Un gol de Mikel Merino clausuró este lunes en Dallas la trayectoria mundialista de Cristiano. La selección del país en el que el delantero de Madeira forjó gran parte de su carrera le cerró las puertas del torneo a sus 41 años. “Va a ser mi último Mundial; ojalá no sea mi último partido”, había admitido el día anterior en una rueda de prensa en la que se le notó relajado y juguetón ante un séquito de periodistas que conocía de su larga etapa en el Real Madrid. En su último baile, Ronaldo dejó tan solo las migajas que le quedan de aquel futbolista extraordinario que fue. Sin la velocidad de gamo que tuvo en sus tiempos jóvenes, sin el regate de extremo filigranista que mostró al mundo en el Manchester United, su obra se limitó a descargar de cara y a intentar finalizar las pocas ocasiones de las que disfrutó.