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Muerte Tras El Narco En Alta Mar

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“Estás tomando café antes de salir a navegar: ‘Venga, luego nos vemos’. Y luego no te ves. Los ves llegar en las bolsas [de la funeraria]”. Un agente del Servicio Marítimo de la Guardia Civil, que pide que no figure su identidad, expresa el impacto que le ha provocado la muerte, el pasado viernes, de dos de sus compañeros, el capitán Jerónimo Jiménez, de 55 años, y el guardia civil Germán Pérez, de 56 años, fallecidos al colisionar dos embarcaciones del instituto armado cuando perseguían una narcolancha. El siniestro, ocurrido a 80 millas náuticas (148 kilómetros) de la costa de Huelva y a 47 (88 kilómetros) de la costa norte de Marruecos, es el reflejo de una lucha contra el narcotráfico que cada vez se libra más lejos de la costa y se ha vuelto más peligrosa.

Los traficantes recorren en sus embarcaciones de alta velocidad distancias cada vez mayores y reaccionan de forma violenta cuando son interceptados en el mar por las patrulleras de la Guardia Civil. Esta forma de responder añade un plus de peligrosidad a unas intervenciones ya de por sí arriesgadas porque se acometen desde un barco y en alta mar, donde no hay ambulancias ni servicios de emergencia, y los helicópteros pueden tardar 45 minutos en llegar en auxilio. Las asociaciones profesionales de guardias civiles insisten en que el accidente del viernes se veía venir dada la intensa actividad de los narcos en aguas del Estrecho y en otros puntos de la costa andaluza. Y recuerdan sus quejas por falta de personal y de medios.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ―cuya ausencia en el funeral de los dos agentes fallecidos fue criticada por la asociación Jucil― subrayó ayer la “responsabilidad y compromiso” del Ejecutivo en la lucha contra el narcotráfico desde 2018. Según Interior, se ha aumentado en un 20% el número de efectivos y han adquirido más de 20 embarcaciones.

En la actualidad, el instituto armado cuenta con una flota de cerca de 150 embarcaciones a la que se han incorporado patrulleras de alta velocidad capaces de superar los 55 nudos de velocidad. Están fabricadas en aluminio (más resistente que el poliéster reforzado con fibra de vidrio del casco de las anteriores) precisamente para que puedan resistir las embestidas de las narcolanchas.

Una de ellas, la Río Antas, se vio implicada en el accidente del viernes al chocar contra la embarcación semirrígida ―y más pequeña― en la que estaban embarcados los agentes Jerónimo y Germán y otros dos compañeros que quedaron heridos, uno de ellos de gravedad. El siniestro está bajo investigación. Los primeros indicios apuntan a que el teniente que pilotaba la patrullera perdió el control y embistió la de sus compañeros. Los dos agentes fallecidos, con amplia experiencia en el mar, estaban destinados en la Comandancia de Huelva.

“En el mar, 50 kilómetros por hora es una pasada, y ya no digo 100, que son los 60 nudos que puede coger la Río Antas. ¿Cuál es el problema? Que el mar no es la tierra”, explica el agente M. que, como todos los consultados para este reportaje, pide que no se le identifique. “Cualquier golpe de mar, cualquier cosa que te encuentres, puede ser fatal”, añade. Y los pilotos de las narcolanchas lo saben. Cuando se ven acorralados, aprovechan la potencia de sus motores ―algunos alcanzan 80 nudos de velocidad, el equivalente a 150 kilómetros por hora― para crear una ola que desequilibre a las embarcaciones de la Guardia Civil y les haga frenar. “Es como si vas por una carretera a gran velocidad y de repente te encuentras muchos baches seguidos”, compara el agente.

A ello se suma la presión de las actuaciones en el mar. “Las decisiones se toman en segundos, en un entorno hostil e imprevisible. La fatiga, el estado de la mar, la velocidad y la tensión operativa forman parte del día a día de quienes trabajan embarcados”, añade otro miembro del marítimo, identificado como S. Además, los narcos están dispuestos a todo para no perder la mercancía o evitar que les arresten. “No tienen miedo y les da igual. Cuando los vas a detener, llegan a embestirte”, subraya el agente M. Es lo que ocurrió la noche del 9 de febrero de 2024, cuando dos miembros de la Guardia Civil fueron asesinados y cuatro resultaron heridos al ser atacados de manera presuntamente intencionada por una narcolancha en el puerto de Barbate, en la provincia de Cádiz. La peligrosidad de sus maniobras también ha ocasionado muertes entre los traficantes. Desde 2020 han muerto 11 ocupantes de narcolanchas en accidentes cuando huían de la Guardia Civil, la mayoría frente a las costas de la provincia de Cádiz, según una respuesta parlamentaria reciente.

“El trabajo de los guardias civiles de las patrulleras sería mucho más fácil si se grabaran todas las actuaciones; así los jueces podrían ver exactamente a qué se enfrentan. También es necesario un protocolo claro y vinculante para que los agentes sepan cómo se deben abordar estas embarcaciones o definir qué se puede hacer a cada distancia, a 12 millas de la costa o a 24. Así tendrían más seguridad jurídica”, apunta Olaya Salardón, portavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC, la mayoritaria entre los agentes).

La asociación también destaca que la plantilla del Servicio Marítimo tiene patrones y mecánicos muy expertos, pero necesita una renovación de personal que no se hace con la celeridad que debería. Con la flota de barcos ocurre algo similar. Muchos de ellos superan ya la vida útil y las averías o falta de piezas impiden que estén plenamente operativos. En el expediente de licitación de 2024 para comprar las nuevas patrulleras, Interior ya admitía que entonces una tercera parte de la flota estaba cerca de los 20 años de antigüedad o, incluso, los había superado. La vida útil de este tipo de medios navales se estima en 15 años, según destacaba la documentación oficial.

La asociación Independientes de la Guardia Civil (IGC) pide que los representantes de los agentes participen en los procesos de licitación de las nuevas embarcaciones. “Queremos que se tengan en cuenta las necesidades reales; muchas de las personas que los seleccionan lo hacen desde un despacho”, añade Daniel Fernández, presidente de IGC. Otras fuentes insisten en que hay que invertir no solo en barcos de gran envergadura, como el Duque de Ahumada ―clave, por ejemplo, en la reciente aprehensión en un mercante de un alijo de 30 toneladas de cocaína a 200 millas náuticas al sur de Canarias―, sino también en los que persiguen las narcolanchas.

Los agentes M. y S. coinciden en que el riesgo de perseguir al narco no es proporcional a las consecuencias penales que tiene para los implicados. “El sentimiento general es que no merece la pena jugarse la vida por perseguir al narco. Hay que hacer maniobras quirúrgicas para que nadie salga herido y al día siguiente van a quedar libres o con una pena tan ínfima que al poco volvemos a detenerlos”, aporta S.

Interior ha extendido la lucha contra el narcotráfico en el mar a otros ámbitos. Hace ocho años cambió la legislación para prohibir, precisamente, el uso privado de las embarcaciones de alta velocidad. En la reunión en París de la Coalición de Países Europeos contra el Crimen Organizado, el pasado 20 de abril, Grande-Marlaska apremió a la UE a seguir los pasos de España, como hizo en octubre Portugal, y a legislar contra el llamado petaqueo, el suministro de combustible a las narcolanchas, que desde febrero es un delito autónomo en el Código Penal y se castiga con hasta cinco años de prisión.

“La sociedad solo ve el resultado de una intervención o una noticia, pero detrás hay un trabajo silencioso y continuo de vigilancia, prevención y presencia permanente en la mar. Miles de horas en condiciones muy exigentes”, aporta S. “El tiempo ha demostrado que, aunque la buena coordinación ayuda, las organizaciones se reinventan y cambian a lugares donde hay menos presión. Y a esas zonas debería llegar el Marítimo, para evitar que estén a sus anchas”, valora este mismo agente.

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Britney Spears Ingresa Voluntariamente En Un Centro De Rehabilitación

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La cantante Britney Spears (Misisipi, 44 años) ingresó voluntariamente en un centro de rehabilitación el domingo 12 de abril, según informó la revista People. El entorno de la cantante lo considera un paso clave para su recuperación, ya que el ingreso se produce, además, cinco semanas después de ser detenida por conducir bajo los efectos del alcohol y otras sustancias. Fuentes cercanas a la artista señalaron al medio estadounidense que la decisión de ingresar en un centro especializado responde a la necesidad de “dar un paso adelante” en su bienestar personal, tras un episodio que su propio equipo calificó de “completamente inexcusable”.

El arresto de la intérprete de éxitos como Baby One More Time o Toxic se produjo el pasado 4 de marzo, cuando agentes del condado de Ventura, en el sur de California, detectaron un comportamiento errático al volante. Tras someterse a varios controles para comprobar si estaba sobria, Spears fue detenida y puesta en libertad horas más tarde. La cantante deberá comparecer ante un juez el próximo 4 de mayo por esta detención, según señala The Hollywood Reporter.

El entorno de Spears también ha subrayado a People que la artista se mostró afectada y arrepentida por lo ocurrido, especialmente por el impacto que la situación pudiera tener en sus hijos —Sean Preston, de 20 años; y Jayden James, de 19, ambos fruto de su relación con Kevin Federline—. “Britney tomará las medidas necesarias y cumplirá con la ley, y esperamos que este sea el primer paso hacia el cambio que necesita desde hace mucho tiempo. Ojalá pueda obtener la ayuda y el apoyo que necesita durante este difícil momento”, señaló un representante de la artista en un comunicado difundido el domingo. “Sus hijos pasarán tiempo con ella. Sus seres queridos elaborarán un plan necesario para garantizar su bienestar y éxito”, aclaró.

El arresto supuso un nuevo revés para Spears, cuya errática presencia en las redes sociales ha generado preocupación entre sus fans, tras el fin de su tutela paterna en 2021. En octubre de 2025, su exmarido, Federline —con quien estuvo casada entre 2004 y 2007—, expresó su profunda preocupación por la estrella del pop en sus memorias, You Thought You Knew, escribiendo que sentía que era “hora de dar la voz de alarma” sobre su comportamiento. “Se ha vuelto imposible seguir fingiendo que todo está bien. Desde mi punto de vista, el tiempo corre y nos acercamos al final. Si las cosas no cambian, algo malo va a suceder y mi mayor temor es que sean nuestros hijos quienes tengan que recoger los pedazos”, alertó.

Kevin Federline y Britney Spears en una fiesta en Hollywood en febrero de 2006.

La cantante ya ingresó brevemente en rehabilitación en 2007, tras protagonizar varios incidentes públicos. Un año después, en enero de 2008, en medio de la disputa por la custodia de sus hijos, fue hospitalizada brevemente en dos ocasiones en un centro de tratamientos de salud mental. El primer internamiento se produjo después de que Spears se encerrara en el cuarto de baño de Federline con Jayden, el hijo menor de la pareja, que por entonces tenía poco más de un año. El incidente contribuyó en parte a que, finalmente, se le concediera al padre la custodia exclusiva de los niños. La artista relató aquella noche en sus memorias de 2023, La mujer que soy, donde detalló que “no quería que nadie se llevara a su bebé”: “Me sentía desesperada por conservar a mis propios hijos unas horas más”.

En agosto de 2022, Spears publicó —y luego eliminó— un vídeo de 22 minutos en YouTube y Twitter en el que reflexionaba sobre el “trauma” de haber sido supuestamente obligada a trabajar y a pasar tiempo en un centro de salud mental bajo el yugo de su padre, Jamie Spears —que tuvo la tutela de la artista desde 2008 hasta septiembre de 2021—. También acusó a su madre, Lynne Spears, y a su hermana, Jamie Lynn Spears, de haber permitido los aspectos controladores de la tutela. “Estaba asustada, destrozada y comparto esto porque quiero que la gente sepa que solo soy humana”, aseguró.

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