Parte de un cohete Falcon 9 de SpaceX, empresa del multimillonario Elon Musk, chocó contra la Luna este miércoles a las 8.34 hora peninsular española. Lo sabíamos con certeza porque astrónomos independientes y más tarde la propia compañía y la NASA habían confirmado sin dudas que la trayectoria era segura y el destino inevitable. Y distintos observatorios habían captado señales indirectas del evento. Pero hasta la mañana del jueves no hemos tenido confirmación oficial: la sonda Danuri, de la Agencia Espacial de Corea del Sur, ha captado una pequeña sombra que es, sin duda, el cráter que ha dejado el artefacto de Elon Musk al estamparse contra la Luna.
La agencia coreana ha explicado en redes que la sonda pasó por encima de la zona donde se esperaba el impacto y fotografió el antes y el después del impacto contra la superficie lunar de la etapa superior del Falcon. “Danuri comenzó las observaciones unos 30 minutos antes de la colisión y, mediante maniobras de control orbital, sobrevoló en varias ocasiones la zona del impacto, realizando un total de ocho sesiones fotográficas. Gracias a estas observaciones, se han podido identificar cambios en el terreno alrededor del lugar del choque y rastros de la dispersión del material expulsado”, explica la agencia.
“Los datos recopilados por Danuri se utilizarán en investigaciones científicas de gran relevancia. Está previsto que se combinen con observaciones posteriores de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA en el marco de una colaboración científica internacional”, añade la agencia coreana.
A la espera de las fotos del antes y después de las sondas lunares, el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral de Chile ya había observado “líneas espectrales”, una medición indirecta de la columna de polvo lunar levantada por el impacto, la mejor confirmación científica que teníamos del accidente hasta el momento.
Tras impulsar en enero de 2025 dos módulos privados con destino a la Luna, quedó abandonado sin combustible suficiente para regresar a la Tierra. Tras vagar sin control durante más de un año, su recorrido terminó de forma abrupta para deleite de los astrónomos de todo el mundo. Chocó contra la superficie lunar a unos 8.700 kilómetros por hora, levantando una nube de polvo gris que se pudo ver desde la Tierra.
El objeto que ha chocado contra la superficie lunar es la etapa superior de un Falcon 9, lanzado en enero del año pasado para transportar los módulos lunares Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Resilience, de la empresa japonesa Ispace. Estos cohetes constan de dos etapas: la primera, más grande, impulsa la carga útil (en este caso los módulos) y luego regresa a la Tierra y aterriza en una barcaza, y puede ser reutilizada. La etapa superior, que entra en órbita y no puede reutilizarse, mide más de 12 metros y pesa cuatro toneladas.
Aquel lanzamiento formaba parte del programa de Servicios Comerciales de Carga Lunar (CLPS, por sus siglas en inglés), una iniciativa de la NASA integrada en el programa Artemis para impulsar el regreso de los astronautas a la Luna y establecer una presencia sostenida en su superficie. El proyecto abrió la puerta a la participación de empresas privadas en el transporte de instrumentos científicos y demostradores tecnológicos hasta el satélite. En él colaboran Estados Unidos, Europa, Japón, Canadá y otros socios internacionales.
For those interested in a spent booster impacting the lunar surface, this rare occurrence has decades of history, going back to the Apollo era, when NASA intentionally crashed spent stages into the Moon for science and seismic research. The reality is that meteoroids strike the…
— NASA Administrator Jared Isaacman (@NASAAdmin) August 5, 2026
A diferencia de las colisiones naturales, de las que solo pueden estudiarse las huellas que dejan, en este caso los investigadores conocen la masa del objeto, su velocidad, su trayectoria y el ángulo con el que golpeará la superficie. Debido a que la Luna no tiene atmósfera para frenar la llegada de objetos, es golpeada por meteoritos a diario. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, cuya agencia seguía el evento con interés, le quitó importancia diciendo que “los meteoroides golpean la superficie lunar cada hora, con impactos comparables a esta etapa superior ocurriendo aproximadamente cada seis días”, por lo que la superficie lunar absorbe constantemente impactos con la misma fuerza.
SpaceX y la NASA han adelantado ya que se replantearán la forma de mandar artefactos a la Luna para evitar estos sustos, sobre todo cuando haya bases en el satélite. La compañía de Musk, reconociendo lo sucedido, explicó: “Trabajamos activamente para ser lo más responsables posible con el hardware dejado en el espacio, a fin de garantizar la seguridad espacial, incluidas las misiones más complejas. En este caso, con el tiempo, la actividad solar y la gravedad dirigieron la segunda etapa hacia la Luna. Impactos como este son raros, pero pueden ocurrir con objetos en este tipo de órbitas, y colaboramos con NASA en la solución óptima de eliminación”.
No es la primera vez que un cohete descontrolado acaba su viaje golpeando la superficie lunar. En 2022, se detectó un artefacto camino de impactar contra la Luna, que inicialmente se pensó que se trataba de un Falcon de Musk. Finalmente, los expertos dedujeron que se trataba de una nave china que quedó fuera de control en 2014, que chocó en marzo de 2022 tras varios años errante. Fue la primera vez que un objeto construido por el ser humano impactaba de forma accidental contra el satélite.
Según las estimaciones, el Falcon 9 se estrellaría cerca del cráter Einstein, pero el escenario era poco favorable para observar un destello visible, ya que el impacto ocurrió prácticamente sobre el borde del disco lunar y en una zona iluminada por el Sol, según calculaban los expertos. Se estima que el impacto pudo levantar en torno a una tonelada de regolito con una energía que podría lanzar parte de esos fragmentos a varios kilómetros de altura antes de volver a caer, casi invisible desde la Tierra. Pero se sabía que el cráter sí podría fotografiarse por las sondas que estudian la Luna, como sucedió con el cohete chino en 2022.
El impacto no suponía ningún riesgo para nuestro planeta, pero para los expertos tiene un gran valor simbólico sobre la deficiente gestión de la basura perdida en el espacio. Se calcula que unos 140 millones de desechos espaciales orbitan sin control solo alrededor de la Tierra, en movimientos a más de 28.000 kilómetros por hora, según estimaciones de la ONU. Entre ellos, etapas de cohetes abandonadas como esta. Los cuerpos de estos vehículos figuran entre los objetos más grandes que permanecen en órbita después de los lanzamientos.
No vale ningún remedio casero. Las gafas homologadas son la única protección segura para poder disfrutar del eclipse del 12 de agosto. También serán necesarias para mirar directamente al Sol en los lugares en los que el eclipse solo será parcial.
Puntos de distribución
Desde este martes, la ONCE entrega 1.700.000 gafas de manera gratuita en más de 23.000 puntos de venta de cupones de toda España. Es el fruto de un convenio firmado con el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, que también repartirá 300.000 unidades en su red de museos y centros científicos: la lista de esas instituciones está en esta página de la web oficial del Trío de Eclipses. Desde la Organización Nacional de Ciegos aclaran que “las gafas de eclipse no se compran a cambio de cupones, sino que se regalan, hasta fin de existencias, a los clientes habituales”.
Este material de protección está también a la venta en tiendas especializadas, tanto de astronomía como en ópticas. Aficionados a los eclipses han creado una lista colaborativa de estos establecimientos (tanto tiendas online como físicas), en los que los precios por unidad arrancan en los 3 euros. Comprando lotes de múltiples gafas, el coste se abarata.
¿Cómo comprobar si son buenas?
En los días previos al gran eclipse español, todo tipo de negocios están regalando gafas de eclipse a sus clientes. Y también se venden en tiendas no especializadas. Solo son seguras las gafas que cumplen con el estándar ISO 12312-2. Unas gafas homologadas han de indicar esa certificación y, obligatoriamente, también llevar impresos el distintivo CE de la Unión Europea, la dirección del fabricante, el período de caducidad y las indicaciones de uso en el idioma del país donde se comercializan.
Lo primero que hay que hacer con unas gafas, compradas o regaladas, es probarlas brevemente. A través de ellas solo ha de verse claramente el Sol; otras fuentes de luz muy intensas (focos LED, bombillas incandescentes) pueden intuirse si se está muy cerca. Sus materiales son delicados: hay que comprobar siempre que no están rayadas, ya sean nuevas o de eclipses anteriores. Y también es imprescindible guardarlas bien protegidas (en un sobre, en una funda de gafas normales) hasta el momento de usarlas.
Tanto investigadores en astrofísica como el Ministerio de Consumo, y los departamentos autonómicos correspondientes, están revisando las gafas que hay en el mercado. De momento, no se ha detectado ninguna partida de gafas que no protejan adecuadamente.
Para evitar lesiones oculares graves, las gafas homologadas son la única protección que funciona, frente a las creencias todavía extendidas de que hay métodos caseros que también valen (como radiografías, negativos fotográficos o vidrios ahumados). Los filtros de soldador que protegen no dan la nitidez adecuada para observar bien el eclipse.