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Los cerca de 2.500 asistentes a la cena de corresponsales de la Casa Blanca en el hotel Hilton de Washington apenas habían comenzado a degustar el primer plato -una ensalada de burrata y guisantes frescos- cuando sonaron cinco golpes secos, sordos. “Creí que eran unas bandejas”, diría después el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Eran disparos: aparentemente, un nuevo intento de atentado, el cuarto, contra el mandatario. Un hombre de 30 años, el presunto tirador, ha quedado detenido, 45 años después de que John Hinckley intentara asesinar al entonces presidente, Ronald Reagan, en este mismo hotel.
La cena de corresponsales de la Casa Blanca es, tradicionalmente, el gran acontecimiento anual en el mundo del periodismo en Washington. Un evento de gala que agrupa a los periodistas que cubren la información presidencial con el todo Washington, la crema y nata del mundo político, de los medios de comunicación, del poder en todas sus formas, y que suele estar salpicado de celebridades entre sus invitados. El presidente estadounidense de turno suele ser el invitado de honor. Pero Trump, que mantiene una compleja relación de amor-odio con la prensa, había declinado sistemáticamente asistir cada año. Hasta ahora.
Que Trump fuera a asistir a esta edición de la cena, donde tenía previsto pronunciar un discurso, había aportado una dosis especial de expectación y morbo al acontecimiento. En las horas previas -y en las múltiples fiestas organizadas en torno a la cena-, en los corrillos de periodistas se bromeaba con cuáles serían los insultos que el presidente dedicaría a sus anfitriones durante su intervención. Pero nadie imaginaba que la noticia acabaría siendo otra.
Todo había empezado como estaba previsto. Los emperifolladísimos invitados habían tomado asiento en la gran sala de baile del Hilton, que acoge el acontecimiento cada año por ser la mayor de todo Washington -al menos hasta que la que Trump construye en el ala Este de la Casa Blanca esté lista. Una banda militar había estado tocando música. Se había interpretado el himno estadounidense, con los presentes puestos en pie. Se había anunciado la entrada del presidente estadounidense y de su esposa, Melania Trump. La presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang, periodista de la cadena CBS, había pronunciado unas breves palabras de presentación. Los comensales habían comenzado el primer plato de un menú que debía continuar con solomillo, langosta y dulces variados.
En ese momento se escucharon cinco sonidos secos, que parecían proceder de una de las puertas. No eran, como pensó Trump y algún que otro periodista, unas bandejas cayendo al suelo. Eran disparos. Todos al suelo. Todos, menos los periodistas presentes, que se abalanzaron sobre sus teléfonos (en vano: la sala de baile está en un sótano y no era posible conseguir conexión).
Al escucharse los disparos, los agentes del Servicio Secreto se lanzaron en masa a la mesa presidencial, sobre el estrado de la sala, para proteger al presidente y sacarlo del hotel. “Nos vamos de aquí, ¡ya!“, exclamaba uno de ellos mientras corría hacia el mandatario.
“Vaya noche en Washington. El servicio secreto y las fuerzas del orden han hecho un trabajo fantástico. Han actuado de manera decisiva y valiente. El tirador ha sido capturado y he recomndado que SIGA LA FIESTA, pero dependerá de las fuerzas del orden. Ellos tomarán una decisión pronto”, escribió casi de inmediato el presidente estadounidense en un mensaje en Truth, su red social. “Con independencia de la decisión que tomen, esta velada será muy diferente de lo planeado, y simplemente tendremos que organizarla otra vez (en otro momento)”.
La confusión reinó en los primeros momentos en la sala tras los disparos. Algunos aseguraban que el autor de los disparos había sido abatido. Otros, que había sido capturado. Muchos de los invitados -el todo Washington, la crema y la nata de la vida política estadounidense, desde la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, al director del FBI, Kash Patel- se consolaban unos a otros. Algunos temblaban; a otros se le escapaba alguna lágrima. Desde una de las mesas cercanas a la presidencia, una voz gritaba: “¡Viva Estados Unidos!”
Unos 20 minutos después del incidente, la presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, Weijia Jiang, periodista de la cadena de televisión CBS News, anunció que la fiesta iba a retomarse “lo antes posible”. No fue así. Para entonces, muchos de los comensales ya se habían marchado, por propia iniciativa o la de sus escoltas. De manera muy apresurada, en algunos casos: en el acceso por el que la policía indicaba que se podía salir, había quedado solitario el zapato de lentejuelas doradas y tacón altísimo de una Cenicienta washingtoniana anónima.
No había ánimo, ni apenas quórum, para festejar. Pero en su rueda de prensa posterior, ya desde la Casa Blanca y aún trajeado con el smoking de la cena, Trump prometía que el evento se celebrará otro día. “No vamos a dejar que nadie nos arrebate nuestra sociedad, no vamos a cancelar nada”.
Periodistas siguen la conferencia de Donald Trump en remoto.Elizabeth Frantz (REUTERS)Donald Trump habla con la prensa en el salón James Brady, en La Casa Blanca.Tom Brenner (AP)Miembros de la prensa se preparan para el discurso de Trump.Jonathan Ernst (REUTERS)La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca cuenta con unos 800 socios y esta velada es el momento más importante de sus actividades anuales.Jonathan Ernst (REUTERS)Los invitados se abrazan tras la evacuación.Jonathan Ernst (REUTERS)Autoridades informaron que todos los miembros del Gobierno habían salido ilesos y que no hubo heridos o muertos.Tom Brenner (AP)El evento se llevaba a cabo en el Hotel Hilton Washington.YURI GRIPAS / POOL (EFE)Algunos invitados en el salón de la cena después de la evacuación.Tom Brenner (AP)Cuerpos de emergencia acudieron a la emergencia.Allison Robbert (AP)Invitados y miembros de la prensa salen del salón.Tom Brenner (AP)Los invitados observan desde sus mesas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama, Melania Trump, fueran sacados de la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.Jessica Koscielniak (REUTERS)Marco Rubio y su esposa Jeanette Dousdebes Rubio esperan fuera de una de las salas de La Casa Blanca.Jonathan Ernst (REUTERS)El director del FBI, Kash Patel, hablando por teléfono mientras los principales líderes estadounidenses eran evacuados.Tom Brenner (AP)En el interior del salón, se escucharon cinco disparos que provenían del vestíbulo, presuntamente efectuados por una persona armada que intentó entrar y, cuando no le dejaron acceder, abrió fuego.Tom Brenner (AP)De confirmarse que el hombre que disparó en el vestíbulo del hotel llegó en busca de Trump, este sería el tercero al que sobrevive el presidente de Estados Unidos.Tom Brenner (AP)Muchos de los presentes optaron por irse, aunque las autoridades pidieron a los que permanecieron en el hotel que se quedaran para que la cena pudiera continuar.Evan Vucci (REUTERS)Policías escoltan al secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy, Jr.Tom Brenner (AP)La evacuación se dio después sonidos de disparos en el lobby.Tom Brenner (AP)Los invitados se refugian después de la evacuación, en Washington.Jessica Koscielniak (REUTERS)Donald Trump y Melania Trump, minutos antes del intento de atentado.Yuri Gripas / POOL (EFE)Un invitado se cubre durante el incidente.Jessica Koscielniak (REUTERS)La Guardia Nacional escolta a los periodistas, en Washington. Mark Schiefelbein (AP)Trump se disponía a dar un discurso en la tradicional cita entre la prensa y el poder de Washington. Era su primera vez como presidente en la que acudía a la cena.Yuri Gripas / POOL (EFE)Agentes del servicio secreto responden al instante de la salida de Donal Trump.Alex Brandon (AP)El sonido de las sirenas y del sobrevuelo de los helicópteros también tomó súbitamente la noche de sábado en la capital estadounidense.Tom Brenner (AP)Momento de la salida de Trump, escoltado por su equipo de seguridad.Bo Erickson (REUTERS)Algunos medios estadounidenses informaron, antes de que él mismo lo dijera en su red social, que Trump estaba dispuesto a regresar a la cena y cumplir con la tradición de ofrecer un monólogo para los cerca de tres mil asistentes a un evento que retransmiten en directo las televisiones. Tom Brenner (AP)Agentes intervienen durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca, este sábado.Alex Brandon (AP)Policías resguardan el exterior del evento.Rod Lamkey (AP)El área en la que se produjo ese incidente fue acordonada inmediatamente. El exterior del hotel, a donde se evacuó a los asistentes, se llenó de policías. Allison Robbert (AP)Weijia Jiang, presidenta de la asociación de Corresponsales, habla en el inicio de la cena.Tom Brenner (AP)
En el evento, había estado previsto que Trump ofreciera un discurso a los periodistas agrupados en la WHCA, una asociación que engloba a los reporteros dedicados a cubrir la información de la Casa Blanca y con la que él ha mantenido una relación complicada. El presidente suele arremeter contra los reporteros que la componen cuando le hacen preguntas que considera incómodas, y sus comentarios en ocasiones entran en el terreno personal. Al comenzar este mandato, su Casa Blanca decidió retirar a la Asociación competencias que tradicionalmente había tenido en la organización de las coberturas presidenciales, que pasó a asumir la oficina de prensa de Trump.
Al mismo tiempo, el mandatario presume de ser el más accesible de la historia del país y responde a las preguntas de los periodistas casi a diario. Desde el comienzo de la guerra en Irán ha convertido casi en costumbre responder a las llamadas de diversos periodistas a su teléfono móvil, para concederles breves entrevistas.
El hotel Hilton no es ajeno a la tragedia. El 30 de marzo de 1981 había sido escenario de un atentado contra el entonces presidente Ronald Reagan, que acababa de pronunciar allí un discurso. Una de las balas que disparó John Hinckley rebotó y alcanzó al mandatario en un pulmón, lo que le provocó una fuerte hemorragia interna. Su portavoz, James Brady, un agente del Servicio Secreto y un agente de policía también quedaron heridos.
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Marc Márquez dijo el viernes que no bailaba encima de la moto desde el GP de Japón del año pasado, cuando ganó su séptimo título mundial en MotoGP. “¿Me habré olvidado, quizás?”, bromeaba. Este sábado quedó claro que no. Ante la afición entregada que aguantó el chaparrón matutino en Jerez, el piloto español de Ducati volvió a bailar para llevarse una meritoria pole position y ponerse a tiro de su victoria mundialista número 100. Aprovechando el asfalto mojado y las condiciones difíciles que siempre ha sabido aprovechar mejor que nadie, el campeón del mundo logró la primera posición de la parrilla sacándole los colores a gran parte de la parrilla con un 1.48,087. Tan solo el francés Johann Zarco, notorio segundo con la Honda LCR, fue capaz de seguirle el ritmo, el resto de pilotos a más de un segundo del cabecilla de la parrilla.
“Las condiciones han ayudado, en seco Álex estaba un paso por delante del resto. En agua tienes que fluir más, sin exagerar tanto ni empujar tanto, y ahí me encuentro más cómodo”, comentó Márquez, cauto todavía sobre sus posibilidades de cara a la sprint de la tarde y la carrera del domingo. “Habrá qué entender cuál es nuestro nivel en las carreras, ver cómo van Álex y Diggia, que iban muy fuertes en seco”, añadía desde el parque cerrado del trazado andaluz. Su hermano pequeño, el mejor del viernes, sufrió una caída durante su mejor giro y solo pudo finalizar quinto en la cronometrada, mientras que el italiano del VR46 ocupará la tercera plaza.
“Estaremos muchos ahí en cabeza, así que será una bonita lucha”, avisó Di Giannantonio sobre las carreras. Tras sus palabras, los primeros rayos de sol secaban ya el asfalto y calentaban más todavía el ambiente en el Circuito de Jerez-Ángel Nieto, que celebra este año su 40 aniversario convertido desde hace ya mucho en patrimonio (material e inmaterial) del motociclismo y el deporte en general.
Márquez, que ha vivido ante la afición más vibrante del certamen algunos de sus mejores y peores momentos, logró su tercera pole en el trazado y buscará ahora una victoria que se le resiste desde 2019. Al año siguiente, en este mismo escenario, empezó su calvario de lesiones que le han llevado a operarse hasta en siete ocasiones el brazo derecho, pero aquí también empezó a renacer en 2024 con su pole y victoria en la sprint, además del primer podio de domingo tras abandonar Honda y poner rumbo a Ducati.
El 93 negocia ahora mismo su tercera peor sequía de victorias en MotoGP: lleva nueve grandes premios y siete meses sin subirse a lo más alto del podio, y hacía ocho (desde Hungría 2025) que no firmaba el mejor tiempo en la lucha contra el crono. Después de completar los entrenamientos del viernes, el catalán terminó de confirmar que su brazo derecho, en concreto el hombro lesionado en el GP Indonesia una semana después de campeonar en Motegi, vuelve a estar en estado óptimo para competir al máximo nivel. Y bailar.