Victorino Martín, que tardó en pisar el ruedo varios minutos mientras su lidiador, Manuel Escribano, lo esperaba de rodillas en los medios. Pero fue atisbar la puerta de toriles, y muchos espectadores manifestaron su desagrado, y no era para menos. Mirandés, que así se llamaba, de 539 kilos de peso según la tablilla, era un novillete impresentable para una plaza de primera categoría, esmirriado y escurrido, una sardina vergonzante. Las protestas fueron a más, arreciaron cuando Escribano se empeñó en banderillearlo, lo que hizo nervioso y sin acierto, y, al final, cuando el animal se comportó con desbordante sosería y sin clase alguna en la muleta.

Protestas, sí, pero el toro se lidió. ¿Responsables? El ganadero que lo eligió, el empresario que lo compró y la autoridad que lo aprobó. Pero el asunto no pasó a mayores. No es el primer toro impresentable que se lidia en esta feria, pero sí el que ha marcado un punto interesante.

Dicho lo cual, hay que reconocer que el toro de Victorino Martín es distinto, lo que no es una afirmación novedosa, pero conviene no olvidarla. Son animales plagados de matices, comportamientos singulares, cambios bruscos de carácter, que desorientan, desconciertan y llenan de dudas a los espectadores.

Son toros que requieren una tesis, y ese trabajo exige tiempo, que es, justamente, de lo que carecen los que se visten de luces.

No debe de ser nada fácil entender a un victorino; quizá, por eso la corrida de hoy ha durado una eternidad, dos horas y tres cuartos, y ha resultado cansina y pesada.

Cumplidores de forma desigual en varas —el que mejor empujó fue el sexto—, complicados en los capotazos iniciales y sosos en general en el último tercio, aunque con clase en los instantes finales, como fueron los casos del primero, tercero y cuarto; este último fue el mejor del encierro, el de más calidad.

Sea como fuere, la corrida tuvo finalmente un tono decepcionante, porque no apareció ese toro vibrante que salva un festejo, ni los toreros estuvieron, por distintos motivos, a la altura de las circunstancias.

Borja Jiménez se llevó el mejor lote, pudo cortar orejas, pero el mal uso de la espada se lo impidió. A mitad de la faena de muleta a su primero, consiguió levantar el vuelo y dibujar dos tandas y media de buenos naturales que supieron a gloria y pusieron a trabajar a la banda. Ante el cuarto, el de más clase, Jiménez volvió a lucirse por naturales en otras tres tandas de mucha hondura, pero los pinchazos se llevaron el trofeo. Y en el último, bien, sin más, ante otro noble pero soso animal que embestía al paso y sin alegría alguna.

Peor suerte tuvo Manuel Escribano. A sus dos últimos toros los recibió de rodillas en los medios de la plaza y salió airoso con sendas largas cambiadas. Toreó a la verónica con celeridad, clavó banderillas solo con corrección, y tardó el acoplarse con el pegajoso primero, al que dibujó ocho naturales largos y hermosos poco antes de entrar a matar. Dificultoso fue su segundo, que se revolvía en un palmo de terreno y no permitió confianza, y ante el quinto, el novillo protestado, el garbanzo negro de una corrida cárdena y no solo por su color, solo pudo limitarse a matarlo entre los pitos del respetable.

Decepcionante victorinada. Es una vergüenza que se lidiara ese Mirandés que nunca debió ser embarcado para esta plaza y mucho menos aprobado por el equipo presidencial. Y un mano a mano sin sentido. No hubo competencia alguna y se le restó una oportunidad a otro torero. Lo mejor de la tarde, el cartel de “no hay billetes”, el cuarto en lo que va de feria.

Martín/Escribano, Jiménez

Toros de Victorino Martín, justos de presentación -el quinto, anovillado y protestado por el público-, cumplidores de modo desigual en los caballos, nobles y con clase en la muleta.

Manuel Escribano: estocada caída -aviso- y dos descabellos (ovación); estocada -aviso- (silencio); estocada baja (silencio).

Borja Jiménez: estocada algo caída -aviso- (petición y vuelta al ruedo); dos pinchazos hondos y un descabello (vuelta al ruedo); tres pinchazos y media (silencio).

Plaza de La Maestranza. 18 de abril. Octavo festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de “no hay billetes”.

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