El Reino Unido se toma con mucha flema el recuento de votos, sobre todo si son unas elecciones locales. En las primeras horas de la madrugada del viernes, apenas un 20% de los concejales en disputa en toda Inglaterra, que suman 5.000, habían sido asignados. En muchos centros electorales, los lugares donde se envían las papeletas desde las distintas mesas de voto para el cálculo definitivo de los resultados no han comenzado a trabajar hasta las nueve (diez, en horario peninsular español). Lo mismo sucedía en Escocia y Gales, donde se renovaban sus parlamentos y gobiernos autónomos.
Va a ser un viernes largo y doloroso para Starmer, que no tendrá una imagen clara de la aparente debacle al menos hasta media tarde. Pero los resultados que manejan ya los medios sugieren que se confirmará la derrota anticipada durante semanas por todos los sondeos.
El primer ministro, sin embargo, ha comparecido a primera hora de la mañana en el barrio londinense de Ealing, para asegurar que “asumía la responsabilidad por los resultados”, pero que “no iba a dimitir”, como ya reclaman algunos desde las filas laboristas.
“Yo llevé al partido a la victoria electoral [en julio de 2024], y obtuvimos un mandato de cinco años para cambiar el país”, ha dicho Starmer. “No voy a abandonar ahora que debemos hacer frente a tantos desafíos y permitir que el país se hunda en el caos”, ha añadido.
A las dos de la tarde, con la mitad del recuento en Inglaterra ya realizado, Reform UK había logrado casi 600 concejales (partía de solo dos en toda Inglaterra), mientras que el Partido Laborista perdía casi 400 de los que retenía hasta ahora. Los conservadores se preparan para una derrota algo menor, pero también significativa. A esa hora habían perdido ya 272 representantes.
Y los liberales demócratas, que suelen ser habitualmente los más beneficiados en unos comicios utilizados siempre por los votantes para castigar al partido en el poder (los laboristas, en este caso), también crecían en el primer recuento. Acumulaban 364 concejales (30 más de los que ya disfrutaban).
La lentitud del proceso permite a todos los partidos, y especialmente al Gobierno, digerir poco a poco los resultados y diseñar estrategias de respuesta.
Los laboristas podrían salir algo más ilesos de lo que esperaban en las distintas batallas electorales de los distritos de Londres, y a eso se aferraría Starmer para indicar que el desastre no ha sido tan grave. El ex primer ministro Tony Blair, recuerdan algunos estos días, sufrió una derrota colosal en los comicios municipales celebrados en su primer mandato, para acabar luego revalidando su mayoría absoluta en unas elecciones generales.
Además, en muchos de los consejos municipales solo se renovaba un tercio de los representantes. A pesar de las pérdidas ya declaradas o de las que están por llegar, después del recuento, el laborismo aún mantendría una mayoría que le permitiría seguir al frente de estas instituciones.
Pero la popularidad de Starmer no tiene nada que ver con la de Blair en aquella época. Hay un consenso general entre los laboristas en la idea de que el actual primer ministro no puede ser el próximo candidato del partido.
La magnitud de la derrota dará a sus rivales una idea de la urgencia necesaria a la hora de desafiar el liderazgo de Starmer. “Si acaba siendo [el resultado electoral] la pesadilla que temíamos que iba a ser, no debería haber movimientos precipitados [contra el primer ministro]. El partido deberá plantearse primero por qué hemos llegado a esta situación, y la cuestión del liderazgo deberá estar inevitablemente en la agenda. Pero si debe haber un cambio, habrá de ser una transición ordenada, y no un golpe interno”, ha señalado el diputado laborista John McDonnell, durante muchos años portavoz de Economía del laborismo, número dos del anterior líder, Jeremy Corbyn, y enemigo acérrimo de Starmer.
Sea cual sea el resultado global en Londres, Reform UK ha logrado también la hazaña simbólica de hacerse, por primera vez en la historia, con el control del municipio de Havering, al este de la capital. Aunque nunca ha sido feudo de ninguno de los dos principales partidos, que se han alternado su control, el hecho de que la ultraderecha se haga con una zona de la ciudad representa todo un hito político.
“Creo que lo que ha ocurrido es un giro histórico en la política británica. Estábamos muy acostumbrados a pensar en términos de izquierda y derecha, pero Reform no ha ganado solo en circunscripciones donde ganaban tradicionalmente los conservadores, sino incluso en zonas controladas por el laborismo desde la Primera Guerra Mundial”, celebraba Farage los resultados en el centro de recuento de Havering.
Quedan todavía por contar los votos en Escocia y en Gales, donde el jueves se celebraron elecciones autonómicas. En el primer territorio, los sondeos han apuntado a una nueva victoria del Partido Nacional Escocés. Si logra rebasar la cifra de los 65 escaños, la promesa de un nuevo referéndum de independencia recobraría fuerza, y sería todo un quebradero de cabeza para el Gobierno nacional. Y si Reform UK se hace con la segunda posición, como han sugerido también las encuestas, la humillación del laborismo se agravaría.
Aunque mucho más grave puede ser lo que ocurra en Gales, donde el partido de Starmer ha controlado el Gobierno y el Parlamento autónomos desde su restauración en 1999. Si se confirman los pronósticos, los dos partidos más votados serían los nacionalistas de Plaid Cymru y la ultraderecha de Reform UK. El laborismo, que sufre el desencanto de sus votantes tradicionales, se vería relegado a una tercera posición, a mucha distancia de los dos primeros.
“Creo que este Gobierno ha acertado en algunas de las grandes decisiones, tanto a la hora de estabilizar la economía como al devolver a nuestro país al centro del escenario internacional”, ha defendido esta madrugada el secretario de Estado de Justicia, Jake Richards, uno de los miembros del Gobierno de Starmer diseminados por los medios de comunicación para intentar frenar cualquier intento de amotinamiento. “Pero está claro que la gente todavía no siente en sus bolsillos estas mejoras”, admitía.
Starmer juega con la ventaja de que ninguno de sus rivales está aún en condiciones de lanzar un desafío en toda regla a su liderazgo, y prepara para los próximos días mensajes y estrategias para intentar recuperar el impulso político. Por ejemplo, según anticipó el diario The Times, un discurso para el lunes donde insistiría en estrechar aún más los lazos con la UE, uno de los asuntos que todavía entusiasma a una gran parte del electorado británico de izquierdas.
Medio año después de la salida de Tatxo Benet de la presidencia de Mediapro, la empresa abre una nueva etapa tras cerrar el expediente de regulación de empleo (ERE) acordado con los sindicatos, que se ha saldado con la salida de 189 trabajadores —casi el 20% de la plantilla de la sociedad afectada. El acuerdo constituye el primer paso para recuperar la estabilidad financiera de uno de los principales grupos audiovisuales del país, que además perdió hace un año los derechos de las retransmisiones televisivas de la liga española de fútbol, su principal activo.
El ajuste, que afecta a la filial Mediapro SLU —con algo más de 1.000 empleados repartidos en diez centros en España—, reduce el alcance inicial del expediente, planteado para 237 trabajadores. Según la empresa, la rebaja final ha sido posible por la salida previa de más de una veintena de directivos y por la aplicación de diversas medidas de ahorro en el grupo. El acuerdo contempla una indemnización de 33 días por año trabajado, equivalente a la de un despido improcedente. El plan se aplicará en los centros de trabajo de la sociedad en España —tres en Barcelona, cuatro en Madrid y uno en Bilbao, Mallorca y Zaragoza—, donde se concentra buena parte de la actividad del grupo.
El expediente se enmarca en la reestructuración impulsada por la nueva dirección, encabezada por Sergio Oslé como presidente ejecutivo y Carlos Núñez como consejero delegado, tras la salida de Benet en octubre de 2025. Apenas unos meses después de asumir el control, el equipo directivo trasladó a los sindicatos su intención de acometer un ajuste de plantilla para adaptar la compañía a su nueva realidad.
El grupo, fundado en Barcelona hace tres décadas por el propio Benet y Jaume Roures, ha basado históricamente su negocio en la gestión de derechos deportivos, aunque en los últimos años ha intensificado su diversificación hacia la producción audiovisual y los servicios técnicos. Este cambio de modelo se ha acelerado tras la pérdida de su principal contrato, el de la producción audiovisual de LaLiga, que no fue renovado el año pasado.
En 2024, último ejercicio con datos cerrados, Grup Mediapro registró unos ingresos de 1.096 millones de euros, un 11% menos que el año anterior, y unas pérdidas netas consolidadas de 79 millones. A ello se suma una deuda cercana a los 500 millones, uno de los principales retos financieros de la compañía, que el año pasado logró refinanciar y aplazar hasta 2029.
Con el cierre del ERE, el grupo da por concluido el primer gran ajuste de la nueva etapa y busca ahora recuperar la rentabilidad en un sector audiovisual sometido a una transformación acelerada.